Profesor Rodolfo Romero Zamora,
con egresados 1967, en el Reencuentro Gilfortouliano 2010
Alquimista de la
amistad
Rodolfo
Romero Zamora
Un amigo envía la imagen ut supra que fue inicialmente publicada en el
Facebook ‘¿Eresvallepascuense nato?’ por el profesor Juan Luís Simoza Vargas, a un año de
celebrarse el “I Reencuentro Gilfortouliano”, el 18 de diciembre de 2010, y recientemente
actualizada como imagen del grupo por su líder y creador Juan Bautista Díaz, como
homenaje póstumo a Rafael Rodolfo Romero Zamora, excelso profesor de química
desde la época de oro del liceo “José Gil Fortoul”, de Valle de la Pascua,
Estado Guárico, y último bastión vallepascuense de esa generación de educadores
que brilló con luz propia en la loable y noble tarea de moldear, con singular imaginación
y paciencia, a los alumnos que les tocó educar, incluyendo en esa categoría a una
cuerdita de zagaletones, embriones de delincuentes comunes, con quienes
lidiaron tenazmente para que no termináramos en la PGV de San Juan de los
Morros.
En la foto aparece el profesor Romero, flanqueado por integrantes de la
promoción del año 1967, apadrinada por el distinguido profesor Eduardo Salazar:
Degnis Romero, Luís López, Haydee Panzarelli, Rosa Ineichen (†), Régulo Ochoa y
Froilán Fernández. La promoción de 1968 le rindió tributo al profesor Romero,
eligiéndolo como su padrino; una de las tantas distinciones recibidas en esa y
en otras instituciones.
El evento sirvió para compartir con el apreciado profe en escenarios
variopintos de grata recordación como el mostrado y otros como el día anterior
al festejo cuando nos sorprendió con su presencia en el liceo, donde se
realizaba el sacrificio de la vaca que había sido donada por el profesor Freddy
Valera, y que, por razones aleatorias, resultó ser propiedad del profe. Dicha
faena, aunque desprovista de lidia, rejoneo y banderillas, constituyó un
espectáculo aparte. En particular por la cara de consternación del profe
mientras uno de sus ejemplares recibía el mortal hachazo, y cuando, más tarde, solicitaba
un recorte del lugar de la piel donde había sido herrada para proceder a
anexarla en un cuadernito Caribe donde llevaba el inventario de la manada.
No se supo el nombre del animal, aunque se presume uno como el de sus
consentidas Estrellita, Florita o Lucecita. Lo que sí se sabe con certeza es
que era una de las vacas que había criado con esfuerzo tesonero en los predios
del caserío Chupadero, aledaño a El Socorro, donde tenía su finca a la que
catalogaba como un revolcadero de burro.
Sus vacas también eran motivo de referencia jocosa en sus charlas: Saben más química que mis alumnos,
decía.
Otro rato agradable que compartimos fue el del día que lo visitamos en
su residencia de la calle Deleite c/c Las Flores, para hacerle formal
invitación al Reencuentro. En amena charla le comentamos que habíamos
contactado a los profesores Ramón Rodríguez “Pájaro Loco”, Ángel Sarmiento,
Juan Luís Simoza y a Celso Luís Ladera, en la USB.
Dando un salto, de inmediato se puso a la orden para conseguirles
alojamiento en el Hotel Colón, cuyo dueño era uno de sus ex-alumnos. Le explicamos
que ya esa logística estaba coordinada y que, incluso, el amigo José Ricardo
Del Corral, ofreció costear los gastos del profe Ladera en el Hotel San Marco,
luego de salir de una entrevista que nos hiciera en su programa de radio.
No ocultaba su emoción por juntarse de nuevo con esos colegas después de
mucho tiempo sin verles las caras; en particular a Ladera quien tuvo una fugaz
estadía de dos años dando clases en el liceo, entre 1963 y 1965.
En esa oportunidad, comentó que ya andaba por los 75 años y que padecía
desde algún tiempo de un problema prostático, razón por la cual le sugerimos
tomar Graviola, un antioxidante natural que consumíamos.
