Historiadores y Cronistas de Ribas
Encuentro con la Historia y el Patrimonio Ribense
Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares - Germán Fleitas Núñez
DE CARLOS CRUZ DIEZ PARA GERMÁN FLEITAS BEROES
KIRPA
NACIÓ EN LA SABANA DONDE NACEN LOS CANTARES
Germán Fleitas
Núñez
“Quien
dice “la sabana” dice “la copla”; la copla errante; todos los caminos la oyeron
pasar; y mire que hay caminos en el llano”. El maestro Gallegos navega en lo profundo y nos regala en todos sus
libros, especialmente en “Doña Bárbara” y “Cantaclaro”, su visión de la vida y
del alma del llanero. Siglos de trashumancia, de resistencia y de heroísmo,
fluyen de sus páginas en las cuales se entiende claramente el cruce de la
sangre del indio cargada de nostalgia y de deseos libertad con la del negro,
espesa mezcla de rabia, rebeldía y alegría, con la de los amos blancos, para
terminar creando una raza nueva sobre la faz de la tierra; el punto equidistante
entre el nuevo mundo, África y España.
La
historia de la copla nos viene por el mar en viejos galeones y navíos
conquistadores. En cambio la de la música es más complicada porque la traen los
negros en sus voces roncas y agudas, en sus manos y en los cueros de sus
tambores; en los laudes y clavecines de los curas y de los parranderos y la
esperan aquí para cruzarse, las maracas dignísimas sustitutas de las
castañuelas y cantos ancestrales que le van a dar el toque de nostalgia a los
cantos recién llegados.
En
la medida en que fueron nacieron nuestros cantos nacionales, surgieron cuentos,
leyendas y versiones sobre sus orígenes. Algunas con bases muy sólidas, dignas
de credibilidad y otras menos confiables por ser más hijas de una imaginación
desbordada que de un estudio serio y analítico de las fuentes que las
originaron. Cada canto, cada ritmo, cada pieza, está acompañada de historia o
historias interesantes, todas ellas dignas del mayor respeto y análisis.
Es
el caso de nuestros joropos, pasajes y golpes llaneros y aragüeños, que le
oímos contar a viejos arpistas de Aragua como Pedro Matos o Salvador Rodríguez
o a llaneros como Rafael Hurtado o Juan Briceño.
Uno de los joropos que siempre nos llamó la atención por la cantidad de historia que encierra fue “La Kirpa” o simplemente “Kirpa”, con “K” o con “Q”. Y lo más llamativo es que es, después de “El Gabán” que solamente tiene dos pisadas, o “El Pajarillo” y el “Seis por Derecho” que solamente tienen tres, uno de los joropos más sencillos y fáciles del repertorio llanero y sin embargo, nadie sabe lo que quiere decir. Hasta hubo una telenovela de amor, pasión y traición como son casi todas las telenovelas venezolanas, que se llamaba “Kirpa de tres mujeres”, pero ninguna de las tres sabía lo que significaba la palabra, ni el autor de la telenovela tampoco. Pero en La Victoria vive una familia de apellido Quirpa, lo cual me hace pensar que se trata de un nombre o un apellido indígena.
ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA
El
primero en cantarla y grabarla fue nuestro gran Ángel Custodio Loyola hace
medio siglo y al menos “aclara” un poco el lugar de origen del joropo, cuando
dice: “Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares y como Kirpa lo cantó
lo supieron los palmares”. Pero no sabemos si se está refiriendo a un sitio, a
un género musical o a una persona, porque primero nos dice:”Güiripa lo llaman
Kirpa”; luego que: “Kirpa es joropo llanero que lo tocan en el arpa con maraca
y guitarrero”, para inmediatamente
decirnos: “Hombre del alto apureño con alma y conversación, si yo tuviera tu
copla (si cantara tanto como tú) te la cantara al bordón”.
Queda claro desde un principio que no se trata de música de Aragua ni de Miranda porque ésta lleva “maraca” pero no lleva “guitarrero”.
