Cada
Historiadores y Cronistas de Ribas
Encuentro con la Historia y el Patrimonio Ribense
Vicleydy - Lito Silveira
Vicleydy
Lito Silveira
Víctor Manuel Machado Puerta, mejor conocido como “Vicleydy”, quien nace el 30 de noviembre de 1960, en Valle de la Pascua, signo Sagitario, signo que caracteriza a las personas por la tolerancia, la armonía, pero a la vez son ocasionalmente explosivas.
“Vicleydy”, impone en Valle de la Pascua un novedoso concepto de peluquería, la dinámica y las técnicas de estilismo le generan fama y una clientela selecta que originaba la célebre expresión “Esa se peina donde Vicleydy…”, locución que por antonomasia destacaba que era de distinción acicalarse en su atelier de alta peluquería.
Con deseos de mejorar la situación económica se marcha a Maracay a los diecisiete años, allí trabaja en una floristería, luego en la misma ciudad labora en la reconocida peluquería “Sabrinsky Poins” propiedad de la famosa peluquera colombiana Mariela López, por circunstancias de la vida la dueña del establecimiento tiene que viajar al hermano país, por consiguiente asume la encargaduría del establecimiento y sin haber realizado corte de pelo por primera vez, inicia lo que sería para él un oficio altamente exitoso y de alta calidad.
Se viene a Valle de la Pascua, luego de cinco años de ausencia, trae consigo muchos conocimientos de estilismo capilar, cortes novedosos, manejo de la policromía de los tintes, técnicas efectivas en el fortalecimiento, crecimiento y cuido, entre otros aspectos que se relacionan con la actividad de la alta peluquería. Relata que su conocimiento inicialmente lo obtiene por una observación continua, luego realiza cursos, seminarios y talleres de alta peluquería unisex con famosos estilistas nacionales e internacionales. Recuerda con nostalgia al desaparecido Nelson Delgado su primer maestro en el arte de la peluquería. Asiste a talleres exclusivos de peinado y maquillaje con Ricardo Chang quien peina y maquilla exclusivamente a las participantes de Miss Venezuela y también con el italiano Franco de Seria, afamado estilista y maquillador internacional. “Vicleydy”, sin mezquindad alguna, forma a varios peluqueros quienes también han tenido un desempeño exitoso, sostiene que sin egoísmo ha compartido los conocimientos que le ha generado su profusa experiencia y los continuos cursos que le proporcionan técnicas y procedimientos avanzados y de calidad estética en función de optimizar la atención a la exigente clientela.
“Vicleydy” es una persona bonchona, asiste a las fiestas que se dan en los clubes dentro y fuera de la ciudad, amante del buen vestir y el cuido continuo de la presencia personal. Es de hablar pausado y cuidadoso, detesta el comportamiento chabacano y soez, le agrada la franqueza. Su conocida homosexualidad la lleva con convicciones y la demuestra con la mayor naturalidad “soy una mujer dentro de un hombre…, muchos ocultan lo que verdaderamente son…yo soy “La Vicky” y punto…”. Comenta afirmativamente que en su casa es quien lideriza los problemas y que la unidad familiar siempre está presente, asimismo el diálogo y la paz. Reza todos los días antes de acostarse y al levantarse, “Chuchú”, Dios es su mejor amigo, él ha sido muy bueno conmigo, le doy gracias todos los días” Hemos tenido fuertes problemas en el núcleo familiar, pero nos hemos sobrepuesto. “Vicleydy” ha peinado o cortado pelo a celebridades de la política: Caldera y doña Mireya, Ismenia de Villalba, Diego Arria, José Vicente Rangel, entre otros que son o fueron actores de la política nacional.
Asegura que su vida sentimental a pesar de su metamorfosis de afección al mismo sexo la ha experimentado a profundidad y con mucho sentimiento, afirma que aún mantiene un “guayabo” de un viejo idilio que no ha podido erradicar de su corazón. Hay quienes comentan y le conocen muy bien que muchos hombres se han disputado sus afectos a lo Justo Brito y Juan Tavares… En su momento de agraciado esplendor por situaciones de celos algunas mujeres le hicieron formales y serios reclamos porque los maridos eran atraídos por el singular personaje.
