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José Antonio De Armas Chitty: LA VOZ DEL HATO - Alberto Hernández

                            José Antonio De Armas Chitty en Tucupido

José Antonio De Armas Chitty: LA VOZ DEL HATO

Alberto Hernández

Poeta y periodista venezolano

 

1.-

Una aproximación a la lexicología venezolana significa un igual acercamiento a las primeras resonancias del habla campesina, suscitadas en fundaciones productoras pecuarias del llano de nuestro país.

No es extraño, entonces, que con la casi desaparición de las etnias aborígenes ubicadas en nuestras planicies, los nuevos habitantes, los colonizadores, hayan destacado y movilizado grandes cantidades de ganado vacuno hacia estas tierras donde la inclemencia del período de lluvias y la agotadora temporada de sequía hicieron posible la presencia de las tres voces de nuestra cultura mestiza: blancos criollos y peninsulares, aborígenes y negros libertos. Todos ellos juntos de acuerdo con los estamentos de la relación de producción y las leyes que imperaban. Esclavos, libertos e indígenas sometidos por los blancos coparon la extensidad de la llanura para dedicarse a la cría de ganado, sobre todo de semovientes vacunos gracias a las virtudes de la geografía.

2.-

Nace entonces esa unidad enclave llamada hato que se corresponde con el hatajo de animales que cada conglomerado posee. Destinados a la producción de alimentos cárnicos, leche y sus derivados, los hatos venezolanos –como otros del continente- llegar a ser posesiones determinantes para la fundación de un país que comenzó siendo rural, campesino.

Toda población maneja códigos, materiales y espirituales. La palabra es un espíritu que se conjuga con la cultura material, o tiene, como afirma Saussure, las dos caras de una moneda, un significado y un significante.

El hato es portador, sus hombres, de un registro lingüístico que ha invadido toda la geografía. Es por ello que podemos afirmar que lo que se habla en las grandes polis tiene referencia en muchas de las primeras palabras encontradas o inventadas en la soledad de la llanura. Es decir, el discurso urbano tiene origen en los más humildes espacios campesinos.

3.-

Las ciudades pioneras en Venezuela eran simples haciendas, unidades productoras de caña, cacao y otros productos tropicales. De modo que la ciudad hablaba lo que consumía. La forma de expresarse del campesino de Higuerote, Barlovento o Cumaná era muy parecida a la forma de hablar del campesino caraqueño. Caracas era una hacienda elegante y aún lo sigue siendo, con las variantes que da la cultura urbana, la tecnología y las germanías propias de una polis contemporánea, caótica, desordenada y delictual. Como aparte, el habla de Nueva York, de la inicial ciudad de NY, era el acento del campesino inglés, con los sesgos de una minoría aborigen y negra. De allí ese arrastrado acento, metálico y chillón del inglés de esa ciudad. Igual sucedió en nuestro país, en nuestra América.

Todo acento, todo idioma con sus variantes regionales, debe ser enfocado desde la etnología para poder entender la multiplicidad de voces y la polisemia de sus contenidos.

El hato como centro de trabajo, de faena campesina, produjo sus propios códigos. De una riqueza extraordinaria, derivó en productora de sintaxis, neologismos, jergas, cadencias que fueron acentuándose más con la llegada de otros conglomerados culturales.

4.-

Voces indias, negras y europeas: en síntesis, un diccionario que se extendió por toda la geografía nacional para unificar nuestra idiosincrasia lingüística. Así, el hato es un generador de vocablos y comportamientos verbales que llegó a ser superado por su propia producción; es decir, en muchas ciudades desarrolladas demográficamente aún se oyen vocablos y giros nacidos en los hatos apureños, guariqueños, barineses y cojedeños, los cuales ya forman parte de una cultura que sigue su curso progresivamente. No fue extraño entonces que nuestra gran literatura vocacional haya comenzado con Rómulo Gallegos, quien le colocó la marca a una manera de decir de una zona que expresa verbalmente una ética y un comportamiento.

