
ANTESALA
Comento aquí
nueve poemarios de Máximo Salazar Carchidio, que reflejan un particular estilo,
perspicaz y amable, de percibir más de medio siglo de existencia nacional.
Muchacho orituqueño que el azar hace abogado, incursiona en política por
idealismo y deviene en cultor de esa exquisita sensibilidad y encanto terrenal
que es su esposa Mireya, la armoniosa prole, parentescos, infancia, luminosos
amigos, grata lectura, deleitosos refugios, indeclinables posturas, sin faltar
esa solazante rada de sensorialidad, que
todo lo renueva, los señuelos de Eros y el don de sonreír a plenitud, compartir
contentos, el milagro de la buena tierra y la parsimonia del buen vivir.
De 1999 es su
poema “El hombre antiguo que soy yo”, proclamándose: frugal, nada moderno,
cuaderno y cesta, cuentas y archivo, torpe bailarín, máquina de escribir y
chinchorro de sestear, sin más mujer que su señora, rezandero y, en su “humana
simpleza”, crédulo en Dios.
Alborozo por
el Pez Dorado que merodeó en su juventud, una de las partes en que ordena su libro La
Flauta Rota (1989) inventario del buen instante escanciado.
Las Pisadas del Tiempo (1990)
emprende marcha con soneto que da título al libro, en que, entre veras, rinde
cuenta de preciadas reliquias: poesía, buen humor, buen vino, adorable mujer,
arte a los cuatro vientos...
Que no hay
zozobra que amague a quienes procuran justicia, mesurado existir, nobles
empeños. Y un Dios de guía: “un vasto mundo/cuanto más promisorio más
profundo”, según proclama del soneto titulado como su selección Morral de Sueños (2006).
Amplio mural
de motivaciones, quema inciensos por el candor, la gracia y sensualidad que
todo anima, sin olvidar la espada de Damocles de los plazos cumplidos.
Disquisición
para ilustrar acerca de temáticas frecuentes en casi todos sus poemarios, a
veces aisladamente, pero casi siempre entrelazadas, derivando o implicando, de acuerdo con esa
índole libre que asiste al poeta. Hago,
pues, repaso arbitrario, cronológico a veces, selectivo otras, procurando estar
atento a las intransferibles intenciones del autor.
I-
DEL ALBA Y SUS
ALEROS
De su libro de
1999 es la serie de poemas que agrupa bajo el título de
Palabras de la Patria Chica:
“Mi Altagracia
de Ayer” (1990), soneto de afán nostálgico, que sacia a punta de topónimos
esparcidos por las cuatro gradas del poema. Casi todas sazonadas con el “dulce
sabor del Orituco”. Incluso en “las luces de puñales” alusivas a esos “lances
de amor” que dio fama a Barrialito. Y más que oscurecer, “alumbran”. Indicio de
un sesgo de candor subversivo que parece animarlo...
“Campanero del
alba” (1990), soneto rememorativo del mismo solar, ahora entre sones y
claroscuros: “rumor azul de Orituco”, que llega en “el cantar del Pataruco”.
Horas de “gris melancolía” arrulladas en el rezongar “del tinajero”, campanas
convocando al rezo y trabuco sonoro. Desconsuelo si el astro rey se opaca y el poeta marcha “silencioso remero del cayuco / en el
anochecer con aguacero”.
“Estrella en
el tiempo” (1990) reitera tales sensaciones. Lo ofrenda a la poetisa Estrella
Petit Carvallo. Ronda la niñez y
navidades de entonces.
“El entorno
geográfico” (1999) se enmarca en el fondo serrano del lar nativo, el cándido cuaderno,
amoríos, aula y artes que prodigaba la escuelita “Ángel Moreno”.
“El cuarto de
los baúles” (1999) dice del “retiro” en que algún dolor persiste: el rizo de
oro del hermano ido y algo más. El flanco pesaroso que sombrea buena porte de
sus sembradíos.
“La
inmigración fecunda” (1999) remite al ancestro itálico y su aporte en la
conformación “de la nueva raza”,
nostalgias y apegos.
“Las últimas
ciruelas” (1999) reseña el hurto de “los globos de color de las ciruelas” en el
cerro de Venancia durante los recreos. El recuerdo abroquela la travesura. La
índole de “últimas” remitiendo a cierto “dulzor”, densidad (“carnosos”),
revestimiento (“lustrosas telas / con sus pieles verdosas pintoneadas) y las
que el sol madura y esmorece (“fulgen como las candelas”) y aromas: “evocación
del aire y su fragancia”. No conozco mejor imagen para ciertas “cirguelas”.
“Vuelta a la
tierra en sueños” (1999): ocho cuartetas y dos tercetos, a modo de soneto
irregular, sobre búsqueda de “recuerdos
viejos” en la hora de “la despedida”: el desigual camino, las tareas de
estudiante de pocos bienes materiales, el pie sangrante, el ala rota y la
canción sin trino. Trayecto al colegio,
arpegios, crepúsculo al regreso, la mueca huraña de la orfandad, “la fácil
mujer” en la vereda. Ahíto de lumbre. Candil o ancestros. Relación de “lunas”
transcurridas. En tanto no alegra primas ni bordones, el tenor mañanero
y es “solo llanto el derrotado antruejo”.
Resplandeciente
maderamen en “La casa de la madre” (1999), frescor de patio, rosaleda y loro
lenguaraz hasta que hay sal en los ojos.
De reciente
libro es “Altagracia 1930” (2006), trastrabillando ayeres que regocijan y conforman: sol refulgente,
predios fecundos, celaje de viandantes, remedo de faroles, canto de escuela en
infantil alarde, sensación de abrigo, fragoso mediodía, la tarde esquiva, aura
protectora, “el río de las aguas que bebimos” y “pájaros ciegos aleteando el
suelo”, pincelados con trazos oníricos.
MIREYA
Segundo o
principal referente de lo más amable de su poesía: Mireya Infante Manuit, su
esposa y madre de los hijos de Máximo, autora de las ilustraciones de todos sus
poemarios y ensoñadora soprano en un maravilloso CD en el que hay versos
dedicados a la fuerza decidora de la
poesía de MSC.
Ella es la
acreedora de la parte dos de ese poemario de 1989: En la tarde hallé un alero y colgué el nido. Canto consagratorio de esa definitiva estación
paradisíaca. “Mireya”, décimas que plena la rima, verso clásico, retozo versificador en anhelo de gentiles formas. Disfrute lírico en que las
terminaciones confluyen en tributo a la amada, sin extraviar, en ningún momento, el amoroso
cometido:
“Hay
un largo sendero” es soneto:
Toma la mano
que te dé su apoyo
Y utiliza la
tuya al grácil juego
De prender las
antorchas en el fuego
Y apagar el
lucero en el arroyo
Clímax en que
el amor es tránsito sereno, renovado esplendor, a modo de manantial metafórico que suscita el encanto.
“Mireya”
(1999) soneto para decir de arribos tras
vuelos míticos: “En el desierto me orientó tu estrella / y en la penuria de los
días amargos / se hicieron cortos los caminos largos / con la presteza de tu
pie sin huella”
“Por los cinco
sentidos” (1999), saluda su regreso, ataviada de “galas” como el batir de un
ave (“garbo emplumado”). Simetría en la entrega amorosa, ternezas que colman
“con luna llena / que al bajar la pleamar del mar que truena / entibia el agua
en que se baña el río”.
“Claroscuro de
un tiempo largo” 2003), cuatro décimas alusivas al divertimiento para el
juntarse cierto, supiritando lógicas, como “luna y sol en el cortijo prensa su
lumbre a la vez”.
