Historiadores y Cronistas de Ribas
Encuentro con la Historia y el Patrimonio Ribense
Rufino Blanco Fombona - Tomás Fernández y Elena Tamaro
Rufino
Blanco Fombona
Tomás
Fernández y Elena Tamaro
(Caracas,
1874 - Buenos Aires, 1944) Escritor y diplomático venezolano, una de las
figuras más destacadas del modernismo en su país. Formado en Estados Unidos,
marcado por las principales corrientes de pensamiento de su época (naturalismo,
realismo, positivismo), elaboró una obra en la que alternan poemas y prosas,
novelas y ensayos que se caracterizan por una firme voluntad de transformar su
país e Hispanoamérica mediante el cultivo de la inteligencia y el conocimiento.
Su obra entronca en este aspecto con las del argentino Domingo Faustino
Sarmiento, el cubano José Martí, el ecuatoriano Juan Montalvo, el peruano
Manuel González Prada y el puertorriqueño Eugenio María de Hostos.
Miembro
de una familia de rancio linaje, entre sus ancestros se contraban
conquistadores españoles y próceres de la Independencia, juristas, diplomáticos
y escritores notables. Sus padres, Rufino Blanco Toro e Isabel Fombona Palacio,
le transmitieron desde su niñez la conciencia de pertenecer a una clase de
venezolanos que tiene la obligación de intervenir política y culturalmente en
la vida del país.
Después
de cursar estudios elementales y medios en los colegios Santa María y San
Agustín de Caracas, graduándose de bachiller en 1889, y de iniciar estudios de
Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, Blanco Fombona tomó
la decisión de ingresar en la Academia Militar. Con apenas dieciocho años,
intervino en la Revolución Legalista (1892) e inició su andadura al servicio
del Estado: ese mismo año partió a Estados Unidos para asumir su primer cargo
diplomático como cónsul en Filadelfia, y desde Filadelfia envió el poema
"Patria" a un concurso destinado a celebrar el centenario del
nacimiento de Antonio José de Sucre, obteniendo el primer premio. A su regreso
a Caracas, en 1895, se sumó al equipo de colaboradores de la revista El Cojo
Ilustrado.
En
1899 apareció publicado en Caracas su primer libro de creación, Trovadores y
trovas, en el que reunió poemas y prosas, y al año siguiente su primera obra
narrativa, el libro de relatos Cuentos de poeta, al que siguió, en 1904,
Cuentos americanos. En ese mismo año publicó Pequeña ópera lírica, que marcó el
inicio de su madurez poética y que fue saludado por Rubén Darío, quien firmó su
prólogo.
De
estos dos primeros libros de poesía extrajo y publicó en París, en edición
bilingüe, una selección: Au-delà des horizons. Petits poèmes lyriques (1908), y
simultáneamente dio una primera recopilación de sus artículos publicados hasta
la fecha, Letras y letrados de Hispanoamérica. Para escribir su primera novela,
El hombre de hierro (1907), tuvo que vivir la cárcel en Ciudad Bolívar, adonde
le condujo su decidida y temeraria actuación, como gobernador de la región
amazónica, contra el monopolio del caucho.
Cuando
Juan Vicente Gómez dio el golpe de estado que lo llevó al poder, no vaciló en
pedir ayuda al ejército de Estados Unidos, que envió buques de guerra a los
principales puertos del país. Blanco Fombona, quien a la sazón era secretario
de la Cámara de Diputados, consideró que este acto entrañaba una inadmisible
violación de la soberanía del estado venezolano, y así lo argumentó en una
carta de protesta. Ello le valió ser desterrado del país, al que no pudo volver
durante veintiséis años.
Vivió
este largo exilio primero en París (1910-1914), ciudad con la que mantuvo
estrechos lazos durante toda su vida, y posteriormente en Madrid (1914-1936).
De lo mucho realizado por Blanco Fombona durante esta segunda etapa, cabe
destacar no sólo libros suyos fundamentales, como el libelo antigomecista Judas
capitolino (1912); los poemarios Cantos de la prisión y del destierro (1911) y
Cancionero del amor infeliz (1918), escrito con motivo del trágico suicidio de
su joven esposa; los libros de relatos Dramas mínimos (1920) y Tragedias
grotescas (1928), y las novelas El hombre de oro (1915), La mitra en la mano
(1927), La bella y la fiera (1931) y El secreto de la felicidad (1933), sino
también sus actividades como editor al frente de la Editorial América.
