DE CARLOS CRUZ DIEZ PARA GERMÁN FLEITAS BEROES
KIRPA
NACIÓ EN LA SABANA DONDE NACEN LOS CANTARES
Germán Fleitas
Núñez
“Quien
dice “la sabana” dice “la copla”; la copla errante; todos los caminos la oyeron
pasar; y mire que hay caminos en el llano”. El maestro Gallegos navega en lo profundo y nos regala en todos sus
libros, especialmente en “Doña Bárbara” y “Cantaclaro”, su visión de la vida y
del alma del llanero. Siglos de trashumancia, de resistencia y de heroísmo,
fluyen de sus páginas en las cuales se entiende claramente el cruce de la
sangre del indio cargada de nostalgia y de deseos libertad con la del negro,
espesa mezcla de rabia, rebeldía y alegría, con la de los amos blancos, para
terminar creando una raza nueva sobre la faz de la tierra; el punto equidistante
entre el nuevo mundo, África y España.
La
historia de la copla nos viene por el mar en viejos galeones y navíos
conquistadores. En cambio la de la música es más complicada porque la traen los
negros en sus voces roncas y agudas, en sus manos y en los cueros de sus
tambores; en los laudes y clavecines de los curas y de los parranderos y la
esperan aquí para cruzarse, las maracas dignísimas sustitutas de las
castañuelas y cantos ancestrales que le van a dar el toque de nostalgia a los
cantos recién llegados.
En
la medida en que fueron nacieron nuestros cantos nacionales, surgieron cuentos,
leyendas y versiones sobre sus orígenes. Algunas con bases muy sólidas, dignas
de credibilidad y otras menos confiables por ser más hijas de una imaginación
desbordada que de un estudio serio y analítico de las fuentes que las
originaron. Cada canto, cada ritmo, cada pieza, está acompañada de historia o
historias interesantes, todas ellas dignas del mayor respeto y análisis.
Es
el caso de nuestros joropos, pasajes y golpes llaneros y aragüeños, que le
oímos contar a viejos arpistas de Aragua como Pedro Matos o Salvador Rodríguez
o a llaneros como Rafael Hurtado o Juan Briceño.
Uno de los joropos que siempre nos llamó la atención por la cantidad de historia que encierra fue “La Kirpa” o simplemente “Kirpa”, con “K” o con “Q”. Y lo más llamativo es que es, después de “El Gabán” que solamente tiene dos pisadas, o “El Pajarillo” y el “Seis por Derecho” que solamente tienen tres, uno de los joropos más sencillos y fáciles del repertorio llanero y sin embargo, nadie sabe lo que quiere decir. Hasta hubo una telenovela de amor, pasión y traición como son casi todas las telenovelas venezolanas, que se llamaba “Kirpa de tres mujeres”, pero ninguna de las tres sabía lo que significaba la palabra, ni el autor de la telenovela tampoco. Pero en La Victoria vive una familia de apellido Quirpa, lo cual me hace pensar que se trata de un nombre o un apellido indígena.
ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA
El
primero en cantarla y grabarla fue nuestro gran Ángel Custodio Loyola hace
medio siglo y al menos “aclara” un poco el lugar de origen del joropo, cuando
dice: “Kirpa nació en la sabana donde nacen los cantares y como Kirpa lo cantó
lo supieron los palmares”. Pero no sabemos si se está refiriendo a un sitio, a
un género musical o a una persona, porque primero nos dice:”Güiripa lo llaman
Kirpa”; luego que: “Kirpa es joropo llanero que lo tocan en el arpa con maraca
y guitarrero”, para inmediatamente
decirnos: “Hombre del alto apureño con alma y conversación, si yo tuviera tu
copla (si cantara tanto como tú) te la cantara al bordón”.
Queda claro desde un principio que no se trata de música de Aragua ni de Miranda porque ésta lleva “maraca” pero no lleva “guitarrero”.
CON MARACA Y GUITARRERO
Hubo
una tragedia. A Kirpa lo mataron pero debió ser herido antes de su
fallecimiento porque dice el verso: “Apure lloró en silencio mientras el arpa
se oía porque en el llano se supo que Kirpa se moriría” O sea, se sabía que iba
a morir pero aún se oía el arpa”. Y ahora viene lo más intrincado de esta
leyenda que es el del lugar del suceso. “Su cuerpo quedó en Güiripa, su voz
está en el palmar, su pensamiento en la brisa, su apellido en el cantar”. Esto de “Su apellido en el cantar” ¿nos está
revelando que “Kirpa” era el apellido del arpista y que desde entonces pasó a
bautizar al inmortal joropo? Remata Loyola diciendo: “Yo no sé por qué en
Güiripa no quieren a los llaneros,
porque mataron a Kirpa y le hirieron al guitarrero”.
