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Claret Rodríguez - Degnis Romero

 

                                                                Claret Rodríguez, en el Reencuentro Gilfortouliano 2010

Músico y ser humano esplendente

Claret Rodríguez

Degnis Romero

Conversar con José Claret Rodríguez, un gran hermano desde tiempos inmemoriales, es lo más parecido a aquello que se llamaba, en el segundo lustro de la década sesentosa: Vivir una Experiencia Psicotomimética; aludiendo con esto al show alucinante presentado en el Teatro Caracas, el 30 de abril de 1968, y cuyo testimonio discográfico está plasmado acá: https://www.youtube.com/watch?v=fdFaQBOoH2w. ¡El que no estuvo allí no sabe que La Guaira es lejos!

Comienza contando que nació en Corocito Peñero, un caserío aledaño a la población de El Socorro, del Estado Guárico, en fecha 06-01-1952, aunque dice que la secretaria del Registro Civil, se enredó toda poniendo Klaret, con K, y cambiándolo a 1951 (el mejor año para nacer).

Narra: “Yo de vaina no arranqué la página amarillenta de ese Libro de Presentaciones, que tenía un ‘polvillo asesino’ y  que quien lo abría cogía una infección o una peste, por lo menos”. Y continúa así: “Échale bo… (pichón) que a mi papá se le ocurrió ponerme José Claret Timoteo Rodríguez García, pero un tipo en Identificación me salvó la vida, porque cuando me le presenté con el Acta de Nacimiento, se le ocurrió decir: Te voy a borrar el “Timoteo” porque eso no cabe en la cédula”.

Cuenta que su papá, Manuel Rodríguez, tuvo tres hermanos: Clara (a lo mejor el Claret viene de ella, madre del amigo Adolfo Rodríguez, Doctor en Llanología e “Individuo Correspondiente”, por Guárico, de la Academia Nacional de la Historia. Se puede llegar a sentir especial orgullo al encontrar su libro “Los llanos: Enigma y explicación de Venezuela”, al hurgar en la Biblioteca Pública "Trino de Jesús Parra", de El Hatillo), Guillermo y Francisco.

Claret, es una gloria y leyenda viviente de la música en Valle de la Pascua, donde llega a temprana edad acicateado por su tío Francisco, quien lo hace emigrar de El Socorro, para que evolucionara en los estudios. Ese mismo trámite le tocaba, desde principios de la década sesentera, a muchos chamos que vivían en pueblos vecinos a La Pascua, gracias al arranque de la nueva sede del liceo “José Gil Fortoul”.

Cuando se le pide su resumen biográfico, dice: “Tengo el currículo publicado en mi perfil de Facebook. ¡Búscalo ahí!”.

Lo primero que se nota es que los años no le han hecho perder la brújula, ya que en dicho perfil coloca, en el renglón de INFORMACIÓN BÁSICA: Sexo: Hombre. Interés: Mujeres.

Está casado con Suleima Gota (prima de Kaína, ambas cantantes, conocida esta como "La Reina de las Cuaimas"), y tiene dos hijos: José Gregorio y Zuleycla. Comenta que se ha casado cinco veces y que su meta es llegar a la decena.

A los 12 años entra en el liceo y comienza su apoteosis como deidad serenatera en las calles vallepascuenses, donde se dio a conocer por su maestría en la ejecución del cuatro, instrumento nacional, y por su afinada garganta con la que entonó coplas llaneras al pie de centenares de ventanas, a altas horas de la noche. Era el consentido de los profesores, incluyendo a la Directora Isaura Ledezma, “La Chata”.

La velocidad de su conversa se mide en carcajadas por minuto de cualquier interlocutor, que en este caso particular ronda la cifra de diez.

Hace referencia a su incursión en las Redes Sociales: “Tengo Internet en mi casa desde hace más de ocho años, pero yo no le paraba a eso; me la pasaba criticando a mis hijos y a mi mujer diciéndoles que iban a perder la vista ‘pegaos’ en la computadora. Hasta que un día mi hijo, que estudia medicina, llegó con una Tablet. Desde ese día me ‘enfiebré’ de manera radical y entendí la importancia de las redes. Ahora escribo casi a diario y soy un esclavo de eso. Allí hay personajes que escriben continuamente: los dos Silveiras, el Dr. Aular, Misael Flores, Arturo Soto, etc. Gente que siente amor por el pueblo. Con Juan Bolívar, intercambio opiniones desde hace poco, ya que se la pasa etiquetando fotos viejísimas, que son recuerdos imperecederos que nos marcaron a todos nosotros, y eso es como una concha ‘e llaga que no se borra nunca”.

Acto seguido, se circunscribe al denso anecdotario. Los recuerdos de la época de oro vallepascuense brotan a borbollones a medida que se adentra en la narrativa de su periplo existencial en el pueblo.

Hace evocar lo de: “Bueno, pero me dan una ‘mascaíta’ y me prestan el cuatro”, echando este cuento: “Yo era uno de los mejores cuatristas del pueblo y me convertí en una necesidad, en especial para los profesores que no le paraban a la edad sino a las parrandas y a las serenatas. Me buscaban y me sacaban, a escondidas, por la ventana de mi casa, a media noche. El liceo se convirtió para mí en una especie de recinto folclórico-musical; acuérdate que ahí pululaba el ‘jardín de fragancia’ de Valle de la Pascua, y los profesores eran muy abiertos desde ese punto de vista. Imagínate tú que varios de ellos se casaron con sus alumnas. La serenata fue la base de muchos matrimonios. Yo arrancaba cantando y tocando el cuatro, y, al cierto tiempo, me invitaban a las bodas. Eso sí, nosotros como músicos estábamos a tono con las canciones de moda de la época, sin importar que no fuera música venezolana; yo, por ejemplo, cantaba unas que estaban bien pegadas en la radio: JamásTe Olvidaré, de Chucho Avellanet; Magia Blanca, del Trío Venezuela; Por Qué EresAsí, de Los Indios Tabajaras; boleritos de Billo’s, como: Pobre Del Pobre, con Felipe Pirela, o NuestroBalance, con José Luis Rodríguez, para alguno que tuviera una ‘maceta ‘e despecho’; etc. Por supuesto, también estaban de moda el vals-pasaje de Los Torrealberos, Mario Suárez, Rafael Montaño, etc.: Recuerda mujer querida; Horas de amor, solito con las estrellas; etc.”.

