Historiadores y Cronistas de Ribas
Encuentro con la Historia y el Patrimonio Ribense
Juan Luís Simoza - Degnis Romero
Profesor Juan Luís Simoza
Vargas
Memorias pascuenses
1964-1975
Juan
Luís Simoza
Es un honor y un orgullo especial como integrante de la generación de
gilfortoulianos sesentosos, ahora sesentones, compartir el siguiente relato del
profe Simoza, un baluarte de la pedagogía y del civismo nacional, que dejó
profunda huella en su paso por las aulas del liceo “José Gil Fortoul”.
Nos ubicó en Internet, después de 43 años, a través del escrito “La
Pascua 67” y llegó a ser la bujía del “Reencuentro 2010”. Con ustedes el
popular “Marshal” o “Clark Kent”:
Esta historia comienza con mi arribo a Valle de La
Pascua en septiembre de 1964, como integrante de la cohorte de docentes más
numerosa, según mi memoria, que el Ministerio de Educación haya alguna vez
asignado al liceo José Gil Fortoul. Éramos ocho en total, todos egresados del
Instituto Pedagógico de Caracas. Para los gilfortoulianos de entonces, hoy
honorables sesentones, deben tener algún significado los nombres de América
Escobar, Olga Lucena, Adina Castillo, Clemencio Rodríguez, Jesús Rodríguez
Blanco, Narciso Valderrama, Ramón Rodríguez. De este grupo, sólo dos, América y
Adina, eran vallepascuenses de nacimiento; el resto proveníamos de diferentes
lugares del país. Así, por ejemplo, Olga venía de Carora; Clemencio, de
Carúpano; Ramón, de Margarita; Jesús, Narciso y yo, de Caracas.
Del grupo de foráneos, fui el primero en llegar y
me alojé, por sugerencia del chofer de Línea La Pascua que me hizo el viaje, en
un pequeño hotel ubicado en la calle Guasco, muy próximo a la Plaza Bolívar y
diagonal a la Farmacia Marcano. Al día siguiente me presenté en el liceo, con
quince días de anticipación, y poco después me integré al proceso de
inscripciones para la escolaridad 64-65. Aquí, a pesar de mi sorpresiva llegada
y de ser un perfecto desconocido, fui recibido como a un familiar que había
regresado luego de un largo tiempo de ausencia. Gracias a los buenos oficios de
gente como Rodolfo Romero, César Urbina y Alfredo Camero, entre otros, me sentí
desde el primer día como uno más de la casa. Estos señores, de inmediato, me
consiguieron alojamiento alquilado en una casa (*) ubicada
en la calle Camaleones, cercana a la Avenida Táchira, cuyos propietarios eran
una familia de apellido Díaz, que habitaban una casa vecina. Mis benefactores
se encargaron, además, de transportarme todos los días de la casa al liceo y
viceversa; siempre alguno de ellos me pasaba buscando. Con Rodolfo Romero,
tremendo anfitrión, hice mis primeras visitas a los pueblos de El Socorro y
Tucupido, así como a algunos hatos vecinos a La Pascua. Alfredo Camero me
facilitó en su Opel las clases de manejo necesarias y suficientes para
emprender, por mi cuenta, la conducción de un vehículo propio. El
"Negro" Urbina siempre estuvo disponible para lo que fuera; era algo
así como un todo-terreno.
Los beneficios obtenidos por mi relación con estos
tres ilustres caballeros, se hicieron extensivos a los nuevos compañeros que
arribarían quince días después, en especial a los tres Rodríguez -Jesús, Ramón
y Clemencio- quienes, a su llegada, se alojaron en la casa que ya yo habitaba.
Así pues, quienes me daban la cola de ida y vuelta al liceo, tuvieron desde
entonces otros tres acompañantes. Narciso Valderrama, el otro varón del grupo,
llegó a la ciudad ya casado y consiguió una vivienda muy cercana al liceo.
El Pedagógico, además de hacernos especialistas en
el área que cada quien había escogido, nos inculcó civismo profesional, en el
cual la presentación personal era una cualidad indispensable. Nosotros,
entonces, respetando las reglas del juego, cumplíamos nuestras labores
profesionales invariablemente enfundados en flux y corbata, aunque no fuera
éste el atuendo más aconsejable en un clima tan caluroso como el de La Pascua.
Sonrío ahora al pensar en la atípica imagen que seguramente proyectábamos ante
los pascuenses que nos veían caminando enfluxados desde el restaurant de
Carmelo, en la Guasco, hasta la casa en la Camaleones, ¡en pleno mediodía!