“Bodas de Oro”
(2006), nueve cuartetas a modo de vasto despliegue de palmas ante la tierra
firme del amor.
LOS HIJOS
Enaltecida
la amada, el poeta orienta su numen hacia el estuario de los hijos. No siempre
es así, pero cierto orden lo dicta:
“Exhortación
al hijo” es soneto de su libro de 1989, albergando ese legado moral que transparenta vida y obra de MSC.
Mandato bíblico para que quien nos suceda
se haga a sí mismo. Surco trillado hacia la “paz” y convicción en lo bueno de
“la vida”.
“Pensando en
los hijos” (2006) reflexión acerca de cuánto un padre hace o puede por ellos,
cuanto heroísmo cabe si nos los quitan. Insinuantes hipérboles sobre las armas
que procede tomar.
LA FAMILIA
EXTENDIDA
Sus poemas al
contexto natal se circunscriben dentro de esa lógica de continuidades que
atesora el poeta: la evocación de los padres y demás familiares, cada cual su
canción:
“El Tiempo
Detenido” (1990) agasaja a la prima Dalia y su aroma a jardín. El raudo talle, miradas que
encandilan y embrujo azul de colegiala.
“Una flor en
el rosal” (2006), décimas para su hermana Flor, entre rosas y azahar, fresca
resonancia de una de las siembras del hijo del marinero...
“Lágrimas
tardías” (2006) al hermano Pedro Miguel, a modo de conjuro para una herida que
restaña el bálsamo de la poesía.
II-
DEL AMOR Y SUS MATICES
Una
corriente amatoria anega el poemario de 1989:
“El Trofeo”:
estrofa libre de versos rimados ilustra el esmero en dar cuenta del instante
señero en que los cuerpos amados se muestran como cascada límpida y aflora el “iceberg” de los senos
(“sus dobles puñales”), torso, brazos,
en el místico instante de la entrega.
“La noche y el
recuerdo” romance en endecasílabos, enfatiza ese prodigioso entrevero (“el
recuerdo me dice…”) y autentica la metáfora:
“y en el nicho
del vientre aprisionada
Con
estremecimientos de serpiente
Una astilla de
sol como una daga
Roto en
pedazos su metal de nieve.
Flecos
verbales rehacen un pretérito que avanza deleitoso: “correré por tu vida y por
tu sangre”.
“Ruego a la
Diana viajera” son cuartetas en Abba, pródigas en léxico apropiado, en rima
exigente y tema específico. A mi entender juguete amatorio, ruego a Diana para
que cace estrellas y evada el blanco expuesto “al plomo de sus ojos”. Preciosismo lírico, alegoría, para caza de la
cazadora:
“si es brújula
mi suspiro
Hazme blanco
de esos ojos
…
Fijo el rumbo
a flor de mira
…
La luz solar
de tus ojos
“Como tú” es
soneto conducente al embeleso:
¡Gota de rocío
/ Suspendida en el borde de la hoja /
Suave como el
milagro de tus manos!
…
“un murmullo
de amor entre la brisa”
“Salmo a las
manos de Eva Yehrumns” son 28 endecasílabos en siete cuartetas de rima consonante
que dicen de tentadoras manos, ajenas quizá por prohibidas: “distancia”
derivada de que el placer experimentado es “romántico”, no obstante “el calor
de nido que recorre mi piel”. E imágenes que remiten a obvias sensaciones:
seda, miel.
“Rosalba” es
romance inspirado por mujer enmarcada en un entorno natural y cultural de
paradigmático encanto: Zaraza, remansos del Unare. Pero cierta sensualidad es
irrebatible: “hazle a tu huella descalza / una sandalia de arena”.
“Inútil
condena” (1990), soneto expresivo de la voluntad de amar por encima del fiero
desdén. Tres de las cuatro estrofas terminan en “ento”, dos en pensamiento,
vocablo persistente en tres de los 13 versos a modo de obsesivo énfasis de
amor.
“Llamas en el
tiempo” (1990) son cuartetos endecasílabos, en pastoril exaltación hacia la
amada por la intensidad de hoguera con que se ama y desea.
“Glosa de amor
y porfía” (1990) coherente despliegue a partir de una copla referida a los
riesgos del deseo, aunque las cuatro décimas en que expresa requiebros fallidos, concluyen en que “solo
quien pierde y huye / amalayando se queda”.
“Una glosa de
amor en juego” (1990), arranca de
ingeniosa copla anónima: la primera décima recuerdo de infancia, renuncia al
amor porque apostando de a nada es igual que perder, la mano prisionera,
desapego entre amor y fuego. Desprevenido Ulises ante acechadora sirena.
“Fuego
aborigen” (1999) es un cromo erótico
acerca de la forja silvestre de un nuevo
ejemplar de la raza de acuerdo con la concepción del buen salvaje, implícita en
adjetivaciones de coraje y rebeldía y ambiente propicio para el retozo y la
gestación.
Atmósfera
reiterativa en el soneto “Desnudez aborigen en el río” (2006),
edénico recodo en el que hasta Dios se solaza.
“Ayes del amor
reconciliado” (1999) son cinco cuartetas
y dos tercetos. MSC irrumpe las normas métricas cuando se trata de lo inusual o
excepcional. Conjuro sadomasoquista de acuerdo con verbos y sustantivos de
fuerza inusual e irrecusable: rásgame, descarga, penetra, uñas, tigresa, pulso
que late, lacera, hasta encontrar la lisis, muérdeme, párteme, bloquea, tiro de
gracia, retuerce y fractura, corta ligamentos. Incitante “ardan de regreso
ahogados suspiros / en las ígneas brasas de tus blancos senos”. El clímax en el
primero de los tercetos, proclamando “la euforia de aparear los cuerpos / como
perros locos que a la luna ladran”.
“El crucifijo
de los pies desnudos” (2006) deriva de estrofa mejicana (cita de C Nazoa)-
Traviesa y erótica manera de referirse a la posición de los pies de Cristo en
la cruz. Referencias a una pareja durante parte del día de la crucifixión en
Jericó.
“El cristo de
tu pecho” (2006), describe, en décimas,
un Cristo de oro reanimado por el sitio donde pende, pero en desventaja
ante quien puede ganarle la partida.
Otros
son juguetes líricos que rozan la misma temática:
“Décimas
relativas” (2003) divertimento literario a partir de un ejercicio versificador
apoyado en relativos.
“Las Tetas de
María Guevara” (2003), copla de MSC, glosada para decir de las probables en
mujer y, de las supuestas, en la afamada serranía margariteña, ante la
eventualidad de que se rocen estas por encimita y la remota posibilidad de
hacerlo con los humanos senos.
“Aula de
clases” (2003), soneto alusivo al salón oscuro, elemental, inerte, perturbado
por la exuberante presencia de una maestra procurando que sus alumnos se
deleiten con sus enseñanzas y no con ella.
AMISTAD
La obra de MSC
trasunta disposición para el reconocimiento del otro. Principios
consustanciales a la humildad de su pertinaz arraigo provinciano, que numerosos connacionales, de
diversa procedencia y obra, han valorado. Entre otros José Antonio De Armas
Chitty, a quien Salazar dedica un soneto y se declara alumno.
De
ese poemario de 1989 son:
“Rimas Ásperas”,
dedicado a Jesús Bandres, carta en tridecasílabos, advirtiendo, a su amigo, que
arriba al final de su trayecto vital conservando su “voz de manantial” y su
“mundo de sueños”. Compañero pobre, sin “más industria que su filosofía” y
rectitud: “No hay en tu vida la punta de
una espina”. Que entre sumas y restas, “hay todo un hombre recostado en su esquina / con sus cuentas limpias y su
morral a cuestas”.