En temporadas de prosperidad financiera realizaba viajes de esparcimiento alojándose en los mejores hoteles del país: Meliá Caribe, Hilton, Tamanaco, Euro Building, entre otros alojamientos de cinco estrellas. Guarda con marcada nostalgia en su mente y corazón la evocación de su madre Estílita Puerta y de su desaparecida hermana la hermosa Mirla. En una oportunidad siendo Irene Sáez candidata a la presidencia de la república, la bella miss en cordial conversación quedó impresionada con el atractivo de “La Vicky” y su comportamiento femenino. En ocasiones colabora con la organización Madre Teresa de Calcuta cortándoles el pelo a las personas ancianas y a indigentes.
Al finalizar esta entrevista
“Vicleydy” sostiene que tiene gran cantidad de escritos con los cuales prepara
la publicación de sus memorias…, en las cuales hará alusión de sus apogeos y
cuitas sentimentales… Hay muchos protagonistas de sus afectos que están
temblando por lo que pueda revelar.
Tiene
más de 2 años viviendo en Pucallpa, Perú.
Juan Luís Simoza - Degnis Romero
Profesor Juan Luís Simoza
Vargas
Memorias pascuenses
1964-1975
Juan
Luís Simoza
Es un honor y un orgullo especial como integrante de la generación de
gilfortoulianos sesentosos, ahora sesentones, compartir el siguiente relato del
profe Simoza, un baluarte de la pedagogía y del civismo nacional, que dejó
profunda huella en su paso por las aulas del liceo “José Gil Fortoul”.
Nos ubicó en Internet, después de 43 años, a través del escrito “La
Pascua 67” y llegó a ser la bujía del “Reencuentro 2010”. Con ustedes el
popular “Marshal” o “Clark Kent”:
Esta historia comienza con mi arribo a Valle de La
Pascua en septiembre de 1964, como integrante de la cohorte de docentes más
numerosa, según mi memoria, que el Ministerio de Educación haya alguna vez
asignado al liceo José Gil Fortoul. Éramos ocho en total, todos egresados del
Instituto Pedagógico de Caracas. Para los gilfortoulianos de entonces, hoy
honorables sesentones, deben tener algún significado los nombres de América
Escobar, Olga Lucena, Adina Castillo, Clemencio Rodríguez, Jesús Rodríguez
Blanco, Narciso Valderrama, Ramón Rodríguez. De este grupo, sólo dos, América y
Adina, eran vallepascuenses de nacimiento; el resto proveníamos de diferentes
lugares del país. Así, por ejemplo, Olga venía de Carora; Clemencio, de
Carúpano; Ramón, de Margarita; Jesús, Narciso y yo, de Caracas.
Del grupo de foráneos, fui el primero en llegar y
me alojé, por sugerencia del chofer de Línea La Pascua que me hizo el viaje, en
un pequeño hotel ubicado en la calle Guasco, muy próximo a la Plaza Bolívar y
diagonal a la Farmacia Marcano. Al día siguiente me presenté en el liceo, con
quince días de anticipación, y poco después me integré al proceso de
inscripciones para la escolaridad 64-65. Aquí, a pesar de mi sorpresiva llegada
y de ser un perfecto desconocido, fui recibido como a un familiar que había
regresado luego de un largo tiempo de ausencia. Gracias a los buenos oficios de
gente como Rodolfo Romero, César Urbina y Alfredo Camero, entre otros, me sentí
desde el primer día como uno más de la casa. Estos señores, de inmediato, me
consiguieron alojamiento alquilado en una casa (*) ubicada
en la calle Camaleones, cercana a la Avenida Táchira, cuyos propietarios eran
una familia de apellido Díaz, que habitaban una casa vecina. Mis benefactores
se encargaron, además, de transportarme todos los días de la casa al liceo y
viceversa; siempre alguno de ellos me pasaba buscando. Con Rodolfo Romero,
tremendo anfitrión, hice mis primeras visitas a los pueblos de El Socorro y
Tucupido, así como a algunos hatos vecinos a La Pascua. Alfredo Camero me
facilitó en su Opel las clases de manejo necesarias y suficientes para
emprender, por mi cuenta, la conducción de un vehículo propio. El
"Negro" Urbina siempre estuvo disponible para lo que fuera; era algo
así como un todo-terreno.
