Páginas

Salvador González - Claret Rodríguez

                                    Salvador González, con Carlos Pérez, Rooselvet y Plessman

Salvador González 

El Magistral”

Profesor: Claret Rodríguez

EL CANTOR, COMPOSITOR, MÚSICO Y ENAMORADO DE

SU PRINCESA DEL LLANO (VALLE DE LA PASCUA)


En una madrugada del 09 de Noviembre del año 1940, los gallos con su canto, y el bramar de las vacas, comenzaron a serenatear el nacimiento de quien se llamara SALVADOR GONZÁLEZ, en el caserío La Pastora, entre los sitios denominados LA GUASIMITA y EL BARBASCO. Aquel niño era hijo de Doña Olimpia González y de Don Rafael Súnico, de cuya unión nacieron otros hermanos: María Agustina, Néstor, Aparicio, Régulo (desaparecidos), y actualmente están vivos Josefina, Eustoquio y Carlos.

El ambiente natural conformado por el canto de las aves y la floración del araguaney con los primeros aguaceros de mayo marcaron la musa poética inspiradora de SALVADOR GONZÁLEZ, para que en su mente manaran sus bellas composiciones.

A los siete (7) años se muda a la población de El Socorro hasta los catorce (14) años, estudiando del primero al cuarto grado, para luego trasladarse a Roblecito, donde estaba funcionando un campo petrolero, cursando el quinto y sexto grado. Con ese afán de seguir estudiando y superándose SALVADOR GONZÁLEZ, se marcha a la ciudad de Caracas, en 1956, y se inscribe en la Escuela Normal “MIGUEL ANTONIO CARO”, donde termina sus estudios como Maestro de Primaria en 1960, con apenas veinte (20) años de edad.

A los diecinueve (19) años grabó su primer disco 45 RPM donde aparecen las canciones por el lado A: La Perdiz y por el Lado B: La Palma Llanera, compartiendo su letra y su música con José María Gutiérrez. Regresa a su Valle de la Pascua a ejercer su Docencia compaginándola con el canto, la música y sus composiciones; su sueño se le hizo realidad, grabando varias de sus canciones en diferentes discos de 45RPM tales como: Quiero olvidar, Terezen, Cojedes, Trigueña, Ferias de la Candelaria, Nuevamente, Medio Corazón, Camino Triste, Caicara del Orinoco, Marisol y su himno Paraíso del amor; también grabó canciones de grandes compositores como: José Oscar Guerra, Germán Fleitas Veroes, Víctor Brizuela (El gavilán de Barinas), Valentín Carucí, Luís Cruz, y la Canción que lo llevó a recorrer los confines de la patria “SOISOLITA”, del poeta portugueseño Joel Hernández; aparte del canto demostró aptitudes musicales hacia el arpa, el cuatro y las maracas.

Por iniciativa propia del zaraceño Profesor José Oscar Guerra, comenzaron a organizar, en el año 1963, lo que se llamó “EL QUINTETO MAGISTRAL” con los Docentes: Rafael Zamora, Ricardo Hurtado, Luís Fernando Melo y Salvador González, todos Educadores, llegando a grabar tres (3) LP. Como  solista,  Salvador  grabó  quince  (15)  LP  bajo  el acompañamiento de los Maestros del arpa: Octavio Séijas, Guillermo Hernández, Eldo Montilla, Joseíto Romero, Henry Rubio y otros más. Como interprete conquistó varios Festivales como: Maracaya de Oro, San Carlos de Austria, Samán de Güere, Panoja de Oro, y otros más. Fue Jurado en más de treinta (30) Festivales Nacionales e Internacionales como: La Panoja de Oro, Maracaya de Oro, el Soldado de Oro y otros. Recibió muchos reconocimientos por su trabajo y su constancia en cantar, componer, divulgar y promocionar la música de Venezuela tales como:

      Orden Ricardo Montilla, en el Estado Guárico.

    Orden 27 de Junio, en su primera clase, en el Estado Apure, por treinta (30) años como Docente.

      Orden de la Ciudad de Turmero.

      Botón de la Ciudad de Valle de la Pascua, que también lo declaró Hijo Ilustre.

      Homenaje en la Panoja de Oro.