“Silueta” es
soneto endecasílabo a la memoria del fraterno compadre Pablo Arocha, todo un
hombre: capacidad sintetizadora, gracejo, pertinencia en los datos que aporta y
fecundas ocurrencias.
Otra “Silueta”
es para el Dr. Pedro Natalio Arévalo, a quien admira y respeta. También soneto:
alterna las palabras viejo y añejo, jilguero y pampero (asociación con el ron
de este nombre), se confiesa con Santa Teresa (nombre de otro ron),
puntualizando su edad sin desmerecer su lucidez, amén de su jerarquía como cantor de la pampa, identidad con su entorno
natal (nororiente del Guárico) cuya toponimia asocia con aficiones y gustos del
poeta: “amigo del patio con lo suyo / tiene propia luz como el cocuyo”.
Y “Silueta”,
también, la dedicada a Tomás Vicente León, sonetillo (versos heptasílabos), acuñando la palabra
“Tomenos” para jugar con Tomás e insinuar que es “agarrado” en asuntos de
préstamos, amén de otras expresiones que concurren al retrato hablado del
personaje: “que va mi vale, que va”,
conducta fiera: uñas de tigre, aunque sea un León (por el significado,
no el apellido).
“Calor de mano
amiga” (1990) son cuartetas consagradas a Guillermo Bermúdez Carpio,
destinatario de parte de ese caudal salazaresco para la amistad: “El corazón
sin alcabalas, estuario fraternal, faro baqueano”.
“Reclamo
Fraternal” (1990), dirigido a Efraín Subero, décimas, metro estudiado por este escritor. MSC despliega
fluidez contrapuntística entre llanero y marinero, jugador a jugador, cantor a
otro cantor, bohemio a bohemio, amigos de sus amigos, anfitriones de ejemplar humanidad, rectores de
resplandecientes hogares, aspira Máximo que el apellido del famoso académico,
le permita subir hasta el alero que el guariqueño pone a su alcance.
“El primo de
oro” (1990), soneto para el Dr. Agustín Ascanio en sus 70 años, verso
endecasílabo, alude la historia nacional para sugerir la edad del homenajeado,
cultura romana que revela su jerarquía profesional, griega para referir sus
aficiones, medieval para insinuar su morigeración, León per se y por su signo
Leo, lo asocia a personajes emblemáticos de la literatura y a la hormiga por su
laboriosidad. En su balanza hay oro y de allí su barriga.
“Ciencia y
arte del corazón” (1990) a Simón Muñoz, cardiólogo, poeta y amigo, son décimas.
Diestra ramazón verbal para expresar su oficio y aciertos médicos. Amén de la
literatura y la docencia. Invoca a Esculapio e Hipócrates ponderando su
destreza para suscitar retornos desde el otro mundo.
“Elegía al
poeta” (1999) Ernesto Luís Rodríguez, en sus ochenta años: el primer cuarteto
con escena campestre: el río, el fogón, el leño. El segundo parábola sobre la
humildad. El primer terceto: maestría en la confección del verso que pulsa “la
risa que acompasa el canto”. Para concluir que trueca el llanto en risa.
“Las tres
virtudes” (1999), al mismo ELR, en su mala hora, juega con las palabras Esperanza,
Caridad y Fe, por el nombre de la recién fallecida esposa de ELR: “en la cena
frugal sin pan ni vino”. Tras tal ausencia: “el venero de oro fino” seco,
amargo el trance, soneto y romance truncos por el “pájaro alegre” y su
extinguido trino, solitaria “la viudez del peregrino”, “sin brújula, sin rumbo,
sin destino / en las tinieblas donde el sol no alcanza”, “reseca espiga (que)
se abate”, sin que nada recupere su Esperanza.
“Semblanza y
testamento” (1999) también a ELR, trayecto largo, entereza, encanto de la vieja
edad, ni la punta de una espina en las rosas de su canto, como testamento dando
“más de lo que tienes”: el sol de sus poemas, el pebetero donde quema “un
sándalo de amor a tu Esperanza”.
“Tiempo de
luchas” (1999) para la doctora Olga de Ron en sus setenta años: el tiempo, las
huellas, el huerto floral, la muchacha, la dicha, el riego mañana y tarde,
virtud, bondad, amor, le desea noches de paz y ”horas muy blancas para ver el
día”.
”Los 81 de
ELR” (1999) en un año bisiesto en que el poeta cumple años, pero se nota menos
chocho, porque en lugar de vitaminas, un sancocho, marcha hacia atrás como el
cangrejo y el mes chucuto disminuye su edad.
“De buena ley”
(1999) para Euclides Moreno Moreán, a quien declara libre de culpas por
dictamen de la sabana, el candil, la brisa de caño, el estero y la brega.
Solidario en su retorno a casa.
“Vigencia de
Midas y de Creso” (1999) para Agustín Ascanio, cordialmente: dos metas
paralelas, en un proceso sin retorno, pueden proporcionar “las riquezas conocidas” si a la lucha y paciencia une cautela y
prudencia.
“Ocho décadas
de sueños y entereza” (2003), al Dr. Emilio Carpio Castillo, en su octogésimo
aniversario, pero que, “escaso de bienes”, acumula entereza, aprecio,
resistiendo la maldad y el engaño.
“Pinceladas y
voces de Fernando Aular” (2003), soneto, de encomio al artista, el sonetista,
el educador, el instrumentista, el cantor, valora su fuerza para la empatía y
sobria bohemia, en este médico y escritor.
“Amor sin
frontera” (2006), para Jacki y Armando…Exaltación de una pareja, tan ejemplar
que Dios la habría seleccionado para su paraíso. Relatos y metáforas
explicativas.
“Poeta de
hecho y de derecho” (2006), a Fernando Aular, a modo de réplica epistolar,
quien observa enorgullecido de su pueblo
y ancestros, el padre poeta y un hogar “sin grietas”, “ceñido a su blasón”,
honra su pueblo, dándole “un sitial a sus poetas”.
“Cacofonías
lingüísticas” (2006) es soneto encomiástico de la profesión y vocación de
Aular.
EL OTRO
PAISAJISTICO Y GRUPAL
Quien ama a
los suyos ama sin lindes ni fronteras. Todo cuanto contribuye a embellecer y
prolongar la vida.
Véase esa
identidad de MSC con esa patria irrenunciable, irreprimible y perenne que es la
infancia y su geografía, el hinterland orinoquense a cuya vera levanto tienda.
“Adiós al rio
padre” (2003) es soneto indicativo de su veneración por aquel sol, sus aguas
lustrales, el soplo amigable de la sabana, el calor de nido y relucientes signos: “el relámpago de plata de
un pavón / salta en el aire su final cabriola”.
El incitante océano
que se extiende al norte como un cielo real.
“Fantasías
marinas” (1989), mujer, temeridad de
buzo, barca, guitarra, ojos negros, en un desparrame vesperal, que expande en
forma de soneto.
“Brumas en el
mar Caribe” (2006), niebla, marea, árbol
que se mece, bajel que se hunde, luna breve, cosas que ascienden y caen (¿Acaso
impresionismo?), también en un soneto.
He aquí su salutación al follaje:
“Los hijos del
guayacán” (1999), décimas en que este árbol parece surgir del orden métrico, la
rima, el ritmo y una serena placidez ante el sonido. “acompañan con su acento
/las frondas en el ramaje /cuando el espeso follaje / le silba coplas al
viento”. Pondera sobre todo “el paraguas de sus hojas”, “la estirpe de su madera”,
cuyo temple aspira para sus hijos, Apropiadas y originales comparaciones que habría
celebrado Huidobro: “hacedlo crecer en el poema”.