El profe demostró manejar el tema diciendo que tomaba el jugo de
guanábana natural, opción que resultaría mucho más manejable ya que el pote de
la Graviola pasó un día de Bs 400,00 a Bs 7.000,00 lo que la hacía incomprable.
Su residencia parecía un tablero de control desde donde monitoreaba el
desenvolvimiento de su prole y gestaba planes e impartía instrucciones que
redundaran en su bienestar.
Además, les brindaba su apoyo irrestricto en las facetas existenciales
que les tocaba trajinar: Quien se graduaba en la UDO había que ayudarle a
conseguir trabajo; quien estaba en trámites prenupciales había que colaborar
con el festejo. Todo ello formaba parte de su rutina diaria que comenzaba con
su viaje al fundo, en la mañana, y del que regresaba a eso de las siete de la
noche; por tal motivo contestaba a la intención de entrevistarlo: ¡Llámame después de las ocho!
Esa fue una de las dos razones por las que nunca se pudiera lograr la
conversa: ¡Qué pena molestar a alguien a esas horas de la noche! Sobre todo,
cuando se sentía cierto sobresalto en su esposa que decía: ¡Te llama Degnis Romero! A lo que respondía: ¡Tranquila que ese no es un cobrador!
La otra fue producto de una falla tecnológica ocurrida al migrar los
contactos de un teléfono a otro, y en la que no pasaron los números de habitación
y de celular del profe.
A partir del lamentable acontecimiento se comenzó una razia para tratar
de recuperar esos datos con la ayuda de algunos viejos amigos ‘vallenatos’
(desagravio por el término ‘vallemetío’). El esfuerzo resultó asaz infructuoso,
como se ejemplifica en estos E-mails compartidos con el profe Simoza:
Degnis: Hola, profe. Agradezco el
envío de los números de teléfono del profe Romero, extrañamente extraviados de
mi lista de contactos. Abrazos.
Simoza: Hola, Degnis, en menudo
lío nos hemos metido con lo del teléfono de Rodolfo, pues me estoy dando cuenta
de que tampoco lo tengo. He registrado archivos virtuales y de los otros, ¡y
nada!
Antes de eso habíamos intercambiado estos otros mails:
Simoza: Degnis, hace una hora
recibí una llamada de Rodolfo Romero para decirme que casi se le salen las
lágrimas al leer en El Reportero "Memorias pascuenses". Estoy
empezando a sentir el síndrome Raki-Raki.
Degnis: ¿Qué tal? Anoche me
avisaron que salió, pero el pariente se me adelantó con la noticia. ¡Enhorabuena!
¡Ya tas inmortalizao! Jajajaja.
Degnis: Profe, me informan, de
buena fuente, que estás matando la liga del Facebook Evenista. Alguien subió tu
cuento y tienes una marea de lectores. ¡Caracha negro!
Simoza: Aquí toy campaneando a tu
salud. Cheers!!! Y parece que te oyeron, Little Simon, porque están pidiendo
más.
Degnis: ¡Ouu yeah! Ayer llamé al
profe Romero. Está encantado de que lo nombraras 'dos veces' y dice que los Evenistas
lo tienen de modelo, pero que no le pagan. Por cierto, alguien debería subir
también a Sarmiento, Matute, Raki Raki, Juvenal, los Square, al Tarúpido y
demáses. Abrazos.
Algo que le solicitamos al profe Romero en esa última breve llamada antes
del extravío mencionado es que hiciera una lista de las anécdotas más
divertidas que recordara de sus días en el Gil Fortoul, para agregarlas a la
semblanza que redactaríamos como complemento al artículo publicado en el
periódico El Reportero por el poeta Misael Flores, que se anexa al final
gracias a la colaboración de “Lito” Silveira, maestro eximio de la lengua
castellana, quien disparó dicho misil a estos predios electrónicos, ya que nuestro
ejemplar lo cuidamos tanto que lo extraviamos. ¡Qué cosas!, ¿no?