“No faltaba quien tuviera un amor platónico y me diera dos bolos para que cantara: Noche de amor, con Mirta en la llanura…, una canción que Juan Vicente le compuso a su esposa, y se pusiera a moquear con un pañuelo. Otro caso era el de Ramón Rodríguez, que excede, con creces, lo narrado por Lito Silveira: Por su culpa nos metieron presos, porque estaba enamorado de un monumento de mujer. Resulta que cuando le llevábamos una serenata, el papá nos denunció en la policía y nos rodearon. Ramón le gritaba a la mujer para que lo dejara entrar a la casa, pero el papá salió y le dijo a los policías que nos llevaran presos. Se llevaron al negrito Urbina, a Olivieri, a Aníbal Matute (quien era el Director de la Banda Municipal). En total eran unos diez profesores, algo así como medio liceo. Además, me llevaron a mí, a Guelmi Jaramillo, a Ricardo Alfonso, con su bandolina, y a Alberto Torrealba, un tronco ‘e cantante. Nos ‘enguacalaron’ a todos. Primero nos mandaron a sentar en dos bancos que había en la entrada, pero Ramón pasó de largo para adentro cantando unos gabanes e hizo molestar al sargento, quien le ordenó a su ayudante: ¡Mira, a este bichito ‘e gabán me lo metes pal calabozo más frío! A las seis de la mañana llegó el Prefecto, Orlando Salazar; vio al Staff de profesores y, sorprendido, les saludó: ¡Caramba, estamos a la orden! ¿Qué se les ofrece? A lo que contestaron: No, nada, estamos aquí detenidos. Ramón, seguía cantando gabanes y un policía le dijo al Prefecto: Ese que canta y que da Moral y Cívica. ¡Imagínese ‘usté’! Por decir eso casi lo botan. Pero Ramón era un personaje; acuérdate que, por eso, yo le echaba mucha broma en el Reencuentro Gilfortouliano”.

Coge aire, y sigue: “Fueron cientos de serenatas. Eran otros tiempos. Uno podía andar en la calle a cualquier hora de la noche y nadie lo molestaba, excepción hecha de los perros. Estos llegaron a convertirse en una amenaza peligrosa, hasta que alguien halló la forma de ahuyentarlos tirándoles fósforos ‘prendíos’. ¡A más de uno le quemaron el pellejo!”.

Cuenta que en una oportunidad salieron caminando desde la esquina de la calle Retumbo cruce con Las Flores, tomaron rumbo por todo lo largo de la avenida Táchira, llegando hasta el final a la casa de las Fonseca, y recuerda: “El más entusiasmado con la serenata era el papá, quien nos prestó una camioneta con todo y chofer para el regreso. Adicionalmente, nos dio dinero diciendo: ¡Tomen unos reales pa’ que se coman un pollo ‘caje’ Cunaguaro! Este era famoso porque asaba carne en unos tambores. Al final, al chofer lo botaron porque se emparrandó con nosotros y se presentó al día siguiente borracho y ‘amanecío’”.

No conforme con lo anterior, se pone filosófico y agrega: “Yo me pongo a analizar las vivencias que nosotros tuvimos en los años del liceo “José Gil Fortoul”, y eso es algo inigualable e irrepetible. Sin saberlo, fuimos dejando un recuerdo indeleble en el pueblo y en su gente. Son cosas impredecibles de la vida. Por ejemplo: ¿Cuándo ibas a pensar tú que te ibas a casar con esa ‘muchachota’? ¡Jamás! Una vez le dimos serenata, y ya cuando habíamos cantado unas canciones se asomó Don Juan Bolívar, diciendo: Las muchachas se fueron pa’ Caracas, pero esa ‘lavativa’ suena sabroso. ¡Sigan cantando otro rato más! Ahí nos sacó tres botellas de anís El Mono, con lo que se nos olvidaron las muchachas y seguimos la parranda”.

Sin mucha pausa, sigue: “Una vez estaba con Guillermo Párraga, y llegó el profesor Omar Bello, invitándome a darle una serenata a “La Chata”, quien estaba de cumpleaños y le gustaba “Pasillaneando", (a Don Rafael Ledezma, le daba un patatús con “Cariño Lindo”), diciendo: Vamos a correr el riesgo de que nos bote del liceo. Me convenció ofreciéndome un Toddy y una tostada del budare de Ponce en el “Tamanaco”, de la calle Real. Nos santiguamos y nos fuimos. La única casa en Guamachal, que quedaba detrás del terreno del liceo era de ellos. Llegamos a las once de la noche, y canté las dos canciones. Ella prendió la luz y llamó a Omar Bello, quien con su labia nos salvó de la expulsión. Años después, me tocó pasar por este trance: Yo sembraba maíz y sorgo por Santa María de Ipire. Un día tuve que venir al banco y me junté con Gonzalo Chávez, quien me invitó para otro cumpleaños de “La Chata”. Ya estaba jubilada y delicada de salud”.

“Yo acepté y me puse de acuerdo con un indiecito que era peluquero maloso, que vivía en Las Garcitas y que tocaba el requinto, y con Freddy Figueroa, que tocaba guitarra y era un verdugo con las canciones de Julio Jaramillo. Se echaba unos palos de ron y lagrimeaba cantando: ♫Solito he de llorar, solito he de sufrir…♫ Llegamos con ese trío a la casa donde ella vivía en la urbanización Vipedi y eso estaba full de gente. Empezamos con el repertorio de más de 20 canciones y nos botamos. Los invitados pedían otra y otra. A eso de las cinco de la mañana, le dije a mis pupilos: Mejor nos vamos porque la profesora ya está cansada, a lo cual ella replicó: ¡Usted se peló, machete! ¡Yo estoy fina, y de aquí no se va nadie!”.