Como logra
plasmar alas y gorjeos:
“Kid Pirulero”
(1990), dedicado a sus nietos, décimas identificando al pájaro que trina en su
ventana, en conversación de igual a igual. Máximo, atento a la pervivencia de
tan fecundas señales, teme la china del hijo del portero.
“Flecos de
amor” (1990) soneto expresivo de la disponibilidad lúdica del poeta ante la que le propone el papagayo,
ya que a la pregunta de un niño por el cometa, astro masculino de cola de
fuego, dice de la del faisán o tijereta: “mi visión sideral es más discreta” y
se expande en consideraciones descriptivas de “un vuelo tricolor de papagayo”.
“La Paraulata”
(2003), contento por este bullicio “metálico” que acorta el día, trino
embriagador, etc., También soneto.
“La golondrina” (2003): derroche de imágenes
para expresar vuelo, figuras, donaire, gracia, garbo, alegre, fuego,
consustancial a ella.
“El
cucarachero” (2003) ilustrativo de esa
comunión del poeta con sus hermanos en las artes de la vida. Ave que motiva su pasión
para la comprensión, definición, distinción de cuanto habita alrededor, con
ingeniosidad metafórica que logra
manejar... Otro soneto.
“El tucusito”
(2003), cuatro décimas, para decir de los nombres con que suele denominarse
esta ave, rasgos, color, forma, elegancia, posturas, equivalente a flor o joya.
“El turpial”,
soneto para exaltación de este cantor, apela a cuantas voces lo representan,
emisiones sonoras así como escenarios que habita: jardín, campo, camino.
“Torditos en
la charca” (2003) acerca de estos traviesos alados, desparpajados y callejeros,
su investidura, gracia, individualidad.
Del año seis
es su soneto “Si yo fuera un pájaro”, a guisa de pretexto para describir aves
que lo inspiran.
Otras veces
son rancias devociones:
“La casa de
los recuerdos” (1990), mas décimas, rememoran, describen, aluden presunta
escasez en la mesa, no obstante lo abundoso del entorno natural, desaparecido a
veces, apenas subsistente en la cuenta que el tiempo nos asigna.
El soneto “El
cuatro” (1990), que dedica al Dr. Miguel Dorante, es una alegoría para decir de
este instrumento musical valiéndose de términos que lo retratan: madera
musical, rumor de abeja, murmullo conventual, risa de niño, tronar en la
hondonada, tañido de campana, cofre…con arpegios de canario, dentro de ese
potencial que asiste a MSC para servirse de su caudal de vivencias y gestar
nuevas impresiones o figuraciones.
“La madrina Socorro” (1990), soneto dedicado
“A mi hermana-Acacia”, estampa del quehacer misionero de quien luce “candor de
misa”, aunque como energía de la tierra:
aroma, destreza de araña, frescura de sol o lluvia, sonrojo de fuego y arrebol, miel de su
colmena, pero también tejo moreno y
levadura de su trajín de panadera. No siendo para menos que no se
lamente de una “pobreza”, que es como
la de Dios”, santa su mano nazarena.
“Bajo la
sombra del guayacán” (1999), dentro de los rasgos mencionados, comenta, en el
marco narrativo del romance de corte ernestoluisrodriguero, su particular
gracejo maximosalazareno y léxico atinente, una partida de bolas criollas.
“Muera el
trabajo” (2003), soneto, sobre rutina, fogón de leña y ceniza para un sorbo de
café distractor.
Se observa,
asimismo, predisposición solidaria que, a veces, linda en conmiseración:
De 1989 es “mi
perro ciego”, a quien declara hermano, amigo, sin escatimar la oportunidad de
la metáfora alusiva: la tarde que pierde “sus matices rojos”.
Y del mismo
año “El Ángel Rebelde”, también soneto, a modo de digresión teológica, para
explicarse el Diablo, a quien adversa, pero admira y le conduele, por cuanto
experimenta para ser lo que es. La ausencia de rima pasa desapercibida ante el
torrencial mensaje.
“Cuarto de
bohemio” (1999) enumera detalles del
modus operandi bohemio de intelectual pobre. Tipología que menciona en soneto
del 2006 “La noche y el bohemio”, conmovido por sus tormentos.
“Pesadilla de
la mente oscura” (2006) soneto acerca de las sensaciones que sufre el
drogadicto.
“La Loca de la
Calle 5 de Julio” (2003), soneto que
cuanta compasión le inspira este personaje.
Sentimientos
semejantes a los que le sugiere su país:
En “Venezuela
97” (1999) le inquieta la depredación que acometen en la frontera “pérfidos
vecinos”.
“Una mano por
Cariaco” (1999), por su terremoto, le augura con oración del tabaco, bailes o
baños de cariaquito, superar su dolor, tragedia, ruina, fracturas “sin bálsamo
piadoso” ni “toque de humanas ortopedias”.
“Parmana en
Semana Santa” (2003) es soneto para decir de la ruindad con que la política
carga la mano en la zona más desprotegida por su lejanía de los centros
urbanos. Y en tal desmedro, proliferan los abusos .A un tiempo que duele la
disipación con el agreste escenario atormentado por mangas y templetes, “la
feria silbante de los mitos”.
“Gentes y
yermos” (2003), otro soneto que emplaza la euforia humana que no se cuida en
desolar el medio natural.
“Cuando bajen
los cerros” (2003) soneto que pronostica indigencia, soledad, humo, ceniza,
barbarie, etc.
“Pacem in
terram” (2006) invita a la paz, la prudencia y conciencia ante la guerra. Es
soneto.
Y
el que titula “Psicopatía” (2003) exorcizando “la locura y el suicidio” que promueven
los aficionados a la guerra.
Ética humanística
que lo constituye y por la cual
Su poema
“Condenatoria para el juez corrupto” (1999) denuncia piratas que “orillando lo
recto del camino” ensucian Derecho y Justicia. La señala con términos como lambucio,
sucias botas, rapiña, pillajes, argucias, sin prosodia ni sintaxis, vendedores
de honores y decoro, venas inmorales, rábulas venales.
III
– GRACEJO Y TRADICIÓN
HISPANISMO
MSC expresa
felicidad en sentirse inmerso en la fértil tradición lírica española y algunos de sus temas:
“La tía beata”
(1989) luce como surgiendo del mismo manantial donde abreva El Libro del
Buen Amor del Arcipreste de Hita. Es soneto, pero verso alejandrino, con amena estampa acerca
de una antigua dama que no sólo reza, si no que no da reposo a las manos para
cuanto es útil: embozala el perro, despioja los gatos, poda el rosal, descarga
el cerezo, “alternando con gracia la sátira y el rezo”.
“La dama de
los once hijos” (1990), también en verso alejandrino, con cierta influencia
rubendariana, atmósfera medieval, caballeresca, de miseria aldeana hermoseada
por imágenes y metáforas del poeta: voz de guarura, nácar centelleante de
azules caracolas, enigmas, libro de inexistentes páginas, nueve murmullos al
clarear el alba y una muerte que resecó el verano.