El maestro SALVADOR GONZÁLEZ, trabajó como Educador en las aulas de las Escuelas Básicas hoy Unidades Educativas: Carlos José Bello, Escuela Artesanal Granja, Lazo Martí, González Udis, en la Unidad Educativa Rafael Paredes de las Mercedes del Llano, como Sub-director desde el año 1969 a 1974, y asumió la Dirección hasta el año 1976, luego pasa al Grupo Escolar Las Delicias, en Maracay, como Director.

Contrajo matrimonio acá en Valle de la Pascua, con la señorita Elena Rodríguez, la cual fue conquistada, según él, a través de las serenatas, procreando cinco (5) hijos, 2 hembras y 3 varones: Martha Elisa, Marga, Álvaro, Rodrigo y Gonzalo. Salvador González, se convierte en el serenatero mayor y más cotizado de Valle de la Pascua. Se decía a modo de remembranza que una serenata de Salvador profundizaba más el amor entre los novios y son muchos y muchas los que se casaron con el respaldo del canto del Magistral, que con sus melodías las muchachas abrían sus ventanas para recibir canciones como: Esperanza, tengo Esperanza, Yo quiero que esta noche no la olvides, Abre tu ventana mi amor y escucha mi canción, Hay un rumor, Despiértate y Levántate mi amor y otras más. Se residenció en la Cuidad Jardín de Venezuela “Maracay” donde conquistó el corazón de todos los aragüeños, continuando con su carrera artística musical, cosechando triunfos y sobre todo cosechando amistades y el reconocimiento por su trayectoria en la música venezolana; acumuló mucho más de treinta (30) años de servicios como Educador, y como cantante más de cuarenta (40) años.

El destino le tenía preparada una mala jugada, la cruel enfermedad comenzó a golpearlo y a mermarle su salud hasta que lo llevó a la tumba; aun con esta, su enemiga, conservó su bien timbrada voz, siendo el Salvador González de siempre.

¿Por qué El Magistral? Lo hecho con maestría, lo perfecto, razones de sobra para merecer ese calificativo. Fue un Magistral  maestro,  fue  un  Magistral  cantante,  fue  un Magistral músico, fue grande el aporte de Salvador González a la educación, al deporte del béisbol, softbol como árbitro, fue un gran jugador de bolas criollas, podemos concluir que nuestro inolvidable y eterno Salvador González “EL MAGISTRAL”, fallecido el 29 de Junio del año 1997, en la ciudad de Maracay, a las 9 de la noche, en la casa de una familia que lo cobijó y que le dio todo su apoyo en sus últimos momentos, la familia Lugo, y de su amigo incondicional su médico de cabecera el Dr. Douglas Ledezma.

Salvador tenía 54 años cuando murió, y hace 19 años de su desaparición física, sus restos fueron velados en la Casa del Artista, en Maracay, recibiendo los honores correspondientes, y luego se trajo a su tierra que lo vio nacer y crecer y a la que tanto amó: Valle de la Pascua, la Princesa del Llano. Su velatorio se realizó en el Complejo Cultural “Víctor Vera Morales”, y fue sepultado en el cementerio denominado “Los Bálsamos” de esta ciudad.

 

A mi maestro: Salvador González el Magistral.

Su Alumno: Claret Rodríguez.


Héctor Ortega - Degnis Romero

                          Héctor Ortega, con ramillete conformado por tres de sus nietas

El maestrico de La Esperanza

Héctor Ortega

Degnis Romero

Siempre ha sido un gustazo conversar con Héctor Rafael Ortega, personaje aguerrido y tenaz forjado en la fragua de la lucha cotidiana, que arrostra con entereza y aplomo. Dichas virtudes le han permitido brillar con luz propia en diferentes facetas existenciales tales como la de educador, ya jubilado, la de comunicador social con énfasis en el servicio público y en las costumbres y las tradiciones, así como la de político enraizado con los valores democráticos y con los problemas de la comunidad vallepascuense donde se ha desenvuelto desde temprana edad. ¡Un hombre con esencia de pueblo!

Aterrizó en este mundo por los lados del caserío “La Esperanza”, ubicado en el otrora Distrito Infante del Estado Guárico, un 11 de julio de 1945, recién finalizada la segunda guerra mundial. Quizás esto le impregnó el temple guerrero.

Lo que no se sabe es de dónde le surgió la característica de mamador de gallo pertinaz que exhibe con maña fecunda haciendo recordar las extraordinarias dotes en esas lides del entrañable amigo Joseff Aguilera, o “Pata ‘e tuqueque” para los allegados, quien le enquistó el mote de “Leche Carabobo”, vaya usted a saber por qué motivo.