Hasta
aquí todo estuvo claro para mí, hasta que un día mi padre, quien era llanero y
cumpliría cien años el próximo 2016, me dijo que el pueblo de Güiripa “donde
mataron a Kirpa, no era el del estado
Aragua sino uno de igual nombre situado en la costa del Meta barinés. Un pueblo
que desapareció por despoblamiento pero en el cual estuvo el Canónigo Madariaga
cuando después del 19 de abril regresaba de Bogotá y en vez de venirse por mar,
se vino por río y lo menciona en sus Memorias. Como buen aragüeño defendí para
mi estado el “dudoso honor” de haber sido el escenario del lance que puso
fin a la vida del gran arpista y argüí que el verso dice “Yo no se por qué en
Güiripa no quieren a los llaneros”. Entonces le oí una explicación que nunca más he oído a nadie y es la
siguiente: “Hoy en día le decimos llaneros a los nacidos de San Juan de los
Morros para abajo, pero eso es ahora; antes, “los llaneros” eran los hombres
que trabajaban en el campo. Por ejemplo, yo en Camaguán no era “llanero” sino
lo que hoy llamaríamos “citadino”. Y debe tener algo de cierto porque una vez
siendo yo un niño de diez años, sentado en la puerta de la casa vi pasar a un
ejército de mujeres vestidas de vivos colores y mi abuela, calaboceña y
camaguanera me explicó: “Van para la entrada del pueblo a esperar a “los
llaneros” porque ellos regresan a esta hora.
Mi
padre, Germán Fleitas Beroes, fue un eterno estudioso de la cultura llanera.
Escuchaba las historias que contaban los viejos de pueblo, en tiempos en que ni televisión ni radio ni luz
eléctrica interrumpían los relatos del llano antiguo, trasmitidos de generación
en generación, fue poeta, compositor de joropos y publicó varios libros. Cuando
era niño (1925) una anciana camaguanera llamada Blanca Flor Zárate de 93 años (1833)
solía contarle a él, a su hermano Pedro (novelista), a Julio García Díaz,
conocido en aquellos tiempos como "Ño Aguedo" (quien luego publicó
sus trabajos en el semanario “Fantoches”), que era hija de Juan Rafael Zárate
(1780) el “guitarrero de Quirpa. Contaba
“Ña Clara”, entonces viejecita de 93 años de edad, que nació, creció y vivió la mayor parte de su
vida en el Barrio "La Lagunita" de Camaguán; allí casó con Juan
Rafael Zárate, famoso músico y tocador de “cuatro” del célebre arpista José
Antonio Quirpa. “Aquella trágica noche cayó a traición, abatido a machetazos.
Su
cuatrista Juan Rafael Zárate, herido de un terrible machetazo en una pierna,
fue recogido por unas piadosas vecinas y después de varios días, ya
convaleciente, envolvió su cuatro en un gran pañuelo de madrás y se fue a su
casa en Camaguán. Nunca más volvió a tocar su “cuatro” en los bailes públicos
ni a acompañar a otro arpista; únicamente lo pulsaba en sus horas de recuerdos
añorando con lágrimas en los ojos los días felices en que acompañaba al gran
arpisto en “su creación” de 14 arpegios, de los cuales sólo José Cupertino Ríos
Viña alcanzó a ejecutar 12 arpegios; nunca otro arpisto llegó más alto en la
ejecución de un "Quirpa". Suponemos que cuando hablan de arpegios se están
refiriendo a “variaciones sobre el tema central”. Otros arpistas le dicen
“vueltas”.
Parece
que Quirpa le daba 30 vueltas al joropo; cuando las muchachas le preguntaban
cómo se llamaba y ya era el más solicitado en la Villa de San Jaime y sus
alrededores, él contestaba; “Se llama El golpe que hace llorar”. “Yo conocí la
casa de Juan Rafael Zárate, vivía en ella Antonio Zárate, su hijo mayor, una
larga y ancha casa techada con hojas de palma, las paredes eran trozos de
palmas montadas unas sobre otras, dejando un espacio como de 30 cm; el sol y el
aire entraban libremente como en toda vivienda de los campesinos; Antonio
tocaba el “cuatro” y cantaba como su padre; también Félix el hijo menor; éste
se fue a vivir a La Unión de Barinas y se llevó consigo a su madre, ya
viejecita. Félix, además de ser un buen cuatrista y versificador
"relancino", ejercía la profesión de matarife”.
Contaba
doñas Blanca Flor que cuando tenía doce años conoció a Custodio Quendo y a
Dámaso Berroterán pero que no eran de
esas tierras sino de Aragua. No le
gustaba verlos porque eran muy borrachos, Siempre andaban “rascados”. Él
la llamaba y de cantaba:
“Acérquese
Niña Flor;
Ven
acá y dame la mano;
que
si canto bueno y sano,
Borracho
canto mejor”.
Algún
tiempo después de haber sido asesinado por arreadores de ganado, la gente
comenzó a llamar al joropo: “Kirpa” o “La Kirpa”.
El
pueblo venezolano, tan respetuoso de sus ídolos, compuso coplas que han corrido
y seguirán corriendo por todas las cantinas del medio rural. Ambas de autores
anónimos. Una antigua copla recopilada
por los viejos llaneros de Camaguán dice:
“Yo
no quisiera pasar
Por
donde llaman Güiripa
Por
no ver la sepultura
Donde
enterraron a Quirpa"
Ahora
nos queda a nosotros investigar lo siguiente: el pueblo de Güiripa “donde
mataron a Quirpa” ¿es el aragüeño que está al lado de San Casimiro o es el que
estaba en la costa del Meta, que antes pertenecía a la Provincia de Barinas y ahora pertenece a
los llanos de Casanare?
No
sabemos a ciencia cierta dónde murió. Pero sí sabemos que nació en la sabana “donde
nacen los cantares”.
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