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Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares - Germán Fleitas Núñez

 

                    DE CARLOS CRUZ DIEZ PARA GERMÁN FLEITAS BEROES

KIRPA NACIÓ EN LA SABANA DONDE NACEN LOS CANTARES

Germán Fleitas Núñez

 

“Quien dice “la sabana” dice “la copla”; la copla errante; todos los caminos la oyeron pasar; y mire que hay caminos en el llano”. El maestro Gallegos navega en lo profundo y nos regala en todos sus libros, especialmente en “Doña Bárbara” y “Cantaclaro”, su visión de la vida y del alma del llanero. Siglos de trashumancia, de resistencia y de heroísmo, fluyen de sus páginas en las cuales se entiende claramente el cruce de la sangre del indio cargada de nostalgia y de deseos libertad con la del negro, espesa mezcla de rabia, rebeldía y alegría, con la de los amos blancos, para terminar creando una raza nueva sobre la faz de la tierra; el punto equidistante entre el nuevo mundo, África y España.

La historia de la copla nos viene por el mar en viejos galeones y navíos conquistadores. En cambio la de la música es más complicada porque la traen los negros en sus voces roncas y agudas, en sus manos y en los cueros de sus tambores; en los laudes y clavecines de los curas y de los parranderos y la esperan aquí para cruzarse, las maracas dignísimas sustitutas de las castañuelas y cantos ancestrales que le van a dar el toque de nostalgia a los cantos recién llegados.

En la medida en que fueron nacieron nuestros cantos nacionales, surgieron cuentos, leyendas y versiones sobre sus orígenes. Algunas con bases muy sólidas, dignas de credibilidad y otras menos confiables por ser más hijas de una imaginación desbordada que de un estudio serio y analítico de las fuentes que las originaron. Cada canto, cada ritmo, cada pieza, está acompañada de historia o historias interesantes, todas ellas dignas del mayor respeto y análisis.

Es el caso de nuestros joropos, pasajes y golpes llaneros y aragüeños, que le oímos contar a viejos arpistas de Aragua como Pedro Matos o Salvador Rodríguez o a llaneros como Rafael Hurtado o Juan Briceño.

Uno de los joropos que siempre nos llamó la atención por la cantidad de historia que encierra fue “La Kirpa” o simplemente “Kirpa”, con “K” o con “Q”.  Y lo más llamativo es que es, después de “El Gabán” que solamente tiene dos pisadas, o “El Pajarillo” y el “Seis por Derecho” que solamente tienen tres, uno de los joropos más sencillos y fáciles del repertorio llanero y sin embargo, nadie sabe lo que quiere decir.   Hasta hubo una telenovela de amor, pasión y traición como son casi todas las telenovelas venezolanas, que se llamaba “Kirpa de tres mujeres”, pero ninguna de las tres sabía lo que significaba la palabra, ni el autor de la telenovela tampoco.  Pero en La Victoria vive una familia de apellido Quirpa, lo cual me hace pensar que se trata de un nombre o un apellido indígena.

ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA

El primero en cantarla y grabarla fue nuestro gran Ángel Custodio Loyola hace medio siglo y al menos “aclara” un poco el lugar de origen del joropo, cuando dice: “Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares y como Kirpa lo cantó lo supieron los palmares”. Pero no sabemos si se está refiriendo a un sitio, a un género musical o a una persona, porque primero nos dice:”Güiripa lo llaman Kirpa”; luego que: “Kirpa es joropo llanero que lo tocan en el arpa con maraca y guitarrero”,  para inmediatamente decirnos: “Hombre del alto apureño con alma y conversación, si yo tuviera tu copla (si cantara tanto como tú) te la cantara al bordón”.

Queda claro desde un principio que no se trata de música de Aragua ni de Miranda porque ésta lleva “maraca” pero no lleva “guitarrero”.