CON MARACA Y GUITARRERO
Hubo
una tragedia. A Kirpa lo mataron pero debió ser herido antes de su
fallecimiento porque dice el verso: “Apure lloró en silencio mientras el arpa
se oía porque en el llano se supo que Kirpa se moriría” O sea, se sabía que iba
a morir pero aún se oía el arpa”. Y ahora viene lo más intrincado de esta
leyenda que es el del lugar del suceso. “Su cuerpo quedó en Güiripa, su voz
está en el palmar, su pensamiento en la brisa, su apellido en el cantar”. Esto de “Su apellido en el cantar” ¿nos está
revelando que “Kirpa” era el apellido del arpista y que desde entonces pasó a
bautizar al inmortal joropo? Remata Loyola diciendo: “Yo no sé por qué en
Güiripa no quieren a los llaneros,
porque mataron a Kirpa y le hirieron al guitarrero”.
Hasta
aquí todo estuvo claro para mí, hasta que un día mi padre, quien era llanero y
cumpliría cien años el próximo 2016, me dijo que el pueblo de Güiripa “donde
mataron a Kirpa, no era el del estado
Aragua sino uno de igual nombre situado en la costa del Meta barinés. Un pueblo
que desapareció por despoblamiento pero en el cual estuvo el Canónigo Madariaga
cuando después del 19 de abril regresaba de Bogotá y en vez de venirse por mar,
se vino por río y lo menciona en sus Memorias. Como buen aragüeño defendí para
mi estado el “dudoso honor” de haber sido el escenario del lance que puso
fin a la vida del gran arpista y argüí que el verso dice “Yo no se por qué en
Güiripa no quieren a los llaneros”. Entonces le oí una explicación que nunca más he oído a nadie y es la
siguiente: “Hoy en día le decimos llaneros a los nacidos de San Juan de los
Morros para abajo, pero eso es ahora; antes, “los llaneros” eran los hombres
que trabajaban en el campo. Por ejemplo, yo en Camaguán no era “llanero” sino
lo que hoy llamaríamos “citadino”. Y debe tener algo de cierto porque una vez
siendo yo un niño de diez años, sentado en la puerta de la casa vi pasar a un
ejército de mujeres vestidas de vivos colores y mi abuela, calaboceña y
camaguanera me explicó: “Van para la entrada del pueblo a esperar a “los
llaneros” porque ellos regresan a esta hora.
Mi
padre, Germán Fleitas Beroes, fue un eterno estudioso de la cultura llanera.
Escuchaba las historias que contaban los viejos de pueblo, en tiempos en que ni televisión ni radio ni luz
eléctrica interrumpían los relatos del llano antiguo, trasmitidos de generación
en generación, fue poeta, compositor de joropos y publicó varios libros. Cuando
era niño (1925) una anciana camaguanera llamada Blanca Flor Zárate de 93 años (1833)
solía contarle a él, a su hermano Pedro (novelista), a Julio García Díaz,
conocido en aquellos tiempos como "Ño Aguedo" (quien luego publicó
sus trabajos en el semanario “Fantoches”), que era hija de Juan Rafael Zárate
(1780) el “guitarrero de Quirpa. Contaba
“Ña Clara”, entonces viejecita de 93 años de edad, que nació, creció y vivió la mayor parte de su
vida en el Barrio "La Lagunita" de Camaguán; allí casó con Juan
Rafael Zárate, famoso músico y tocador de “cuatro” del célebre arpista José
Antonio Quirpa. “Aquella trágica noche cayó a traición, abatido a machetazos.
Su
cuatrista Juan Rafael Zárate, herido de un terrible machetazo en una pierna,
fue recogido por unas piadosas vecinas y después de varios días, ya
convaleciente, envolvió su cuatro en un gran pañuelo de madrás y se fue a su
casa en Camaguán. Nunca más volvió a tocar su “cuatro” en los bailes públicos
ni a acompañar a otro arpista; únicamente lo pulsaba en sus horas de recuerdos
añorando con lágrimas en los ojos los días felices en que acompañaba al gran
arpisto en “su creación” de 14 arpegios, de los cuales sólo José Cupertino Ríos
Viña alcanzó a ejecutar 12 arpegios; nunca otro arpisto llegó más alto en la
ejecución de un "Quirpa". Suponemos que cuando hablan de arpegios se están
refiriendo a “variaciones sobre el tema central”. Otros arpistas le dicen
“vueltas”.