¡Contesta
Cumaná! (1999), a los cien años de AEB, demanda, a su ciudad natal, que defina cuál
es su mayor lauro: Sucre o Andrés Eloy. Ambos trascendentes y aquerenciados en
su tierra, pues “brilla del militar las charreteras / y se nombra cien veces al
poeta”
GRACEJO
El más
significativo don de la condición humana y creadora de Salazar es su competencia para descifrar los
flancos gratos de la vida, su invitación
a la sonrisa, al bienestar, la alegría. Un venero que bulle en lo mejor de su
producción literaria. Como quien predica que amor y buen humor son los dos
polos de una verdadera conciencia ciudadana. Esos recursos renovables que
pueden servimos para conjurar la más dura adversidad. No en balde Aquiles Nazoa
titula, con ambos vocablos, uno de sus libros.
La última
sección de su poemario de 1989 es Sátiras
de Buen Humor y pone de manifiesto la identidad de MSC con la inclinación
llanera hacia el corrido jocoso:
“Diario de mi
bufete” en coplas Abba dice del hacendado casi centenario que desea hacer “una
donación” a su prometida “menor de edad”
y busca legalizar la unión a la
velocidad de tales circunstancias. El poeta-abogado anota: Día 23 de
febrero de 1966:
Consultante
Antero Guía
Un auténtico
llanero
Que maneja el
refranero
Con soltura y
maestría.
Episodio que
tiene su segunda y definitiva instancia el 8 de abril del mismo año, en que el
consultante deviene en “lastimado llanero”, apertrechado de refranes atinentes
a su drama, con la expectativa de cobrar venganza de la traidora con la que se
casó y el amigo que se burló de él.
“El que tiene
tienda la atiende”, prosigue en la misma tónica picaresca, esta vez porque la
dama burlada, para no mancillarse opta por dormir en cuarto no contaminado por
el pecado cometido, mientras espeta el adúltero: “es que no hay cuarto en la
casa / donde no cogí a esa vieja” (la amante del caso: una sirvienta),
puntualizando así lo improcedente de la
amenaza.
“Anécdota de
un velorio pueblerino” relata cómo acomodando al difunto, las cinco hijas no ubican la plancha dental,
optando la más burlona por sugerir que lo entierren así, ya que “no va para una ternera”.
En “El cazabe
de Juan Vila”, tres amigos empeñados en hacer sancocho, comisionan a Rafaelito
López Castro por el casabe. Y éste va al negocio de Juan Vila. Y como consta al poeta muy bien el modo de
ser y expresarse ambos personajes, desenrolla tal nudo en el marco de la más
relancina picardía por parte del
vendedor y la fallida venta de la torta que tiene y en la que duerme el
gato.
“Las fiestas
de Zaraza” reseñan las socarronerías de auspiciadores que no cumplen, mientras que quien lo hace es con monedas de
poco numerario. Sátira de tan habituales contribuyentes.
“El pecado no
es deshonra o a eso no le pare bola” sobre el modo en que mutuamente se rascan
los padres de hijas deshonradas. Ya que cierta madre porta una mancha por lo
que hizo su criatura, el padre de cinco confiesa que “Si eso manchara señora /
yo sería un cunaguaro”.
“Temas de
velorio” son comentarios de mujeres acerca del romanticismo de radionovelas y
telenovelas que las inspiran, hasta que la realidad les recuerda que son
esposas de llaneros.
“El secreto
del guerrero o el talón de doña Juana”
sobre el “orgullo del gentilicio” del que comparte su joven esposa,
recomendando a un fiel amigo que la coja
también para que sepa por qué no la deja.
“Operación
sintética” último poema de esta sección, incorporado quizá a última hora y
fuera de este conjunto de humorísticas llaneradas, va dedicado a Guillermo
Bermúdez Carpio, convaleciente. Sin que evite travesuras, haciendo gala de un
dispendio de esdrújulas atinentes a la tratamiento que recibe el amigo.
“Arroz amargo”
(1990), son décimas referidas al festival del pato guirirí en Calabozo. Exterminio
auspiciado porque dicho ánade es plaga en los arrozales. Con la ironía de que
cazado se consume relleno, precisamente con ese cereal. Paradojal festín.
“El Solitario
de Turmerino” (1990) décimas relativas a un solitario que llega a T., amaestra
un guacharaco, lo lleva a Caracas, pero que seducido por las bocinas de los
automóviles, vuela tras la presunta hembra, y nostálgico el dueño, es convidado
a olvidar con macarrónico consuelo por
un italiano.
“La muela
campeona” (1990), cuartetos endecasílabos de rima consonante, para compensar quizá la ficción en tono
radiofónico o deportivo acerca de la lucha “cabeza a cabeza”, entre odontólogo,
paciente y muela afectada. Caricatura de percances al respecto.
“Las
apariencias engañan” (1990), más cuartetos endecasílabos acerca de otra
caricaturesca situación, más bien comedia de engaños, por el hábito de un novio
a consumir papelón de noche, por lo que lleva al casorio, el bastimento de esa
noche, y al mostrarle a la novia el bulto que hace el bolsillo del pantalón,
alarmada huye por tan increíble prominencia.
“Las paellas
del Aga Khan” (1990), hiperbatónica desde el título, son décimas referidas a un
caso real alusivo a las paellas de Emilio Carpio Castillo y su costo, por lo
que come, más que por lo que bebe.
“Que vida tan
difícil” (1990), soneto a modo de cuadro de costumbres sobre el bachiller que
se resigna a ejercer a medias o a bandazos, al fracasar en la Universidad,
juega loterías (pedazos) y su hermana lo auxilia en el sustento diario.
“Ausencia
justificada” (1990), décimas sobre hermana del poeta que desiste a invitación
“a comer completo”, por culpa de puente o plancha, que lastima su encía.
Pretexto del autor para desempolvar desusados términos (templón, bambolea,
chisporrotea).
“Falacias sobre
el cochino” (1990) también décimas referidas a cultura gastronómica con
respecto al cochino y presuntos efectos según médicos de Tucupido, para
concluir parodiando famoso soneto de Potentini y celebrar más bien paródica o metafóricamente
el manazo anunciador de la inminente degustación de tan preciada carne.
Murió la reina
Victoria, viva la reina” (1990) soneto del viudo que la noche del velorio se
engancha una muchacha”, sin importarle posibles cachos, ya que prefiere
compartirla antes que tener, para él solito, a la vieja (“caricatura del viejo
verde y cachón”).
“Adiós
Betulio” (1990), diversión, en soneto, con la palabra “culio” para expresar
desencanto con las aspiraciones varoniles del citado boxeador, cuyo contendor:
“Con guantes y
rectos de su mano
Los guantes le
metió hasta en el culio.
“El Cojitranco
A Mellado” (1990), décimas que, desde el mismo título, hacen juego con la
condición desproporcionada del burro, incluso en birriondez (aludida en el apelativo) y
asociada a la extensión y vitalidad del arma de combate (amellado) y lugar del
suceso (municipio Mellado). El suceso, verosímilmente ambientado, lo cuenta el
cronista del lugar y, la topografía y circunstancia histórica, reales. De
manera que la increíble fabula: el
aspecto contrahecho del animal, la circunstancia de que le modificaran sus
correderos cuando el Puente de El Sombrero es trasladado a Guayana. Fantasiosa,
desde luego, la trampa tendida por una burra cana, que hace caer a su impetuoso
acosador entre los escombros de cabillas. Y un epílogo factible sobre la juez
que “corta el cuerpo del delito y archiva el expediente”. Sátira tanto de las
menudencias que ocupan a los tribunales
como el pundonor de una dama enfrentada a situación tan pimientosa.
“Poker de
Ases” (1990) son cuartetas en verso alejandrino acerca del fracaso de la
ciencia ante las ratas, los ratones, el sida y la calvicie, e implicaciones
léxicas con que juega, anfibologías, refranes, engaños, a que exponen dichos malestares.
“Desintegración
líquida” (1990), soneto para decir de la diarrea.