CON MARACA Y GUITARRERO

Hubo una tragedia. A Kirpa lo mataron pero debió ser herido antes de su fallecimiento porque dice el verso: “Apure lloró en silencio mientras el arpa se oía porque en el llano se supo que Kirpa se moriría” O sea, se sabía que iba a morir pero aún se oía el arpa”. Y ahora viene lo más intrincado de esta leyenda que es el del lugar del suceso. “Su cuerpo quedó en Güiripa, su voz está en el palmar, su pensamiento en la brisa, su apellido en el cantar”. Esto de “Su apellido en el cantar” ¿nos está revelando que “Kirpa” era el apellido del arpista y que desde entonces pasó a bautizar al inmortal joropo? Remata Loyola diciendo: “Yo no sé por qué en Güiripa no quieren a los llaneros, porque mataron a Kirpa y le hirieron al guitarrero”.

Hasta aquí todo estuvo claro para mí, hasta que un día mi padre, quien era llanero y cumpliría cien años el próximo 2016, me dijo que el pueblo de Güiripa “donde mataron a Kirpa, no era  el del estado Aragua sino uno de igual nombre situado en la costa del Meta barinés. Un pueblo que desapareció por despoblamiento pero en el cual estuvo el Canónigo Madariaga cuando después del 19 de abril regresaba de Bogotá y en vez de venirse por mar, se vino por río y lo menciona en sus Memorias. Como buen aragüeño defendí para mi  estado el “dudoso honor”  de haber sido el escenario del lance que puso fin a la vida del gran arpista y argüí que el verso dice “Yo no se por qué en Güiripa no quieren a los llaneros”. Entonces le oí una explicación que nunca más he oído a nadie y es la siguiente: “Hoy en día le decimos llaneros a los nacidos de San Juan de los Morros para abajo, pero eso es ahora; antes, “los llaneros” eran los hombres que trabajaban en el campo. Por ejemplo, yo en Camaguán no era “llanero” sino lo que hoy llamaríamos “citadino”. Y debe tener algo de cierto porque una vez siendo yo un niño de diez años, sentado en la puerta de la casa vi pasar a un ejército de mujeres vestidas de vivos colores y mi abuela, calaboceña y camaguanera me explicó: “Van para la entrada del pueblo a esperar a “los llaneros” porque ellos regresan a esta hora.

Mi padre, Germán Fleitas Beroes, fue un eterno estudioso de la cultura llanera. Escuchaba las historias que contaban los viejos de pueblo, en  tiempos en que ni televisión ni radio ni luz eléctrica interrumpían los relatos del llano antiguo, trasmitidos de generación en generación, fue poeta, compositor de joropos y publicó varios libros. Cuando era niño (1925) una anciana camaguanera llamada Blanca Flor Zárate de 93 años (1833) solía contarle a él, a su hermano Pedro (novelista), a Julio García Díaz, conocido en aquellos tiempos como "Ño Aguedo" (quien luego publicó sus trabajos en el semanario “Fantoches”), que era hija de Juan Rafael Zárate (1780) el “guitarrero de Quirpa. Contaba “Ña Clara”, entonces viejecita de 93 años de edad, que  nació, creció y vivió la mayor parte de su vida en el Barrio "La Lagunita" de Camaguán; allí casó con Juan Rafael Zárate, famoso músico y tocador de “cuatro” del célebre arpista José Antonio Quirpa. “Aquella trágica noche cayó a traición, abatido a machetazos.

Su cuatrista Juan Rafael Zárate, herido de un terrible machetazo en una pierna, fue recogido por unas piadosas vecinas y después de varios días, ya convaleciente, envolvió su cuatro en un gran pañuelo de madrás y se fue a su casa en Camaguán. Nunca más volvió a tocar su “cuatro” en los bailes públicos ni a acompañar a otro arpista; únicamente lo pulsaba en sus horas de recuerdos añorando con lágrimas en los ojos los días felices en que acompañaba al gran arpisto en “su creación” de 14 arpegios, de los cuales sólo José Cupertino Ríos Viña alcanzó a ejecutar 12 arpegios; nunca otro arpisto llegó más alto en la ejecución de un "Quirpa". Suponemos que cuando hablan de arpegios se están refiriendo a “variaciones sobre el tema central”. Otros arpistas le dicen “vueltas”. 