“Nos quedamos hasta las siete y media, fuimos a comer arepas a El Mastranto y llevé a los músicos a sus casas. Me fui a la mía, me bañé y regresé, cerca del mediodía, a Santa María. Me reuní con los trabajadores de la finca y, a eso de las siete de la noche, fui donde un contacto que me recibía los mensajes telefónicos de La Pascua, ya que aún no había celular, y dijo que me habían llamado varias veces para informarme el fallecimiento de “La Chata”. Me había llamado Gonzalo, Ramiro Séijas, Abigail Ledezma, y otros. Yo pensaba para mis adentros: ¡Se despidió a la llanera! Y recordaba que, a pesar de su recio carácter, ella era una mujer parrandera y cantaba precioso. De inmediato me fui para el velorio donde me encontré con los que habían estado en la fiesta. El Dr. Rafael Ledezma, su hermano, me comentó: “La Chata” murió como ella quería. Tenía tiempo sin parrandear, pero ayer se dio su gran gusto”.

Son innumerables los cuentos de una época ya ida, pero que se mantiene latente en el recuerdo. Al salir del liceo le tocó emigrar, contra su voluntad, hacia la “Escuela Técnica de Agricultura”, de Jusepín, en el Estado Monagas, donde se graduó de Técnico Agropecuario, y donde se hizo acreedor de una beca de la Universidad de Oriente, a cuyo grupo coral perteneció durante cinco años, dejando profunda huella por sus excepcionales dotes de cantante y cuatrista. Para remate, hacía gala de una carita ‘cuchi’ que le llamaba la atención tanto a las chicas como a los floripondios, uno de los cuales hasta ofreció regalarle un Wolkswagen.

Su regreso a Valle de la Pascua, en 1971, coincidió con la celebración de la Feria de La Candelaria, circunstancia que cuenta así: “Cuando yo llego, me mandó a llamar “La Chata” para decirme que Dalila Monserrat, era candidata a reina por el liceo y me nombró Coordinador de Campaña. Recuerdo que, estando a cargo de la parte musical, contraté al conjunto de Ramón Loreto, Los Hermanos Loreto, que eran ‘ambidiestros’ porque tocaban joropo y guaracha, para que tocaran diez bulevares por 270 bolos. El último de ellos fue en la calle Real, frente a la CANTV. El presidente de la feria era el Dr. Rafael Séijas González. Hasta ese año, las reinas de las ferias no se escogían con jurado sino a través de un ticket o “bono” que la gente compraba, como voto, y que valía un bolívar. Dalila fue electa reina y tuve el honor de componerle una canción que le canté en el Hotel San Marco. Eso quedó plasmado en una foto que se encuentra colgada en una pared del hotel, que funge como galería de momentos vallepascuenses inolvidables”.

Su palmarés profesional se mide en términos de vueltas al globo terráqueo: Incursionó como agricultor y trabajó en el Ministerio de Agricultura y Cría, pero su mayor dedicación y compromiso ha sido con la cultura, la educación musical, y el folclor, con esfuerzo perseverante a lo largo de 50 años. Es un hombre con sensibilidad social, empeñado en forjar un semillero de talento musical. Es desprendido y solidario. Una muestra de ello es que acompañó, con gran entusiasmo, la celebración del “Primer Reencuentro Gilfortouliano”, el 18 de diciembre de 2010, de cuya participación quedó esta nota: “Luego le correspondió el turno a Claret Rodríguez, legendario vallepascuense, quien nos obsequió con lo mejor de su arte musical y de sus anécdotas. En un momento interrumpió su actuación e hizo el comentario: ¡Tengo ganas de llorar! Y se largó en llanto, haciendo llorar a muchos y recibiendo una ovación por parte de la conmovida audiencia”.

En ese evento hizo gala, durante casi dos horas, de su dilatada, adiestrada e hilarante locuacidad, producto de su extenso background como locutor, conductor y productor, en estaciones radiales como: Radio La Pascua 1370 AM, Radio Enlace 860 AM, Estirpe 93.1 FM, Ambiente 96.1 FM, Buenísima 101.5 FM, Auténtica 90.5 FM, y, actualmente, en Talento 102.7 FM; con programas de alto calibre y sintonía como: "Cancionero Venezolano", los domingos de 3 a 7 de la noche, “Viva Venezuela”, "Voces de mi tierra", y este último: "Amaneciendo y Cantando”: Un Programa ‘Entreverao’/El del Rejo y La Totuma/y el Cafecito ‘Colao’, de 5:30 a 8:00 am. El link en Internet es: http://fmtalento.com.ve/radio/.

Sus programas tienen un alto contenido pedagógico, un simbolismo musical con énfasis en la función de la música en nuestra cultura, además de promover la investigación de la música folclórica y de la hermenéutica del comportamiento musical humano. Confiesa: “¡Esto es para uno enseñar, vale! Esto no es para bochinche ni para pegar gritos, como alguna gente cree. Nosotros tenemos una cultura folclórica bastante profunda y desarrollada; una vasta experiencia como músico, como hombre que ha recorrido los caminos de la Patria, con acento en trabajos de investigación, y eso te alimenta más un programa”. A todo ello se agrega su elevado sentido didáctico.

También ha conducido programas de corte religioso, apoyado en su conversión al cristianismo; y su vena solidaria lo impulsa a la realización y promoción de Radio Maratones y Atardeceres Llaneros, en apoyo a gente delicada de salud. La próxima cita es el 31-03-17, en el Club Corpoven.

Es vocero principal, representando al sector musical del Estado Guárico, en el Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Representa a la Fundación Cultural "Todos Somos Venezuela", a la cual promociona así: “Le enseñamos a tocar el cuatro de una manera integral desde el charrasqueo hasta el punteo, así como también clases de canto, declamación, valores y que sepan y conozcan la historia de la música venezolana, costumbres y tradiciones”. Dirige la Escuela de cuatro y canto “Salvador González”, llamada así en honor a su maestro y amigo. Fue cofundador del Festival Nacional Folklórico Infantil “Cantaclaro”, que inició el año 1974, y del Festival “Panoja de Oro”, en 1980, el cual presidió en dos oportunidades. Es ilustre promotor de la cultura nacional y participa, activamente, en encuentros culturales, en calidad de artista invitado o como jurado calificador.

Fue Orador de Orden, en la Sesión Solemne del Concejo Municipal, en junio de 2016, con discurso sobre la Identidad Nacional, en la celebración del Día del Artista Nacional, y en ocasión de la entrega de la “Orden Salvador González”.

