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Andar por las calles de mi pueblo - Víctor Celestino Rodríguez Pérez

 
  ANDAR POR LAS CALLES DE MI PUEBLO

Víctor Celestino Rodríguez Pérez

Andar por las calles de mi pueblo, cuando llegaba a pasarme unos días, era revivir recuerdos de mi familia y de las familias que conocía, cuando niño, y de sus muchachas, pero también era impregnarme de sus fragancias y situaciones, hechos y acciones que se quedaron colgadas de las vigas de su pasado y que me regresaban a ese momento indeleble en el recuerdo. 

Me sucedía cada vez que llegaba y era como si renaciera, deslastrándome de costras adheridas, producto de los hechos cotidianos que me envolvían en un presente atosigante.

A veces, me iba caminando en la hora indecisa  (nona, la llaman en algunas regiones), entre el atardecer y la llegada de la noche y me empapaba de aquellas sensaciones que flotaban en cada espacio entre sus aceras adyacentes, como si fueran bambalinas ondulantes.

Otras veces me paseaba a medianoche o al filo de la madrugada para escuchar los susurros que quedaron de vivencias anteriores, de los miles de sueños que dejaron sus hijos difuntos cuando fueron llevados en sus ataúdes, cargados en hombros, hasta la última morada. Sí, los muertos eran llevados a hombros por aquella calle larga que llegaba hasta el camposanto. Esos susurros me decían que aun cuando me alejara hacia otros espacios a continuar la vida, el hálito de aliento que exhalaba y que permanecía flotando en cada rincón de esas calles, permanecería hasta el final de los días para contarles a otros la sensación de mis vivencias y de cada habitante que anduvo ese mundo pueblerino, cargado de anécdotas, episodios y acciones particulares en el trajinar perecedero de cada día.

Ahora han ido construyendo hacia la periferia del poblado, edificando casas y fundando barriadas sin que en esos lugares recién poblados se manifiesten las esencias de las andanzas de sus pobladores que murieron o que permanecieron poco tiempo entre esos sitios recién fundados, porque la esencia de memoria no se ha asentado, para dejar historias entremezcladas en el polvo terrenal barrido por el viento y que no las reconoce. Eso suele pasar cuando un suelo nuevo no tiene historia y apenas está empezando a levantarla.

Las viejas casas que permanecen resistiendo el paso de los años en su casco central, datan de cuando el pueblo era un villorrio en aquellos tiempos de inicio de centuria, vale decir, a principios del siglo XX. Por eso, el sabor especial que deja el pasearse por sus calles, despierta y mantiene la añoranza, cuando se está lejos. Despierta y mantiene el deseo de volver hasta él, aún cuando la mayoría de nuestros ancestros, por no decir todos, ya se hayan marchado a otros planos de energía, quién sabe hasta cuál espacio de tiempo inimaginable, aunque sus sueños permanezcan flotando, consustanciándose con las otras esencias de pobladores antiguos en su aire único de región provinciana y así nos lo dice.

De aquellas vivencias flotando en el ambiente, recojo muchas de amigos y conocidos que ya murieron, dejando en ellas, clamores y anhelos, como, por ejemplo, querer ver su pueblo dotado de ciertos servicios que lo levantarían del atraso que lo sume. Uno de ellos ha sido la carencia de agua en la zona central y en todas las áreas, pues las expresiones de pesar vienen de todas partes que lo conforman.

Con todo y estar rodeada de embalses y presas que dicen lo paradójico de la situación. A pesar de que ha habido gobiernos locales, regionales y nacionales que tienen conocimiento detallado, nunca se ha llegado a establecer un mecanismo técnico eficaz que resuelva la problemática planteada desde tiempos remotos. Es cierto que se han dado convocatorias y reuniones de personalidades oriundas, destacadas en diversos campos del acontecer nacional y que, por supuesto, tienen mayores oportunidades de ser escuchadas por quienes tienen la real posibilidad de apaciguar el clamor, pero hasta el tiempo presente, no se ha visto una acción efectiva que recompense estas justas aspiraciones.

La última vez que estuve en el poblado y que me paseé por sus calles, me asaltó una serie de dudas a medida que los recuerdos se me aparecían como ráfagas de vientos ululantes. Era la incertidumbre de saber si a los jóvenes de generaciones recientes, también les pasará lo mismo cuando sientan nostalgia por las cosas de su tiempo ya ido, sabiendo que lo que les haya sucedido, será recordado por generaciones futuras y que serán guardadas y atesoradas por la magia del pueblo.

¿Y también habrán de recordar cuando fueron alumnos de bachillerato? ¿Llegarán a sentarse en los lugares destinados para ello en la plaza Bolívar a contarles a los árboles ancestrales (que tal vez no serán los mismos de siempre, porque han sido reemplazados por otros más recientes), sus cuitas de amores primerizos? Nada me habría de responder en ese espacio de tiempo en que estaba ubicado, a pesar de que los sueños, sentimientos y valores sean los mismos, manifestándose a través de pasos imparables hacia un destino señalado para cada uno de nosotros. Comprendo entonces que cada época tiene su momento que debe vivir toda persona en desarrollo para su futuro y se le presentará como lo hizo en cada uno de nosotros. Me refiero a los que ya vamos de salida de este plano terrenal. Es todo.