También
en estos años cobra cuerpo uno de sus proyectos más caros: reivindicar la
dimensión literaria y política de la obra de Simón Bolívar, de quien editó las
Cartas (1913, 1921, 1922) y los Discursos y proclamas (1913), así como una
recopilación de ensayos sobre el Libertador en la que aparecían reunidos por
primera vez textos de Juan Montalvo, José Martí y José Enrique Rodó, entre
otros (1914).
Cuando
regresó a Venezuela, a pesar de la buena acogida que recibió en círculos
oficiales, de su ingreso en la Academia Nacional de la Historia (1939) y de un
nuevo cargo diplomático en Uruguay, Blanco Fombona se recluyó cada vez más en
sus investigaciones históricas; en su Diario, del que publicó una tercera
entrega, y en la poesía: su canto de cisne, aparecido meses antes de que un infarto
lo sorprendiera en la capital argentina, es Mazorcas de oro, recopilación de
viejos y nuevos poemas. Su candidatura en 1925 al Premio Nobel de Literatura,
propuesta por notables escritores españoles e hispanoamericanos,
desgraciadamente no prosperó.
Su
obra
Rufino
Blanco Fombona se sorprendería seguramente si pudiera ver sobre qué parte de su
vasta obra se asienta hoy su reputación literaria. Para nuestros
contemporáneos, lo mejor del autor de los poemas de Pequeña ópera lírica y de
las novelas El hombre de hierro y El hombre de oro no está contenido en las
páginas de estos libros, sino en sus Diarios. Cerca de un millar de páginas
componen esta singular obra, que él mismo se encargó de ir dando a la imprenta
en tres entregas: Diario de mi vida. La novela de dos años (1904-1905) (1929),
Camino de imperfección (1933) y Dos años y medio de inquietud (1942).
Blanco
Fombona fue un modernista cabal, y como tal consideraba que el arte era
importante en la medida en que lograba dar un reflejo de la personalidad de su
autor en lo que de original y único pueda tener. De ahí que cultivara el diario
y las memorias, de ahí también que trufara todas sus novelas de intempestivas
irrupciones del autor en forma de alegatos contra este o aquel vicio de la
sociedad o la época. Pero también, como fiel seguidor de esa concepción del
arte y la literatura que había forjado Rubén Darío, consideraba que la
originalidad y fuerza de un escritor se sostenía en la calidad de su obra
poética. Hoy, salvo los estudiosos, pocos lectores frecuentan esa parte de sus
escritos, en la que este sagaz diplomático e inmenso escritor, que dejó cerca
de 35 libros y que cultivó con talento y erudición, además de los géneros
memorialistas, la novela, el cuento, la poesía y el ensayo literario e histórico,
basaba sus esperanzas de pasar a la posteridad.
Como
poeta, es uno de los paladines americanos del modernismo. Destacan sus primeros
libros de poesía, Trovadores y trovas (1899) y Pequeña ópera lírica (1904) con
prólogo de Rubén Darío, y posteriormente los Cantos de la prisión y del
destierro (1911) y el Cancionero del amor infeliz (1918) escrito con motivo del
suicidio de su esposa. Como novelista, su personalidad literaria está
seriamente afectada por la pasión política (El hombre de hierro y El hombre de
oro); otros títulos de su prosa narrativa, inseparables de su pensamiento
político, son: Cuentos Americanos (1904), Judas Capitolino (1912), Dramas
mínimos (1920) La mitra en la mano (1931) y El secreto de la felicidad (1935).
En sus cuentos y novelas se advierte la influencia de Maupassant y de Balzac
principalmente; en ellas vemos expuesto el credo naturalista y pesimista de que
el triunfo es la recompensa que cosechan los elementos más corruptos y viles de
la sociedad.