Parece
que Quirpa le daba 30 vueltas al joropo; cuando las muchachas le preguntaban
cómo se llamaba y ya era el más solicitado en la Villa de San Jaime y sus
alrededores, él contestaba; “Se llama El golpe que hace llorar”. “Yo conocí la
casa de Juan Rafael Zárate, vivía en ella Antonio Zárate, su hijo mayor, una
larga y ancha casa techada con hojas de palma, las paredes eran trozos de
palmas montadas unas sobre otras, dejando un espacio como de 30 cm; el sol y el
aire entraban libremente como en toda vivienda de los campesinos; Antonio
tocaba el “cuatro” y cantaba como su padre; también Félix el hijo menor; éste
se fue a vivir a La Unión de Barinas y se llevó consigo a su madre, ya
viejecita. Félix, además de ser un buen cuatrista y versificador
"relancino", ejercía la profesión de matarife”.
Contaba
doñas Blanca Flor que cuando tenía doce años conoció a Custodio Quendo y a
Dámaso Berroterán pero que no eran de
esas tierras sino de Aragua. No le
gustaba verlos porque eran muy borrachos, Siempre andaban “rascados”. Él
la llamaba y de cantaba:
“Acérquese
Niña Flor;
Ven
acá y dame la mano;
que
si canto bueno y sano,
Borracho
canto mejor”.
Algún
tiempo después de haber sido asesinado por arreadores de ganado, la gente
comenzó a llamar al joropo: “Kirpa” o “La Kirpa”.
El
pueblo venezolano, tan respetuoso de sus ídolos, compuso coplas que han corrido
y seguirán corriendo por todas las cantinas del medio rural. Ambas de autores
anónimos. Una antigua copla recopilada
por los viejos llaneros de Camaguán dice:
“Yo
no quisiera pasar
Por
donde llaman Güiripa
Por
no ver la sepultura
Donde
enterraron a Quirpa"
Ahora
nos queda a nosotros investigar lo siguiente: el pueblo de Güiripa “donde
mataron a Quirpa” ¿es el aragüeño que está al lado de San Casimiro o es el que
estaba en la costa del Meta, que antes pertenecía a la Provincia de Barinas y ahora pertenece a
los llanos de Casanare?
No
sabemos a ciencia cierta dónde murió. Pero sí sabemos que nació en la sabana “donde
nacen los cantares”.
Alberto Arvelo Torrealba - María Cristina Solaeche Galera
ALBERTO
ARVELO TORREALBA
María Cristina
Solaeche Galera
Ya
no turba el reposo de los hatos
madrugador
lucero;
ni
despiertan el eco adormecido
el
amante reclamo del bramido
a
la par de la copla del vaquero.
Francisco
Lazo Martí
Alberto
Arvelo Torrealba, poeta llanero, abogado, ensayista, educador, político,
diplomático y crítico literario. Nace en Barinas, el 4 de septiembre de 1905,
rodeado de una familia de poetas, su madre la poetisa Atilia Torrealba, sus
primos hermanos Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo Larriva esclarecidos
poetas venezolanos; su padre Pompeyo Arvelo.
Sus
estudios básicos los realiza en su ciudad natal Barinas, y se traslada a
Caracas para estudiar la secundaria, donde se gradúa de bachiller en 1927.
Apenas
terminada la secundaria, ya conoce la cárcel de “Las Tres Torres” de
Barquisimeto, por participar en el levantamiento armado contra el célebre
caudillo andino, el General José Rafael Gabaldón.
Cursa
estudios de Abogacía en la Universidad Central de Venezuela, recibiendo el
título de abogado y posteriormente el de Doctor en Ciencias Políticas en 1935.
Entre
1935 y 1936, se dedica a la docencia, en la enseñanza del Castellano y la
Literatura en colegios y liceos de la zona metropolitana y de Barquisimeto,
entre estos: el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, Los Dos Caminos, Sucre, los
Institutos Pedagógico San Pablo y San Agustín, y en los liceos Andrés Bello y
Fermín Toro, de Caracas; en Barquisimeto, en el colegio Lisandro Alvarado.
En
1936 ejerce el cargo de Inspector en Educación Secundaria en el Distrito
Federal y de Primaria en los Estados Barinas y Apure.
1936.
Secretario de Gobierno del estado Portuguesa.
1940.
Presidente del Consejo Técnico de Educación.
Desde
1941 hasta 1945. Gobernador del Estado Barinas.
1948.