Es Coordinador del Consejo Asesor Consultivo, de la “Fundación Cultural Cantaclaro”. Además, ha participado en diferentes actividades musicales con el “Grupo Arcoíris”, con un amplio repertorio en el género contrapunto.

Por si fuera poco, también es compositor. Dice que eso lo heredó de un hermano de su progenitora Angelina García, originario de Zuata, en el Estado Anzoátegui. Ostenta más de 200 composiciones, una de las cuales dedica a su admirado Juan Vicente Torrealba: La Grandeza Del Maestro.

Declara que su vena compositora viene tanto de la rama maternal como de la ‘padristal’; y agrega: “Cuando me baja la musa compongo canciones llorandoSalvador González, fue una inspiración y un reto para mí, ya que siempre decía que tenía que superarlo, que ser mejor que él”. Al final, logró que el propio Salvador lo reconociera, porque hubo una época en que no cantaba si no lo acompañaba Claret con el cuatro.

Luego, saca a relucir otro episodio: “Corría el año 1973, y el amigo Pedro Ortega, hermano de Juan “Culeco”, me invitó para una fiesta que había organizado el Sr. Negrón, dueño de Radio La Pascua, para la crema y nata del pueblo, en lo que hoy es el club “La Antena”, de los Montilla. En aquella época estaban de moda Los Ángeles Negros. Pedro y yo teníamos el repertorio completo montado, él con la guitarra y yo cantando las canciones que hicieron famoso a Germaín La Fuente. En la fiesta estaba Salvador con Octavio Séijas, un arpista de Las Mercedes del Llano. Al verme me invitó a que lo acompañara a cantar, pero yo le dije que solo cantaba música de Los Ángeles Negros, recibiendo un “¡Tú estás loco!”, como respuesta. Al comenzar a cantar, los locos eran todos los invitados; sobre todo las chicas que gritaban desaforadas cuando escuchaban:

♫Mañana me iré, amor mío…♫ Esas mujeres brincaban. Pero Salvador se molestó porque le robamos el show y fue a hablar con Gonzalo Chávez, quien le dijo que lo dejara tranquilo y que se callara porque estaba extasiado escuchándome, mientras yo seguía inspirado: ♫ Mi ventana está mojada por la lluvia ♫

Al oír que la gente pedía otra y otra, se fue echando chispas y diciendo que yo había botado mi sentimiento popular”.

Un detalle curioso, es que la mayoría de la gente de esos tiempos nunca se enteró que algunos ‘hits’ eran, en realidad, versiones de canciones francesas. Por ejemplo: “Y Volveré”, es original de Alan Barrierre, con título “Emporte Moi”, y otra, más famosa aún, “Detén La Noche”, es “Retiens La Nuit”, con letra de Charles Aznavour y música de Georges Garvarentz.

Luego pasa a rememorar a sus mentores, renglón donde además de a Salvador, incluye a Pastor Hernández: “Pastor fue un maestro, un romántico, bohemio enamorado y trovador sentimental. Excelente guitarrista; cantaba boleros de Los Panchos, Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Roberto Ledezma, Lucho Gatica; rancheras de Javier Solís, etc. Serenatero con “Pataruco”, Luís Albornoz y sus hermanos, que tenían un trío, tocaba un requinto que no se le veían los ‘deos’. Julio Jaramillo, le ofreció llevarlo a Ecuador y no quiso. Armando Prado, unos virtuosos del requinto y la guitarra. Pastor era un pavo de esa época, usaba un copete como el de Elvis Presley, que estaba de moda. Era un gran catador, sobre todo de ron puro, para mantener la voz clarita, y un gran fumador; tuvo muchos hijos, uno de ellos cantante y músico de teclado llamado Pastorcito, muy bueno. Se mudó a zaraza hace mucho tiempo donde consolidó una familia. Tuve la oportunidad de tocar con él, de parrandear, de aprender a querer la música romántica, cantarla y ejecutarla con mi cuatro. Pastor fue un maestro de maestros. Me fue asesorando porque yo quería estar en todo, ser un músico completo para hacer que la gente gozara una y parte de la otra; por eso aprendí a tocar música bailable de Billo’s, como El Karakatiski”.

Agrega que: “Fui cacique en Espino, dirigente que ganaba con el 99.5 % de los votos; tuve 62 ahijados. Y aquí fui Director del Complejo Cultural “Víctor Vera Morales”. Mi oficina era en la Panadería “Trigo Dorado”, especie de República del Este”.

Luego hace referencia a la nueva generación musical en Valle de la Pascua. Se desvive elogiando a Yergin Loreto, hijo de Don Ramón: “Ese es un monstruo. Está considerado como el mejor arpista que tiene Venezuela, un fenómeno con el cuatro y canta mejor que ‘tuel’ mundo en este país. Graba con líderes de la música criolla como Reynaldo Armas y Francisco Montoya”. Otro de relevancia nacional es Armando Martínez, “El Cantaclaro de Venezuela”, pupilo del profesor José Oscar Guerra (Director del Quinteto Magistral), y de Claret desde su segundo lugar en la Panoja de Oro, de 1980. Además de otras figuras como: Carmelo González “El Cristofué de La Pascua”, Carlos Rondón, Sandra Martínez, José Álvarez Rondón “El Pollo de San Ramón”, Nohelia Álvarez “La Catira Parrandera”, Orlando Medina “El Picaflor”, Gladis Ortega, Alejandro Séijas “El Mono Burlón”, Niorka Vásquez, Facundo Perdomo, Justo Figueroa, Fermina Martínez, Ángel Bigott, Ángel Betancourt “El Llanero Mix”, Tomás Loreto, Palminio Hernández, Teresita Vargas, Adilia Herrera, Cristian Castillo “El Centinela”, y Don Abrahan Nieves, autor de “Juanita”, entre una lista larga.

Indica que escribió un resumen biográfico de Salvador, el cual será integrado a la “Galería vallepascuense”, del Blog: http://gilfortoul/, en conjunto con esta cháchara sustanciosa, y dice: “Paraíso Del Amor, de Salvador González, debería ser declarada Himno de Valle de la Pascua”.