No presume de ser 'vallepascuense nato’, ni tampoco utiliza el horrendo barbarismo ‘Vallemetío’, como sí lo hacen algunos nacidos en los montes de Espino, Parmana, Carito Seco, Mata Redonda, Mamonal, Corozal, Jácome y un largo etcétera. Es pertinente recordar que el amigo y ex-compañero de trabajo Doctor José Andrés Octavio, eminente cardiólogo graduado en Italia, suele decir: ¡El que no habla italiano es un bárbaro! Para nosotros lo es quien usa la expresioncita de marras, a excepción de su creador el virtuoso Padre Chacín.

Lo llamamos ‘a la hora señalada’ por él, como cualquier Gary Cooper, y le decimos que para nosotros la puntualidad es una religión, detalle con el que se muestra en absoluto acuerdo. Comenta que trabajó un tiempo bajo la tutela del Padre y que se rige por lo que se conoce como “La hora chacinera”. Dice que cuando al Padre lo convocaban a una reunión, por ejemplo a las siete de la mañana, se aparecía quince minutos antes, y si a las siete y diez no había llegado la gente, preguntaba: Bueno, ¿a qué hora son las siete aquí?

En el ínterin, viene a la memoria nuestra primera charla telefónica el día que, por casualidades del destino, estábamos de visita en Valle de La Pascua, en septiembre de 2010, y  escuchamos, por vez primera, su programa “Curucuteando”, que se transmitía los domingos de 8 a 10 am, por la emisora Popular 106.1 FM. En esa oportunidad comentó un escrito que habíamos hecho días atrás acerca del maestro Rufo Pérez Salomón, quien se mostraba en una foto que nos había enviado su sobrino Luís Guillermo Pérez Jiménez, con su orquesta “Monumental”, en el año 1956. Héctor leía parte de lo escrito: Los muchachos que aparecen en la foto con Don Rufo son: Santoyito, Rafael Rengifo, Jesús M. Bolívar, Ricardo Hurtado, J. Miranda (Castro), Críspulo Monserrat, Alex López, Manuel Martínez (Chivo), Carlos Montilla y Zamuro. Se agradece a los lectores que tengan algún familiar en esa lista, favor indicar las referencias de estos personajes, en especial del primero y del último. Simón Romero, no sale porque estaba jugando una partida de dominó. Al escuchar el asunto llamamos a la radio y nos sacó al aire para conversar acerca del tema y obtener los créditos pertinentes al escrito. Ello sirvió, además, para hacernos invitar a uno de sus programas para promocionar el Reencuentro Gilfortouliano de 2010.

Luego nos hicimos habitué de ese interesante programa, gracias a que se transmitía vía Internet, de tal forma que lo llegamos a catalogar de adictivo, hasta hace un año cuando lo escuchamos anunciar que salía del aire por un cambio en el bullpen. De inmediato le enviamos este SMS: Ese ‘cambio’ recuerda una enfermedad de las encías: ¡Corrimiento!

Lo primero que nos cuenta es que está recuperándose de una intervención quirúrgica a la que fue sometido hace varios meses para instalarle un marcapasos y corregirle una bradicardia que le tenía las pulsaciones por el piso. Dice: Me la hicieron unos verdugos, el Dr. Mauricio Rondón (líder en ese procedimiento en el Hospital Universitario de Caracas y en la clínica Atías), el Dr. César Ochoa (hermano del compañero gilfortouliano y también cardiólogo reconocido el Dr. Régulo Ochoa), y el Dr. José Antonio Ron Parra (hijo del Dr. José Antonio Ron Troconis). Agrega que se siente bien, que está de vacaciones y que se toma sus cervecitas, pero por los precios ya no al estilo Juanga: ¡Muy de vez en cuando! Dice: ¡Aquí tenemos ‘economía dolarizada’ y ‘venezolanos dolorizados’!

Agradece el apoyo y atenciones de su amigo y mecenas Juan Luís Loreto, y agrega que está guapeando con guáramo que es lo único que le queda: ¡Lo demás se me acabó tó!

Por si pareciera poco sucedido, comenta el fallecimiento de una hermana hace pocos días.