Es nombrado Miembro de la Corte de Apelación.
De
1952 hasta 1953. Embajador Extraordinario de Venezuela en Bolivia.
1953-1955.
Embajador de Venezuela en Italia.
Ejerce
también de Consejero de la Embajada venezolana en Francia.
Ministro
de Agricultura y Cría desde 1953 hasta 1955.
Una
vez retirado de la política, se dedica de lleno a la vocación que colmaba su
espíritu, la literaria.
En
1966 obtiene el premio Nacional de Literatura, Mención Prosa, por su ensayo:
Lazo Martí: vigencia en lejanía.
El
31 de mayo de 1968 se incorpora como Individuo de Número de la Academia
Venezolana de la Lengua.
En
1969 traduce del italiano al poeta egipcio de padres italianos, Giuseppe
Ungaretti.
Obras
literarias: Música de cuatro (1928) y Poemario extraviado en la cárcel (1928).
Cantas (1932), Glosas al cancionero (1940), donde aparece por primera vez su
poema Florentino y el Diablo del que se
realizan dos versiones posteriores en 1950 y en 1957. Lazo Martí: vigencia y lejanía (1965), un
estudio de la obra Silva Criolla del poeta guariqueño Francisco Lazo Martí; el
laureado maestro Antonio Estévez compone su obra Cantata Criolla, con la letra
de este poema que también es adaptado al cine, el teatro y la televisión. Obra Poética (1967), un compendio de sus
poemas.
Compuso
su obra apoyado en formas populares, cantos, décimas, corridos con imágenes
y metáforas elaboradas mediante
elementos geográficos y zoológicos de la
llanura. Juan Liscano
En
el presente ensayo analizaremos sus CANTAS, poemario escrito en 1933 y lo
titularemos apropiándonos de sus dos primeros versos:
ALBERTO
ARVELO TORREALBA.
“Cantas”:
EL HORIZONTE y yo vamos solos por la llana tierra.
Podemos
considerarlo perteneciente al Criollismo
(en la prosa) o al Nativismo (en la poesía). De raíz netamente popular, busca
el vocablo claro y directo que hace surgir inmediatamente el sentimiento,
entretejiendo verso a verso. Los adjetivos son ricos en resonancias y cualquier
analogía que se presenta no resta en absoluto pujanza al poema:
El
quemado está de luto
como
una flor de cuaresma
porque
las brisas jugaron
un
carnaval de candela.
Yo
anduve con suerte triste,
me
la puso triste el Llano:
entre
mi vida y tus ojos
las
llanuras de San Carlos.
Un
carnaval de candela.
El
viento le hecho a la tarde
papelillos
de hojas negras. 1
Toda
su obra poética y por lo tanto, el poemario Cantas, refleja especialmente la
tradición, costumbres y paisaje de la región venezolana de los llanos y la vida
del llanero.
Es
un poeta de la tierra, del habitante y del paisaje cotidiano de la llanura
venezolana, con una maestría notable de las formas métricas y estróficas de
gran sonoridad. Maneja con elegante soltura el octósilabo, la copla, la décima,
espinela y el romance.
el
más notable de los cultos del nuevo nativismo venezolano (…), mantiene una
maestría indiscutible en la recreación de una temática propia de nuestros
llanos, dándole categoría estética a la copla, a la décima y al romance criollo
y rescatando fecundos motivos de nuestro folklore para la función culta de la
poesía.
José Ramón
Medina
El
crepúsculo viajero
se
terció su manta gris.
Ayes
de tierras ardidas
plañe
lejano el paujil.
El
caño labra la orilla,
la
quema los pajonales,
y
yo labrándome en quiero,
yo,
mudo, sin ti, labrándome.
Plañe
lejano el paujil.
Hilos
de chusmitas lloran
sueños
de Lazo Martí. 2
En
nuestro poeta-cantor señero, es su verso un sentimiento para compartir, compone
sus Cantas en dos cuartetas y una tercera estrofa de tres versos, donde el
primer verso empalma con el último o el segundo verso de la primera estrofa,
sonando como reiteración del canto; sin rimas ( a excepción de la nombrada)
asonantes ni consonantes, lo que solemos llamar rima blanca o libre; sus
imágenes y metáforas construidas mediante elementos recogidos del entorno
llanero, su naturaleza y la de sus habitantes, sin elucubraciones, sin
ajenuras, en una ascendencia jonda que entresaca su fuerte sentir sabanero:
Oros
de paja marchita
sobre
lo lejos se azulan.