Parece que Quirpa le daba 30 vueltas al joropo; cuando las muchachas le preguntaban cómo se llamaba y ya era el más solicitado en la Villa de San Jaime y sus alrededores, él contestaba; “Se llama El golpe que hace llorar”. “Yo conocí la casa de Juan Rafael Zárate, vivía en ella Antonio Zárate, su hijo mayor, una larga y ancha casa techada con hojas de palma, las paredes eran trozos de palmas montadas unas sobre otras, dejando un espacio como de 30 cm; el sol y el aire entraban libremente como en toda vivienda de los campesinos; Antonio tocaba el “cuatro” y cantaba como su padre; también Félix el hijo menor; éste se fue a vivir a La Unión de Barinas y se llevó consigo a su madre, ya viejecita. Félix, además de ser un buen cuatrista y versificador "relancino", ejercía la profesión de matarife”.

Contaba doñas Blanca Flor que cuando tenía doce años conoció a Custodio Quendo y a Dámaso Berroterán  pero que no eran de esas tierras sino de Aragua. No le  gustaba verlos porque eran muy borrachos, Siempre andaban “rascados”. Él la llamaba y de cantaba:

“Acérquese Niña Flor;

Ven acá y dame la mano;

que si canto bueno y sano,

Borracho canto mejor”.

Algún tiempo después de haber sido asesinado por arreadores de ganado, la gente comenzó a llamar al joropo: “Kirpa” o “La Kirpa”.

El pueblo venezolano, tan respetuoso de sus ídolos, compuso coplas que han corrido y seguirán corriendo por todas las cantinas del medio rural. Ambas de autores anónimos. Una antigua copla  recopilada por los viejos llaneros de Camaguán dice:             

“Yo no quisiera pasar

Por donde llaman Güiripa

Por no ver la sepultura

Donde enterraron a Quirpa"

Ahora nos queda a nosotros investigar lo siguiente: el pueblo de Güiripa “donde mataron a Quirpa” ¿es el aragüeño que está al lado de San Casimiro o es el que estaba en la costa del Meta, que antes pertenecía a  la Provincia de Barinas y ahora pertenece a los llanos de Casanare?

No sabemos a ciencia cierta dónde murió. Pero sí sabemos que nació en la sabana “donde nacen los cantares”.


Alberto Arvelo Torrealba - María Cristina Solaeche Galera

 ALBERTO ARVELO TORREALBA

María Cristina Solaeche Galera

 

Ya no turba el reposo de los hatos

madrugador lucero;

ni despiertan el eco adormecido

el amante reclamo del bramido

a la par de la copla del vaquero.

 

Francisco Lazo Martí

 

Alberto Arvelo Torrealba, poeta llanero, abogado, ensayista, educador, político, diplomático y crítico literario. Nace en Barinas, el 4 de septiembre de 1905, rodeado de una familia de poetas, su madre la poetisa Atilia Torrealba, sus primos hermanos Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo Larriva esclarecidos poetas venezolanos; su padre Pompeyo Arvelo.

Sus estudios básicos los realiza en su ciudad natal Barinas, y se traslada a Caracas para estudiar la secundaria, donde se gradúa de bachiller en 1927.

Apenas terminada la secundaria, ya conoce la cárcel de “Las Tres Torres” de Barquisimeto, por participar en el levantamiento armado contra el célebre caudillo andino, el General José Rafael Gabaldón.

Cursa estudios de Abogacía en la Universidad Central de Venezuela, recibiendo el título de abogado y posteriormente el de Doctor en Ciencias Políticas en 1935.

Entre 1935 y 1936, se dedica a la docencia, en la enseñanza del Castellano y la Literatura en colegios y liceos de la zona metropolitana y de Barquisimeto, entre estos: el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, Los Dos Caminos, Sucre, los Institutos Pedagógico San Pablo y San Agustín, y en los liceos Andrés Bello y Fermín Toro, de Caracas; en Barquisimeto, en el colegio Lisandro Alvarado.

En 1936 ejerce el cargo de Inspector en Educación Secundaria en el Distrito Federal y de Primaria en los Estados Barinas y Apure.

1936. Secretario de Gobierno del estado Portuguesa.

1940. Presidente del Consejo Técnico de Educación.

Desde 1941 hasta 1945. Gobernador del Estado Barinas.