Con la referencia de Joseff, salen a colación sus vecinos de enfrente Adolfredo González “Cara ‘e candao” y Juan José González, alias “J.J.”, a quien define, con la mordacidad que lo caracteriza, como el único pelotero que se le desgastaba el uniforme por las asentaderas, porque siempre jugaba banco; y agrega: ¡Primero fue sastre y después hacía desastre! Hacía cortes para liquilique y flux al maestro Don Carlos Zambrano, quien tenía la sastrería “La Mejor”, en la esquina de las calles Atarraya y Guásco, diagonal a la iglesia. Ese mismo local fue ocupado luego por la zapatería “La Llanera”.

Añade que, antes de eso, La Pascua solo contaba con pantaloneros que hacían garrafis y trabajaban con kaki Palo Grande, pero después llegó el drill, el lino 100 y el lino inglés, entre otros, que cortaban los Araujo y Fernando “El Calvo” Ulloa, padre de Maureen Ulloa, excelsa atleta en la época de oro gilfortouliana, también como sastres de Zambrano.

El tema se extiende hasta Gustavo González “El sastre de oro”, nuestro proveedor de ejemplares del periódico “El Reportero”, a cambio de un pan especial, quien era padrino del cuñado Carlos Humberto “Pata ‘e rocola” Bolívar Leal. Héctor fue cronista colaborador de ese mensuario y hacía interesantes trabajos de investigación, entre ellos uno acerca de la historia de los bodegueros y pulperos del pueblo. Ese escrito fue víctima de los duendes de taller, siendo recortados algunos bodegueros insignes como Carmito Bolívar, ubicado en la esquina de las calles Descanso y Schettino, ganándose un aireado reclamo del otro cuñado Juan Francisco Bolívar, a nombre de la extensa familia Bolívar Leal.

Se expresa con extraordinaria locuacidad y facundia, cualidades reforzadas a través de su periplo por emisoras  como Radio Enlace, donde permaneció a lo largo de diez años como director y donde también tenía un programa de opinión y entrevistas de alta sintonía, así como en Popular 106.1 FM, donde mantiene un programa de corte similar en conjunto con su director y amigo Carlos González, de lunes a jueves.

Comenta que está en planes de retomar su programa “Curucuteando”, en virtud de las innumerables solicitudes de la audiencia hechas a su persona y a la emisora.

Producto de esa experiencia, guarda en su casa rumas de carpetas con guiones manuscritos que contienen buena parte de la historia local recogida vía tradición oral, donde incluye costumbres, tradiciones, familias, personajes, lugares y caseríos, refranes y expresiones, gastronomía, etc. Todo ello enmarcado en lo que define como ‘el picante de pueblo’.

Dice que José Tomás Montilla, hermano de su esposa Edilia, en reincidentes nupcias, le ha propuesto ayudarlo a transcribir todo ese material para que sirva de referencia a quien quiera empaparse de la médula pascuense.

Su otro cuñado Carlos, es propietario del afamado club “La Antena”, ubicado en la vía hacia “El Corozo”, por lo que se presume que también tiene acciones en ese negocio.

No forma parte de la peña intelectual, especie de “República del Este” vallepascuense, que, según expresa, se dedica al estudio de las literaturas griega y romana. Dice que él se especializa en lo folclórico y pueblerino, en personajes como Unsio, Galavís, etc. Añade: ¡Lo mío es el perraje, pues!

Su formación profesional se inicia en la Escuela Técnica Industrial de San Juan de los Morros, donde fue Presidente del Centro de Estudiantes; luego pasa a la ETA de Valencia, siendo Secretario de Organización del Centro de Estudiantes y de donde egresó como Perito Mecánico. Más tarde egresa del Instituto Pedagógico de Barquisimeto, como Profesor de Educación Técnica, mención Artes Industriales, cumpliendo labores en la friolera de 27 instituciones, entre las que se cuentan los liceos José Gil Fortoul y Víctor Manuel Ovalles.

Ha sido también exitoso en su carrera como político, llegando a ser Concejal y Presidente del Concejo Municipal de Valle de la Pascua, arrasando en votación popular en 1986-87. También ocuparon dicho cargo nuestros compañeros gilfortoulianos Luís “Tita” López Toro, en 1983-84 y Haydée ”Pastelito” Ruíz, por partida doble en 1985-86 y en 1989.

El calificativo de “Maestrico de La Esperanza” se lo puso un contendor político que intentó desprestigiarlo utilizando el término con sentido peyorativo y le salió el tiro por la culata porque le sirvió para ganar más confianza en los electores.