Le dedica un apartado a su carnal Guelmi Jaramillo, “Pata ‘e grillo”, de turno al bate para ser publicado en el susodicho Blog: “Yo le conseguí a él una condecoración, la “Orden Salvador González”, donde yo fui Orador de Orden, y no vino a recibirla. Vive ‘enclaustrao’ en La Pereña. No quiere ver a la gente. Se la pasa cuidando iguanas, morrocoyes y cachicamos. Cuando tú vengas vamos a intentar sacarlo con un brujo y unos rezanderos, para que conozcas su “Salón Sagrado”, donde tiene a los inmortales de la música llanera. Figúrate que fue un milagro que viniera a recibir un homenaje que le preparé en un festival infantil de mi escuela de cuatro. Se apareció, a última hora, con toda la familia. Al finalizar, me dio las gracias con lágrimas en los ojos. El compadre Héctor Ortega, me decía: ¡Eres un fenómeno! ¡Lograste sacarlo!”.

Al cierre, dice: “Tú y yo somos unos locos fanáticos que profundizamos en la crónica de personajes relevantes del acontecer local, nacional e internacional. En una oportunidad me fui a Puerto Miranda, a orillas del río Apure, siguiéndole la pista a Custodio Kirpa. Allá cogí un ‘gripón’ revisando unos libros en la iglesia. Ese personaje fue el verdadero Florentino, el que realmente peleó con el diablo, en San José de Guaribe. Hoy, lo real es que le agradezco mucho a Dios porque estoy activo. Aún muevo los ‘deos’ bastante rápido y tengo un nieto de tres meses que me tiene ‘esclavizao’. No se duerme si no le toco un Pajarillo o un Zumba que Zumba. Aquí tengo el cuatro en la mano”. Lo charrasquea a manera de prueba y termina diciendo: “Mira, vale, aquí me llegaron unos niños que tengo que ensayarlos. Avísame cuando vayas a venir. Un abrazo”.


"Jaladores" notables - Manuel Soto Arbeláez

"JALADORES” NOTABLES

Manuel Soto Arbeláez*

 

A finales del siglo XIX y en las primeras dos décadas del XX los jóvenes intelectuales, científicos, artistas y pensadores criollos se van alineando con la corriente del Positivismo. Es esta línea de pensamiento la aglutinadora de las elites pensantes del país. La estrategia y táctica de acción de esta praxis renovadora esta inclinada hacia un solo objetivo: buscar una salida del orden colonial todavía imperante, sustentándose en un proyecto nacional que guíe los pasos de la anarquía social, al orden y el progreso.

Definido el plan rector en esos términos los más connotados prohombres de esa filosofía estaban listos para cuadrarse con el caudillo militar de chafarote que aportara el soporte político, para ellos poner en ejecución su teoría. “Se partía del principio que el hispanoamericano debía ser distinto al español, por supuesto, los habitantes de estos países mantendrían sus peculiaridades regionales, sus acentos vocales, sus giros idiomáticos, sus gustos culinarios; en fin, sus culturas zonales”(.,) como dice Manuel Caballero.

La Dra. Rodríguez Gallad establece que “En Venezuela la corriente positivista encuentra el suelo abonado con los sembradores en posesión de la mejor semilla: la pobreza secular de nuestros ancestros y la fatiga que les embargaba como consecuencia de las tantas guerras habidas entre 1810 y 1902. En 1908, con la llegada del general Juan Vicente Gómez Chacón al poder, los más brillantes miembros de la generación del 98 están ávidos de sembrar su semilla. Todos a uno se acomodan en los cargos públicos más relevantes, o toman la pluma para defender al régimen bajo la premisa de basarlo en un principio ideológico definido y categórico”(..). Serán los plumarios del régimen. Serán los “jalamecate” de entonces. Empieza el culto a la personalidad del tirano tachirense. Hasta el mismo Gómez los tituló como sus plumarios.

Dice Caballero que “Venezuela sería otra al modernizar los medios de producción y al renovarse su pensamiento y cultura; esta era la máxima de los cuatro epígonos más visibles y leídos de la dictadura: José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla Lanz, Cesar Zumeta y Pedro Manuel Arcaya. Los cuatro actuando sincronizadamente se propusieron exponer y divulgar ideas positivistas y aplicarlas a un análisis de nuestra historia y de sus hombres”(..). Según un estudio del Centro Gumilla ellos “Fijaron las bases sociológicas de las autocracias e incluso llegan a defenderlas como necesidades historias. Ponen las bases para la justificación del Cesarismo Democrático, encarnado en Juan Vicente Gómez y su régimen”(..). En ellos, sin embargo, hay pequeñas diferencias o matices, pero su sujeción a la larga dictadura fue abyecta. Aplicaron verdades históricas a premisas falsas, pues desde ningún punto de vista, la inteligencia puede justificar a la barbarie, bien sea esta en el siglo XX o XXI.

Este razonamiento es válido y aplicable al gomecismo, nazismo, perezjimenismo, franquismo o a cualquier “ismo” que atente contra los derechos humanos. Del mismo trabajo del Centro Gumilla tomamos las definiciones y matices de estos cuatro panegiristas (es una designación benigna, ya que el vocablo que más les cuadra es el de jalamecates). Vallenilla Lanz: “Tuvo precisión en el método y elegancia literaria en la exposición. Es de los que cree que los derechos se fabrican como las máquinas. Parte del principio que todo pueblo tiene un gobierno que él mismo produce de acuerdo con su grado de cultura, demostrando con esto un gran oportunismo”. El gran polemista colombiano Laureano Gómez lo llamó “el inescrupuloso apologista y filósofo de la dictadura”.

Arcaya: “Es el más sociólogo y jurista del grupo. Promueve reformas legislativas y constitucionales para modernizar el Código Civil y adaptarlo a la evolución del país. Es el más fundamentalista en la aplicación del positivismo”. Gil Fortoul: “Es el más flexible en la aplicación del fatalismo racial y los determinismo geográficos. Para él las ideas preceden a los hechos y los determinan”. Zumeta: “Reflexiona sobre los problemas de Latinoamérica y comprueba que frente a los imperialismos que se arman estamos en desventaja. Necesitamos fuerzas porque el mundo no es moral ni tiene justificación moral”(..) (Gumilla).

