EL
APORTE DEL GUÁRICO EN EL CAMPO DE LA EDUCACIÓN
por Luis
Acosta Rodríguez
La
tierra guariqueña corazón geográfico de la Patria ornada por el expresivo lema
de su escudo estadal: "SI AMAS LA LIBERTAD VEN A MIS PAMPAS", ha sido
pródiga en personalidades de vocación y aptitudes sobresalientes para la enseñanza,
que en diversas épocas han desplegado en las urbes del Guárico labor bien
inspirada de siembra espiritual, enfrentándose a las limitaciones del medio
para irradiar luz orientadora en las conciencias juveniles y mantener en
olvidados pueblos de tierra adentro empeñoso afán de superación cultural.
Así
el Guárico, al lado de la apreciable contribución que dio a la titánica empresa
de emancipar el patrio suelo, primero, con un exponente cimero de la ciencia
jurídica y del pensamiento político de enciclopédica estirpe, de la talla del
Dr. Juan Germán Roscio, padre intelectual de los documentos cardinales de la
república naciente, y luego con varios adalides de talla descollante en el
campo de la lucha guerrera un Cedeño, un Mellado, un Zaraza, un Infante. En
tiempos posteriores, junto a figuras de perfil relevante surgidas en el curso
de las contiendas internas como aquel último gran caudillo llanero el General
Joaquín Crespo, prototipo de gobernante liberal y avezado hombre de guerra; en
parangón complementario a sus hombres de trabajo y a sus hombres de
pensamiento, que han dado lustre y realce al gentilicio guariqueño, esta región
central de Venezuela, donde se junta el llano con la serranía, puede exhibir
una nutrida galería de educadores abnegados, que dieron en su hora de vital
energía, fecunda contribución a las tareas de la enseñanza, tanto a nivel
escolar, actuando como maestros de primeras letras, como en el plano de la
educación Secundaria, fundando Colegios y regentando cátedras de Bachillerato,
en duros tiempos de menguada remuneración económica, cuando la profesión
docente se ejercía por amor al arte, lo cual aseguraba la aparición auténtica
de vocaciones educativas. Laboriosa tarea de investigación habría que realizar
en cada ámbito lugareño del Guárico, para rescatar del olvido la lista completa
de hombres y mujeres que han tenido destacada figuración en el campo educativo
regional. Tal labor reclama tiempo y minuciosa constatación de archivos y de
testimonios orales de moradores comarcanos. Algún día habrá de ser realizada a
fondo por un estudioso de nuestros anales educativos. Mientras llega ese
momento, pueden recordarse algunos nombres como exponentes destacados de la
tradición educativa guariqueña, nombres que supieron con sus desvelos y
preocupación por la enseñanza, hacer honor al aula y dignificar la cátedra. De
esa estirpe fueron: El Bachiller José Ramón Camejo Sabino, insigne educador de
actuación muy recordada en Altagracia de Orituco y Zaraza, en esta última ciudad
preparaba grupos de estudiantes para llevarlos a presentar exámenes al Colegio
Federal de Aragua de Barcelona, que era para entonces el único Instituto
autorizado para conferir en la zona el grado de Bachiller.
El
Bachiller Don Eduardo D. Méndez, de airoso plantaje, de exquisita cultura, todo
un dechado de sapiencia y gentileza. Maestro de seis generaciones. Ilustre
fundador del Colegio San Gabriel, de Zaraza, donde le acompañaron; el bachiller
Celestino González Ortiz, Dr. Ramón Carrizales Reyes, Br. Antonio José Sotillo,
Br. Gabriel Calatrava, entre otros meritorios educadores. Fueron los buenos
tiempos en que Zaraza llegó a merecer el calificativo de Atenas del Guárico,
por el brillo intelectual que entonces llegó a tener.
En
Valle de la Pascua, por 1894, inició la enseñanza secundaria el Dr. Manuel
Segura Mijares. Esta tradición de buena enseñanza la continuaron luego: el Br.
Juan Antonio Padilla; el Dr. Augusto Camejo Farbós, el Br. Manuel Rodríguez
Vásquez, el Dr. Antonio Ornés Mota, el Br. Rafael González; un Antonio Miguel
Martínez; un Rafael Pellicer, una Luisa Julieta Hernández. Al fundarse el Liceo
José Gil Fortoul, por 1944, actuaron en él, en los primeros tiempos, con relieve
notorio, un Rafael de Jesús Gutiérrez, un José Gregorio González y un Domingo
Rojas Anato.
Por
lo que toca a la urbe del alto llano guariqueño, Altagracia de Orituco, de
arraigada tradición agrícola y su prolongación serrana, San Francisco de
Macaira, larga es la lista de Maestros y profesores que por esos contornos
dejaron huellas indelebles de orientadora acción educativa sobre numerosas
promociones estudiantiles. Allí el Dr. Pedro María Arévalo Cedeño; el Dr.