En
la copa de una palma
el
chiriguare me anuncia.
Aquí,
estuvo el hato, padre,
que
nos dio sombra otro tiempo:
en
este alambre caído
se
me enredaron los sueños.
El
chiriguare me anuncia.
En
la copa del recuerdo
grita
la nostalgia, muda. 3
Hace
uso del ritmo del verso octosílabo (ocho sílabas métricas o fonéticas) del Arte
Menor, que guarda tantas querencias con el Castellano y tan suave y fácilmente
se adapta al oído del hispanohablante, donde el acento en la penúltima sílaba
determina el carácter llano del verso:
La
tarde como con pena
se
puso un traje cenizo
Para
una solita ausencia
tres
veces nos despedimos.
Me
alcanzó la noche oscura
en
los esteros de abajo
y
de puro oír tu nombre
lo
aprendieron los yaguasos
Tres
veces nos despedimos:
por
un espigal de adioses
me
voy podando suspiros. 4
Su
poética es de un contenido netamente existencial, reflexivo, y de una universal
vocación intensamente humana. Su expresión estética muy rica en su elaboración
con las más variadas imágenes, no siempre típicamente populares, contiene
poemas de hermosísima factura. Canta al paisaje llanero, el hombre de los
llanos, su flora y su fauna llanera, en sus Cantas es exclusivo el ambiente
llanero:
En
las cantas fugitivas
dicha
y afán se me quedan:
las
labro a punta de gozo
las
pulo a filo de pena.
Me
dio lástima el pajal
¿qué
hace con tanto rocío
sin
una gota de verde
para
su luto amarillo?
Dicha
y afán se me quedan:
yo
mire en el lagunazo
el
nubarrón y la estrella. 5
Los
poemas de Alberto Arvelo Torrealba a fuerza de sentirse populares, se difunden
fácilmente en el sentir del lector, sin dejar de ser un poeta culto y genuino.
En su elaboración está su esencial valoración aportada por la hipersensibilidad
del autor frente a las tradiciones llaneras, alcanzando giros poéticos
memorables:
El
triángulo de mi choza
me
lo tragó el bajo inmenso.
Donde
el sol de soslayo
caño
para los recuerdos.
Cómo
se amansa el rodeo
cuando
se estira la copla.
en
esta tierra la canta
enlaza
más que la soga.
Caño
para los recuerdos.
¡Dónde
me iré yo a saciar
la
sed azul de tu lejos! 6
La
premisa nativista de la búsqueda de lo propio, lo nativo, la cumple el poeta, y
para ello se enrumba por el sendero del folclore tradicional, la canta con su
verso melodioso hecho para ser leído y oído, manteniéndose inmune a cualquier
asomo de vanguardia y a las lazadas de lo nuevo, él se voltea hacia el pasado y
busca sus raíces ibéricas en su propia tierra en una transmutación nacional:
Los
arreboles temblaron
su
despedida en las pencas.
Partámonos
el paisaje
como
llanero y llanera.
Me
cogió la noche negra
en
los esteros de Arauca
y
me fui para tus ojos
por
la pica de una canta.
Como
llanero y llanera.
Coge
el lucero y la palma,
déjame
el pozo y la arena. 7
Sus
poemas recogen la sabiduría del llano adentro venezolano; el poeta hace suya
junto con la canta, la copla y el romance, el octosílabo y la décima apegado a
la estrofa para crear piezas de gusto popular:
El
candil en los caneyes
pinceló
su rojo tímido,
y
salió a rumiar leyendas
la
punta de los corríos.
Cómo
enseda el verso humilde
sus
hilos de pueblo y alma,
cómo
va de pena en pena
y
de guitarra en guitarra.
¡La
punta de los corríos!
Con
la angustia de baquiana
el
cuatro cogió camino. 8
Con
una salud deplorable y una pierna amputada, el poeta Alberto Arvelo Torrealba,
muere la mañana del 28 de marzo de 1971 en la ciudad de Caracas.