“Ojos que no
ven” (1990) soneto relativo a dos situaciones de amor que se entrecruzan:
1. Cuando la
mujer es muy fea y se cubre su rostro para el encuentro erótico.
2. Cuando los
amantes requieren claves en caso que uno de los dos desee folgar.
“Lágrimas de
cocodrilo” (1990), décimas de fluidez
epistolar, ilustrativa de la cotidianidad de una pareja en un ámbito
pueblerino.
“El trasplante
rechazado” (1990), serventesios, con tema de velorio, porque el difunto es infartado,
trasplantes y la posibilidad de que sea de cochino el corazón que se implanta,
si es durable o no, de acuerdo a las circunstancias en que dichos animales
mueren. Hasta que un negro relancino dice de aquellas marcas comerciales que lo
procesan y venden, derivando en moraleja:
De que hay
seres que son tan semejantes
Que sin
operaciones ni trasplantes
Producen
pensamientos de cochino.
“¿De dónde
viene el sida?” (1990), soneto que dedica al Dr. Franklin Santaella Isaac, para
relacionar topónimos norteamericanos, mejicanos y venezolanos que dejan chusca
la respuesta.
“Los
portadores del sida” (1990), décimas,
dedicado al mismo FSI, a modo de
derroche de situaciones léxicas abundosas en sugerencias idiomáticas que
propicia dicha enfermedad, esta vez remitiéndose a animales y hasta un
compuesto químico, que debe escribirse erráticamente, para la humorada: Nitrato de metelo.
“Parkinson”
(1999), descrito según hechos semejantes
comportamiento eléctrico, aleteos, relámpago, zigzag de papagayo, lambada,
baile del perrito, vaivén de lagarto,
detestables, prefiriendo malestares “más expedito”. A saber: infartos, etc.
“Asesino del
silencio” (1999), requisitoria contra el pésimo cantante que le resulta un
grillo. Por lo cual, pudiera entenderse que las cinco estrofas de este poema no
posean la misma cantidad de versos y la rima sea como arbitraria, aunque no el
ritmo ni el sentido ni tampoco la imaginativa trama acerca de la cuestionada
vocalización del presunto tenor y su serenata (encadenada y encadenante), sólo controlable con el terrible insecticida.
Solución que expresa en la única estrofa (décima) ajustada a las normas de la
rima convencional.
Su poemario de
2003 viene con el único texto en prosa suyo que conocemos, informativo a un
tiempo que humorístico. Se trata de
un Prefacio Para un Epílogo
firmado por Maximiliano Salazar Carchidio y de cómo el hijo social (Máximo) es
también el legítimo (Maximiliano).
Libro éste que
trae sección prometedora y elocuente: Risas
Son Risas, contentiva de los
siguientes poemas:
“La mano
incomprensible” (2003), cinco cuartetas acerca de presuntas torpezas y yerros
que juzga derivados de su condición de zurdo.
“Cacerolas en
ruido activo” (2003) con la gracia de quien es apto para sinonimias pertinentes
hasta significar resonancias en función de la cuestión que lo motiva. Y de
imponente actualidad.
Soneto “El loro” (2003) con descripción
pausada, cierta y léxico para decir de aprendizaje con el “parco lenguaje de
las aves”, mejor que mucha gente.
Soneto “El
gallo” (2003) que describe con su enjundiosa expresividad, la cualidad de
“macho” de tal ave.
Soneto
“Galanterías de los años veinte” (2003) sobre el italiano desairado, por
elegante dama, a quien regala tarjeta con morocota, le devuelve aquella, pero
no ésta.
“Firma y
fístula” (2003), sonetillo a modo de divertimiento con las palabras “audiencia
y habilitar” para connotar a un notario arpista.
“Negro en
traje de gala” (2003) es soneto sobre hábitat del zamuro, cuanto se dice de él
y su fisonomía suscita.
“Telaraña”
(2003) es soneto semblanza de quien no pega una ni en el matrimonio.
“La mujer es
como la mula” (glosa) (2003) guiada por copla de Alberto Arvelo Torrealba:
refiriendo forcejeo de hombre que llama mula a su mujer, hasta que ella se
encona y temiendo él represalias, insiste, pero poniendo el nombre de ella a su
mula. Ocurrencia que deviene en terapia provocando en ella la risa.
“Visita de las
altas horas” (2003), cuartetos refiriendo jocosa solicitud de aplazamiento a la
muerte, por no estar permisado para salir de noche, prometiéndole ser su alta
pana, parrandear juntos, pero viniendo
de día.
“Requien para
María Quintina” (2003), soneto a quien superó eximias reinas en eso de
“prodigar amores” al madurar estudiantes pintones.
“Esperando
agosto” (2003) ilustrativo de su
animadversión contra cierta persona.
Soneto
“Anófeles civiles” (2003): de cómo taxis devienen en inmisericorde plaga. Expresado desde luego, con gracia habitual y
despliegue léxico.
“El grillo que
pagó el pato” (2003), décima normal o plana diciendo de cómo un paciente modelo
es obligado a ir de carreras para encontrarse a un fascinado grillo en la
poceta y debe ahogar sin remedio. Narración caricaturesca.
“Asueto para
la rima y el verso” (2003) apenas comprende
“Reminiscencia del 2 de enero”, producto quizá de la resaca y el vacío que
dejan fiestas y reencuentros, por lo
cual parece prescindir de rima, metáforas y versos.
“Retorno de la
patrona a sus quehaceres” (2006) es fluido soneto para referir que, concluida
la feria, lejos del canto y las discotecas, vuelta al hogar, mas picante que un
puré de ají, retornará la risa cuando de nuevo deba grabar otro Ci-Di.
“Parlamentarias
2005” (2006) décimas, el árabe y su mal hablado castellano ante eventual caos electoral.
“Adiós y
bienvenida en el año nuevo” (2006), décimas al árbol, el sancocho, el
enamoramiento y los repeles.
“Percances
hogareños” (2006), fluida historia en décimas dentro de la tradición de la
comedia de engaños actualizada con las circunstancias históricas y un personaje
muy real, quien equivoca lo que el plomero, por teléfono, de emergencia,
sugirió: tapón de media.
“Ilusión
óptica” (2006) son nueve cuartetas, de las cuales seis para honrar la eficacia
de los oftalmólogos que le operaron de cataratas, el encanto de apreciar
colores, distancias, cielos, luna, jazmines. Aunque un “pero”, en las tres
últimas estrofas, sobre crueldades humanas que
lo exponen a rogar a los cirujanos devolverle sus cataratas.
“Crónica del
loro Pancho” (2006), cuartetas descriptivas de la rutina de un loro, fisonomía y hábitos, índole evasiva y
atrevimiento ante quien lo saca de su
sombrero de mago.
“Tragicomedia
del toro y la vaca” (2006), décimas sobre la coartada que sirve a doña Isabel
para deshacerse de una melindrosa mucama.
Y para no
olvidar que el autor también puede ser objeto de humoradas, unas décimas
relativas al modo en que intentando recuperar una moneda se enreda en la cama y
termina hospitalizado y arruinado (“La avaricia rompe el saco” (2006).
ARS POÉTICA
Para quien el
principal ejercicio de su vida ha sido el verso, cabe suponer la posibilidad,
soterrada o explícita, de un ars poética que orienta tan persistente
creatividad.