 

Víctor Celestino Rodríguez Pérez

Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas. Nacido en Tucupido, estado Guárico, Venezuela. Escritor y poeta. Ha publicado en edición de autor: libros de cuentos, novelas y poemarios. La editorial nacional, El perro y la rana, publicó su obra “Poemas que alzaron vuelo”. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas digitales como “The Crow Magazine”, con sede en España. Entrevistado por el blog Visión Literaria. Ganador del Segundo Lugar del Concurso de Poesía Regional de Valle de La Pascua, estado Guárico, Venezuela. También se dedica al canto y a difusión de programas radiales.


“El Quinteto Magistral”, el regreso de la nostalgia - Alberto Hernández


 POLVO DE CANTO

“El Quinteto Magistral”,

el regreso de la nostalgia.

-Alberto Hernández-

 

** A más de todos los años de distancia, las voces de los magistrales regresan en la despedida en Maracay de Salvador González (fallecido a finales de los años 90), quien desnudó el calor de Valle de la Pascua desde la Ciudad Jardín, para hacerse eterno en la tierra dura de su comarca guariqueña.

Las interminables carreteras de Guárico fueron testigos de la muestra artística de cinco maestros de escuela que llevaron su pasión y entrega a pueblos y ciudades del país. Calabozo, Tucupido, San Fernando de Apure, San Juan de los Morros, Altagracia de Orituco, Valle de la Pascua, Puerto la Cruz, Zaraza, Anaco, Barquisimeto, Maracaibo, Caracas, Barinas, Cumaná, La Asunción, Porlamar, Sanare, Jusepín, caminos que supieron de las andanzas de estos cinco normalistas, hombres amasados en el Quinteto Magistral, agrupación vocal que naciera en 1963 en Valle de la Pascua, gracias al empeño de Salvador González, José Oscar Guerra, Rafael Zamora, Luis Fernando Melo y Ricardo Hurtado.

Otra época, otro canto.

El Grupo Escolar “Rafael González Udis”, la Farmacia La Pascua y el Liceo “José Gil Fortoul” llegaron a ser puntos desde donde la energía de la creación propició la unión de estos cinco guariqueños venidos de distintos terruños de la inmensa geografía llanera. Salvador, nacido entre Tucupido y La Pascua, en el caserío La Pastora; José O. Guerra, de Zaraza; Rafael Zamora, también de Zaraza; Ricardo Hurtado, de Tucupido, y Luis Fernando Melo, de Valle de la Pascua. Todos docentes. El último de los mencionados, doctor en farmacia y profesor de química del prestigioso Liceo “José Gil Fortoul”.

Eran otros tiempos y otra la música, otro el canto. Se pregonaba que “La educación es empresa nacional”, y la vocación de los maestros llegaba realmente a ser una labor académica encomiable, que tocaba lo social y lo afectivo. Cada uno, cada voz, hizo de La Pascua el sueño de quienes pudimos estar cerca de ese canto.

Magisteriales.

Los integrantes del Quinteto Magistral, aupados por una comunidad que se sentía orgullosa de sus valores, dejaron bien colocado el nombre de la pequeña ciudad que los albergaba.

Formados para enseñar, también fueron alumnos avanzados y aventajados en estudios musicales. José Oscar Guerra, director y arreglista del grupo, se preparó en Zaraza con el maestro Ayala Romero y en la Escuela Superior de Música de Caracas, dirigido por los maestros Vicente Emilio Sojo y Antonio Estévez. Fue profesor de música en el estado Guárico y fundador de varias agrupaciones. Fue uno de los tenores del Quinteto Magistral.

Ricardo Hurtado, barítono, fue alumno de Antonio Estévez y de Flor Roffé de Estévez. Formó parte de la banda de música de Valle de la Pascua. Igualmente, es un destacado maestro de música. Durante todos estos años ha estado radicado en Barquisimeto, donde se estableció para ejercer como abogado.

Rafael Zamora, segundo tenor, comenzó en la música con el maestro Rufo Pérez. Miembro destacado de la banda de música de Valle de la Pascua, formó parte del orfeón de la Escuela Normal Monseñor Álvarez. Normalista de vocación, ejerció en varias escuelas locales. Estudió años después en el Pedagógico de Maracay donde casi a diario nos veíamos. Residía en Valencia.

Luis Fernando Melo, bajo, cuatrista y guitarrista, músico de excepción, el doctor Melo era farmacéutico egresado de la UCV. Además fue cronista oficial de Valle de la Pascua.