En
su valoración de la historia y destino de las naciones hispanoamericanas,
exaltó en el ideario de Simón Bolívar, de cuya obra fue uno de los primeros
editores sistemáticos. Oponía el "proyecto panhispanista" al
"panamericanismo" de raigambre estadounidense, y exaltó asimismo la labor
de los conquistadores españoles, fundadores de una comunidad de la que
emergieron las nuevas repúblicas.
Estas
ideas irrigan toda su producción, y sobresalen con particular vigor en la que
es su obra maestra: el Diario de mi vida (1929, 1933, 1991), que escribió a lo
largo de una agitada biografía de exilios y luchas políticas, que lo llevó a
residir, desempeñando cargos diplomáticos, en Holanda, Estados Unidos,
República Dominicana, Francia, España, Uruguay y Argentina, además de ocupar
cargos públicos en su país, en los breves lapsos en que le fue posible
desempeñarlos a salvo de persecuciones políticas.
Cómo citar este artículo:
Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografia de
Rufino Blanco Fombona» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y
Vidas, 2004. Disponible en
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/blanco_fombona.htm [página
consultada el 26 de abril de 2026].
Banda de Música Bolívar - Vladimir Hidalgo
PERSONAJES
Y VIVENCIAS DE MI PUEBLO
BANDA
DE MÚSICA BOLÍVAR
SAN
FERNANDO DE APURE
Ing. Vladimir
Hidalgo Loggiodice
La música, ese arte de combinar los sonidos y hacerlos agradables al oído, ha llevado a hombres y mujeres a deleitar a los apureños por 150 años con las célebres retretas, constituyendo lo que hoy se conoce como la "Banda de Música Bolívar". Demos un paseo por la historia de esta agrupación. El 24 de Octubre de 1871 el general Adolfo Antonio Olivo toma por asalto a San Fernando, adueñándose del poder regional. Inicia la organización del mismo y trae una banda musical para los actos protocolares, a manera de estar a la altura de las ciudades del centro del país, donde empezaban a proliferar estos conjuntos marciales al estilo europeo. Desde Ciudad Bolívar llegan doce músicos y el director Quirico Caballero. Es bautizada con el nombre "Banda de Música Piar". El 02 de marzo del siguiente año el general Ignacio Avendaño, presidente provisional del estado, ordena reestructurarla y la llaman "Banda Avendaño", bajo la batuta del mismo director, quien funda una escuela de música.
El 17 de agosto de 1874, por decreto de la Asamblea Legislativa regional, sufre nuevas modificaciones y desde entonces se le conoce como "Banda Apure". El 02 de enero de 1906, Ovidio Pérez Bustamante, presidente del estado Guárico, entidad a la que pertenecía parte de la región apureña, decreta la creación en San Fernando de la "Escuela de Música Gómez", que formaba al personal para integrar la "Banda Gómez", dirigida por César Ramírez Gómez, oriundo de Colombia. Este maestro da un gran impulso a la escuela, capacitando a todos los profesionales competentes del gremio de músicos. A partir de ahí todos los alumnos de Gómez eran jóvenes locales, destacando entre ellos José Ángel Zurita. El 20 de octubre de 1916 el general Vicencio Pérez Soto, presidente del estado, nombra al eminente educador y violinista Miguel Ángel Granados director encargado de la banda y el 18 de marzo de 1919 la asume Juan Vicente Gutiérrez, ejecutante del segundo clarinete en la "Banda Marcial Caracas".
El
Dr. Hernán Febres Cordero, en su carácter de presidente de Apure, dispone
ordenar esta organización, colocando al frente de la misma al profesor José
Ángel Zurita, quien permanece en el cargo hasta 1945, y asesora por 25 años
más, cuando se despide de este mundo en 1970.