Con el misil se regaron estas esquirlas: El profesor Romero era muy ‘curruña’ de Valentín Macario (Abastos
Paraíso y El Estoril). Allí comía empanadas y bebía Grapette. Cancelaba
quincenal. "Santa María", alias Freddy Camero, laboró allí
repartiendo comida y despachaba las medias lunas de rigor, de las cuales el
inolvidable extinto era asaz consumidor. Por cierto, fumaba más que Agustín
Lara, cuando supo que la Félix le montó cuernos.
No hubo oportunidad de conseguir la lista, porque un día de abril, similar al de 1990 cuando se
lanza al espacio el Telescopio Espacial Hubble, nos anunciaron la noticia de su
partida hacia algún lejano lugar del universo.
Sin embargo, se reseñan algunos capítulos sacados de la tradición oral,
como la vez en que el profe se refería en una clase al “número de Avogadro” y a
la ecuación que representa la reacción de formación del agua: 2 H2 + O2 → 2 H2O,
y decía: Dos moles de hidrógeno (H2) y un
mol de oxígeno (O2) reaccionan para formar dos moles de agua (H2O). Al
terminar la explicación se lució con esta perla: Y un mol de agua más un mol de tierra reaccionan para formar un mol de
barro.
O cuando explicaba métodos de balanceo de ecuaciones químicas: que si el
algebraico, o el de óxido-reducción, o por tanteo. Ponía un ejemplo y remataba sonoramente
con esta otra: Ecuación balanceada..., ¡y
foootooo!
O cuando ‘cazaba’ a algún alumno contemplando, con ojos babosos, los hechizantes
chorcitos rojos de las bellezas gilfortoulianas en sus clases de deportes y lo
increpaba así: ¡Se le van a salir los
ojos, bachiller!
Esa escena se repetía con mucha frecuencia ya que en el liceo siempre
hubo un desfile de primores que prodigaban un glamoroso espectáculo en sus
aulas, pasillos y canchas. El profe Romero, con su sempiterna chispa, las identificaba
de acuerdo con la categoría taxonómica de los rines, de esa forma el modelaje
podía ser Rin 14, Rin 15, Rin 16, etc.
O cuando la gente le decía: Profe,
usted no se pone viejo nunca (lo cual era totalmente cierto), a lo que
respondía: Yo no me pongo viejo porque la
‘feúra’ no me lo permite.
O la vez que un alumno le preguntó la causa por la cual los electrones
en algunos elementos no cumplían la regla y le contestó: ¡Esos son electrones saltarines! Al tipo no le gustó el asunto y
fue a acusarlo con el profesor guía montando una prosopopeya de que se le
estaba cercenando su derecho a aprender con seriedad. Al día siguiente
manifestó en la clase: ¡Prefiero la
muerte antes que caer en una lengua viperina!
O cuando decía, sin exteriorizar molestia alguna, que algún ‘raspao’ en
el examen del día anterior le había rayado el carro, un Chevrolet Impala 1959,
considerado una ‘nave’ por los profesores a quienes les daba la cola hasta el
liceo, entre los que estaban Simoza, de Inglés; Ramón Rodríguez, de Moral y
Cívica, el último ‘vallearraigado’ de esa generación que sigue en Valle de La
Pascua; Jesús Rodríguez Blanco, de Geografía Económica, emigrado a USA y relevado
por Pedro Núñez López, en 1967; y Clemencio Rodríguez, de Biología: Volvió a su
natal Carúpano hasta el fin de sus días, en 2010.
La cola representaba una tabla de salvación ya que en esa época no
existían los carros “Libre” o taxis.
Por otra parte, también se consiguen citas en algunos escritos que aluden
la sensible fibra hospitalaria del profe, como las contadas por dos de sus
colegas venidos de otras tierras que luego adquirieron un arraigo medular
pascuense: Los ‘vallearraigados’ profesores Simoza y Sarmiento.