5.-

Decir arriero no sólo significaba arrear el ganado, sino entender el estado de ánimo de la sabana. El biorritmo del llano. Un espíritu oculto estima posible el arreo. No todo llanero podía hacerse cargo de la madrina, la cabeza del arreo, y por ende del registro verbal de los hombres de este difícil oficio. Quien hablaba y cantaba para cumplir cabalmente la faena de desplazar el ganado de las partes bajas a las altas cuando las lluvias amenazaban.

Toda palabra es un espíritu y cada una tiene su historia, su conducta. En el llano las palabras comportan no sólo el significado y el significante, sino que contiene un desdoblamiento, un segundo yo, un ánima que como las voces griegas prometen un comportamiento: el miedo, la gracia, la divinidad, el misterio, pero sobre todo este último, porque el llano es palabra y también profundo silencio. La voz del llano se maja en la soledad.

6.-

La forma de hablar del llanero es profundamente telúrica: abarca los sueños y los misterios propios de las horas del día y de la noche. Un llanero puede ser víctima de alucinaciones a las tres de la tarde. Así como puede perder el rumbo con el canto de algún pájaro. O conseguir el camino con una leve brisa, que también contiene un corpus sintáctico. ¿O es que acaso el viento no “habla”?

La naturaleza crea sonidos que se transforman en palabras y en pausas. El ronquido con que se expresan muchos llaneros para señalar duda o sorpresa, es un aporte de los gruñidos zoológicos, de los ruidos del paisaje, de los movimientos del cuerpo producidos por el trabajo.

No es lo mismo soñar o hacer el amor en una cama bajo techo, que hacer lo mismo en un chinchorro y bajo las estrellas. Esa experiencia promete la proliferación de vocablos que seguramente multiplicarán una sindéresis ética, lingüística y psicológica. Indudablemente, incidirán en la manera de decir, de hablar y de sentir las palabras.

Suena a especulación: hacer la prueba podría significar llevar a cotidiana una manera muy especial de humanizarse animal bajo el cielo nocturno.

7.-

El imaginario, es decir, la memoria fabuladora, es un acento que estaciona una atmósfera en esa manera de decir y construir imágenes y contenidos significativos. No es lo mismo decir troja que alacena, por muy evidente que parezca. Decir troja significa haber estado estacionado en un tiempo, en un lugar donde el clima y hasta los olores particularizan la forma de pronunciar la palabra. Así, la troja contiene la seguridad del alimento, igual la sombra que muchas veces albergó el miedo de quienes sentían amenazadas sus vidas. Muchos inocentes y culpables se pusieron a buen resguardo de las hordas criminales de Boves. Ese significado: Lanza de Boves calificaba el comportamiento de un muchacho, sólo tiene sentido en el estado Guárico. Tiene carácter familiar, doméstico.

De modo que así como comemos casabe, cachapas, sancocho, yuca, ocumo y pronunciamos los vocablos totuma, chácara, gurupera, quesera, cincho, enjalma, bozal, mandador, entre otros más, también somos capaces de asumir la ética de esas palabras por el origen que tienen. No es lo mismo decir busaca, chácara que decir morral, acretra o monedero. Palabras de este aquí. Palabras de aquel allá, cosmopolitas. Las primeras nos identifican y nos aportan una nacionalidad local, regional. Las segundas fortalecen la nacionalidad global. Tendríamos que hablar del hato como una nación creadora de palabra e imágenes que recorren el mundo gracias a su permanencia en el hablante venezolano, criollo.

Toda una teoría etnolingüística a ser elaborada para poder entender e interpretar los hallazgos diarios de este universo verbal que obligó a José Antonio De Armas Chitty a escribir el Diccionario del Hato (Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Caracas 1966), aporte que debería ser incluido en las escuelas de nuestros estados llaneros.

 

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De Valle de La Pascua a Achaguas… Pasando por San Fernando - Felipe Hernández

 

Julio César Sánchez Olivo

DE VALLE DE LA PASCUA A ACHAGUASPASANDO POR SAN FERNANDO

(Con cien leguas de por medio…)

DR. FELIPE HERNÁNDEZ G.