Don
Julio César Sánchez Olivo, encargado de la presidencia estatal, mediante dos
decretos del 11 de diciembre de 1945, da a conocer la nómina de la banda y su
nuevo nombre, "Banda de Música Bolívar". Los integrantes, José Ángel
Zurita (director, cornetín principal y copista), Lorenzo Rojas (subdirector y
primer clarinete), José Vicente García (primer cornetín), Ramón Esteban Mendoza
(bombardino), Olimpo Rondón (bajo mi bemol), Luis Bacalao (segundo clarinete),
Carmelo Alvarado (segundo clarinete), Jorge Manuel Pulido (segundo genis),
Ricardo Mendoza (primer trombón de armonía), Antonio Montes (redoblante), Blas
Antonio Martínez (bombo y platillo), César Bermúdez (requinto y clarinete),
Ramón Rodríguez (requinto), Héctor Moncada (primer genis), José Rafael Medina
(segundo trombón de armonía), Carmelo Aracas (tercer clarinete y archivero),
José Rojas (segundo genis y atrilero), Víctor Silva (primer genis), Luis
Carrera (flautín) y Asdrubal Rivas (flautín).
Los
directores de la banda desde su creación, Quirico Caballero (1871-1901), César
Ramírez Gómez (1901-1916), Miguel Ángel Granados (1916-1919), Juan Vicente
Gutiérrez (1919-1922), José Ángel Zurita (1922-1945), José Ángel Zurita, hijo
(1945-1947), Ramón Esteban Mendoza (1947), Napoleón Baltodano (1947-1949),
Víctor Ramón Silva (1949-1958), Napoleón Baltodano (1959-1960), César Bermúdez
(1960-1961), Asdrubal Rivas (1961-1965), Víctor Ramón Silva (1965-1970),
Ricardo Solís (1970), Fernando Farfán (1970), Luis Eduardo Yáñez (1970-1975),
Fernando Farfán (1975-1984), Nelson Hernández (1984-1985), José David Pulido
(1985-1986), Luis Alfonzo Gómez (1986-2000) y Luis Ignacio Fernández (2000-a la
fecha). Grandes hombres dedicados al cultivo de ese género.
Banda
Bolívar y sus músicos en la década de los años 50 del siglo XX
A
finales del siglo XIX la retreta deleita a los sanfernandinos en la plaza
"Antonio Guzmán Blanco". Al caer el último mandato de este
gobernante, el pueblo derriba su estatua y pasa a llamarse "Plaza
Libertad", conservando la sede de presentaciones de la banda local. Ahí se
mantiene por décadas hasta la demolición del centro de distracción para dar
paso al bulevar. La retreta se muda los jueves a la "Plaza Bolívar" y
los domingos al "Monumento a la Bandera". Cuando una "mente brillante"
tranca el tránsito automotor alrededor del coso vecino a la catedral, muere la
vida nocturna del recinto y el son se traslada al bulevar. "En la década
de los setenta, siendo director Fernando Farfán, los muchachos de la agrupación
se uniformaban de guerrera y gorra. Un buen día se echaban los tragos en el bar
"El Coporo" y llega una redada de la Guardia Nacional. Los músicos ya
estaban pasaditos de licor y el teniente que comanda la unidad, recién llegado
al pueblo, al verlos uniformados pregunta a cuál cuerpo pertenecen. El maestro
Farfán, que ya no podía hablar por la alta ingesta le manifiesta, pertenecemos
a estos cuerpitos malogrados por el aguardiente. Esto enfurece al militar, pero
al enterarse quienes eran, no tuvo más remedio que sonreír".
En
los tiempos de director del profesor Luis Eduardo Yáñez, "Existía en San
Fernando un músico muy famoso conocido como el saxofón mágico y actuaba en las
cervecerías más prestigiosas de la ciudad. Este señor tocaba por oído, pero no
leía una papa de música. Un día se presenta en la sede de la banda solicitando
un cargo en ella. Yáñez que ya conocía el cuento, le coloca la partitura del
himno nacional y le dice que interprete el vals "Juliana", que era lo
que supuestamente tenía al frente. El saxofón mágico cae en la trampa y empieza
a tocar el vals. Yáñez con una sonrisa pícara le expresa que su futuro está en
los clubes nocturnos y no en la Bolívar”.
A
pesar de estar jubilado, el profesor Luis Ignacio Fernández, natural de Puerto
Ayacucho, aún dirige la banda musical. Debuta en 1971 como copista archivero y
hoy siente el orgullo de haberle dedicado 50 años de su vida a la música y
docencia en el estado que lo acogió como hijo. Ha impartido clases en varias
instituciones educativas y recibido múltiples condecoraciones por su labor. Con
el corazón en la mano expresa, "obtuve el cargo de director por ascenso.