Salvador González, tenor, cuatrista y primera voz. Fue miembro del Orfeón de la Escuela Normal “Miguel Antonio Caro” de Caracas. Posteriormente, se traslada a la capital de Aragua donde destaca como solista y compositor. En Maracay, el tiempo volvió a reencontrarnos, luego de aquellos años escolares en el “González Udis”, donde él y Ricardo Hurtado fueron nuestros maestros.

Una mirada nostálgica.

Regresar a viejos papeles. A carátulas de discos. A fotos de jóvenes maestros. Recoger el polvo de ese olvido que a veces se acumula en los ojos. Desencajar la mirada y hacerla palabras, voces y espacio de un pueblo que fue una vez orgulloso, afable, madrugador, colmado de muchachos que veían a sus maestros como padres y amigos.

Antonio Higuera, Eva y Jesús “Chuíto” Lazaballet, Benjamín “Ben” Martínez, José Ramón Hernández, Luis y Matilde Moreno, Josefina Locurcio, Marina Villasana, José Bolívar, Fernando Hernández, Judith Rodríguez, Ramón Delgado, Nicolás Soto, Juan Félix García, Gerardo Camero, Luis Fernando y Mauren Ulloa, Aldo Álvarez, Baltazar Hernández, entre tantos, formaron parte del batallón de muchachos, alumnos de estos maestros, que luego se convirtieron en los artistas de Valle de la Pascua. De modo que había un doble motivo para admirarlos, como hombres de aula y como creadores en un escenario.

Salvador, Ricardo y Melo trajinaron tanto en el “González Udis” como en el liceo “Gil Fortoul”.

Una escuela inmensa, de las construidas seguramente por el gobierno del presidente Medina o Larrazábal, albergaba esa expresión de niños y jóvenes que se diseminaron por todo el país sin despegarse del todo del terruño.

Cinco voces que no sólo destacaron en escenarios para la música, sino en resguardar el material académico y afectivo que un pueblo las recibió calurosa y entusiastamente.

La obra.

Tres discos dejaron estos hombres para la historia del país. El primero fue editado por el Ministerio de Educación. Los dos restantes salieron con sello comercial.

En estos surcos conseguimos trabajos de Manuel Briceño (Dolor llanero), Lorenzo Herrera (Canta tú ruiseñor), Rafael Chacín Soto (Mi caballito), Luis Alfonso Larraín (Vente p´acá), Telmo Almada (¡Oh, Virgen María¡), Antonio Carrillo y Arnoldo Vivas Toledo (Como llora una estrella) y muchísimas más que aún despiertan en la gente de Valle de la Pascua la nostalgia y esa memoria que regresa cargada de imágenes afectivas, color sepia.

El regreso.

Con la muerte de Salvador González, los cuatro restantes miembros del Quinteto Magistral se reunieron en la Casa de la Cultura de Valle de la Pascua para despedir al amigo y colega, que dejó en las calles de su pueblo la huella de la soisolita. Las voces de nuevo se recogieron para eternizar a Salvador, quien tiene en esta tierra de polvo y silencio otro canto que entonar.

Hoy, desaparecidos todos sus integrantes, quedan las voces por encima del olvido. Siguen cantando en la memoria.

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Unidad Educativa "Dr. Pedro Del Corral” - Misael Flores

 

Unidad Educativa "Dr. Pedro Del Corral”

Misael Flores

El año escolar 2007-2008 inicia sus actividades administrativas y docentes la Unidad Educativa Nacional "Dr. Pedro Del Corral”, la cual sucede a la "Creación Tucupido", que a su vez nace el año 1.990 y ocupa la sede funcional que hasta entonces era del liceo "Víctor Manuel Ovalles", el cual es trasladado a su nueva sede, ubicada en el sector "Rivero" de esta población de Tucupido.

El "Creación Tucupido" desaparece al ser absorbido por el Pedro Del Corral, dejándole sus instalaciones, alumnado, personal docente, administrativo y obrero.

Su primer y único Director, hasta la fecha, es el profesor Luis J. Guzmán, quien por cierto está esperando su jubilación por haber cumplido con los años de servicio que establece la ley correspondiente.

La profesora María Bolívar se desempeña como Sub-Directora encargada. Como Coordinadores están los docentes: Ernesto Rodríguez, José Sequera, Milagros Álvarez, Yenny Fernández y Elisabeth Acosta.

En total la nómina la forman 40 educadores: Milvida Rodríguez, Elba Malavé, Virginia Zamora, Arcenia Trejo, Zobeida Ramos, María Dangelo, Mireya Betancourt, María García Cabeza, Carmen Zamora, Yolanda Rengifo, Richard Ramos, Keila Del Valle Izquiel, Daiyelis Ponce, José Luis Ramos. Isbelia Del Valle, Fidel Ardiles, Danny Castro, Egleé Pérez, Luis Silva, Luis Sifontes, Yuddeli Pacheco, Yacqueline Ortega, Tania Vidal, José Mejías Navarro, Miguel Garcia, Heriberto Oca, Oscarelis Ojeda, Feines Torrealba, Juan Chafardett, Yosmer Sáez, Carmen Carpio, Carlos Guaita y Diana León.