EL
HORIZONTE y yo vamos
solos
por la llana tierra:
Me
enlazó todos los rumbos
en
audacia de soga abierta. 9
Dejemos que se despida nuestro aeda del llano:
Me
voy para Los Esteros
-agua
abajo y por la orilla-
en
mi bongo sin palanca,
con
una vela sin brisa,
al
anochecer sin luna
sobre
el paisaje sin líneas
Fuentes bibliográficas:
Poemas
extraídos de: Alberto Arvelo Torrealba. Antología Regional. Florentino y el
Diablo. (1ª Versión) Cantas. Monte Ávila Editores. Biblioteca Popular el
Dorado, Caracas, Venezuela.
1. Canta 3
2. Canta 12
3. Canta 8
4. Canta 10
5. Canta 23
6. Canta 22
7. Canta 36
8. Canta 4
9. Canta 1.
Don Pedro Díaz Seijas - Misael flores y Pedro Díaz Seijas Guariqueño de siempre - Felipe Hernández
Misael flores
Nació
en 1921 en Santo Domingo Requenero, jurisdicción del municipio Leonardo
Infante. Falleció en Caracas el 30 de junio del año 2010. Cercano a sus 90
años, no obstante reveses y enfermedades, Don Pedro Díaz Seijas mantuvo
incólume la frescura de su inteligencia, memoria y contagiosa empatía. Contento
por la vida recibida y, por la que, con tan admirable talante, supo deparar.
Exitoso en la docencia, la producción intelectual, su gestión como académico,
pintor, conferencista y promotor cultural, no escatimó su generosa solidaridad
y aliciente para que otros descollaran como él. Nació en un pueblo del Guárico,
por el que mantuvo efectiva y amorosa presencia. Consta en sus libros y eficaz
trayectoria.
FUE
UNO DE LOS MÁS FERVIENTES ABANDERADOS EN LA LUCHA POR LA CREEACIÓN DE LA UNERG.
Don
pedro era un escritor, ensayista, pedagogo, periodista, crítico literario,
humanista y profesor universitario venezolano, integrante de número de la
Academia Venezolana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia
Española. Fue una de las figuras más notorias, en el campo intelectual, de la
segunda mitad del siglo XX, de su país.
Profesor
universitario
Dedicado
desde su juventud hacia el estudio de las letras, se graduó en el Instituto
Pedagógico Nacional de Caracas, a la que retornó en calidad de profesor de
Lengua y Literatura. En dicho centro educativo, además de impartir clases,
dirigió el Departamento de Castellano, Literatura y Latín en tres períodos
diferentes 1948-1949, 1973-1974, y 1976
Periodista
Colaboró
en los principales rotativos y revistas de Venezuela, en especial en aquellas
publicaciones culturales más divulgadas de todo el ámbito geo-cultural
hispanoamericano. Estuvo también unido, en su faceta docente, a la Universidad
Nacional Experimental Simón Rodríguez de Caracas, en la que ejerció durante
varios años el cargo de Director Cultural. Además, fue vicepresidente del
Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana; integrante de número de
la Academia Venezolana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real
Academia Española.
Estudioso
de la literatura venezolana y humanista de las letras de su nación
Como
estudioso de la literatura venezolana y promotor de las letras de su país,
destacó como miembro del Grupo Contrapunto, un colectivo de autores y críticos
que, agrupados en torno a la revista homónima, se esforzaron en introducir en
la cultura de Venezuela de mediados del siglo XX una tendencia renovadora que
logró, por un lado, eliminar la herencia dejada por la dictadura militarista;
y, por otro, habituar a los artistas e intelectuales de la Venezuela del año
1948, con las últimas tendencias artísticas y literarias, esencialmente, en el
ámbito de la literatura escrita en lengua inglesa y francesa que se encontraban
triunfando en Europa y América.
Crítico
y resaltador de los valores literarios hispanoamericanos
En
plena crisis política que para aquella época Venezuela sufría, los escritores y
críticos literarios que integraban el Grupo Contrapunto se obligaron a
salvaguardar la memoria histórica del país, con la mira de engrandecer su
legado cultural y, a través de él, preservar la identidad nacional venezolana.
En este espacio destacó marcadamente su trabajo, al dedicarse al estudio de la
literatura hispanoamericana, resaltando los valores literarios de los autores
ya consagrados y rescatando o redescubriendo a muchos escritores; los que, sin
su labor, habrían sido olvidados.