 

“Con cien leguas de por medio…” frase del poema “Cajón de Arauca Apureño” que escribió el poeta Julio César Sánchez Olivo en Valle de la Pascua en el año 1956. Canto a la nostalgia y la melancolía, ante la pena que da el adiós por lo que hemos vivido y creemos no volver a ver y vivir, canto a la apureñidad que es como decir la llaneridad toda. Segundo himno de los apureños. Poema que hizo canción el eximio cantante guariqueño Ángel Custodio Loyola, y muchos otros han continuando cantando. Tomamos prestada esa frase emblemática para subtitular esta crónica, que es una referencia a la conmemoración del Centenario del Natalicio de Don Julio, acontecimiento feliz que se ha estado celebrando durante todo el año 2009, a través de reuniones, conferencias, conversatorios, escritos, actos recordatorios, y cuyo clímax tuvo lugar los días 23, 24 y 25 de octubre del corriente año, en la población de Achaguas, que es igual a decir, la tierra del Nazareno y del río Matiyure.

Como es sabido, don Julio César Sánchez Olivo nació en la Parroquia Guachara, Municipio Achaguas, del Estado Apure, el día 21 de Octubre de 1909, por lo cual, la Comisión desde un primer momento se planteó como objetivo central, darle participación en las actividades a realizar, a gente que estuvo de una u otra forma relacionada con su quehacer intelectual, tanto en su Apure nativo como en el resto del llano venezolano.

Como miembro de la Comisión Nacional designada por la Dirección de Cultura del Ejecutivo de Estado Apure y por el Centro de Estudios del Llano de la Universidad Rómulo Gallegos (CELLUNERG), asistimos a Achaguas, a respaldar al profesor Argenis Méndez Echenique, Cronista Mayor de Apure, quien la presidió, junto con el cronista del municipio, profesor Elisur Lares Bolívar, la cronista adjunta, profesora Luisa Martínez, la Alcaldía, el Concejo Municipal, la Casa de la Cultura y las fuerzas vivas de Achaguas y San Fernando, quienes realizaron un importante trabajo de organización para que los actos estuviesen a la altura de tan meritorio y ejemplar ciudadano, orgullo del gentilicio apureño y llanero. Sentimiento recogido en la expresión de Elvin Barreto Guedez, cuando en su disertación nos dijo: “Julio César Sánchez Olivo fue portador de una ética que hoy venimos a reivindicar”.

La Casa de la Cultura “Cantante Carlos Guevara” de Achaguas, sirvió de escenario para realizar tres jornadas de intenso y fructífero trabajo intelectual, poético y folclórico, donde se resaltó lo mejor del ciclo vital del conocido poeta sabanero, expresado en sus diversas facetas: poética, política, intelectual, comunicacional, ciudadana y humana.

La conferencia central la dictó el doctor Adolfo Rodríguez, reconocido académico e historiador guariqueño, quien realizó una magistral disertación de la vida y obra del Poeta llanero, titulada “Julio César Sánchez Olivo, mensajero de resonancia étnica”, donde hizo énfasis en “los vaticinios de Sánchez Olivo acerca de un mundo llamado Apure que no morirá jamás”.

Las ponencias presentadas por los participantes de los estados Apure, Barinas, Cojedes, Guarico, Miranda y Vargas, constituyeron todo un aporte antológico para el conocimiento de la vida y la obra del poeta. Entre otras, son emblemáticas:

- “Conversación con don Julio, Agosto de 1986” presentada por el Cronista de Maracay, profesor Oldman Botello.

- “La teluridad en la poética de don Julio César Sánchez Olivo” del profesor Felipe Hernández, de la Universidad Simón Rodríguez – Núcleo Valle de la Pascua.

- “El llano desde la pasión y la nostalgia. Un acercamiento impresionista a la obra poética de Julio César Sánchez Olivo”. Del escritor cojedeño Julio Rafael Silva.

- “Julio César Sánchez Olivo y su labor investigativa”. Presentada por el cronista de Achaguas, Elisur Lares.

- “La poesía de Sánchez Olivo desde el enfoque de la versoterapia”, por Ramón Ojeda Cruzate, Cronista de Elorza.

- “La trayectoria política de Sánchez Olivo”. Del profesor Elvin Barreto Guedes de la Universidad Simón Bolívar – Núcleo El Litoral.

- “Vida y obra de Sánchez Olivo”, del Cronista de Guasdualito, Aldo Márquez.