Ya apuntamos que la Unidad Educativa Nacional "Pedro Del Corral" vino al mundo con hijos grandes. Fue en la práctica un cambio de nombre. Es por ello que nace dando su primera promoción el mismo año escolar 2007-2008, cuyos padrinos fueron: la ingeniera Egleé Pérez y el licenciado Luis José Rodríguez Campos. Y como Madrina honorífica Carmen Wilchez. Cincuenta (50) fueron los bachilleres egresados en Ciencias y Tecnologías.

Con 617 alumnos se inicia esta Casa de Estudios (séptimo, octavo y noveno grado). La matrícula de este año suma 630, excluidos los 50 graduados. No conocen la fecha exacta y el número del decreto mediante el cual el Ministerio de Educación hizo la creación o cambio de nombre, según sea el caso.

El “Creación Tucupido” se inició con 140 alumnos de un solo nivel de seis secciones, el año escolar 90-91. Su primera Directora fue la profesora Carmen Wilchez, acompañada por Orlando Ramos, Ernesto Rodríguez, María Bolívar, Arcenia Trejo, José Sequera y Mireya Betancourt, quienes venían del "Víctor Manuel Ovalles”.

Es importante señalar que las instalaciones donde funciona esta Escuela secundaria son muy viejas. Se encuentran bastante deterioradas. Varios años llevan rehabilitándose, pero siguen inconclusas. Solamente sirven dos baños, los otros dos están fuera de uso desde hace tiempo. La Cantina, la Biblioteca, la Oficina y muchas otras cosas exhiben deterioro y no se ve preocupación gubernamental para solventar la situación. Solicitan ayuda al Gobernador Willian Lara y al Alcalde Jesús Antonio Aguilar.

La instalación educativa, a la que nos referimos en esta nota periodística, está ubicada en el populoso sector "EL Sol", de Tucupido. Justamente detrás de la plaza "José Félix Ribas" y de la cancha deportiva múltiple que empata con dicha plaza. Los muchachos que allí estudian utilizan, para hacer sus deportes, las citadas instalaciones mientras los demás muchachos del barrio no la usan.

El gobierno les envía diariamente comida servida para todos los alumnos, la cual dicen los docentes es bastante regular. La cocinan en Valle de la Pascua.

Solicitan al Ministerio de Educación incorporar a esta Escuela al mundo de la computación y el Internet.

Toda la información que aquí recogemos nos fue suministrada por la Sub-Directora, profesora María Bolívar.

Debemos dejar constancia de la maravillosa atención que allí nos prodigaron directivos, docentes y la Secretaria de la Unidad Educativa "Dr. Pedro Del Corral”. ¡Agradecidos!



Mena Herrera - José Argenis Díaz

 

Mena Herrera: Maestro pueblo y poeta

José Argenis Díaz

Mena Herrera. Nació en Tucupido, estado Guárico (2 de enero de 1907 – 21 de diciembre 2003). Residió en Villa de Cura. Poeta y docente. Llamado precursor de la educación rural. Ejerció la enseñanza en institutos educativos de Guárico y Aragua. Coautor con Tobías González y Roque Peñalver del poemario Tamanaco. Textos suyos aparecen en la antología Zaetal que reúne a varios poetas de Tucupido. Sus versos son catalogados por los entendidos como una expresión de gran contenido dentro y fuera de la patria.

Instituciones educativas del municipio Zamora llevan el nombre del Maestro Mena Herrera. También fue pilar fundador de la EBN “Melicia Nieves de Tejada”.

 

Autobiografía

 

“Nací en Tucupido, estado Guárico, el 2 de enero de 1907 a la una de la tarde. Para la fecha de mi nacimiento el pueblo era uno de los cinco municipios del Distrito Zaraza, que fue elevado a la categoría de Distrito Ribas el año de 1948. Mis padres fueron Victorio Cabeza y María Herrera Infante. Mi padre fue hombre de letras, desempeñó en su juventud cargos de secretario en varios pueblos de Guárico, Tucupido, El Socorro y Espino. Conoció mucho de leyes y fue secretario del Juzgado de Tucupido. Fundó en éste, su pueblo natal, una escuela primaria particular y se dedicó a la enseñanza durante muchos años de su vida.

Al tiempo de su muerte, acaecida el 5 de diciembre de 1925, a la edad de 56 años, regentaba su afamada “Escuela Independencia”. 

Mi madre fue hija de agricultores y criadores (Ezequiel Herrera Cabeza y Cleotilde Infante). Tenía, como sus progenitores, afición a las labores del campo, por eso hizo que mi padre comprara una finca rural en el caserío Campo Alegre, cinco kilómetros. al sursureste de Tucupido. A esa finca me llevó mi madre a los dos años de edad. 