El profe Simoza, en sus “Memorias pascuenses 1964-1975”, relata: Gracias a los buenos oficios de gente como
Rodolfo Romero, César Urbina y Alfredo Camero, entre otros, me sentí desde el
primer día como uno más de la casa. Estos señores, de inmediato, me
consiguieron alojamiento alquilado en una casa (*) ubicada en la calle
Camaleones, cercana a la Avenida Táchira, cuyos propietarios eran una familia
de apellido Díaz, que habitaban una casa vecina. Mis benefactores se encargaron,
además, de transportarme todos los días de la casa al liceo y viceversa;
siempre alguno de ellos me pasaba buscando. Con Rodolfo Romero, tremendo
anfitrión, hice mis primeras visitas a los pueblos de El Socorro y Tucupido,
así como a algunos hatos vecinos a La Pascua… Los beneficios obtenidos por mi
relación con estos tres ilustres caballeros, se hicieron extensivos a los
nuevos compañeros que arribarían quince días después, en especial a los tres
Rodríguez -Jesús, Ramón y Clemencio- quienes, a su llegada, se alojaron en la
casa que ya yo habitaba. Así pues, quienes me daban la cola de ida y vuelta al
liceo, tuvieron desde entonces otros tres acompañantes.
(*) La casa de Pedro y Carlota Díaz, nuestros vecinos de la casa “San
Celestino”, N° 31 de la calle Camaleones norte, entre la calle Paraíso y la avenida
Táchira.
En la entrevista realizada en 2013 al profesor Ángel Agustín Sarmiento
Bueno, a días de la anterior publicación del profe Simoza, se lee textualmente:
El profesor Romero, con su excelente
receptividad, me llevó a donde un árabe. Ahí compré mi primera cama, ¡fiá!
Hace poco relató: Degnis, fue
Rodolfo, quien me presentó al Sr. Araujo de Trajes Araujo, allí sacábamos fiaos
los trajes que obligatoriamente la Prof. Ledezma nos hacía lucir con corbata y
todo, a pesar del calor llanero. Rodolfo me llevó al Hotel Firense del Sr. Carmelo,
allí y en la Rodriguera (Calle Retumbo N° 20 Sur) pasé mi etapa de soltero y
una vez casado Rodolfo me presentó a los dueños de los dos Supermercados más
grandes y de las mejores mueblerías. Rodolfo, Degnis, fue el mejor anfitrión
que tuvimos los Profesores que llegábamos por primera vez al Liceo. Todos le
estuvimos agradecidos. Era un hombre tan espontáneo y generoso.
Otra mención al profe se encuentra en el Tucupido 60's, un escrito que
hicimos en 2009, donde aparece formando parte del staff de profesores del liceo
Víctor Manuel Ovalles, el año escolar 1962-1963, de la forma siguiente: Ese combito está dirigido por la batuta de
Cesar Díaz Ledezma, con el auxilio de los profesores: Cesar Urbina, Luisa de
Panzarelli, Nohemí de Baltodano, Rodolfo Romero, Edgar Colmenares, Lermit
Hernández, Alfredo Camero y José Joaquín Rodríguez.
Su paso por las aulas del liceo tucupidense durante los sesenta y setenta está documentado, de igual
forma que su incursión como maestro interino de segundo grado en la escuela Carlos
J. Bello, de la calle Camaleones, en 1954.
Este último dato nos retrotrae a los años de liceísta en la época de
exámenes finales, cuando la moda era estudiar a altas horas de la noche,
sentados en una silla de extensión bajo un poste en la esquina de la calle
Camaleones cruce con Descanso, cerca de las viviendas de los compañeros Antonio
Tomás Martínez “Catana”, José Manuel Belisario “Mununo” (una vez nos retó donde
Carlitos, frente al liceo, por llamarlo así), y del mejor amigo Antonio Mario González
“El Chino”, quien filosofaba de manera simplista acerca de la muerte, y decía: Morirse debe ser como estar dormido, pero
sin soñar.