En el estado Guárico uno de los grandes panegiristas del régimen fue el Dr. José Francisco Torrealba. En el periódico El Sembrador, que él mismo dirigía en Zaraza, aparece en un número de 1934 una verdadera apología del “gomismo”, como él lo llamaba. Además de sus alabanzas a Gómez también exalta a los prohombres del régimen en este estado llanero: David Gimón Pérez y Pedro Itriago Chacín. Dice Torrealba que “Para gobernar a un país de bárbaros (como el nuestro), es preferible la mano fuerte del gobernante (como el sanguinario Gómez), con una espada empuñada, que una nación dirigida por intelectuales”(..).

*Manuel Soto Arbeláez es ingeniero e investigador venezolano.

 

Bandera Tricolor: ¡Abajo el entreguismo! - Alí Ramón Rojas Olaya

Bandera Tricolor:

¡Abajo el entreguismo!

Alí Ramón Rojas Olaya

 

Entre los años 1870 y 1899, en Venezuela gobernaron Antonio Guzmán Blanco y nueve presidentes deudores de su hegemonía: Francisco Linares Alcántara, José Gregorio Valera, Joaquín Crespo, Hermógenes López, Juan Pablo Rojas Paúl, Raimundo Andueza Palacio, Guillermo Tell Villegas, Joaquín Crespo e Ignacio Andrade, en un periodo conocido como el Liberalismo Amarillo. Es con este último presidente que se consumó el nefando Laudo Arbitral de París del 3 de octubre de 1899 en el que Venezuela es despojada de 159.542 km² del Esequibo mediante las acciones ofensivas perpetradas por Gran Bretaña y Estados Unidos.

Andueza Palacios llega a la Casa Amarilla (antiguo Palacio de Gobierno) el 19 de marzo de 1890 y, según la Constitución Suiza de 1881, gobernaría hasta el 17 de junio de 1892. A los pocos días de iniciado este año, Andueza Palacios intentó reformar la constitución para extender el periodo presidencial lo que generó que el 11 de marzo de 1892, un movimiento insurreccional armado, conocido como la Revolución Legalista, saliera del hato El Totumo en la provincia de Guárico, comandado por el General Joaquín Crespo, con la intención de derrocar al presidente. En pocos días la insurrección se propagó por todo el país. El 6 de octubre de 1892, Crespo, a la cabeza de 10 mil hombres y bajo un torrencial aguacero, llega a Caracas y toma el poder. El saldo de estos acontecimientos fue de 4 mil muertos y más de 2 mil heridos.

El Diablo, periódico humorista caraqueño, publicaba que el partido liberal amarillo, como nunca, estaba escindido en múltiples cabezas. Se refería obviamente a las pugnas políticas entre guzmancistas, rojaspaulistas, anduecistas y crespistas. El editorial del periódico trujillano El Fusil del 13 de enero de 1892, hace una crítica feroz: “hacen la guerra; cuando ofrecen la salvación producen el desastre; cuando ofrecen la prosperidad ocasionan la ruina; cuando ofrecen la gloria encuentran la vergüenza”, y agrega: “el anticontinuismo, es el bálsamo que vivifica y alienta para caminar los pueblos con paso firme y fe inquebrantable por el camino de la civilización y el progreso”.

En el año 1892 algún grupo de cantautoras y cantautores del pueblo, de esos que tienen poderes creadores, viendo ondear la bandera venezolana que diseñó Francisco de Miranda y que fuera izada en Haití el 12 de marzo de 1806 y el 2 de agosto en la Vela de Coro, compuso la guasa Bandera Tricolor que logró una vez terminada arrancar risas, sonrisas y reflexiones. El coro dice: “¡Bandera tricolor, que en Venezuela estás, abajo el continuismo viva la legalidad!”. Las estrofas dicen:

“Ya Venezuela no quiere guerra

porque esta tierra se va arruiná:

generales, coroneles y bribones

que no quieren trabajar.

 

Por las cabañas de las montañas

se dan mil mañas para robar:

holgazanes, sargentones, comisarios

que no quieren trabajar.

 

Los guapetones tienen montones

de mosquetones para matar:

espalderos, asesinos, matasietes

que no quieren trabajar.

 

Con morisqueta de marioneta

cogen la teta para chupar:

aduaneros, garrapatas, sanguijuelas

que no quieren trabajar”.


El Orfeón Lamas en 1938 la incluye en su repertorio armonizada por su fundador, el maestro Vicente Emilio Sojo, cantada por el tenor solista Teo Capriles con acompañamiento al piano de Evencio Castellanos.

El Pacto de Punto Fijo fue un acuerdo de gobernabilidad entre los partidos políticos venezolanos Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) y Unión Republicana Democrática (URD), firmado el 31 de octubre de 1958, y donde dejan por fuera al Partido Comunista de Venezuela (PCV). Lo firman Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (Copei) y Jóvito Villalba (URD) en la quinta Punto Fijo en Caracas, no en Punto Fijo, estado Falcón, después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez y antes de las elecciones de diciembre de ese mismo año. El pacto de Punto Fijo se hilvanó en una primera instancia entre 1950 y 1953 en reuniones entre Rómulo Betancourt y Nelson Rockfeller en la mansión de éste, con Diego Cisneros como enlace e intérprete. Rómulo le ponía a Mister Rocke, como cariñosamente le llamaba, su partido Acción Democrática, desde el exilio, para apoyar la política injerencista de Estados Unidos en la guerra de Corea. En esas “amenas” reuniones Betancourt le expresó a Cisneros que “el error del Libertador fue no concebir una América unida bajo los preceptos mercantilistas de Estados Unidos”.