A los once años fui inscrito por primera vez como alumno de una escuela que regentaba Rafael Ponce Camacho, quien había tenido como único maestro a mi padre (en esos años mi padre ya no ejercía). Camacho fue un hombre ilustrado y útil. Fue también, como mi padre, conocedor de leyes, maestro de escuela y juez. Murió trágicamente en Villa de Cura, el año 1965, habiendo sido jubilado años antes como Registrador Subalterno del Distrito Mariño del estado Aragua. Con él estudié un año.

En 1919 ingresé como alumno de la Escuela Federal N° 12 de Tucupido, siendo mi maestro en este instituto don Teófilo Ruiz, educador y músico, natural de Lezama y fallecido de edad avanzada en Altagracia de Orituco. Venero mucho la memoria de este maestro ilustre. 

Mi tercer maestro fue mi padre, que reanudó sus labores escolares en 1921. Con él, terminé mi educación primaria, sirviéndole a la vez de auxiliar en la alfabetización de los niños. 

Muerto mi padre, quedó la “Escuela Independencia” en acefalía y los padres y representantes del alumnado quisieron que fuera yo el sucesor en el desempeño del cargo de Preceptor. 

En 1936 me trasladé a Caracas y conseguí que me nombraran Maestro de la Escuela Primaria y Cívica creada para funcionar en la jurisdicción de San Diego de los Altos del estado Miranda.

Esta escuela Primaria y Cívica, fue elevada al nivel de Escuela Federal N° 1247 de cuya dirección me separé por motivos ajenos a mi voluntad. En San Diego de los Altos también desempeñé el cargo de juez y maestro de una Escuela Nocturna Municipal hasta 1940. 

Ese mismo año vine a Villa de Cura y logré que el Gobierno del estado Aragua creara la Escuela Primaria Agraria N° 46, que fue después N° 86 y que ahora, elevada a una categoría superior, lleva el nombre de Escuela Cuyagua. 

Después de trabajar en esta escuela desde el 1° de noviembre de 1940 hasta mayo de 1944, volví a Tucupido y trabajé desde ese mismo año como maestro de la Escuela Estatal N° 3 de Guayabito y Escuela N° 5 de Cerro Grande. 

En 1958 regreso a Villa de Cura y trabajé como maestro de la Estatal N° 125, creada el 1° de octubre de ese año para funcionar en Las Cenizas, hasta el 17 de febrero de 1964, fecha en que se me reemplazó, ocupando el cargo la maestra Rosa Landaeta de Ovalles. Desde esa fecha quedé pensionado.”

 

Poemas de Mena Herrera

 

Dios

En tu sabiduría tan acabada

que, no obstante, encerrar signos profundos,

puede el hombre saber cómo los mundos

surgieron desde el fondo de la nada.

 

Honda expresión de la palabra hablada;

origen de los términos rotundos;

causa de los efectos sin segundos

bajo la hermosa bóveda azulada.

 

Sabio Señor, mostrándote a ti mismo,

fuiste naturaleza en el abismo

y espíritu y amor de omnipresencia;

y a tu excelsa criatura – el hombre día-

en rumbo astral, pusiste como guía

el brillo de tu luz en su conciencia.

 

PALINGENÉSICAS

 

En el año primero de la Era Cristiana

fustigaba el verdugo y el tirano oprimía,

hace ya veinte siglos y se ve todavía

la barbarie imperante de esa fecha lejana

 

¿Habrá cambiado en el mundo la condición humana?

¿habrán roto los jueces su vieja cobardía?

yo lo dudo...y presumo que tal vez hoy en día

haya muchos que formen la caterva tirana.

 

Mientras los hombres tengan el cerebro sin luz

y un corazón que entrañe sentimiento mezquino

y no entiendan a fondo la lección del Calvario,

 

Se verá en cualquier parte enclavada en la cruz,

un Pilato que juzgue, un sangrante Rabino,

una copa de absintio y un soez victimario

 

Maiquetía, 1938.

 

Vida aldeana

 

La inspiración de Salomón campea

hecha canción de amor por las hermosas

campiñas, y entre huertas olorosas

nos convida a morar junto a la aldea.

 

Grata mansión en la que psiquis crea

urdiendo los ensueños de las diosas

al influjo de magias portentosas

el ancho panorama de la idea.

 

Suave rumor se siente en las mañanas,

la religiosa voz de las campanas

entona sus endechas matutinas.

 

Y envuelta en un raudal de poesías

la vida aldeana, va fluyendo el día,

sobre la azulidad de las colinas.

 

San Diego de los Altos, 1938.



Víctor Manuel Ovalles Carlomán - Luis Herrera García

 

Víctor Manuel Ovalles Carlomán 

(1860-1955)

Luis Herrera García

Profesor Titular de Medicina UCV. Jubilado. Numerario de la SVHM. MTSVA.

Correo luishegar@gamil.com Enviado Sept. 29, 2014

RESUMEN

Entre los doce profesionales que fundaron la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, el 28 de Julio de 1944, destaca con relieve propio el Dr. Víctor Ovalles.