No podía faltar en la conversa las alusiones a su amigo, colega y compadre el profesor Ángel Agustín Sarmiento Bueno, nativo de El Tocuyo de la Costa, y coterráneo de nuestro compadre el profesor Juan Urquía, “El Tortugo” en los corrillos botiquineros y “El Quelonio” en los ambientes sofisticados. Manifiesta, en términos jocosos: ¡Mi compadre lo único bueno que tiene es el apellido!

En razón del tejido espacio-tiempo einsteniano, cuenta solo algunas pocas de las mil y una anécdotas que tiene:

Nos la pasábamos bebiendo cervezas y jugando bolas criollas en “La vuelta ‘el cacho” de Juan Ramón Hernández. Eran muchas las veces que nos veníamos sin pagar porque le tirábamos un fiao a Ismael Hernández. En una oportunidad estaba ya incómodo porque cada vez que dejaba la botella de cerveza para tirar la bola regresaba y no la encontraba. Dije: Ya voy a averiguar quién me está tomando la cerveza, me fui a una mata de ají putico que quedaba cerca y le estrujé varios al pico de la botella, la puse en la silleta y me fui a jugar.

Cuando estaba tirando la bola escuché a alguien que se quejaba y escupía con la boca encendida por el chirel. Ahí fue que descubrí que era mi compadre quien se tomaba cualquier fría que encontraba realenga.

Mi compai tiene una particularidad: cuando se rasca comienza a estirá el pescuezo y a pelá los ojos como gallo aireao, así como esos gallos que empiezan a buscar aire cuando les dan un espuelazo en el pescuezo.

Una noche lo traía rascao en una camioneta de cinco días de nueva y venía dando tumbos como un porfiao en el asiento. Le daba cabezazos al parabrisas y al vidrio de la puerta. Le dije: compai, enderécese porque me va a acabar la camioneta.

Otra vez nos fuimos con Ramón Rodríguez y Víctor Díaz, esposo de Ana Julia de Díaz, a pescar de noche en la laguna “La Emilia” que ahora es del Dr. Manuel Fernández “Miningo”. Llevábamos una especie de balsa de aluminio, mi compai era el encargado de los remos que reclamaba por sus orígenes marineros y Pájaro Loco iba parado chuceando con una linterna. De repente ven un candil y cuando el gago alumbra era una tremenda culebra de agua y dijo: ¡Da-da-da-le pa’ tras que ella está en su ambiente! Mi compai soltó los canaletes, se volteó la balsa y quedaron enredados con la culebra. De ahí salieron despavoridos abandonando la balsa y la cava con las botellas de ron que llevábamos.

Cuando salíamos rascaos nos parecíamos a Tarzán con un cuchillo entre los dientes y gritando en plena selva, pero en esa oportunidad volvimos jadeando como perro con moquillo y con el rabo entre las piernas.

Fueron incontables los viajes a Parmana, a La Peña y a ríos y pozos donde íbamos a pescar a medianoche. Una vez nos metimos en La Puerta ‘e La Peña. Ahí había una señora que vendía sus cervecitas a real. Mi compadre se sentó en un chinchorro, se puso a hacer maromas y comenzó a dar vueltas como un gurrufío. Tuvimos un buen rato desenredándolo de las cabuyeras. No se tomó ninguna, pero por las volteretas le dio una pea que le duró tres días.

Una vez nos abandonó porque se encompinchó con Manuel Álvarez “Mano ‘e leña”, quien era muy solicitado para matar reses y asar la carne en vara. Sarmiento tenía una camioneta Wagoneer donde transportaba al hombre y a sus ayudantes. Siempre regresaba con alguna vara ‘e carne o con medio costillar, además de tomarse sus cervezas gratiñán. Con razón no aceptaba ningún reclamo por el abandono.

Cierra ese apartado y abre otro relacionado con su incursión en la música y el canto: Desde chamo me gustó cantar; tenía buena voz y me iban a buscar a la casa para dar serenatas. A mi mamá, María Clemencia Ortega “La India”, criada entre las faenas del hato “Mira bien”, nunca le gustaba porque sabía que detrás de eso estaba la caña. Cantaba canciones de Mario Suárez, Héctor Cabrera y Rafael Montaño. Después me aprendí las canciones de Antonio Heredia y de Eleazar Agudo, a quien conocí en Valencia, el año 1964, y ensayaba con su conjunto en su casa. Era un gordo muy simpático que tenía un carro modelo Studebaker como de quince metros de largo, con los amortiguadores caídos del lado del chofer porque no aguantaban el peso del gordo. 