Procurando
identificar ese daimon que asiste a MSC, me remito a una tradición regional que
abreva en la cultura hispánica como se advierte del examen de su obra. Véase el
cultivo del soneto que prende en la literatura guariqueña de los siglos XIX y
XX y manifiesta especial fecundidad en Orituco. Y de cómo en Salazar Carchidio,
dicho metro, de redonda y cerrada estructura, luce renovado, gracias, a nuestro
entender, al fuego de vivencias muy personales con que suele
tallarlo. Apreciación que, estimo,
permite comprender la especificidad de la producción de MSC, dentro de
otros ropajes literarias, entre los cuales, el relativo a tradición
llanera.
MSC resulta uno de los últimos artífices llaneros
en rescatar, con personal lucimiento, expresiones literarias de exigente
confección, tanto en su armazón como en
la pertinencia de su contenido.
Su poema
“Cátedra del soneto” (1999), dedicado al profesor José Sánchez Torrealba, es
demostrativo de su destreza en ensamblar tan arquitectónico trazado. En su
acostumbrada fluidez expositiva, discurre Salazar dando cuenta de rima, ritmos, metros, estrofas, hasta referir cómo
deviene en calificado coctel por su música, pasión y mensaje.
“Inspiración y
yerro” (2006) es soneto en que reflexiona acerca de ese preparado, esta vez por
mano ágrafa, zagal enamorado o de lento divagar, que da tumbos incurriendo en
un verso demás.
MSC acude a
infinidad de referencias para sus caracterizaciones, signos que atesora como
hombre de letras, profesional, caballero de infinitas gestas, acondicionándolo
para estampas o semblanzas celebratorias casi siempre del lado fresco de la
vida, fraternas, cordiales, animadas por su voluntad de convivir y limpidez del
alma.
Su
disponibilidad armoniosa no discrimina ángulos en el vasto radio de acción en
que se desplaza. Ninguna coordenada, temática, plano ni perspectiva, hasta el
punto en que disímiles percances correteen juntos donde el poeta los convoca.
En
“Revelaciones del primer día de clases” (1999) hace acto de presencia esa constelación de asuntos: nada superior al
“burbujear de emociones” que desatan “las piernas de marfil de la maestra” cada
vez que entrecruzan los salones: el amanecer frío, el sol de plata, el juguete
casero, el uniforme, la sorpresa en la vianda, el lápiz o el cuaderno, sin que
se quiebre el equilibrio métrico ni el semántico.
Atento al
saber pertinente se ubica en ese camino concreto de adquirir las destrezas
indispensables para administrar su fuente de agua clara y abrigar palabras
precisas, tono, ritmo, metaforización oportuna,
canon métrico, hasta dar con la original criatura.
Confiesa su
incertidumbre acerca de la procedencia de esa lucidez que lo asiste y pregunta
en décimas que titula “Sendas que la mente alumbra” (2006) de un poder iluminador que deriva de la mente
o de los paisajes que extasían.
“Un día y
todos los días en el bufete” (2006) ofrece en soneto detalles que originan el poema. Ese sitio donde quiere morir sin concluir lo que
escribe. Tierra fértil para sus metáforas.
En tanto que
“Las 24 horas” (2006) es como un grito de clamor por su derecho a cantar y ser
poeta. Ese transparente oficio que tanto deleite depara y trasmite a quienes lo leemos. Arte
de prolongar la vida. Cualquier vida.
IV- SERENA ATARDECIDA
Por lo menos
desde su libro de 1989 MSC muestra el sello de la moneda que somos. De allí la
sección que titula Poemas de Penumbra y
Sombra que inicia con “La vigilia
del anciano”, romance octosílabo y versificación libre, de rima aa desde el
cuarto verso. Temática que a todos nos asalta, una que otra vez: el
vencimiento, la obsolescencia, la inexorable entropía. Peso que suele compensar
con su prodigalidad metafórica, que apoya en vasta cultura y acervo vivencial
producto de su sensibilidad abierta y crítica. De manera que no hay nada que lo
circunda que no le inspire imágenes con qué expresarlo. Que a la certidumbre de
un tránsito final, iza banderas de amor, solidaridad y alegría.
“Los asientos
viejos”, también octosílabo, con su terminación, a veces, en ia-ia, este-este,
oche-oche, se resiente de esa temática ante los hechos ruinosos:
Y los ojos de
la noche
Son cuentas de
parapara
Gemelos con su
destino.
Coordenada de fatalismo en que sobresale
“Solo penumbras”, dedicado a su hermano Pedro Miguel en su soledad: ilustra esa
franqueza de MSC para enfrentar y nombrar la dureza, sin que se le quiebre el
pulso original con que la acomete: “como quien a través de un vidrio ahumado”.
Pulsión creativa que, a su vez, opera restañando heridas: “el hombre y su
voluntad son el destino”. Reliquias de combate con que se propone armar caballero
a sus hijos y ofrece a familiares y amigos.
“La
negación de Dios”, en forma de silva y
bajo el signo del fatum (estaba en el destino) se opone al ecocidio y la
contumaz “blanca actividad de los gusanos”, rezuma más protesta que
resignación.
“Apocalipsis”
(1990), dedicado a Saúl Ron Troconis, es soneto conjurador ante la conciencia
de saberse transitorio (endeble armazón de piel y hueso).
“La última
partida” (1990), también soneto, reiterativo de igual sentimiento, pero siempre
lanzando requiebros metafóricos a modo
de exorcismos: “inventario de quiebras”, “Ciénagas de negrura en los despojos”,
“ceniciento rastrojal de abrojos”, etc.
“Las fronteras
del tiempo” (1990) es soneto para dar fe de sus preparativos para “la obscura certidad del viaje”, constando
que por equipaje lleva versos de baquiano de la noche. Lucidez de quien se sabe
trascendiendo con estos linternazos que amortiguan cualquier fugacidad.
“El baile de
los espectros” (1990), glosa con cuatro décimas transidas de ambiente lóbrego a
partir de copla de Héctor Guillermo Villalobos acerca de cierto manantial de
aguas negras.
La sección
“Soles crepusculares” de su poemario de 1999
comprende los sonetos:
“Lo que resta
del tiempo” dedicado al Dr. Arturo Uslar Pietri, por sus confesiones. Y la dirige a la Hermana Soledad, a quien poco
nombra, no obstante oírla “desde las
ruinas de mi gris escombro”.
“Fatalismo de
los días lluviosos” pregona la ingenuidad de festejar el cumpleaños, flecha
lanzada con giros extraños, oveja sin querencia, puerta sin goznes ni aldaba,
muerte diaria, la indiferencia ante el brillo perdido, hermano de ave viuda que
rumbea a la nada.
“Incertidumbre”
sobre lo perecedero y lo perenne. Cree cierto que somos árbol que se tala y “su rota ramazón como una
mano / sangra con el dolor de la partida”.
“Ecos”
(1999) o “los tatuajes de marcar la
huella” quien va de frente “hacia la estrella” o “hacia la nada”. Imágenes para
expresarlo: resacas de las olas batiéndose, soles risueños, “llantos que en el
alma pesan”, “gotas ígneas que abrasan y regresan a su origen de llamas
fantasmales”, lunas, labios besándose, “vientos de desandar largos caminos /
arañazo en la piel de los destinos / tanteando a ciegas...”
“Horas
sombrías” (1999) título que no deja dudas de contenido en el que la felicidad
es fugaz, eternas las horas, aciagas, que rima con dagas. Sucediendo términos
como: torvas, oscuras, insanas plagas, viscosas llagas, cicatrices, angustia,
sufrimiento, laceran, tormentos, llora, herida, muerte. Con la salvedad de que
el poeta no pierde su destreza metrificadora ni consistencia semántica.
¡Absurda
geometría de la muerte! (1999) es ingeniosa confrontación entre la exactitud y
el quiebre que conduce a la muerte.