El 20 de enero de 1958, Betancourt, Caldera y Jóvito Villalba se reúnen con el Secretario de Estado John Foster Dulles, hombre accionista de la United Fruit Company de triste recordación en el Caribe por la masacre de las bananeras en Colombia en 1928 y el golpe de Estado a Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954, acordado entre 1° y el 28 de marzo de ese año en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, durante la X Conferencia Interamericana. El gringo les leyó la cartilla a los tres venezolanos trazándole la agenda de Gobierno a seguir luego del derrocamiento de Pérez Jiménez, que ya estaba maquinado desde Washington porque se teñía de nacionalista y construía obras que atentaban contra los intereses gringos. Esta reunión es conocida como el Pacto de Nueva York y su objetivo general era aislar a los comunistas que se sabía serían mayoría en la Junta Patriótica de Venezuela. Las órdenes fueron detalladas en estos tres objetivos específicos: (1) perseguir, torturar y matar comunistas; (2) paralizar las redes ferroviarias para inundar el país de gandolas Mack Trucks y tractores Carterpillar y (3) fortalecer el modelo rentista para hacer de Venezuela un país dependiente con una sociedad consumista y no productora. Una vez instruidos servilmente, estos tres personajes viajaron con Dulles a Washington. Allí los recibió el vicepresidente Richard Nixon, quien visitará a Venezuela el 13 de mayo de 1958 siendo recibido a pedradas tanto en el aeropuerto como en la avenida Sucre de Catia.

En este contexto, el maestro Antonio Estévez hace un arreglo a siete voces a capella de Bandera Tricolor, respetando la armonización de su maestro Sojo, que será interpretada en 1974 por el Orfeón Universitario de la UCV en el Aula Magna con el tenor Jesús Sevillano cantando el solo. Estévez se toma la licencia de cambiar la palabra continuismo por entreguismo y escribe las letras de todas las estrofas:

“Llegó el momento en que Venezuela

por su petróleo va a reclamá:

que los precios, los impuestos, sean más justos,

que nos dejen de robá.

 

Los gringos vivos, requetevivos

por el petróleo nos quieren dar:

dos centavos, miriñaquis y amenazas

que se las van a tragar.

 

Ellos pretenden que en estos tiempos

las cosas sigan papa pelá:

sin reclamos, ni protestas,

como ovejas que se dejan trasquilá.

 

A Míster Danger en esta crisis

se le fue el tiro por culatá:

si no piensa, escarmienta, se humaniza,

too se le va a derrumbá.

 

A los criollitis pitiyanquitis

pongan culitis a remojá:

que no sigan tracaleando, chanchulleando

porque se van a envainá”.


Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares - Germán Fleitas Núñez

 

                    DE CARLOS CRUZ DIEZ PARA GERMÁN FLEITAS BEROES

KIRPA NACIÓ EN LA SABANA DONDE NACEN LOS CANTARES

Germán Fleitas Núñez

 

“Quien dice “la sabana” dice “la copla”; la copla errante; todos los caminos la oyeron pasar; y mire que hay caminos en el llano”. El maestro Gallegos navega en lo profundo y nos regala en todos sus libros, especialmente en “Doña Bárbara” y “Cantaclaro”, su visión de la vida y del alma del llanero. Siglos de trashumancia, de resistencia y de heroísmo, fluyen de sus páginas en las cuales se entiende claramente el cruce de la sangre del indio cargada de nostalgia y de deseos libertad con la del negro, espesa mezcla de rabia, rebeldía y alegría, con la de los amos blancos, para terminar creando una raza nueva sobre la faz de la tierra; el punto equidistante entre el nuevo mundo, África y España.

La historia de la copla nos viene por el mar en viejos galeones y navíos conquistadores. En cambio la de la música es más complicada porque la traen los negros en sus voces roncas y agudas, en sus manos y en los cueros de sus tambores; en los laudes y clavecines de los curas y de los parranderos y la esperan aquí para cruzarse, las maracas dignísimas sustitutas de las castañuelas y cantos ancestrales que le van a dar el toque de nostalgia a los cantos recién llegados.

En la medida en que fueron nacieron nuestros cantos nacionales, surgieron cuentos, leyendas y versiones sobre sus orígenes. Algunas con bases muy sólidas, dignas de credibilidad y otras menos confiables por ser más hijas de una imaginación desbordada que de un estudio serio y analítico de las fuentes que las originaron. Cada canto, cada ritmo, cada pieza, está acompañada de historia o historias interesantes, todas ellas dignas del mayor respeto y análisis.

Es el caso de nuestros joropos, pasajes y golpes llaneros y aragüeños, que le oímos contar a viejos arpistas de Aragua como Pedro Matos o Salvador Rodríguez o a llaneros como Rafael Hurtado o Juan Briceño.

Uno de los joropos que siempre nos llamó la atención por la cantidad de historia que encierra fue “La Kirpa” o simplemente “Kirpa”, con “K” o con “Q”.  Y lo más llamativo es que es, después de “El Gabán” que solamente tiene dos pisadas, o “El Pajarillo” y el “Seis por Derecho” que solamente tienen tres, uno de los joropos más sencillos y fáciles del repertorio llanero y sin embargo, nadie sabe lo que quiere decir.   Hasta hubo una telenovela de amor, pasión y traición como son casi todas las telenovelas venezolanas, que se llamaba “Kirpa de tres mujeres”, pero ninguna de las tres sabía lo que significaba la palabra, ni el autor de la telenovela tampoco.  Pero en La Victoria vive una familia de apellido Quirpa, lo cual me hace pensar que se trata de un nombre o un apellido indígena.

ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA

El primero en cantarla y grabarla fue nuestro gran Ángel Custodio Loyola hace medio siglo y al menos “aclara” un poco el lugar de origen del joropo, cuando dice: “Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares y como Kirpa lo cantó lo supieron los palmares”. Pero no sabemos si se está refiriendo a un sitio, a un género musical o a una persona, porque primero nos dice:”Güiripa lo llaman Kirpa”; luego que: “Kirpa es joropo llanero que lo tocan en el arpa con maraca y guitarrero”,  para inmediatamente decirnos: “Hombre del alto apureño con alma y conversación, si yo tuviera tu copla (si cantara tanto como tú) te la cantara al bordón”.

Queda claro desde un principio que no se trata de música de Aragua ni de Miranda porque ésta lleva “maraca” pero no lleva “guitarrero”.