Aunque parezca mentira, en más de cien años de la banda al más antiguo siempre
le corresponde dirigirla". Tienen cientos de canciones en el repertorio
para llevar alegría a los paisanos y visitantes. Aunque la situación país
también los ha alcanzado, y ello se refleja en uniformes, instrumentos y
atriles, ponen todo el esfuerzo para que la música haga olvidar los malos
momentos y llenar de esperanzas el futuro por venir.
A
pesar de varios años sin retretas, la "Banda de Música Bolívar" está
sembrada en cuerpo y alma de los apureños. Siglo y medio de excelentes melodías
no se olvidan jamás. Por ello, es una Vivencia de mi Pueblo, y sus músicos
Personajes de la historia bonita.
***
Edición y Montaje, Lic. Wladimir José Hidalgo Benítez.
***
La mayor parte de este texto es producto de conversaciones con el profesor Luis
Ignacio Fernández en el año 2001. Agradecimiento para él. También vaya nuestra
gratitud a Orlando Nieves, Iván Darío Pérez, Eduardo Hernández Bolívar, Chabela
Bermúdez, Chicho Bermúdez, Romel Rodríguez Mayol y Oswaldo Santana por el
respaldo fotográfico.
La Historia del petróleo en Guárico - Darío Laguna
La
Historia del petróleo en Guárico
Darío Laguna
En
el Estado Guárico la búsqueda del petróleo se desplazó desde el oriente del
país hacia los altos llanos centrales. A partir de la década del cuarenta se
intensificó la búsqueda a lo largo del piedemonte del ramal interior de la
cordillera central, mediante levantamiento de mapas y estudios geológicos.
"El área del Guárico presenta en total 20 acumulaciones distintas de
petróleo, entre las cuales se encuentran tres campos mayores en su parte oriental
o zona de Ruíz-Tucupido. Posee además importantes reservas de gas que no han
sido adecuadamente cuantificadas hasta el presente, pero que no pueden ser
olvidadas en el futuro en la estimación de producción de energía en el
país".
En
un recuento cronológico sobre los descubrimientos petroleros habidos en el
Estado Guárico, entre los años 1946 y 1949, anotamos textualmente los
siguientes datos tomados de la obra Cronología del petróleo venezolano, (1946:
27 de febrero). Las Mercedes termina el pozo exploratorio GRICO I, como un
pequeño productor (Cuenca de Maturín, 40 km al O del campo de Las Mercedes,
Estado Guárico). 26 de noviembre: Las Mercedes termina el pozo Mercedes-33 como
descubridor del campo Palacio (Cuenca Maturín, 25 km al SO del campo Las
Mercedes, Estado Guárico). 27de diciembre: La Atlantic descubre el campo de k
Tucupita (Cuenca de Maturín, 25 km al SO del campo Las Mercedes, Estado
Guárico). 1947: 7 de abril: el pozo exploratorio GXB-6 de la Creole descubre el
campo de gas en El Lechozo (Cuenca de Maturín, 25 Km al NO. de Las Mercedes,
Estado Guárico). 26 de septiembre: Las Mercedes descubre el pequeño campo de El
Punzón (Cuenca de Maturín, 30 km al O del campo Las Mercedes, Estado Guárico).
1948: 9 de julio: Las Mercedes descubre el pequeño campo Guavinita (Cuenca de
Maturín, 30 km, al SO del campo Las Mercedes, Estado Guárico). 12 de
septiembre: Atlantic descubre el campo de gas El Placer (Cuenca de Maturín, 5 0
km. al NE del campo Las Mercedes, Estado Guárico). 1949: 6 de abril: La
Atlantic descubre el pequeño campo de Tamán (Cuenca de Maturín, 60 km. al NE
del campo Las Mercedes, Estado Guárico). 9 de julio. La Atlantic y la
pancoastal descubren el campo Ruíz al terminar el pozo exploratorio Ruiz 3-1
(Cuenca de Maturín, 43 km. al SE del campo las Mercedes, Estado Guárico). 12 de
julio: Las Mercedes descubre el pequeño campo de Piragua (Cuenca de Maturín, 40
km. al SO de Las Mercedes, Estado Guárico)".