Tengo voz de tenor. Cantaba Conticinio, en re mayor, Soberbiamente, Indecisión, Besos en mis sueños, entre otras. También coincidí con Salvador González, en Las Mercedes del Llano. Trabajamos juntos en una escuela técnica industrial que luego se convirtió en el liceo Pedro Itriago Chacín. Nos la pasábamos de fiesta en fiesta, una vez me presentó en la feria de La Pascua y canté Conticinio acompañado por el conjunto de Guillermo Hernández. Después me acompañaba el compai Enrique Ramírez, con el arpa. Gané varios festivales, entre ellos uno de la voz profesional, que organizó León Párraga y participaban colegios profesionales: Licenciados en Educación, Ingenieros, Abogados, Economistas, Profesores, etc. Conmigo participó Alfredo Martínez, el hermano de Armando. Los dos trabajábamos en el Concejo Municipal, él como administrador y yo como presidente. Alberto Torrealba “Bombillo Flojo”, era uno de los favoritos. Esa noche me eché unos tartagazos y les gané en el renglón Estilizado, cantando Indecisión. Alfredo ganó en el renglón Recio por el colegio de Economistas.

Otro que me acompañaba algunas veces era Juan “Culeco” Ortega, un tremendo cantante de la época del combo “El Roble”, junto con su hermano Pedro, quien tocaba el teclado, la guitarra y el cuatro como le daba la gana. El complemento era Juan Ramón Piñero, el profesor.

Juan “Culeco”, otro compañero gilfortouliano que estuvo desde los inicios de ese combo, contaba que ensayaban en la casa de la profesora Mercedes Rengifo, usando charrascas y pitos. El cuento está en la entrevista al profe Aníbal Matute.

Una de las recientes actuaciones de Héctor fue en el homenaje a Juan Vicente Torrealba, en la Cámara Municipal, con motivo de sus 100 años, donde cantó varias canciones del maestro incluyendo una de sus favoritas: Rosario. Fue un acto simbólico porque el homenajeado no estuvo presente

Luego comenta, de manera rasante, su paso por el Country Club, donde trabajaba de ‘toero’ en 1961, siendo su presidente el Dr. Rafael Ledezma, acompañado, entre otros, por los doctores Carlos Clavo, Emilio Carpio Castillo y Simón Armas. Como curiosidad, dice que ganaba 60 bolos, el valor de una botella de Old Parr. Evoca las parrillas de Cunaguaro, a 7 bolos, porque hoy un pollo frito vale más de un millón, y no puede comprar ni una botella de ron porque cuesta un ojo ‘e la cara. Por eso, quiere montar un alambique en el techo de su casa para sacar un lavagallo usando bagazos de caña.

Otra actividad que rememora es la de colearse en las fiestas del hotel San Marco. En una oportunidad iba con una patota donde estaban Edilberto Rivero “Cachirulo”, de la esquina de Amaral, e Isidro Oropeza “El Gallo”, este último se quedó guindando del alambre de púas por el saco de un flux prestado que cargaba y pensaba que era un policía que lo estaba atajando. Se le escuchaba gritar: ¡Suéltame policía!

Su inquietud artística y cultural lo llevó a ser artífice principal de diversos festivales de música llanera, en Valle de la pascua, entre los que destacan “La Panoja de Oro”, que se realiza una semana antes de la Feria de La Candelaria y que también presidió, la “Fundación Panoja de Oro” y el “Festival Infantil Cantaclaro”.

Ha sido objeto de diferentes homenajes, entre ellos el de diciembre de 2016, cuando el alcalde Pedro Elías Loreto, el presidente de la Cámara Municipal Carlos Torres, y demás concejales, lo agasajaron en Sesión Solemne durante el acto de conmemoración del día del locutor.

En 2013, le fue conferida la “Orden Luís Adolfo Melo” en la Cámara de Comercio de Valle de la Pascua.