1948. Es nombrado Miembro de la Corte de Apelación.

De 1952 hasta 1953. Embajador Extraordinario de Venezuela en Bolivia.

1953-1955. Embajador de Venezuela en Italia.

Ejerce también de Consejero de la Embajada venezolana en Francia.

Ministro de Agricultura y Cría desde 1953 hasta 1955.

Una vez retirado de la política, se dedica de lleno a la vocación que colmaba su espíritu, la literaria.

En 1966 obtiene el premio Nacional de Literatura, Mención Prosa, por su ensayo: Lazo Martí: vigencia en lejanía.

El 31 de mayo de 1968 se incorpora como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua.

En 1969 traduce del italiano al poeta egipcio de padres italianos, Giuseppe Ungaretti.

Obras literarias: Música de cuatro (1928) y Poemario extraviado en la cárcel (1928). Cantas (1932), Glosas al cancionero (1940), donde aparece por primera vez su poema  Florentino y el Diablo del que se realizan dos versiones posteriores en 1950 y en 1957.  Lazo Martí: vigencia y lejanía (1965), un estudio de la obra Silva Criolla del poeta guariqueño Francisco Lazo Martí; el laureado maestro Antonio Estévez compone su obra Cantata Criolla, con la letra de este poema que también es adaptado al cine, el teatro y la televisión.  Obra Poética (1967), un compendio de sus poemas.

Compuso su obra apoyado en formas populares, cantos, décimas, corridos con imágenes y  metáforas elaboradas mediante elementos geográficos y  zoológicos de la llanura.   Juan Liscano

En el presente ensayo analizaremos sus CANTAS, poemario escrito en 1933 y lo titularemos apropiándonos de sus dos primeros versos:

ALBERTO ARVELO TORREALBA.

“Cantas”: EL HORIZONTE y yo vamos solos por la llana tierra.

Podemos considerarlo  perteneciente al Criollismo (en la prosa) o al Nativismo (en la poesía). De raíz netamente popular, busca el vocablo claro y directo que hace surgir inmediatamente el sentimiento, entretejiendo verso a verso. Los adjetivos son ricos en resonancias y cualquier analogía que se presenta no resta en absoluto pujanza al poema:

 

El quemado está de luto

como una flor de cuaresma

porque las brisas jugaron

un carnaval de candela.

 

Yo anduve con suerte triste,

me la puso triste el Llano:

entre mi vida y tus ojos

las llanuras de San Carlos.

 

Un carnaval de candela.

El viento le hecho a la tarde

papelillos de hojas negras. 1

 

Toda su obra poética y por lo tanto, el poemario Cantas, refleja especialmente la tradición, costumbres y paisaje de la región venezolana de los llanos y la vida del llanero.

Es un poeta de la tierra, del habitante y del paisaje cotidiano de la llanura venezolana, con una maestría notable de las formas métricas y estróficas de gran sonoridad. Maneja con elegante soltura el octósilabo, la copla, la décima, espinela y el romance. 

el más notable de los cultos del nuevo nativismo venezolano (…), mantiene una maestría indiscutible en la recreación de una temática propia de nuestros llanos, dándole categoría estética a la copla, a la décima y al romance criollo y rescatando fecundos motivos de nuestro folklore para la función culta de la poesía.

José Ramón Medina

 

El crepúsculo viajero

se terció su manta gris.

Ayes de tierras ardidas

plañe lejano el paujil.

 

El caño labra la orilla,

la quema los pajonales,

y yo labrándome en quiero,

yo, mudo, sin ti, labrándome.

 

Plañe lejano el paujil.

Hilos de chusmitas lloran

sueños de Lazo Martí. 2

 

En nuestro poeta-cantor señero, es su verso un sentimiento para compartir, compone sus Cantas en dos cuartetas y una tercera estrofa de tres versos, donde el primer verso empalma con el último o el segundo verso de la primera estrofa, sonando como reiteración del canto; sin rimas ( a excepción de la nombrada) asonantes ni consonantes, lo que solemos llamar rima blanca o libre; sus imágenes y metáforas construidas mediante elementos recogidos del entorno llanero, su naturaleza y la de sus habitantes, sin elucubraciones, sin ajenuras, en una ascendencia jonda que entresaca su fuerte sentir sabanero:

 

Oros de paja marchita

sobre lo lejos se azulan.