Había, para entonces, dos principales librerías en
La Pascua, y ambas estaban ubicadas en los laterales de la Plaza Bolívar;
eran Librería Universal, en el costado
Atarraya, y Librería La Llanera, en el costado Guasco. Ambas eran amablemente
atendidas, respectivamente, por Vicente y la señora Carreño. A ellos dos
acudíamos los docentes antes del comienzo de cada año escolar para informarles
de los textos que los liceístas iban a necesitar.
Mención especial merece América Escobar, quien
comenzó siendo la reina de nuestro grupo y luego se convirtió en la reina de
todo el liceo. Era una muchacha preciosa, alegre y divertida, que sin mucho
esfuerzo se ganaba el aprecio y el cariño de quienes la rodeaban. Nos abrió no
sólo las puertas de su casa sino las de Valle de La Pascua; como perfecta
anfitriona nos llevó a socializar con diferentes familias de la ciudad; y ante
algún quebranto de salud de cualquiera de nosotros, su solidaridad siempre se
hizo presente a través de palabras de aliento, acompañadas en algunas ocasiones
con una energizante sopa de pichón.
Y qué bueno fue también para nosotros encontrarnos
con alguien como Domingo Rojas Anato, veterano maestro y profesor, todo un mar
de cordialidad, añadido a su conversación siempre didáctica y entretenida. Fue
quien nos introdujo a un mejor conocimiento de la ciudad, su gente, su cultura.
En este asunto de las anécdotas, el elemento
primordial es el intercambio con las personas, las cuales juegan un papel
protagónico cuando uno luego quiere echar el cuento. Uno de los encuentros más
decisivos para nosotros, en lo profesional igual que en lo personal, fue la
relación con nuestra directora, Isaura Ledezma. Nos impactó desde el primer
momento por su aplomo y seguridad en el cargo que ejercía, a pesar de ser tan
joven como nosotros, aunque había llegado un año antes. Quizás el hecho de ser
vallepascuense y, por añadidura, egresada del Gil Fortoul, estos dos factores
jugaron a su favor al proporcionarle, por ejercer en su propio patio, la
confianza necesaria para gerenciar un plantel con más de 70 docentes, la
mayoría de ellos del sexo masculino. Habría, no obstante, en este caso, que otorgarles
algún mérito a tres viejos conocidos suyos, los profesores José Gregorio
"El Negro" González, Rafael de Jesús Gutiérrez y Domingo Rojas Anato,
quienes sabiamente la asesoraron en los comienzos de su exitosa gestión. De
Isaura Ledezma, en fin, aprendimos mucho de lo que luego pondríamos en práctica
a lo largo de nuestra vida profesional.
Lo escrito hasta ahora recoge la impresión, y me
atrevo a hablar por ellos, de los ocho profesores que arribamos a La Pascua en
el 64. Hay mucho más por decir, pues fueron once los años que este relator tuvo
para disfrutar de la convivencia con los increíbles pobladores de esta ciudad.
Buena memoria, ¿no? Es que a La Pascua la recuerdo todos los días para que no
se me olvide.
(*) La casa de Pedro y Carlota Díaz, nuestros vecinos.
Reencuentro Gilfortoulano - Diario Jornada
RECUERDOS/ SERÁ EN PRÓXIMO SÁBADO 18 DEL PRESENTE MES
Se
llevará a cabo el gran reencuentro "Gilfortoulano" en el marco de su
aniversario
ANTONIO J. GONZÁLEZ
FOTOS: CORTESÍA DE EX ALUMNOS JGF VALLE DE LA PASCUA.-
Recordar es vivir, así dice un viejo proverbio popular,
propicio para que un grupo de ex alumnos del liceo José Gil Fortoul organizaran
un reencuentro que se estará llevando a cabo este 18 de diciembre.
Así lo dio a conocer Degnis Simón Romero, quien
está al frente de esta organización.
Romero señaló que "Este evento se realizará
el 18 del presente mes pero que se hará extensible al día 19, con un acto en el
liceo sin costo por volver a verse las caras y sin restricciones de promoción y
una "bailadera" en una sala de fiestas, con comidas, bebidas y música
retro en vivo", dijo Romero.
Expresó asimismo que para la fiesta se convoca al
intervalo que va desde los inicios de liceo hasta la promoción del año 1975.