CON MARACA Y GUITARRERO

Hubo una tragedia. A Kirpa lo mataron pero debió ser herido antes de su fallecimiento porque dice el verso: “Apure lloró en silencio mientras el arpa se oía porque en el llano se supo que Kirpa se moriría” O sea, se sabía que iba a morir pero aún se oía el arpa”. Y ahora viene lo más intrincado de esta leyenda que es el del lugar del suceso. “Su cuerpo quedó en Güiripa, su voz está en el palmar, su pensamiento en la brisa, su apellido en el cantar”. Esto de “Su apellido en el cantar” ¿nos está revelando que “Kirpa” era el apellido del arpista y que desde entonces pasó a bautizar al inmortal joropo? Remata Loyola diciendo: “Yo no sé por qué en Güiripa no quieren a los llaneros, porque mataron a Kirpa y le hirieron al guitarrero”.

Hasta aquí todo estuvo claro para mí, hasta que un día mi padre, quien era llanero y cumpliría cien años el próximo 2016, me dijo que el pueblo de Güiripa “donde mataron a Kirpa, no era  el del estado Aragua sino uno de igual nombre situado en la costa del Meta barinés. Un pueblo que desapareció por despoblamiento pero en el cual estuvo el Canónigo Madariaga cuando después del 19 de abril regresaba de Bogotá y en vez de venirse por mar, se vino por río y lo menciona en sus Memorias. Como buen aragüeño defendí para mi  estado el “dudoso honor”  de haber sido el escenario del lance que puso fin a la vida del gran arpista y argüí que el verso dice “Yo no se por qué en Güiripa no quieren a los llaneros”. Entonces le oí una explicación que nunca más he oído a nadie y es la siguiente: “Hoy en día le decimos llaneros a los nacidos de San Juan de los Morros para abajo, pero eso es ahora; antes, “los llaneros” eran los hombres que trabajaban en el campo. Por ejemplo, yo en Camaguán no era “llanero” sino lo que hoy llamaríamos “citadino”. Y debe tener algo de cierto porque una vez siendo yo un niño de diez años, sentado en la puerta de la casa vi pasar a un ejército de mujeres vestidas de vivos colores y mi abuela, calaboceña y camaguanera me explicó: “Van para la entrada del pueblo a esperar a “los llaneros” porque ellos regresan a esta hora.

Mi padre, Germán Fleitas Beroes, fue un eterno estudioso de la cultura llanera. Escuchaba las historias que contaban los viejos de pueblo, en  tiempos en que ni televisión ni radio ni luz eléctrica interrumpían los relatos del llano antiguo, trasmitidos de generación en generación, fue poeta, compositor de joropos y publicó varios libros. Cuando era niño (1925) una anciana camaguanera llamada Blanca Flor Zárate de 93 años (1833) solía contarle a él, a su hermano Pedro (novelista), a Julio García Díaz, conocido en aquellos tiempos como "Ño Aguedo" (quien luego publicó sus trabajos en el semanario “Fantoches”), que era hija de Juan Rafael Zárate (1780) el “guitarrero de Quirpa. Contaba “Ña Clara”, entonces viejecita de 93 años de edad, que  nació, creció y vivió la mayor parte de su vida en el Barrio "La Lagunita" de Camaguán; allí casó con Juan Rafael Zárate, famoso músico y tocador de “cuatro” del célebre arpista José Antonio Quirpa. “Aquella trágica noche cayó a traición, abatido a machetazos.

Su cuatrista Juan Rafael Zárate, herido de un terrible machetazo en una pierna, fue recogido por unas piadosas vecinas y después de varios días, ya convaleciente, envolvió su cuatro en un gran pañuelo de madrás y se fue a su casa en Camaguán. Nunca más volvió a tocar su “cuatro” en los bailes públicos ni a acompañar a otro arpista; únicamente lo pulsaba en sus horas de recuerdos añorando con lágrimas en los ojos los días felices en que acompañaba al gran arpisto en “su creación” de 14 arpegios, de los cuales sólo José Cupertino Ríos Viña alcanzó a ejecutar 12 arpegios; nunca otro arpisto llegó más alto en la ejecución de un "Quirpa". Suponemos que cuando hablan de arpegios se están refiriendo a “variaciones sobre el tema central”. Otros arpistas le dicen “vueltas”. 

Parece que Quirpa le daba 30 vueltas al joropo; cuando las muchachas le preguntaban cómo se llamaba y ya era el más solicitado en la Villa de San Jaime y sus alrededores, él contestaba; “Se llama El golpe que hace llorar”. “Yo conocí la casa de Juan Rafael Zárate, vivía en ella Antonio Zárate, su hijo mayor, una larga y ancha casa techada con hojas de palma, las paredes eran trozos de palmas montadas unas sobre otras, dejando un espacio como de 30 cm; el sol y el aire entraban libremente como en toda vivienda de los campesinos; Antonio tocaba el “cuatro” y cantaba como su padre; también Félix el hijo menor; éste se fue a vivir a La Unión de Barinas y se llevó consigo a su madre, ya viejecita. Félix, además de ser un buen cuatrista y versificador "relancino", ejercía la profesión de matarife”.

Contaba doñas Blanca Flor que cuando tenía doce años conoció a Custodio Quendo y a Dámaso Berroterán  pero que no eran de esas tierras sino de Aragua. No le  gustaba verlos porque eran muy borrachos, Siempre andaban “rascados”. Él la llamaba y de cantaba:

“Acérquese Niña Flor;

Ven acá y dame la mano;

que si canto bueno y sano,

Borracho canto mejor”.

Algún tiempo después de haber sido asesinado por arreadores de ganado, la gente comenzó a llamar al joropo: “Kirpa” o “La Kirpa”.

El pueblo venezolano, tan respetuoso de sus ídolos, compuso coplas que han corrido y seguirán corriendo por todas las cantinas del medio rural. Ambas de autores anónimos. Una antigua copla  recopilada por los viejos llaneros de Camaguán dice:             

“Yo no quisiera pasar

Por donde llaman Güiripa

Por no ver la sepultura

Donde enterraron a Quirpa"

Ahora nos queda a nosotros investigar lo siguiente: el pueblo de Güiripa “donde mataron a Quirpa” ¿es el aragüeño que está al lado de San Casimiro o es el que estaba en la costa del Meta, que antes pertenecía a  la Provincia de Barinas y ahora pertenece a los llanos de Casanare?

No sabemos a ciencia cierta dónde murió. Pero sí sabemos que nació en la sabana “donde nacen los cantares”.