Héctor Ortega, es, en resumen, una persona de gran calidad humana, un ejemplo palpable de evolución personal, profesional y espiritual, que sirve de estímulo y acicate a las generaciones de gentes con orígenes humildes para encarar sus proyectos de vida con tesón y sacrificio. Una tarea nada fácil, en especial si se tiene un carácter atravesado como él: Algunas veces me toca consultar al Dr. Rubén Pandávila, y le digo: Chico, ando riéndome solo por ahí, ¿Será que ‘toy loco?

Cierra el cuento contestando a la pregunta de quién es su papá: José Mercedes Belisario. Es medio hermano de José Manuel “Mununo”, compañero gilfortouliano, de Rafael y de Teresa Amelia de Moreno, esposa de Humbertico Moreno.

Mi papá se la pasaba en una tertulia en la esquina de Don Adolfo López. El sitio se conocía como Punta del Este. Allí se reunían unos viejos gomeros a recordar el pasado, algunos eran coroneles porque en esa época cualquiera que agarraba un máuser y se alzaba un tiempo en esos montes, si no lo dejaban ‘sembrao’, regresaba convertido en coronel o general.

Estuve atacando a una muchacha y alguien, con aviesa intención, le dijo que yo era bastardo. Un día ella me preguntó: Héctor, ¿tú eres Bastardo?, y le dije: ¡No chica, yo soy Ortega!

Popular 106.1 FM

Instructivo para irse - Quetzal Noah

 

Instructivo para irse

Quetzal Noah

Me voy a ir. No se trata de ti. Se trata de mí, de una deuda que tengo con la felicidad. De una promesa que le hice a mi inseguro adolescente y a mi joven soñador. Me voy a ir, estoy harto de muchas cosas. De no poder ser yo, de callar lo que siento, de fingir la sonrisa en lugares donde no encajo con gente que no me despierta el más mínimo sentido de interés. Me quiero ir y caminar, caminar mucho hasta que me duelan los pies y no preocuparme por regresar o mirar el reloj. Divagar con la música y los libros y pretender renunciar a esta dimensión por un buen tiempo. Me voy a ir. No se trata de ti. Tengo curiosidad del mundo y de lo que puedo ser yo en un lugar que no conozco. Yo no sé si conozco la felicidad, pero la paz de estar sin deuda conmigo mismo siempre fue la más alegre de mis anfitrionas. No me esperes, no me idealices, no tengas expectativas de mí; ya renuncié a todo eso.



Juvenal Cordero - Degnis Romero

 