En la copa de una palma

el chiriguare me anuncia.

 

Aquí, estuvo el hato, padre,

que nos dio sombra otro tiempo:

en este alambre caído

se me enredaron los sueños.

 

El chiriguare me anuncia.

En la copa del recuerdo

grita la nostalgia, muda. 3

 

Hace uso del ritmo del verso octosílabo (ocho sílabas métricas o fonéticas) del Arte Menor, que guarda tantas querencias con el Castellano y tan suave y fácilmente se adapta al oído del hispanohablante, donde el acento en la penúltima sílaba determina el carácter llano del verso:

 

La tarde como con pena

se puso un traje cenizo

Para una solita ausencia

tres veces nos despedimos.

 

Me alcanzó la noche oscura

en los esteros de abajo

y de puro oír tu nombre

lo aprendieron los yaguasos

 

Tres veces nos despedimos:

por un espigal de adioses

me voy podando suspiros. 4

 

Su poética es de un contenido netamente existencial, reflexivo, y de una universal vocación intensamente humana. Su expresión estética muy rica en su elaboración con las más variadas imágenes, no siempre típicamente populares, contiene poemas de hermosísima factura. Canta al paisaje llanero, el hombre de los llanos, su flora y su fauna llanera, en sus Cantas es exclusivo el ambiente llanero:

 

En las cantas fugitivas

dicha y afán se me quedan:

las labro a punta de gozo

las pulo a filo de pena.

 

Me dio lástima el pajal

¿qué hace con tanto rocío

sin una gota de verde

para su luto amarillo?

 

Dicha y afán se me quedan:

yo mire en el lagunazo

el nubarrón y la estrella. 5

 

Los poemas de Alberto Arvelo Torrealba a fuerza de sentirse populares, se difunden fácilmente en el sentir del lector, sin dejar de ser un poeta culto y genuino. En su elaboración está su esencial valoración aportada por la hipersensibilidad del autor frente a las tradiciones llaneras, alcanzando giros poéticos memorables:

 

El triángulo de mi choza

me lo tragó el bajo inmenso.

Donde el sol de soslayo

caño para los recuerdos.

 

Cómo se amansa el rodeo

cuando se estira la copla.

en esta tierra la canta

enlaza más que la soga.

 

Caño para los recuerdos.

¡Dónde me iré yo a saciar

la sed azul de tu lejos! 6

 

La premisa nativista de la búsqueda de lo propio, lo nativo, la cumple el poeta, y para ello se enrumba por el sendero del folclore tradicional, la canta con su verso melodioso hecho para ser leído y oído, manteniéndose inmune a cualquier asomo de vanguardia y a las lazadas de lo nuevo, él se voltea hacia el pasado y busca sus raíces ibéricas en su propia tierra en una transmutación nacional:

 

Los arreboles temblaron

su despedida en las pencas.

Partámonos el paisaje

como llanero y llanera.

 

Me cogió la noche negra

en los esteros de Arauca

y me fui para tus ojos

por la pica de una canta.

 

Como llanero y llanera.

Coge el lucero y la palma,

déjame el pozo y la arena. 7

 

Sus poemas recogen la sabiduría del llano adentro venezolano; el poeta hace suya junto con la canta, la copla y el romance, el octosílabo y la décima apegado a la estrofa para crear piezas de gusto popular:

 

El candil en los caneyes

pinceló su rojo tímido,

y salió a rumiar leyendas

la punta de los corríos.

 

Cómo enseda el verso humilde

sus hilos de pueblo y alma,

cómo va de pena en pena

y de guitarra en guitarra.

 

¡La punta de los corríos!

Con la angustia de baquiana

el cuatro cogió camino. 8

 

Con una salud deplorable y una pierna amputada, el poeta Alberto Arvelo Torrealba, muere la mañana del 28 de marzo de 1971 en la ciudad de Caracas.