Los beneficios obtenidos por mi relación con estos
tres ilustres caballeros, se hicieron extensivos a los nuevos compañeros que
arribarían quince días después, en especial a los tres Rodríguez -Jesús, Ramón
y Clemencio- quienes, a su llegada, se alojaron en la casa que ya yo habitaba.
Así pues, quienes me daban la cola de ida y vuelta al liceo, tuvieron desde
entonces otros tres acompañantes. Narciso Valderrama, el otro varón del grupo,
llegó a la ciudad ya casado y consiguió una vivienda muy cercana al liceo.
El Pedagógico, además de hacernos especialistas en
el área que cada quien había escogido, nos inculcó civismo profesional, en el
cual la presentación personal era una cualidad indispensable. Nosotros,
entonces, respetando las reglas del juego, cumplíamos nuestras labores
profesionales invariablemente enfundados en flux y corbata, aunque no fuera
éste el atuendo más aconsejable en un clima tan caluroso como el de La Pascua.
Sonrío ahora al pensar en la atípica imagen que seguramente proyectábamos ante
los pascuenses que nos veían caminando enfluxados desde el restaurant de
Carmelo, en la Guasco, hasta la casa en la Camaleones, ¡en pleno mediodía!
Había, para entonces, dos principales librerías en
La Pascua, y ambas estaban ubicadas en los laterales de la Plaza Bolívar;
eran Librería Universal, en el costado
Atarraya, y Librería La Llanera, en el costado Guasco. Ambas eran amablemente
atendidas, respectivamente, por Vicente y la señora Carreño. A ellos dos
acudíamos los docentes antes del comienzo de cada año escolar para informarles
de los textos que los liceístas iban a necesitar.
Mención especial merece América Escobar, quien
comenzó siendo la reina de nuestro grupo y luego se convirtió en la reina de
todo el liceo. Era una muchacha preciosa, alegre y divertida, que sin mucho
esfuerzo se ganaba el aprecio y el cariño de quienes la rodeaban. Nos abrió no
sólo las puertas de su casa sino las de Valle de La Pascua; como perfecta
anfitriona nos llevó a socializar con diferentes familias de la ciudad; y ante
algún quebranto de salud de cualquiera de nosotros, su solidaridad siempre se
hizo presente a través de palabras de aliento, acompañadas en algunas ocasiones
con una energizante sopa de pichón.
Y qué bueno fue también para nosotros encontrarnos
con alguien como Domingo Rojas Anato, veterano maestro y profesor, todo un mar
de cordialidad, añadido a su conversación siempre didáctica y entretenida. Fue
quien nos introdujo a un mejor conocimiento de la ciudad, su gente, su cultura.
En este asunto de las anécdotas, el elemento
primordial es el intercambio con las personas, las cuales juegan un papel
protagónico cuando uno luego quiere echar el cuento. Uno de los encuentros más
decisivos para nosotros, en lo profesional igual que en lo personal, fue la
relación con nuestra directora, Isaura Ledezma. Nos impactó desde el primer
momento por su aplomo y seguridad en el cargo que ejercía, a pesar de ser tan
joven como nosotros, aunque había llegado un año antes. Quizás el hecho de ser
vallepascuense y, por añadidura, egresada del Gil Fortoul, estos dos factores
jugaron a su favor al proporcionarle, por ejercer en su propio patio, la
confianza necesaria para gerenciar un plantel con más de 70 docentes, la
mayoría de ellos del sexo masculino. Habría, no obstante, en este caso, que otorgarles
algún mérito a tres viejos conocidos suyos, los profesores José Gregorio
"El Negro" González, Rafael de Jesús Gutiérrez y Domingo Rojas Anato,
quienes sabiamente la asesoraron en los comienzos de su exitosa gestión. De
Isaura Ledezma, en fin, aprendimos mucho de lo que luego pondríamos en práctica
a lo largo de nuestra vida profesional.
Lo escrito hasta ahora recoge la impresión, y me
atrevo a hablar por ellos, de los ocho profesores que arribamos a La Pascua en
el 64. Hay mucho más por decir, pues fueron once los años que este relator tuvo
para disfrutar de la convivencia con los increíbles pobladores de esta ciudad.
Buena memoria, ¿no? Es que a La Pascua la recuerdo todos los días para que no
se me olvide.
(*) La casa de Pedro y Carlota Díaz, nuestros vecinos.