Por estos días, a raíz del tránsito espiritual del profe, desarrollamos
una novedosa teoría acerca de la muerte cuya comprobación práctica le tocará a
algún astrofísico émulo de Arthur Eddington o Georges Lemaître, y se esboza así:
La muerte es la transmutación del espíritu a cuatro
instancias diferentes dependiendo de su grado de pureza:
1.- Espíritus basura: Son las almas en pena de excrementos
humanoides que, al morir, caen en un agujero negro por toda la eternidad. ¡Como un ex-presidente!
2.- Espíritus impuros: Somos la casi totalidad, a
quienes nos toca el ciclo de la reencarnación y que, al morir, pasamos a un
éter formado por materia oscura, a la espera de otro turno.
3.- Espíritus puros: Son aquellos que terminan el susodicho
ciclo y, al morir, se convierten en una estrella. ¡Como el profe!
4.- Espíritus radiantes: Son los que trascienden la
instancia anterior y, al morir, su espíritu se transmuta al estado más puro
necesario para ser acogido en el reino de la luz eterna. ¡Como el Papa Wojtyla o la Madre Teresa!
Ojalá que la cosmología, como en el caso
de Einstein, se encargue de comprobar esta teoría para ser merecedor del premio
Nobel, en estos días que cualquiera recibe uno.
Algunos visionarios precursores de dicha teoría son:
Juan Ramón Jiménez (1881-1958), un verdadero Nobel de Literatura (1956),
quien dejó registrado en su libro “Platero y yo”: – Platero, si algún día me echo a este pozo, no será por matarme,
créelo, sino por coger más pronto las estrellas.
Carl
Sagan (1934-1996),
extraordinario científico, exobiólogo y astrónomo quien acuñó la frase: ¡Somos polvo de estrellas!
Eugenio
Montejo (1938-2008), quien en "Réplica
Nocturna", un poema de corte vanguardista, incluía al reino animal así:
Ya
no será esta noche. Voy a llenar mis ojos
de
ebrios asombros matutinos.
Me
aturde el ruido insomne de los taxis
cuando
bajan por los suburbios,
los
pájaros que se convierten en estrellas
pero no cantan.
Otra faceta del profe era su predilección por los eventos de “Alfombra
Roja”. Era el primer chicharrón del caldero en los actos de diferente índole
relacionados con el liceo. En este sentido se agregan abajo imágenes del
Reencuentro 2010, de un reconocimiento que le hicieron junto a otros
profesores, así como varias joyas iconográficas, una de las cuales sacada del
baúl de Anaira del Valle Bolívar Leal, siendo transportada por el profe, en su
carro, el día de la coronación como “Novia del Liceo”, en 1964, y otras del
baúl del profe Simoza, con motivo del curioso acto de graduación de la promoción
de bachilleres en Ciencias (nocturno) de 1970, celebrado en su casa de la calle
Retumbo sur, N° 15.
El profesor Romero que conocimos era una persona harto afable, además de
jocosa y dicharachera; su porte era el de un Lord inglés, con su pecho erguido
en actitud cuasi marcial. Un hombre de sonrisa franca que reservaba para su
entorno, pero que proscribía ante las cámaras fotográficas.
No olvidaremos nunca que al concluir el Reencuentro en el liceo, hizo el
mejor reconocimiento por la jornada cuando, al despedirse, nos palmeó el hombro
diciendo: ¡Esto te quedó 'fenómene'!
¡Tenías que ser Romero!
Se dice que: La alquimia era una
antigua protociencia apoyada en un sistema filosófico y espiritual, que terminó
evolucionando en la química actual. El símbolo central de su terminología
mística era la ‘Piedra filosofal’, con la que se transmutaba el plomo en oro y
con la que se podía conseguir la inmortalidad. En tal contexto, el profe
Romero, siempre será recordado, con mucho afecto, como alquimista de la amistad
entrañable, cuya transmutación espiritual originó un evento cosmogónico que
generó el nacimiento de una nueva estrella. Falta enviar una solicitud a la
NASA para que ubique en cuál nebulosa, galaxia o constelación del universo se encendió
esa nueva estrella, estableciendo como parámetro de búsqueda el momento en que
se apagó aquí en la tierra.
Mientras tanto, solo queda reseñar la primera estrofa del poema “Funeral
Blues”, una elegía de W. H. Auden:
Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.