“El adiós del
camino” (1999): alejamiento, sin deudas que saldar, rumbo al olvido y la nada.
“Agonía entre
las hojas” (1999) dice de ala mustia, rama desgajada, “ojo turbio de mirar la
angustia / a través de las sombras de la nada”. La segunda estrofa remite a la
sangre que “revienta en indómita cascada / y violenta el final de su
agonía”. Expresiones de muerte, que en
el primer terceto se manifiesta en nido sin amor, “los te quiero”,
“terneza” Comparable al mar “cuando
llorando espumas / mueve sus olas con
temblor de plumas / y resaca sus aguas al olvido”.
“Sincronía
anticipada de la muerte” (1999): anuncia extinción: manchas lívidas, encierro
claustral, temblor de adioses, jugada final, silencio gutural de un manso perro
que acalla su voz ante la inminencia de la fachada de un cementerio (muro de
piedra y caliente, portón de hierro), el pie que vacilante tropieza agrietada
tierra, llevando hacia el ocaso la osamenta que cruje como “golpe de urna que
se cierra”.
“Venezuela
2003” (2003), soneto con imágenes de desolación y desesperanza.
“Huellas de
arena” (2003), 15 cuartetos, autobiográfico, confesional, desgarrante,
convicto, confiado, seguro, rumbo a la partida: escotero, como vino, apenas un
poema, una flor, abierto el libro de la conciencia.
“La Piel
Vacía” (2003), son cuartetas, para manifestar su resignación, a pesar del
anuncio de que se agota el término de su trayecto y palabras dejando esa
impresión, como hojas que veremos a lo largo de un camino: “una mancha que su
sombra extiende / transformado en crujiente pergamino /por estéril y torpe desatino”.
Modo en que más bien asoma un resto de rebeldía. MSC es de los que se indignan
por este mendrugo existencial, que por bien administrado, merece todas las
prórrogas posibles. Por lo cual: “úngete triunfador una y mil veces / y recoge
tus pasos del camino”.
“Los hijos del
milenio” (2003) soneto en torno a la misma idea: extinción, silencio, adiós,
tarde, ocaso, pérdida, anochecer, muerte, apagamiento, corte sagrado,
envejecimiento, desaparición, sombra, cenizas, gris y verde, penumbra, etc.
Inventario de atardecer que satura los 14 versos. Aunque es noche nueva de fin
del milenio.
“Sombras
internas” (2003), soneto reincidente en dicha temática, aunque con renovadas
reflexiones a través de imágenes acerca del recurrente abismo, matizado de
pirotecnias oníricas. El modo de evadir esa mole rocosa que bloquea la luz, el
claustro en el que ya no hay voz ni pensamiento, “a la deriva sobre un mar
violento / que resaca babosos caracoles”. Etc., etc.
“Duda que
aviva el suspenso” (2003), glosa basada en copla de Antonio Machado, sugerente
de quien canta a dónde va el camino que marcha al atardecer. Permite al poeta
concebir décimas que reflejan angustia de saber a donde el extraviado y la
respuesta del “suspenso”. Y ante la duda el sendero que indica que va cantando,
ámbito de canción y luna al anochecer, el sol como pedazo arrancado al más allá
porque el mundo cansado despereza su brazo y baja la tarde enceguecida.
“Pasos
finales” (2003), cuartetos con requiebros similares, sin que cese el florilegio
de imágenes y metáforas frescas
contraponiéndose al fatum.
“Un día para
morir con aguacero” (2003), soneto, en memoria de César Vallejo, ve llegar el
aguacero en la noche, en la sabana, experimentando esa posibilidad de morir
mientras llueve.
“Reflexiones
en la tercera edad de una amiga” (2003), cuartetas con ingeniosas imágenes,
alentadoras ante la vejez.
“Balance”
(2003), soneto de cómo el autor hizo
“feraz el derruido escombro” y procura “paz interior” ante eventual corte.
“Partida”
(2006) soneto, anticipada anunciación del viaje (fui, pisó), se autocalifica de
ruinoso, mustio, reseco, tiñoso, sin cadencia, áspero, porque “el tren de la
oscilante vida” se apresta para “la
sombra y la nada” expuesto con recursos estilísticos, indicativos de que quien habla
luce entero.
Como si el
siguiente soneto “Dime Job” (2006), interrogativo por su proverbial resignación
de “piedra”, expresara que el poeta escancia, hasta la última gota, el grato
tránsito vital.
“Luces de la
mente” (2006), dedicado a Jorge Luís Borges, celebra la valentía de quien se
orienta, “sin error”, en la tiniebla, el paso firme hacia la luz postrera”. Una
“pureza ejemplar que “calla y no llora”, el espejo que invoca…
“Respuesta al
reto” (2006), también soneto, desafiando a quien lo reta (¿la muerte?), a que
ejecute su amenaza, que no lo arredra, pues, ha vivido otras situaciones
límites: pobreza, etc.
“Sueños del
amor posible” (2006), soneto, ¿se dirige a la mujer o a la muerte? ¿Acaso son
de la misma hechura?: “No reneguemos del sombrío invierno (enfilemos el paso a
lo eterno…).
“Aquella
madre, el niño aquel y este río”, cuartetas en el tono de “A un año de tu luz”
de AEB, aunque fuertemente estremecido por el recuerdo, la atmósfera
intransferible, vivencias eclosionando.
“Indiferencia”
(2006), soneto, acerca de la soledad con que se enfrenta al destino.
“El medallón
de tierra” (2006), soneto referido a esa sustitución de galanterías y
fascinaciones por la inmisericordia del galardón de pesada tierra que nos
cierra los ojos.
“Testamento
abierto” (2006), cuartetas, balance al fin del viaje: orígenes, pureza, caídas
y reacción callada ante el invasor, aunque cumplido el destino con dignidad y
libertad.
“Nada” (2006):
soneto sobre la `pérdida de todo ante la carta
bajo la manga por parte de un macabro tahúr que dicta su “hasta luego”.
“De frente al
siglo” (2006): la alegría del pájaro que sacude “antiguas galas” y amago de fallido vuelo.
“Reflexiones
en la vida larga” (2006), soneto (83 años) de conformidad ante “la prole
alegre”, pulso que late a su costa, “en el diario fragor”, mientras el tinajero
filtra el agua gota a gota...
LOS LIBROS
SALAZAR C,
Máximo
La Flauta Rota, subtitulada “Poemas y publicada en Edit Cultura de
San Juan en 1989 con dibujo en la portada de Mireya Infante, antecedido “Dos
palabras ante el poeta MS” por JADCH y “Regalo de mano amiga” de GBC y
“motivación” (¿Del autor?) y un soneto agradecido a JADCH bajo el título “De la
mano del Maestro”, está organizado en cuatro partes:
SALAZAR C,
Máximo. La Piel Vacía (poemas) MAG,
2003, con solapa, notas de contraportada de GBC y J. Sánchez T., carátula con
dibujo de MI y Prefacio Para un Epílogo por Maximiliano SC acerca de cómo el
hijo social es el mismo legal…
SALAZAR C,
Máximo. Las Pisadas del Tiempo
(Editorial Cultura, 1990), prólogo de Darío Laguna, portada de Mireya Infante y
lista de la Tutoría Honorífica de dicha
obra.
SALAZAR C,
Máximo. Las últimas ciruelas (poemas).
M. A García, 1999.
SALAZAR C,
Máximo. Morral de Sueños (MAG,
2006), solapa, prólogo de Frankin Santaella Isaac, con Liminar para comentar el
sonetillo de Anselmo Loaiza.