Nacido en San Juan de los Morros, dedicó buena parte de su extensa obra al Guárico. Profesional autodidacta, de curiosa, audaz y dilatada formación intelectual, recibió su título de Farmacéutico por la Universidad Central, en 1886. Allí destacó como educador durante 25 años.

Actividades como recopilador y publicista ocuparon largas jornadas, dejando valiosa hemeroteca guariqueña y una colección de plantas de uso medicinal. Su peculiar vocación universalista le llevó a estudiar y promover el esperanto, quimera ahora declinante. Tomó parte en la fundación de la Sociedad durante su primer año de vida. En su casa –ya nonagenario- tiene lugar la refundación de la SVHM, el 16 de junio de 1952 y la acompaña hasta su muerte, en 1955.

Editor de periódicos en el Guárico oriental, novelista bisoño, sanitarista por consecuencia de su acendrada vocación social.

Nos corresponde realizar la semblanza del Dr. Víctor Manuel Ovalles Carlomán (1860 – 1955).

Se trata de un hombre profundamente sencillo y estudioso, infatigable lector y publicista. Nació en San Juan de Los Morros, cuando esta población no era aún capital del Guárico, el 10 de septiembre de 1860, en plena Guerra Federal.

Fue hijo de Indalecio Ovalles y de Gracia Carlomán. Como él mismo confesó en su obra Semper ídem (Siempre el mismo), era verdaderamente un autodidacta. (1)

Con 24 años de edad, trabajando en Tucupido, en la “Botica” de José María Tosta, tomó la determinación de hacerse Farmacéutico. Los estudios universitarios habían declinado bastante y no existía en la Universidad Central la carrera de Farmacia. A tal fin adquirió en Caracas diversos libros de acuerdo al programa de estudios de viejas Escuelas de Farmacia: Química, Física, Latín, Terapéutica farmacológica, Materia médica, Formulario oficial y Codex francés. Luego de estudiarlos concienzudamente, hacia 1885, solicitó al Consejo de Médicos de Caracas la evaluación correspondiente al Grado. Sus examinadores –entre quienes se menciona a los Drs. Félix Lairet, Juan Arraíz y Luis Codecido- luego de rendir pruebas escrita, oral y práctica, durante 3 horas, acuerdan calificación de Sobresaliente. El 18 de Enero de 1886, recibió del Rector Encargado, Dr. Vicente Guanchez y del Secretario de la Universidad, Dr. Adolfo Frydensberg, el título de Farmacéutico. Dominaba inglés, francés y latín.

Gustaba divulgar el Esperanto, como lengua “universal” (Botello). Dictó clases en la Facultad de Farmacia entre 1922 y 1947, por un período de 25 años. (2)

En la Sociedad de Historia de la Medicina. El viernes 28 de Julio de 1944, en la Biblioteca del Instituto de Ciencias Experimentales (Jesuitas a Tienda Honda, 36) que dirigía el Dr. Jesús Rafael Rísquez, se reunieron los doce miembros fundadores y procedieron a la firma del Acta de Constitución.

De dicho documento acordaron elaborar 14 copias caligrafiadas y numeradas. En las siguientes sesiones aprobaron los Estatutos (Octubre), el Reglamento (Noviembre) y la Revista de la institución. (3)

No sabemos con certeza quien fue el autor de la iniciativa, ni existe referencia sobre notificación a otros órganos académicos, pero es de suponer que el procedimiento se realizó. La incipiente sociedad sesionaba el primer lunes de cada mes, a las 9 de la noche, en el mismo lugar, continuando así hasta Julio de 1945. En esa fecha se produce un paréntesis, que no resulta del todo extraño, salvo en su duración (7 años). El 13 de junio de 1945 había fallecido el Dr. Diego Carbonell, miembro relevante y Sub Director de la incipiente institución; la que causó fuerte impacto entre sus consocios.

Tras la aparición del primer volumen de la Revista, ocurre además un cambio político radical, con el derrocamiento del gobierno constitucional de Isaías Medina y la toma del poder por un grupo de civiles y de militares, que encabezaron Rómulo Betancourt y Carlos Delgado Chalbaud. Las reformas tuvieron gran repercusión social. Bajo el nuevo régimen, el Secretario de la sociedad, Dr. Joaquín Díaz González es enviado a cargo diplomático en Italia y otro importante motor, el Dr. Rojas Contreras decidió dedicarse a la naciente Federación Médica y la consolidación de su recién legalizado Partido Socialista de Trabajadores. (4)

En ese largo paréntesis fallecen los Drs. Jesús Rafael Rísquez, Vicente Dávila y Jesús Sanabria. Cuando al fin toma fuerza la reorganización de la sociedad, se reúnen el lunes 16 de Junio de 1952, cinco de los ocho sobrevivientes, precisamente en casa del Dr. Ovalles. Concurren los Drs. Dominici, Perera, Rodríguez e Iturbe, con lo cual se completó el quórum de sesión. Incorporan ese día a los Drs. Ricardo Archila, Franz Conde Jahn, Miguel Zúñiga, Alejandro Príncipe, Ceferino Alegría, Marcel Granier y Salvador Córdoba. Acordaron también que las siguientes reuniones serían a las 8 pm., en la nueva sede del Colegio de Médicos de Caracas, entrada de la urbanización Los Chaguaramos, frente a la Universidad Central. (3) El Dr. Ovalles los acompañó durante tres años, pues falleció el 22 de febrero de 1955, en su casa de la Plaza del Panteón.