Rodolfo Romero y su esposa Silenia
González, Anaira Bolívar, “Novia del Liceo” en 1964, Doris Correa y Froilán Fernández.
Médicos José Cedeño y Oscar
Vilera, Aida Seijas, Rodolfo Romero, Haydee Panzarelli, Profesor Blanco y María Pérez Jiménez, en el
Reencuentro Gilfortouliano 2010.
Los anteriores más el
profesor Ramón “Pájaro Loco” Rodríguez, Luís Orlando Séijas, Iris Acosta, Elena
“La China” Suárez, y UFO.
Rafael Zurita, Luís Perdomo,
Argenis Romero, Rodolfo Romero, Froilán Fernández
Alberto Ponce y esposa, Dr.
Rafael Emilio Silveira, ex-gobernador del Guárico 1996.
Alberto
Requena Rodolfo Romero Erasmo “Pipo” Álvarez (†)
Trío de Romeros
Profesor Rodolfo Romero, recibiendo
uno de los tantos homenajes
Grupo de profesores y otras
personalidades gilfortoulianas homenajeadas
PROFESOR
RAFAEL RODOLFO ROMERO, QUÍMICO DE LA ENSEÑANZA.
DECLARADO “HIJO ILUSTRE DE
LA PRIMERA GENERACIÓN” DEL LICEO JOSÉ GIL FORTOUL.
Misael Flores
Con
la misma pasión que amó la química lo hizo como hombre de campo, ordeñando sus
vacas, cuidando sus becerros…tenía cien (100) reses en apenas 60
hectáreas…..sus centenares de alumnos de ayer, hoy profesionales o personas de
empresas o productores agropecuarios, hasta el último momento de su existencia
lo trataron con mucho afecto…poco tiempo antes de morir me invitó a almorzar.
Todos los comensales que llegaban al lugar (y eran bastantes) le tendían su
mano con cariño desbordado. De todas las mesas nos enviaban bebidas y hasta el
dueño del negocio, que también fue su alumno, se sentó con nosotros a comer y a
charlar, me refiero a Freddy Blanco, del Hotel Colón…lamentablemente supe de su
muerte varios días después, por lo cual no pude estar en su “último acto
social”, como alguien llamó el velatorio de las personas que se despedían para
siempre……Repongo a continuación la nota periodística que aproveché producir en
aquella oportunidad, por demás interesante su contenido. (Misael Flores).
El
1ro de junio de 1.935, nace Rafael Rodolfo Romero Zamora. Hijo de Julia Zamora
Peña y de José Romero. Abre los ojos por primera vez en el Hato Romereño,
Tierra Negra, ubicado entre los distritos Infante y Zaraza del estado Guárico.
Ese niño fue creciendo entre reses de ordeño, y leyendo en la infinitud de la sabana
su futuro, que resultó ser el de un químico que se entregó por entero a la
enseñanza a jóvenes liceístas que luego alcanzaron altas posiciones
profesionales, desde las cuales hoy sirven al país. Valga destacar que el
profesor Romero, durante toda nuestra conversación, tuvo palabras de afecto y
de reconocimiento hacia sus ex alumnos, a los cuales califica de buenos
estudiantes y de ciudadanos excelentes, proyectados en el tiempo. Agreguemos
que el profesor Romero sigue apegado a las actividades del campo. Mantiene la
parte de la finca que heredó de sus padres. Tiene unas cien (100) vacas que
moviliza hacia las sabanas en ciertas épocas del año. Su pequeña finca, de un
poco más de 60 hectáreas, está ubicada en las inmediaciones del municipio El
Socorro, las cuales cede a campesinos para ser sembradas mientras las reses
están en las sabanas. No les cobra ningún tipo de arrendamiento.