 

EL HORIZONTE y yo vamos

solos por la llana tierra:

Me enlazó todos los rumbos

en audacia de soga abierta. 9

 

Dejemos que se despida nuestro aeda del llano:

 

Me voy para Los Esteros

-agua abajo y por la orilla-

en mi bongo sin palanca,

con una vela sin brisa,

al anochecer sin luna

sobre el paisaje sin líneas

 

Fuentes bibliográficas:

 

Poemas extraídos de: Alberto Arvelo Torrealba. Antología Regional. Florentino y el Diablo. (1ª Versión) Cantas. Monte Ávila Editores. Biblioteca Popular el Dorado, Caracas, Venezuela.

 

1. Canta 3

2. Canta 12

3. Canta 8

4. Canta 10

5. Canta 23

6. Canta 22

7. Canta 36

8. Canta 4

9. Canta 1.


Don Pedro Díaz Seijas - Misael flores y Pedro Díaz Seijas Guariqueño de siempre - Felipe Hernández

 
  Don Pedro Díaz Seijas

Misael flores

 

Nació en 1921 en Santo Domingo Requenero, jurisdicción del municipio Leonardo Infante. Falleció en Caracas el 30 de junio del año 2010. Cercano a sus 90 años, no obstante reveses y enfermedades, Don Pedro Díaz Seijas mantuvo incólume la frescura de su inteligencia, memoria y contagiosa empatía. Contento por la vida recibida y, por la que, con tan admirable talante, supo deparar. Exitoso en la docencia, la producción intelectual, su gestión como académico, pintor, conferencista y promotor cultural, no escatimó su generosa solidaridad y aliciente para que otros descollaran como él. Nació en un pueblo del Guárico, por el que mantuvo efectiva y amorosa presencia. Consta en sus libros y eficaz trayectoria.

FUE UNO DE LOS MÁS FERVIENTES ABANDERADOS EN LA LUCHA POR LA CREEACIÓN DE LA UNERG.

Don pedro era un escritor, ensayista, pedagogo, periodista, crítico literario, humanista y profesor universitario venezolano, integrante de número de la Academia Venezolana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Fue una de las figuras más notorias, en el campo intelectual, de la segunda mitad del siglo XX, de su país.

Profesor universitario

Dedicado desde su juventud hacia el estudio de las letras, se graduó en el Instituto Pedagógico Nacional de Caracas, a la que retornó en calidad de profesor de Lengua y Literatura. En dicho centro educativo, además de impartir clases, dirigió el Departamento de Castellano, Literatura y Latín en tres períodos diferentes 1948-1949, 1973-1974, y 1976

Periodista

Colaboró en los principales rotativos y revistas de Venezuela, en especial en aquellas publicaciones culturales más divulgadas de todo el ámbito geo-cultural hispanoamericano. Estuvo también unido, en su faceta docente, a la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez de Caracas, en la que ejerció durante varios años el cargo de Director Cultural. Además, fue vicepresidente del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana; integrante de número de la Academia Venezolana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española.

Estudioso de la literatura venezolana y humanista de las letras de su nación

Como estudioso de la literatura venezolana y promotor de las letras de su país, destacó como miembro del Grupo Contrapunto, un colectivo de autores y críticos que, agrupados en torno a la revista homónima, se esforzaron en introducir en la cultura de Venezuela de mediados del siglo XX una tendencia renovadora que logró, por un lado, eliminar la herencia dejada por la dictadura militarista; y, por otro, habituar a los artistas e intelectuales de la Venezuela del año 1948, con las últimas tendencias artísticas y literarias, esencialmente, en el ámbito de la literatura escrita en lengua inglesa y francesa que se encontraban triunfando en Europa y América.

Crítico y resaltador de los valores literarios hispanoamericanos

En plena crisis política que para aquella época Venezuela sufría, los escritores y críticos literarios que integraban el Grupo Contrapunto se obligaron a salvaguardar la memoria histórica del país, con la mira de engrandecer su legado cultural y, a través de él, preservar la identidad nacional venezolana. En este espacio destacó marcadamente su trabajo, al dedicarse al estudio de la literatura hispanoamericana, resaltando los valores literarios de los autores ya consagrados y rescatando o redescubriendo a muchos escritores; los que, sin su labor, habrían sido olvidados.