En
su ensayo intitulado Al margen de la literatura venezolana (Caracas, 1946),
salvó a autores de relieve como Teresa de la Parra, Francisco Lazo Martí, Juan
Vicente González y Alberto Arvelo Torrealba. Obra que lo ubicaría como uno de
los más destacados críticos literarios hispanoamericanos de la época.
Después
de plasmar esta obra, escribió varias más que se convirtieron en obras de
obligada consulta en las principales facultades de letras de todos los países
de habla hispana. Entre ellas, sobresalen las denominadas:
•
Historia y antología de la literatura venezolana (Caracas, 1955).
•
Rómulo Gallegos: realidad y símbolo (Caracas, 1965).
•
La antigua y la moderna literatura venezolana (Caracas, 1966).
•
Deslindes: ensayos sobre literatura hispanoamericana (Caracas, 1972).
•
Reflexiones ante la esfinge (Caracas, 1989).
•
Hacia una lectura crítica de la obra de Vicente Gerbasi y de otros poetas
venezolanos (Caracas, 1989).
•
La gran narrativa latinoamericana (Caracas, 1976).
Otras
obras de Pedro Díaz Seijas son las intituladas:
•
Bases para un esquema de nuestra realidad educativa (1966).
•
Lecturas patrióticas: aprendizaje de venezolanidad a través de los más
inmigrantes pensadores nacionales (Caracas, 1955?).
•
La novela y el ensayo en Venezuela (Caracas, 1972).
•
Lectura en tres dimensiones de la narrativa de Julián Padrón (Caracas, 1981).
•
Bajo el signo creador de la lengua (Caracas, 1985).
•
Cecilio Acosta: El apóstol y el pensador (Los Teques, 1985).
•
Rómulo Gallegos: suma de lecturas (Caracas, 1987).
•
Caracas, la Gentil: Biografía de una Ciudad (Caracas, 2005).
PEDRO
DÍAZ SEIJAS: GUARIQUEÑO DE SIEMPRE
Por: FELIPE
HERNÁNDEZ G.
UNESR//Cronista
Municipal
El
30 de junio del año 2010 falleció en Caracas, el profesor Pedro Díaz Seijas.
Ilustre hijo de Valle de la Pascua, nacido el 24 de diciembre de 1921 en el
caserío Santo Domingo Requenero, del municipio Leonardo Infante. Escritor,
académico, ensayista, crítico literario, educador y miembro de importantes
instituciones culturales nacionales y extranjeras. Profesor del Pedagógico de
Caracas y director-fundador del Instituto Pedagógico de Barquisimeto y por
ende, promotor e iniciador de nuevas ideas pedagógicas, reconocido nacional e
internacionalmente. Fue director de la Academia Venezolana de la Lengua, y
Director de Cultura de la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” y
Miembro del CONAC (Consejo Nacional de la Cultura). Cursó estudios en el
Instituto Pedagógico de Caracas y en la Universidad Central de Venezuela, graduándose
de profesor en castellano y Literatura y Magíster en Literatura Venezolana e
Hispanoamericana.
Ejerció
la docencia en liceos y universidades y colaboró como columnista en los más
prestigiosos periódicos capitalinos y del interior de la República. Su obra
literaria está plasmada en más de 20 libros, entre ellos: Al margen de la
Literatura Venezolana (1946), Introducción al estudio del ensayo en Venezuela
(1947), Orientaciones y tendencias de la novela venezolana (1949), Rómulo
Gallegos: realidad y símbolo (1965), La Novela y el Cuento en Venezuela (1972),
La Gran Narrativa Latinoamericana (1976), Lectura en tres Dimensiones de Julián
Padrón (1983), Biografía de Rómulo Gallegos (1984) y Bajo el Signo Creador de
la Lengua (1985).
Del
profesor Pedro Díaz Seijas escribió el académico Pascual Venegas Filardo, “es
uno de los ensayistas y educadores más notables del país. Con largos años en la
docencia nacional, es raro el venezolano joven que no ha estudiado en sus
libros y no hay escritor que no conozca y admire su obra”. Y el doctor
Ildefonzo Leal, testimonió que “…sus estudios sobre literatura venezolana son
consultados con amplio interés. (...)”.