Síntesis
curricular
Estudió
primaria en la Escuela Leonardo Infante de Valle de La Pascua entre los años
1943 al 49. La educación secundaria, desde el 7mo Grado al 1ro de Ciencias, los
realizó en el liceo José Gil Fortoul. No había el 5to año (2do. De Ciencias o
de humanidades) en nuestro liceo. Por ello concluyó su bachillerato en el liceo
Andrés Bello de Caracas. La Educación Superior la obtuvo en la Escuela de
Química de Caracas en el período 1954-1958, obteniendo el título de Químico
Industrial.
Experiencia
laboral
El
químico Rafael Rodolfo Romero Zamora, comenzó sus labores profesionales en el
Banco Mercantil y Agrícola, desempeñando el cargo de Jefe del Departamento de
Compensación. Eso fue en Caracas. Poco más tarde entra a la empresa CAT,
CRA-KER, en Punta Cardón, estado Falcón, desempeñando el cargo de Junior STAFF
(Supervisor Menor). Luego entra como profesor de química en el liceo Simón
Rodríguez, de Carúpano, estado Sucre, donde fue ascendido a Jefe de Laboratorio
de Química.
El
año 1.962 entra al liceo José Gil Fortoul dando la misma materia, hasta el año
1.988 cuando es jubilado. La misma materia la impartió en el liceo Víctor
Manuel Ovalles algunos años. Igual desempeño tuvo en el Colegio Nuestra Señora
Del Valle y en la Escuela Normal Simón Bolívar, ambas de La Pascua.
Es
Miembro Permanente del Departamento de Biología y Química del Liceo José Gil
Fortoul. Entre los tantos reconocimientos recibidos se cuenta el del Colegio de
Profesores de Venezuela de las seccionales de los estados Aragua y Guárico, por
su activa participación en la adaptación de programas de química para 3ro, 4to
y 5to año de bachillerato. El Liceo Bolivariano José Gil Fortoul, Patrimonio
Cultural del Municipio Leonardo Infante, como justo reconocimiento, lo declaró
“Hijo Ilustre de la Primera Generación”, por su brillante y prolongada
trayectoria como docente en la Institución. En los liceos donde prestó servicio
docente le fueron conferidos todos los Diplomas y reconocimientos que los
mismos otorgan a sus más eficientes servidores.
La
Alcaldía lo honró con la Condecoración Monseñor Chacín Soto. Fue padrino de
varias promociones, diurnas y nocturnas, tanto en el José Gil Fortoul como en
otros liceos públicos y privados. Y, lo más importante, ha tenido el
reconocimiento, expresado en el afecto más sincero, de toda la comunidad de
Valle de la Pascua, El Socorro, Tucupido y de otras poblaciones que han sido
testigo de su incansable trabajo por la educación y por nuestro gentilicio en
general. Sus alumnos de aulas lo siguen reconociendo, en la calle, como su
profesor, aunque ellos hayan alcanzado niveles profesionales más elevados. Ello
ocurre, me cuenta, porque entre él y sus alumnos se soldó una amistad verdadera
que ha seguido con el tiempo. Ha pertenecido y pertenece a instituciones como
la Asociación de Profesores Jubilados, Presidente de la Comunidad Educativa del
Liceo José Gil Fortoul, integrante fundador del Comité de Seguridad Rural del
Municipio Infante, Federación Venezolana de Maestros y es actualmente miembro
de Aprolegua.
El
profesor Romero forma parte de 10 hermanos. Se ha casado dos veces. La primera
vez con una muchacha, maestra de preescolar, carupanera, de nombre Silenia
González Morante, con la cual tuvo seis (6) hijos. Uno de ellos murió cuando ya
era profesional de la pedagogía. En el segundo matrimonio, con una socorreña de
nombre Consuelo Machado, docente en situación de jubilada, tiene cinco (5)
hijos más. Y Fuera de estos dos matrimonios tuvo dos hijos más, reconocidos.
Concluye expresando que es un apasionado de la vida en el campo. Es durante los
meses de invierno que se lleva el ganado para la sabana, mientras que le presta
el terreno a campesinos para que siembren y le dejen la zoca que utiliza
durante los meses de verano para sus reses. Una parte del rebaño lo deja en la
sabana donde un amigo que sea a medias.

