Los
geólogos habían comenzado a trabajar en las concesiones de las compañías
petroleras del Guárico desde 1932. La Creole Petroleum Corporation, en 1946
llevaba a cabo en dicho Estado uno de sus grandes programas de exploración.
Había adquirido 33 concesiones de exploración del Gobierno Nacional con un
total de 317.392 hectáreas, agrupadas en dos sólidos bloques con los nombres
de Barbacoas y Tamanaco. Ya la compañía petrolera Las Mercedes estaba encargada
de la explotación de las concesiones de la Texas y la Caracas Petroleum había
encontrado petróleo hacia el Sur y el Este de las concesiones de la Creole,
cerca de Las Mercedes.
Para
realizar su trabajo los geólogos hacían toda una movilización. Una vez
instaladas las oficinas y buscados los empleados y obreros necesarios,
comenzaba la mensura de las tierras. Luego las fotografías aéreas para elaborar
los enormes mapas panorámicos, después los estudios de geología de las
superficies en medio de grandes dificultades durante la época de lluvias. Todo
este proceso continuaba con medidas gravimétricas, sondeos sismográficos,
examen de muestras estructurales y, finalmente, perforación de pozos. Durante
1945 trabajaron tres cuadrillas por espacio de 15 meses para cubrir una
superficie de 65.000 hectáreas.
En
un reportaje publicado en la revista “El Farol", se dice lo siguiente:
"Actualmente, solo con la esperanza de encontrar petróleo, ya el interior
del Guárico bulle en nueva vida y trabajo. Los hombres de Ortiz y El Sombrero
se trasladan en modernos camiones al campo de la Creole en Carrizal, donde se
está construyendo un campamento permanente para 400 personas que trabajan ya
con la Compañía en el Guárico y para todos aquellos otros que serían empleados
en caso de hallarse petróleo".
La
presencia de la empresa petrolera en Carrizal alteró notablemente la vida
económica y social de los pueblos circunvecinos y de manera particular a El
Sombrero y Barbacoas. Los propios habitantes de El Sombrero obtuvieron empleos
en la empresa como oficinistas o como obreros. Muchos de los residentes en los
campos aledaños, en donde tradicionalmente se habían dedicado a la agricultura
y a la cría, abandonaron estas labores para buscar trabajo en la compañía. De
otras regiones del país, especialmente del Oriente, llegaron empleados y
obreros especializados para residenciarse en el pueblo. Surgieron nuevos
negocios: pensiones, botiquines, pulperías, tiendas. Aumentó el tráfico de
dinero. Las autoridades tuvieron que tomar medidas para controlar el orden
público. Es decir, El Sombrero se convirtió de repente en un pueblo de vida
petrolera, con todas las características de los del oriente del país. Los
automóviles, camiones y autobuses de la compañía Plaza Bolívar los transportes
esperaban a los trabajadores para llevarlos a Carrizal. En los botiquines se
intensificaba la venta de cerveza y las rockolas emitían la reiterada
estridencia de las canciones rancheras de Pedro Infante y los boleros de Leo
Marini. Vinieron mujeres de otras partes. Un día apareció un hombre muerto en
la calle como resultado de un homicidio. Nuevos nombres y apellidos se hicieron
populares en el pueblo.
En
el vecino Carrizal, en plena sabana guariqueña, se construyó un campamento con
sus casas, con capacidad para alojar 500 o 600 trabajadores. Las casas estaban
hechas de ladrillos o de acero prefabricado. El poblado desapareció a los pocos
años y estuvo asentado en el mismo sitio donde se halla la Base Aérea Capitán
Manuel Ríos. Aún permanecen en buen estado de conservación las oficinas
principales de la antigua Creole Petroleum Corporation: Superintendencia,
Contabilidad, Ingeniería, Geología, Correos y Relaciones Industriales.