Eduardo Rísquez; el Br. Nicolás Osío; Don José Antonio Hurtado Ascanio y el
Pbro. Alberto Laya. A esta lista habría que añadir en los modernos tiempos el
hoy Monseñor Rafael Chacín Soto, que aunque no es nativo del Guárico, hace
largo tiempo esta consustanciado con la tierra guariqueña, donde ha desplegado,
una activa labor como sacerdote, periodista y educador, primero en Altagracia y
ahora en Valle de la Pascua.
En
Calabozo, la otrora capital del Guárico, y hogaño pujante metrópoli comercial,
ganadera y agrícola, en auge creciente de desarrollo, la actividad educativa ha
contado desde remotos tiempos con una tradición enaltecedora, desde los lejanos
días de Don Carlos del Pozo, que mereció la admiración de Humboltdt por sus
avanzados conocimientos científicos, Calabozo ha sido centro propicio de
cultivo intelectual, donde se ha desplegado labor educativa de alto rango. Su
Colegio Federal fue, en el pasado, centro formativo de Bachilleres de sólida
preparación y su Seminario Diocesano, desde los tiempos de los Obispos Sosa y
Sendrea, fue hogar irradiante de latinidad, y de disciplinas literarias y
filosóficas, de profundas repercusiones regionales. Como representantes de esa
tradición educativa calaboceña, pueden figurar con sobrados méritos un Eduardo
Viso y un Blas Loreto Loreto, dignos continuadores en tiempos posteriores del
ilustre maestro Br. Félix Loreto Carrizales, hermano de Bernardino, primer maestro
del poeta Francisco Lazo Martí.
En
la antigua capital del Distrito Roscio, la ciudad de Ortiz que llegó a ser por
su importancia urbana capital del Estado Guárico y donde por decreto de Guzmán
Blanco debía funcionar una de las primeras escuelas Normales creadas en el país
para la capacitación de los maestros, hubo en pasados tiempos una tradición
educativa de fructuosos logros. De allí fueron nativas dos maestras de relieve
descollante por su variada cultura y don de gentes, su dignísima trayectoria
personal y su exquisita sociabilidad: Juanita Moreno, muy conocida en Lezama y
Altagracia de Orituco, cuyo nombre ostenta ahora una biblioteca fundada en esta
última ciudad por la Seccional de la Federación Venezolana de Maestros, y
Beatriz de Rodríguez, cuya bondadosa y suave figura quedó perennizada en la
estampa de la señorita Berenice, en la novela Casas Muertas de Miguel Otero
Silva. Con el nombre de Doña Beatriz de Rodríguez ha sido bautizado recientemente
el Instituto Oficial de Educación Secundaria de Ortiz, el cual ha iniciado sus
labores en Octubre de 1972.
Nació
también en Ortíz un educador de gran talla, hombre de acerado temple y
sobresalientes capacidades, de gran cultura, de valentía personal acreditada;
como fue el Dr. y General Roberto Vargas, quien trajinó primero los predios de
la enseñanza, para la cual poseía aptitudes sobresalientes pues fue brillante
discípulo del licenciado Aveledo; y una vez graduado de Ingeniero Agrimensor,
salió a ejercer la docencia en ciudades como Villa de Cura y El Sombrero donde
fundó colegios de prestigiosa trayectoria. Antes de entrar al terreno de la
política y de la guerra; campos donde cosechó fama y nombradía de primer plano,
en la Venezuela de fines del siglo pasado y comienzos del actual.
Por
lo que toca a los días que corren, la tradición educativa guariqueña cuenta con
muy valiosa representación en las filas de la docencia nacional. Tanto en el
sector magisterial como en el campo del profesorado, el Guárico puede exhibir
hoy cifras muy valiosas, de acreditada trayectoria docente y de categoría
intelectual descollante, que desde las latitudes guariqueñas vinieron a la
capital de la República a formarse en los más acreditados centros de
orientación pedagógica.
Allí están en primera fila, como valores educativos del Guárico actual, los profesores: Mario Torrealba Lossi, Pedro Díaz Seijas, Pedro Felipe Ledezma, Facundo Camero, Rubén Carpio Castillo, Dr. José Ramón Medina, Profesora Josefina de Bohórquez y muchos otros destacados exponentes del arte de enseñar y de orientar conciencias juveniles para el servicio esclarecido de la patria integral.
Cabe esperar que en los futuros
tiempos, con la creación por parte de la Universidad Central de Venezuela de
los Institutos Tecnológicos de Valle de la Pascua y Calabozo, recientemente
inaugurados, la tradición educativa guariqueña, de tan meritorios antecedentes
y de prosapia tan relevante, habrá de entrar en una nueva fase: la fase de la educación
superior en el ámbito regional, lo cual habrá de contribuir al despliegue de
nuevas energías humanas en los campos del saber científico y técnico, para
efectivo realce de toda la entidad guariqueña y para la conquista de un mejor destino
futuro para todo su conglomerado humano, de gente sencilla, laboriosa y
cordial, donde se encuentren reflejadas con perenne vigencia, de inmarchitable
lozanía, las mejores virtudes del carácter y de la idiosincrasia venezolanos.
Caracas, 1974.