Juvenal Cordero. Foto cortesía de La Casa

Valores vallepascuenses

Juvenal Cordero

degnis.romero@hotmail.com

        Es un privilegio conversar con Juvenal Cordero, músico humilde y sencillo, de gran calidad humana. Le preguntamos acerca de su devenir existencial y nos cuenta: Nací el 27 de septiembre de 1950, en Valle de la Pascua, Estado Guárico, en la calle Puerto Arturo (hoy Paraíso), de Garcitas a Cantarrana, cerca de la “Calle de las Gandolas”, donde Juan Giral hizo la avenida Libertador. De niño lavé carros, limpié zapatos, vendí periódicos para Doña Luisa Zamora, y revistas como: El Gallo Pelón, La Esfera, Momentos, Élite y Venezuela Gráfica. A los 12 años nos dieron, a los hermanos Coroníl y a mí, un carrito para vender helados; esa vez nos ganamos siete bolívares con tres lochas. Una empanada valía una locha, el kilo de carne tres bolos y el fresco era a medio. Soy hijo de José de Jesús Cordero y de Petra Rafaela Martínez. En la música incursioné porque mi papá tocaba el violín y siempre lo oía en el patio de la casa: ♫guiguí-guiguí. A los 5 años iba a la Iglesia Bautista, por la esquina El Molino; me ponían a cantar coritos por una puya o una locha. Me recostaba en la cerca de una vecina y le decía: Doña Totón, si me da un bollo le canto un corito. Para 1963 asistía a clases de música, junto a otros chavales, con Napoleón Baltodano, en la misma calle Paraíso. Nos pasaban revista sus hijos: Rolando (flautista de Elton John) y Andrés Briceño (virtuoso baterista). En la retreta tocábamos de gratis pero cuando los músicos titulares cobraban la quincena nos daban dos bolívares o un fuerte. A los 13 años tocaba con “Los Tropicales” en Radiodifusora La Pascua, por un pan especial y una gavera de frescos, en un programa animado por Pompeyo “El mochito” Higuera Sutíl. Me dieron el nombramiento en la Banda Municipal el 4 de noviembre de 1964, firmado por el Presidente del ayuntamiento Rafael Veitía y el Secretario Juan Bautista Suárez. Sustituí a Cesar Briceño en la trompeta en esa oportunidad y luego en la orquesta de la Escuela Naval, en octubre de 1969. En la “Casa de baranda” estaban como concejales: Julio Del Nogal, Ernesto Alayón, Tobías Villasana, César Díaz Zamora y Efraín Ortiz. De 17 toqué en “El Campito” de Catia La Mar y en “La Pedrera” de Montesano (allí filmaron “El Pez que Fuma”), con la orquesta “Los Satélites”. En 1968 toqué en “Afigué y sus estrellas”. Viajé en el destructor Nueva Esparta, en 1970, a Grecia, Liverpool, Florida, Puerto Rico y Dominicana. De la Escuela Naval me vine a La Pascua a formar parte de Juventud Square, con Carlitos Montilla y Julio Rodríguez, y comencé a practicar boxeo; hice 29 peleas en el peso mosca (51 kg), con record de 28 ganadas y 1 perdida. Presidí la liga de boxeo en La Pascua de 2002 a 2009 y traje a glorias como: “Morocho” Hernández, Alfredo Marcano, Antonio Esparragoza y Pedro Gómez. En 1972, como caso curioso, fui invitado a tocar en la fiesta de gala de la feria de Tucupido y a pelear contra el equipo de Carabobo; al bajar del ring, Carlos y Julio me tenían listo el flux y la corbata para ir a la fiesta. Toqué con la orquesta “Los Armónicos” de Manolo Monterrey, con César “La Ratica” Fuentes (trompeta) y Frank Rivas (cantante). Toqué en ferias de La Pascua con Juventud Square de 1970 a 1972 y con Impacto Juvenil de 1973 a 1976. Alternamos con Billo, Grupo Canaima, Conjunto Ingeniería y, en 1972, con la Sonora Matancera y Celia Cruz, en la Concha Acústica del Parque Ferial, cuando fue reina Doris “La Tripita” Ortiz. Arturo Socorro me sirvió de fiador para comprar nuevos instrumentos y nació “Impacto Juvenil” con: Marcos “trompeta” Ruíz, José Isabel Figueroa (trombón), Oscar Vásquez (timbal), Rogelio Medina (bajo), y los cantantes: Alejandro Rengifo, Juan Zambrano, Federico Rondón (de Caribbean Boys) y Carlos “El Gordo” Fraile. Tocábamos música de Fania, Billo, Melódicos, El Gran Combo, Sonora Matancera, Harlow, Pastor López, Nelson Henríquez, Los Blanco, Corraleros del Majagual, etc., además de Calipso, Samba y Tambor. Después de eso me voy a oriente a tocar con Caribbean Boys, El Nuevo Clan, Sonora Oriente, El Clan de Ray, La Sonora Latina, Los Vikingos de Cantaura, etc. A partir de 1990 comienzo a tocar en Caracas con mariachis y luego regreso a La Pascua. Aquí arrancamos con una guitarra en vez de guitarrón y un cuatro en vez de vihuela. Mandamos a hacer unos trajes que, si ves las fotos, parecíamos un circo de mala muerte. Entrené a “Chuíto” Laya para hacer dúo de trompetas. El Mariachi se llama “Zacatecas” pero los indios en Puerto Ayacucho le decían “Zacatetas”.

        Entre risas, le agradecemos la conversa y pedimos que vaya cerrando porque si la cosa es muy larga no la publica el patrón-poeta Misael Flores, y dice: Chico, tengo siglos en esto y jamás había ido a una fiesta como la tuya. ¡Eso quedó pa’ la historia! Agradezco el afecto y respaldo de todos mis amigos, a quienes traslado el homenaje que voy a recibir de parte de la Directiva de la Feria, en la Laguna del Pueblo, el día sábado 4 a partir de las 9:00 am, en el marco del Reencuentro.

        Se despide hablando de sus hijas: Heily, es M.Sc. en informática y Contralora Municipal, y Heilymel Gabriela, es abogada, profesora y administradora. Los millones los tengo invertidos allí. ¡A pura trompeta!

Gracias, Mr. Trumpet Man. 

            Juvenal Cordero, homenajeado en el Reencuentro 2012. Foto cortesía de La Casa