El
amor por la tierra natal siempre estuvo vivo y lo expresó en sus libros,
escritos, conferencias, artículos. Aquí en Guárico se le admiró, reconoció y
respetó, así lo testimoniaron a la posteridad, don Parminio González Arzola y
el exgobernador guariqueño don Facundo Camero Velásquez. Muchas veces asistimos
como espectadores en distintos pueblos del Guárico, a donde asistió a dar
conferencias y charlas en universidades, concejos municipales, plazas y otros
escenarios. Como orador de orden vino a Valle de la Pascua en ocasión del
Bicentenario de nuestra ciudad. De ese amor filial legó como testimonio de su
guariqueñidad, las obras: La Viva Presencia del Guárico; Crónicas del Guárico;
Reflexiones en voz alta. Y La Poesía en Décimas a propósito del Llano, obra de
la que el historiador Adolfo Rodríguez, quien gozó de su amistad y aprecio,
escribió:
El
último libro de Pedro Díaz Seijas, “La Poesía en Décimas a propósito del
Llano”, demuestra que el ensayista, el crítico, el estudioso de la literatura
que ha sido este escritor venezolano, se manifiesta también en la creación
literaria. Subtitula, dicha obra, “Homenaje a Alberto Arvelo Torrealba y
Ernesto Luís Rodríguez”, de quienes se reconoce deudor de una afición que se
remonta a sus primeras andanzas, tierra adentro, cuando descubre un poemario
del joven Ernesto Luís: el “Supremo secreto de la poesía”,
transitado por otros autores que Díaz Seijas nombra en el “ofrecimiento”: Pedro
Sotillo, Luis Barrios Cruz, Arístides Parra, J. A. De Armas Chitty. La poesía
de Díaz Seijas abreva también, como revela, en un “paisaje casi totalmente
inédito, pero de una sublime belleza, situado al sur del distrito Infante del
estado Guárico, cuyas vías desprendidas desde Valle de la Pascua, conducen a
Espino, a Parmana, a La Peña”, Y su fascinante alrededor: “impresionantes
morichales, cuya naturaleza es necesario conocer, admirar e incorporar a las
maravillas decorativas de nuestras llanuras. Las grandes extensiones de
sabanas” con “formaciones montañosas…como son el Cerro de El Macho y el
Tucusipano, así como grandes bancos, como el Telesfero”. Territorio
exquisitamente descrito en la obra “El reflejo de los remansos azules”,
rescatada, estudiada y editada, siendo presidente de la Academia Venezolana de
la Lengua, por Díaz Seijas, quien, cabe advertir, nace y se forja como hombre
de llano por esos predios.
De
su paso como Director Nacional de Cultura de la Universidad Simón Rodríguez, en
la década de los años 80 del siglo XX, durante la gestión como rectora de la
doctora Elizabeth Yabour de Caldera, el profesor Díaz Seijas escribió el Himno
de la institución. Sublime pieza musical donde el autor recrea líricamente como
en un lienzo, las regiones de la geografía patria y la presencia Emérita de la
siempre noble Casa que vence en las sombras, como ejemplo paradigmático de lo
que fuese el imaginario del bien llamado Maestro de América, ilustre epónimo,
como diciéndonos que una Patria grande y unida siempre es posible y necesaria.
HIMNO
DE LA UNIVERSIDAD SIMÓN RODRÍGUEZ
Letra:
Pedro Díaz Seijas.
Música:
Inocente Carreño
Desde
el Ávila Dios taciturno
a
los Andes, el Llano y el Mar,
en
tropel nuestras voces al turno
vuelan
todas en canto triunfal.
En
tropel nuestras voces al turno
vuelan
todas en canto triunfal.
Don
Simón Padre Nuestro seguimos
tras
tu huella bravía y emérita,
a
tu ejemplo auroras pedimos
inmortal
ciudadano de América.
Tus
palabras son surcos fecundos,
tu
mensaje se yergue hacia el sol,
alboradas
antiguas de mundos
iluminan
tu ejemplo ductor.
Desde
el Ávila Dios taciturno
a
los Andes, el Llano y el mar,
en
tropel nuestras voces al turno
vuelan
todas en canto triunfal.
En
tropel nuestras voces al turno
vuelan
todas en canto triunfal.
En
la ciudad de Valle de la Pascua, el domingo primero de agosto del año 2010.
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