Un
hecho que llama la atención por sus fines sociales fue la construcción de un
Hospital en Carrizal para atender las necesidades de los trabajadores, el cual
fue inaugurado en 1947. Estaba dotado de servicios médicos y quirúrgicos,
farmacia, laboratorio y rayos X, con capacidad para 15 camas. El edifico medía
20 metros de ancho por 40 de largo. La armazón era de acero limado, a prueba de
incendios, los cuartos a prueba de ruidos, el piso de granito. Tenía sala de
espera, salones para consultas, sala de operaciones, oficinas para los médicos,
cocina exclusiva, luz eléctrica continua y agua corriente caliente y fría. El
Director fundador fue el Dr. Enrique Fierro Herrera. Al acto de la inauguración
asistió el Presidente del Estado Guárico, Ricardo Montilla, Don Gerardo Esáa,
Jefe Civil de El Sombrero y los miembros del Concejo Municipal del Distrito
Mellado, entre otras personalidades.
A
finales de 1947 la Creole inició el desmantelamiento de Carrizal, con la
justificación de que la búsqueda de petróleo había sido improductiva ya que
después de una inversión de Bs. 58.000.000 en la perforación de diez pozos solo
se obtuvo gas natural en uno de ellos, "pero en conjunto ninguno produjo
petróleo". En el informe publicado en la revista "El Farol” se consigna
lo siguiente: "Aunque los trabajos de exploración resultaban muy costosos,
debido a la falta de carreteras, agua potable y el largo acarreo de materiales
pesados desde los puertos marítimos, la Creole no escatimó cantidad alguna para
iniciar sus actividades en aquel lugar. Desde el comienzo de las operaciones,
en 1944, se han gastado más de Bs. 58.000.000.oo. La Creole contribuyó con gran
parte de la construcción de la carretera de 330 km. a través del Guárico desde
El Sombrero hasta Puerto La Cruz. Diez pozos exploratorios fueron perforados a
un costo de Bs. 1.050.000 cada uno. En Carrizal, en las cercanías de El
Sombrero, la Creole levantó un campamento con comodidades modernas para sus
trabajadores con escuelas, hospital y pista de aterrizaje". En el citado
informe se consigna, además, que la compañía proseguirá explotaciones en la
zona de Tamanaco, y que los trabajadores de Carrizal serán transferidos para
otros lugares con mejores salarios que los devengados cuando ingresaron al
campamento debido a la experiencia que habían obtenido como perforadores,
mecánicos, soldadores, choferes, ayudantes en trabajos de geología y otras
especialidades. Finalmente, el informe se refiere a los beneficios que el
Guárico recibió de la compañía a través de la carretera, para el comercio, la
agricultura y la cría; por medio del aeropuerto para el transporte de carne
para Caracas y en cuanto a la salubridad y lucha contra el paludismo.
En
la misma forma como llegó la compañía, así se marchó, todo sucedió con asombrosa
rapidez. Muchos de los trabajadores aceptaron el traslado a otros campos,
especialmente aquellos que procedían de distintas regiones. Otros se quedaron
para empezar de nuevo en sus anteriores labores. De repente el pueblo quedó
solo. Ya no se veían los carros de los americanos, veloces por la carretera, ni
los autobuses repletos de trabajadores. Cerraron algunos negocios. Los
improvisados hospedajes, divididos por cartón piedra quedaron vacíos. Se
apagaron las rockolas. La presencia de la compañía se fue desdibujando en el
tiempo.
Poco
a poco el pueblo fue recuperando su normalidad, su estado habitual. Su destino
no estaba propiamente en el petróleo. Las tierras regadas por el Guárico y el
Orituco tenían la riqueza en la superficie "a flor de tierra" para
producir alimentos mediante las actividades tradicionales de la agricultura y
la cría. Sólo había que tecnificar los métodos, utilizar los adelantos
científicos, renovar los sistemas, aprovechar la experiencia y vocación de
hombres venidos de ultramar, formar técnicos y universitarios del campo, en fin
cambiar la mentalidad del antiguo conuquero por la del productor
agroindustrial. Desde entonces vamos buscando ese camino.
Darío
Laguna. El Sombrero, Guárico, 1925. Biógrafo y cronista. Profesor de Geografía
e Historia egresado del IPC. Fue Director de Publicaciones del IPASME.