"Dicho lapso no es discriminatorio; está
basado en tres circunstancias razonables -indicó- la primera, motivada a la
solicitud del profesor Juan Luis Simoza Vargas, bujía del evento, ya que ese
fue su último año de ejercicio profesional en el liceo. La segunda, responde a
una restricción generacional, porque los incluidos son adultos mayores (de
medio cupón en adelante) que no son changueros, reggaetoneros ni raperos".
Expresó que la tercera, circunstancia tiene que ver
con las dificultades logísticas involucradas en este tipo de trámite, para lo
cual se tuvo que dimensionar el asunto de forma manejable.
En este sentido, Romero explicó que se ha hecho una
estimación de 200 personas y se informa que, a la salida de esta edición, ya se
cuenta con una lista de más de 100 interesados.
"Esperamos que dicho monto sea suficiente
para armar un jolgorio satisfactorio, tomando en consideración que los fondos
excedentarios serán aportados al liceo, que en los actuales momentos está celebrando
sus 65 años de creado, para solventar algunos requerimientos que afectan su
mejor funcionamiento", dijo.
Además, informó que se reactivará la fundación de amigos
del liceo "Fundagil", que servirá como instrumento para canalizar la solidaridad
de los egresados en beneficio del liceo y de sus nuevas generaciones.
Es de resaltar que el Gil Fortoul es una
institución emblemática, de referencia nacional e internacional, de gran
calidad docente, que ha permitido la formación de muchas promociones de
estudiantes que luego han destacado en su desempeño profesional vanguardista,
en áreas humanísticas, científicas y tecnológicas.
Existe un entusiasmo generalizado por la realización
y el éxito de este evento, tanto en Valle de La Pascua como en el resto del
país y en el extranjero.
Dijo el organizador que se han reportado muchas personas
colaborando con su organización y con su difusión a través de todos los medios,
analógicos y digitales existentes.
Agregó que los interesados a asistir a este reencuentro
pueden dirigirse a la Calle Camaleones-sur Nº 21, entre calles Descanso y Las
Flores. Con la licenciada Belkis Moreno o por el número celular: 0414-2643654,
también pueden hacerlo por el correo electrónico reencuentrogilfortoul@gmail.com.
Muchachas de la promoción de bachilleres del liceo José Gil Fortoul en 1969
Raki Raki - Degnis Romero
Silfrido Gómez (Raki Raki) y su
carnal Trino Aguilar, en el Reencuentro 2013
Un vallepascuense polifacético
Raki
Raki
Conversar con el pana Raki
Raki, significa adentrarse en el mismísimo tuétano popular vallepascuense, ámbito
donde se ha desenvuelto desde el 17 de julio de 1951; fecha en que (al estilo
de “Manolito”, el de Mafalda) le dio la gana de nacer: – ¡Así mis padres no hubiesen querido, yo de que nacía, nacía!
Este polifacético y dicharachero personaje (de las
mil y una anécdotas), es de esos a quienes muy poca gente conoce por su nombre
de pila: Silfrido Gómez Díaz.
El primer cuento lo echa así: De ti me acuerdo a cada rato porque en esta última feria cuando dije
que lo que tomo es güisqui usted peló por la bombona esa. Dice esto refiriéndose
a una garrafa (1.75 litros) de “Juancito Caminante”, y agrega: Me dicen que llegué a la casa como el chino:
Jin-Chao.
Le solicitamos que hable de sus glorias deportivas
y dice: Por el año 1965, cuando estudiaba
en el liceo “José Gil Fortoul”, fui lanzador de bala, de disco y de jabalina,
bajo la tutela del profesor Gustavo Fermín. También trabajaba en el plinto (o el “burro” como se le decía antes) y
en la colchoneta. Viajamos varias veces representando a Valle de la Pascua: Fuimos
a San Juan de los Morros, a Maracay y a Maracaibo, colgados de las estacas de
un camión 350.
A la herejía en forma de pregunta: ¿Ganaste trofeos?,
replica firme: ¡Claro! ¡Muchos! ¡En el
liceo yo era “El Macho”! Pregúntaselo a las Fonseca, a “Picante” o a Herminia…
Pero me los robaron todos, los que me quedan son de natación, ganados en la
piscina del YMCA, en La Castellana, Caracas.
Luego, continúa el cuento en la forma jocosa que lo
caracteriza: También jugué béisbol, voleibol y básquet. Llegué a ser
cátcher estelar en el equipo “Deportivo La Pascua”, dirigido por Oswaldo “el gordito”
Mejías, y donde también jugaban: “El Chino” Pateti, Charles Terry, Cuplé, el
pitcher Valenzuela, etc. Siempre recuerdo la vez que jugábamos un partido
detrás del liceo y me tocó el turno al bate cerrando el último inning con el
juego empatado y un hombre corriendo en la tercera base. El locutor narró por
el micrófono: ¡Al bate: Raki Raki! ¡El pícher lanzaaa! ¡Líííneaaa…! ¡Se acabó
esta vaina!