Dejó fecunda obra como Profesor de la Facultad de Farmacia y como investigador, particularmente en el campo de la botánica farmacéutica. Sólo en la Biblioteca Nacional hay registros de 29 obras y en su hemeroteca existe una colección de periódicos del Guárico, entre los años 90 del siglo anterior y los años 50 del siglo XX (5). Casado con la señora Eleodora González Oropeza, en 1885, con quien tuvo seis hijos, uno de los cuales murió pequeño. El escritor y poeta vanguardista Caupolicán Ovalles (1936 - 2001) fue su nieto.

LABOR COMO “PUBLICISTA”. Con ese anacronismo se distinguía hasta hace medio siglo a quienes se dedicaban a la labor editorial, con obras propias o ajenas y especialmente con publicaciones periódicas. Ovalles fue editor de los periódicos Menudencias y El Tábano, en Valle de la Pascua, a finales del siglo XIX. En el primero de ellos –por cierto- deja constancia de la culminación en 1884 de la línea telegráfica, desde Caracas hacia el Guárico oriental, hasta terminar en Valle de la Pascua. Otra publicación suya fue la revista El Oriente del Guárico en 1902, editada en Altagracia de Orituco. Allí menciona la Tesis de Grado del también guariqueño Dr. Miguel Ron Pedrique e incluye un artículo de corte jurídico, de Pedro Itriago Chacín-Arbeláiz, Canciller durante el gomecismo. (5)

PUBLICACIONES PERIODICAS:

Menudencias y El Tábano. Valle de la Pascua

El Oriente del Guárico. Altagracia de Orituco, 1902

Las clases médicas Caracas, 1906

Boletín del Centro Farmacéutico 1909

Revista Científica de Venezuela. 1912 - 1917

Farmacogramas. Caracas, 1932 - 1938

El Dr. Edgardo Malaspina, destacado Miembro de nuestra sociedad dice de él que “Nada humano le era ajeno”, haciendo referencia a la intensa producción escrita durante más de siete décadas de actividad (5). Es autor de: Rasgos Biográficos del Bachiller Rafael Rangel, (1909), Francisco Antonio Risquez, vida y obra de este ilustre galeno (1918) y El Doctor Dámaso Villalba Roblis, entre otros libros (6). Además escribió relatos como: Recuerdos de mi niñez y Un andaluz del Llano Alto (1937), El llanero (1905, reeditado en 1990), El Ricino, La canela (1920), Frases criollas (1935) y Ratos de ocio.

Discurrió también el campo de la novela. En su obra Ananké “ensayo de novela regional”, a través del romance entre Alfredo y Ana, describe facetas médicas y sociales de la Tuberculosis, de cuyo hondo drama debió ser muchas veces calificado testigo. (1) En uno de sus párrafos afirma que:

Sólo la higiene –desconocida por nuestros pueblos- puede arrancar victimas al flagelo... Es poco todo cuanto se haga para hacer comprender al pueblo en lenguaje sencillo, que la tisis es una enfermedad contagiosa, pero al mismo tiempo fácil de evitar”

Como acotación al margen, quiero decir que Ananké o Anankaia es el nombre de la llamada Diosa de la Necesidad, en la mitología griega. Estaba siempre al lado de Cronos y lejos de los dioses “menores” Fue madre de las Moiras (Cloto, Láquesis y Atropos), finas y cruciales hilanderas, encargadas de tejer los hilos de la vida de los seres humanos. Cloto tejía las hebras, Láquesis (la de la suerte) determinaba la longitud del hilo que marcaría su existencia; mientras que corresponde a Atropos (la inexorable) cortar ese hilo, con sus aborrecibles tijeras, cuando cada vida llega a su término.

Han alcanzado mucho reconocimiento la revista Las clases médicas (1902), el Boletín del Centro Farmacéutico y la Revista Científica Venezolana. En los años 30 del pasado siglo editó Farmacogramas. Por cierto, Malaspina nos llama la atención sobre una profecía que allí hizo Ovalles, al asegurar que “el Nazismo atropellará pueblos, razas e instituciones” (Farmacogramas 1938, 7)

Don Pedro Grases afirma en una publicación de 1950: “En Venezuela se han dado ejemplos de magnífica perseverancia en la investigación histórica sobre periodismo. En este campo destacan nombres como Manuel Segundo Sánchez, José Eustaquio Machado, Tulio Febres Cordero, Santiago Key-Ayala y Víctor Ovalles.” (7)

En sus escritos demuestra un amplio conocimiento del siglo XIX venezolano, en particular de su “pequeña historia” En homenaje a la Dra. María Fernández Bauden, escribe en la Revista de su Facultad un sentido elogio a esta primera mujer Farmacéutico, que es a la vez airado reclamo de justicia social, frente a la discriminación de que fue objeto la mujer, hasta bien avanzado el siglo XX venezolano.