- “Canto llanero al gran poeta apureño”. Presentada por el escritor barinés, Miguel Ángel Nieves, entre otras.

En cada uno de los trabajos leídos, se vigoriza la idea que para el llanero la poesía de Sánchez Olivo es como un acicate, un referente para toda la vida, para la eternidad, para orgullo de sus familiares y parientes: María Elena Sánchez Maldonado y Ana María Gil Sánchez (sobrinas del poeta, hija la primera y nieta la segunda, de su hermano Teodorito Sánchez Olivo), quienes en representación de la familia del homenajeado estuvieron presentes en los actos.

Un reconocimiento especial, merece la actuación de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Municipio Achaguas, que nos deleitó con sus selectas interpretaciones. Del igual manera, son dignas de reconocerse las atenciones dispensadas por el profesor Méndez Echenique, por la alcaldesa, Claritza Jiménez de Garbi, los concejales Orlando Cordero y “Chichita” Landaeta; el director de la Casa de la Cultura, cantante y folclorista Ramón Ojeda, el cronista y la cronista adjunta, Elisur Lares y Luisa Martínez, la profesora Rosa Simona Ojeda de la Sociedad Bolivariana, el profesor Pedro Pablo Olivares y las profesoras Lilian María Méndez y María Soledad Moreno de Cortéz, así como los poetas y folcloristas apureños: Omar Moreno Gil, Rómulo Eudoro González Blanco, José Ramón Mejías (Samanela), Demetrio Hernández, Valentín ¿?, Cristóbal Jiménez y Ramón Oviedo; y de Barinas, los poetas Miguel Ángel Nieves y Reinaldo Arias, entre otros.

En esta jornada centenaria sobre el insigne poeta apureño, como en su verso, una vez más nos llevó:

Por el rumbo de la vida / del mediodía hacia el ocaso, / llevando el llano por dentro / marchas con tu recio ánimo, / porque a tu alma de poeta / bien la templó el sol de marzo… y por ahí se va la obra de un hombre que asumió compromisos políticos y literarios sin hacer grandes distinciones entre uno y otro, entendiendo su acción como una extensión de su actividad ciudadana, que le permitía acceder y divulgar la vida y las costumbres ancestrales del hombre del llano, con la esperanza de preservarlas y quizás moralizarlas y al mismo tiempo inocular su muy particular visión del mundo, que le legó al futuro, y como una pequeña contribución a la posteridad, en su poética nos deja testimonio de su experiencia y de sus sentimientos.

Como corolario de la Celebración del Centenario de Sánchez Olivo, a modo de reflexión podría decirse, que en este siglo XXI en que la ciudadanía acusa desgaste o indiferencia en relación a los acontecimientos de todo orden que le rodean, parece necesario repensar el pasado a partir de las herramientas que él mismo nos proporciona, que son muchas. Una de tantas, la que aquí nos atañe, consiste en retomar y tratar de comprender su mejor legado representado por su ejemplo y su obra, un escritor comprometido con su propio tiempo, que se resiste al olvido apelando a la memoria y a la reflexión. Como visionario que fue, insiste en ahondar en las costumbres del llanero y la llaneridad, en revisar el pasado con mirada crítica.

Explicarse el presente, pedir que el porvenir del llano y del llanero sea distinto, ambos aspectos constituyen, desde la perspectiva sanchezolivesca, la función del recuerdo histórico. Quizás porque ya había padecido los estragos de la historia y el progreso, su poética refleja una mayor interiorización de la realidad, que resulta muy a propósito para reflexionar sobre la relación entre el llanero como sujeto y la historia del llano, por la forma en que se interioriza la realidad y porque la vida de los hombres de la sabana transcurre con la historia, pero no como acontecimientos paralelos, separados por una línea divisoria, sino como un encuentro que desgarra al sujeto mientras la historia sale indemne.

Su mejor lección sería para los llaneros como sujetos de la historia, que siempre los perseguirá bajo la forma del progreso, para recordarles una y otra vez, la necesaria toma de conciencia, en espera de que los años y ese progreso no borren jamás la memoria de su pasado.

En Valle de la Pascua, a los ocho días del mes de diciembre del año 2009.