Los laureles deportivos no quedaron allí, según
sigue contando: Salí de La Pascua en 1968,
para ingresar a la Marina, donde quedé como el atleta más completo de los IV
Juegos Armarios. Después que salió
Ramón Montezuma, quedé yo. Se refiere al ex-marinero que fue diez veces campeón
nacional en decatlón, y que, además, fue exaltado al “Salón de la Fama del
Atletismo Nacional”, en 2011.
También recuerda esto con cierta saña: “Lito” González, entró a la Marina un año
antes que yo; su “maletín” era un saco de cemento, donde se podía leer:
“Carreteras de concreto conducen a la prosperidad – Pertigalete – Estado Anzoátegui”.
Luego de la Marina regresa a Valle de la Pascua,
pero por muy poco tiempo, según dice: Esa
aventura de venirnos a Caracas la hablamos Trino y yo luego de visitar a unas novias
casquivanas que teníamos por la laguna El Rosario. Trino comenzó a trabajar en
la empresa Tranex y yo me vine atrás a trabajar en Vigilancia y Transporte de
Seguridad, C.A.
Al consultarle por el
surgimiento de su vena musical, dice: Eso
comenzó en 1971, porque frecuentaba la cervecería "La Girazona", en
el centro de Caracas, donde iban cantantes de música llanera. Yo les decía:
Chico, si tú quieres enamorar a una muchacha, ¿por qué le cantas un seis por
derecho? ¡Con eso lo que haces es correrla! ¡Yo voy a cantar y a componer!
Llegué
a grabar con
Hugo Blanco, Ray Pérez, Eugenio Bandres, Carlos Luna, y hasta con Carlos
Arveláez, el de Tucupido. Cuando la situación estaba mala vendía cassettes con
lo que grababa. Ahora estoy con Isaac Narváez, quien ha tocado con muchas
orquestas del país.
Nos obsequia su séptimo CD, que incluye las canciones:
La lata de María; A los padres; A las muchachas; Gordo, feo y barrigón; La cabra
de Carrillo; Caminante sin rumbo; Tengo y no te doy; La gotica de limón; Cumpleaños;
A Galipán; Apure en un viaje; La malvada y La nieta.
Los músicos son: Arpa: Eugenio Bandres y Alfredo
Ávila. Cuatro: Jesús Ramírez “Laguna Vieja”. Maracas: Jesús Reyes “Chuíto”. Coros:
Leonel P. Plaza, Guillermo Hernández, Rafael e Iraida Escobar. Teclado: Isaac
Narváez. Saxo: Luís Lara “Invitado”. Percusión: Plaza, Alfredo Francis
“Caraota”, Javier “Chuchita” Perozo. Bajo: Jesús Reyes “Chuíto”.
También comenta que está por salir del horno su más
reciente producción, que incluye el exitazo: “A Valle de la Pascua”,
subido a Youtube por “Tamancorp” en ocasión de la reciente feria vallepascuense.
Nos reafirma que las personas mencionadas en este tema, además de su “hermano” Trino
Aguilar (dice que Trino pidió
borrarlo de este disco, porque y que le está saliendo ‘demasiao caro’), son:
Gilberto “El Gato” Hernández (dice que le dio cuatro fuertes y que pa’ comprá
una botella’e güisqui, por inmortalizarlo), y Alberto “Pelo’e Guama” Castillo: ¡Estoy esperando a ver con qué me sale este!
Los cuentos son interminables, pero, para cerrar,
refiere uno relacionado con Don Alberto Aguilar, papá de Trino, a quien ellos
acostumbraban escamotearle panelas de queso que luego vendían para comprar
aguardiente. En una ocasión yendo los tres hacia el fundo con Trino al volante,
manejando a alta velocidad, Don Alberto le dice: Mijo, estoy pensando vender el fundo, las vacas y esta camioneta.
Trino le contesta: ¿Y eso por qué, papá?
Obteniendo por respuesta lo siguiente: ¡Pa’compráte
un avión pa’que vueles, ño c.’e tu mái!
Al pana Raki Raki, amante de la buena mesa, cuando la
gente le pregunta: ¿Qué haces para no
ponerte viejo?, él les responde, muy orondo: ¡Hay que comer frijoles “parapareaos”!


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