Allí dice: “La Farmacia, por ejemplo, es una carrera que se adapta bien a la honestidad, la gentileza y los refinamientos espirituales de la mujer. Su paciencia y la delicadeza de sus manos son propias para el manejo de la balanza, la probeta y el microscopio; la espátula y el mortero, para el ejercicio del recetario. Tanto más, que si la Farmacia es ciencia, también es arte, y como tal, requiere gusto; y el espíritu de la mujer es instintivamente artístico. Y al terminar estas líneas de amistad y compañerismo que consagro a nuestra primera farmacéutica, le repito: ¡Salve María!” (8)

En febrero de 1945 escribe un breve artículo para el primer número de la Revista de la SVHM. Lo tituló Gratitud y tras agradecer la deferencia de haberlo incorporado a nuestra corporación y “tan patrióticos fines”; hace referencia a su publicación “Las Clases Médicas” (Caracas, 1906) Al efecto explica qué profesiones agrupa en la Clase Médica y cuales, en la que llama “Clase Farmacéutica” De allí que haya optado por cambiar el nombre a su publicación y llamarla Revista Científica de Venezuela.

ALGUNOS LIBROS DEL Dr. OVALLES:

Maracaibo, 1909

Biografía del Br. Rafael Rangel, creador de la Parasitología en Venezuela.

Taller Gráfico Raúl Santana. Caracas, 1945

El Doctor Rísquez. Vida y obra de este ilustre galeno. Tipog Americana. Caracas, 1918

Ananké. Ensayo de novela regional. 1937

El Doctor Dámaso Villalba Roblis. Edit Grafica Americana. Caracas, 1966

RELATOS:

El llanero (1905, reedit. 1990), (1920), El ricino, Recuerdos de mi niñez, Llaneros auténticos (1933), Frases criollas (1935), Un andaluz del Llano Alto (1937), Ratos de ocio, La jira de un farmacéutico (Caracas, 1942)

El Dr. Ovalles se desempeñó como uno de los primeros Inspectores de farmacias del Ministerio de Sanidad y fue autor del primer Reglamento de la profesión de Farmacéutico (1910) Aunque ajeno a la política, fue elegido Diputado a la Asamblea Legislativa del Guárico, en 1947, por su natal Distrito Roscio (9) Su nombre distingue al Herbario de la Facultad de Farmacia de la UCV, fundado en 1974 (10), a un Liceo de Tucupido, Municipio Ribas y la Casa de la Cultura de San Juan de los Morros (1970), ambos en su Guárico nativo.

REFERENCIAS

Malaspina Edgardo. Víctor Manuel Ovalles y la Medicina de su tiempo. http://historiadelamedicinaunerg.blogspot.com/ Nº 116. Consulta Agosto 15, 2014

Facultad de Farmacia UCV. Recuerdas a Víctor Manuel Ovalles.

En: http://facfarmaciaucv.blogspot.com/2011_10_01_archive.html Consulta Set 10, 2014

Febres Foción. Contribución a la historia de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. Impresión Laser. Caracas, 1989

Herrera G Luis. La Revista de Historia de la Medicina, Fanal de luz de una Institución, Rev Soc Venez Hist Medicina 2012; 61: 33 – 61. Ver http://revista.svhm.org.ve/ediciones/2012/1-2/art-3/

Malaspina Edgardo. Guariqueños en Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. http://historiadelamedicinaunerg.blogspot.com/ Nº 116. Consulta Agosto 15, 2014

Ovalles Víctor M. El Dr. Dámaso Villalba Roblis. Edit. Gráfica Americana. Caracas, 1966 books.google.co.ve/books?isbn=9806273036 Consulta Octubre 15, 2014

Grases Pedro (Edit) Materiales para la historia del periodismo en Venezuela, durante el siglo XIX. Compilación, prólogo y notas de Pedro Grases. Universidad Central, Escuela de Periodismo, Caracas 1951. http://saber.ucab.edu.ve/handle/123456789/30588. Oct. 16, 2014

Facultad de Farmacia UCV. La primera mujer Farmacéutica. En: http://www.ucv.ve/organizacion/facultades/facultad-de-farmacia/detalle-noticias-farmacia/article/la-primera-mujer-farmaceutica-de-nuestra-universidad.html

Rodríguez Adolfo. La llaneridad venezolana en el siglo XXI, entre etnocidios y etnogénesis. Ponencia en XI Simposio colombo venezolano, Casanare, Julio 2010. http://www.historiografias.blogspot.com/2008_09_11_archive.html Consulta Oct 16, 2014

Facultad de Farmacia UCV. Mucho más que un herbario. En: http://facfarmaciaucv.blogspot.com/2010_05_01_archive.html. Consulta Set 10, 2014