En su ensayo intitulado Al margen de la literatura venezolana (Caracas, 1946), salvó a autores de relieve como Teresa de la Parra, Francisco Lazo Martí, Juan Vicente González y Alberto Arvelo Torrealba. Obra que lo ubicaría como uno de los más destacados críticos literarios hispanoamericanos de la época.

Después de plasmar esta obra, escribió varias más que se convirtieron en obras de obligada consulta en las principales facultades de letras de todos los países de habla hispana. Entre ellas, sobresalen las denominadas:

Historia y antología de la literatura venezolana (Caracas, 1955).

Rómulo Gallegos: realidad y símbolo (Caracas, 1965).

La antigua y la moderna literatura venezolana (Caracas, 1966).

Deslindes: ensayos sobre literatura hispanoamericana (Caracas, 1972).

Reflexiones ante la esfinge (Caracas, 1989).

Hacia una lectura crítica de la obra de Vicente Gerbasi y de otros poetas venezolanos (Caracas, 1989).

La gran narrativa latinoamericana (Caracas, 1976).

Otras obras de Pedro Díaz Seijas son las intituladas:

Bases para un esquema de nuestra realidad educativa (1966).

Lecturas patrióticas: aprendizaje de venezolanidad a través de los más inmigrantes pensadores nacionales (Caracas, 1955?).

La novela y el ensayo en Venezuela (Caracas, 1972).

Lectura en tres dimensiones de la narrativa de Julián Padrón (Caracas, 1981).

Bajo el signo creador de la lengua (Caracas, 1985).

Cecilio Acosta: El apóstol y el pensador (Los Teques, 1985).

Rómulo Gallegos: suma de lecturas (Caracas, 1987).

Caracas, la Gentil: Biografía de una Ciudad (Caracas, 2005).

 

PEDRO DÍAZ SEIJAS: GUARIQUEÑO DE SIEMPRE

 

Por: FELIPE HERNÁNDEZ G.

UNESR//Cronista Municipal

 

El 30 de junio del año 2010 falleció en Caracas, el profesor Pedro Díaz Seijas. Ilustre hijo de Valle de la Pascua, nacido el 24 de diciembre de 1921 en el caserío Santo Domingo Requenero, del municipio Leonardo Infante. Escritor, académico, ensayista, crítico literario, educador y miembro de importantes instituciones culturales nacionales y extranjeras. Profesor del Pedagógico de Caracas y director-fundador del Instituto Pedagógico de Barquisimeto y por ende, promotor e iniciador de nuevas ideas pedagógicas, reconocido nacional e internacionalmente. Fue director de la Academia Venezolana de la Lengua, y Director de Cultura de la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” y Miembro del CONAC (Consejo Nacional de la Cultura). Cursó estudios en el Instituto Pedagógico de Caracas y en la Universidad Central de Venezuela, graduándose de profesor en castellano y Literatura y Magíster en Literatura Venezolana e Hispanoamericana.

Ejerció la docencia en liceos y universidades y colaboró como columnista en los más prestigiosos periódicos capitalinos y del interior de la República. Su obra literaria está plasmada en más de 20 libros, entre ellos: Al margen de la Literatura Venezolana (1946), Introducción al estudio del ensayo en Venezuela (1947), Orientaciones y tendencias de la novela venezolana (1949), Rómulo Gallegos: realidad y símbolo (1965), La Novela y el Cuento en Venezuela (1972), La Gran Narrativa Latinoamericana (1976), Lectura en tres Dimensiones de Julián Padrón (1983), Biografía de Rómulo Gallegos (1984) y Bajo el Signo Creador de la Lengua (1985).

Del profesor Pedro Díaz Seijas escribió el académico Pascual Venegas Filardo, “es uno de los ensayistas y educadores más notables del país. Con largos años en la docencia nacional, es raro el venezolano joven que no ha estudiado en sus libros y no hay escritor que no conozca y admire su obra”. Y el doctor Ildefonzo Leal, testimonió que “…sus estudios sobre literatura venezolana son consultados con amplio interés. (...)”.

El amor por la tierra natal siempre estuvo vivo y lo expresó en sus libros, escritos, conferencias, artículos. Aquí en Guárico se le admiró, reconoció y respetó, así lo testimoniaron a la posteridad, don Parminio González Arzola y el exgobernador guariqueño don Facundo Camero Velásquez. Muchas veces asistimos como espectadores en distintos pueblos del Guárico, a donde asistió a dar conferencias y charlas en universidades, concejos municipales, plazas y otros escenarios. Como orador de orden vino a Valle de la Pascua en ocasión del Bicentenario de nuestra ciudad. De ese amor filial legó como testimonio de su guariqueñidad, las obras: La Viva Presencia del Guárico; Crónicas del Guárico; Reflexiones en voz alta. Y La Poesía en Décimas a propósito del Llano, obra de la que el historiador Adolfo Rodríguez, quien gozó de su amistad y aprecio, escribió:

El último libro de Pedro Díaz Seijas, “La Poesía en Décimas a propósito del Llano”, demuestra que el ensayista, el crítico, el estudioso de la literatura que ha sido este escritor venezolano, se manifiesta también en la creación literaria. Subtitula, dicha obra, “Homenaje a Alberto Arvelo Torrealba y Ernesto Luís Rodríguez”, de quienes se reconoce deudor de una afición que se remonta a sus primeras andanzas, tierra adentro, cuando descubre un poemario del joven Ernesto Luís: el “Supremo secreto de la poesía, transitado por otros autores que Díaz Seijas nombra en el “ofrecimiento”: Pedro Sotillo, Luis Barrios Cruz, Arístides Parra, J. A. De Armas Chitty. La poesía de Díaz Seijas abreva también, como revela, en un “paisaje casi totalmente inédito, pero de una sublime belleza, situado al sur del distrito Infante del estado Guárico, cuyas vías desprendidas desde Valle de la Pascua, conducen a Espino, a Parmana, a La Peña”, Y su fascinante alrededor: “impresionantes morichales, cuya naturaleza es necesario conocer, admirar e incorporar a las maravillas decorativas de nuestras llanuras. Las grandes extensiones de sabanas” con “formaciones montañosas…como son el Cerro de El Macho y el Tucusipano, así como grandes bancos, como el Telesfero”. Territorio exquisitamente descrito en la obra “El reflejo de los remansos azules”, rescatada, estudiada y editada, siendo presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, por Díaz Seijas, quien, cabe advertir, nace y se forja como hombre de llano por esos predios.

De su paso como Director Nacional de Cultura de la Universidad Simón Rodríguez, en la década de los años 80 del siglo XX, durante la gestión como rectora de la doctora Elizabeth Yabour de Caldera, el profesor Díaz Seijas escribió el Himno de la institución. Sublime pieza musical donde el autor recrea líricamente como en un lienzo, las regiones de la geografía patria y la presencia Emérita de la siempre noble Casa que vence en las sombras, como ejemplo paradigmático de lo que fuese el imaginario del bien llamado Maestro de América, ilustre epónimo, como diciéndonos que una Patria grande y unida siempre es posible y necesaria.

HIMNO DE LA UNIVERSIDAD SIMÓN RODRÍGUEZ

Letra: Pedro Díaz Seijas.

Música: Inocente Carreño

 

Desde el Ávila Dios taciturno

a los Andes, el Llano y el Mar,

en tropel nuestras voces al turno

vuelan todas en canto triunfal.

En tropel nuestras voces al turno

vuelan todas en canto triunfal.

Don Simón Padre Nuestro seguimos

tras tu huella bravía y emérita,

a tu ejemplo auroras pedimos

inmortal ciudadano de América.

Tus palabras son surcos fecundos,

tu mensaje se yergue hacia el sol,

alboradas antiguas de mundos

iluminan tu ejemplo ductor.

Desde el Ávila Dios taciturno

a los Andes, el Llano y el mar,

en tropel nuestras voces al turno

vuelan todas en canto triunfal.

En tropel nuestras voces al turno

vuelan todas en canto triunfal.

          

En la ciudad de Valle de la Pascua, el domingo primero de agosto del año 2010.