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Introducción al estudio geográfico del estado Guárico - Rubén Carpio Castillo

 

Rómulo Betancourt junto a Simón Alberto Consalvi, Luis Alberto Dubuc, Rubén Carpio Castillo, Octavio Lepage, Simón Sáez Mérida, Gonzalo Barrios y Alfonso Salazar | Foto: Archivo El Nacional

 

INTRODUCCION AL ESTUDIO GEOGRÁFICO

DEL ESTADO GUÁRICO

 

Por Rubén Carpio Castillo

 

Sobre una extensión de 64.986 kilómetros cuadrados, los más variados paisajes y sin embargo, tradicionalmente se le ha considerado como un estado llanero, dentro de la gran depresión venezolana que se abre desde el pie de los Andes hasta el Atlántico.

Desde el punto de vista de su situación geográfica, enclavado en la parte central del país, situación que ha sido muy importante, especialmente en el pasado, ya que por él pasan —o pasaban— las más importantes comunicaciones terrestres entre el Oriente y Guayana y el resto del país. Esta situación geográfica favorable ha permitido en todo tiempo las comunicaciones, de tal manera que el territorio guariqueño ha sido lugar de paso, de vinculación geográfica entre diversas regiones del país, con las consecuencias culturales, económicas y sociales que estos contactos han tenido.

En su configuración el territorio del estado Guárico presenta una forma maciza, casi redondeada, lo cual representa una ventaja para la unidad y cohesión internas. Sin embargo hay que hacer notar, que en cuanto a su posición geográfica favorable desde el punto de vista de las comunicaciones, esta ventaja se ha visto modificada por la construcción de la carretera que une a la capital de la República con el Oriente del país a través de Barlovento y de la Costa. Con todo ello, las comunicaciones que se desprenden desde la Encrucijada encuentran un mejor y más fácil acceso a través de la Puerta, abra vecina a San Juan de los Morros y de gran significación prehistórica como contacto entre los paisajes montañosos y los paisajes de la llanura central venezolana.

Así como son variados los paisajes, son variadas la geología y las formas del relieve, la vegetación y la hidrógrafa y, hasta las actividades humanas que constituyen elementos importantes de estos paisajes. Desde el secundario hasta el cuaternario están representados los períodos de las diversas eras geológicas, de la misma manera que las formas de relieve varían desde las bajas planicies de inundación y los esteros del Sur, hasta los relieves montañosos del Norte, pasando por la planicie de pie de monte de Tamanaco, o las curiosas formas de las Galeras en las proximidades de EI Sombrero. Y hasta el Oriente del Estado, a partir de los Distritos Ribas, Zaraza e Infante se abre una Cuenca hidrográfica particular, la depresión del Unare, que es al mismo tiempo una unidad morfológica regional muy típica.

Los relieves mismos de las mesas tan características de los estados Anzoátegui y Monagas se inician en la parte sureste del estado Guárico, de tal suerte que mesas como las de Machete y Espino o la llamada Sierra del Andaluz — y el relieve aislado del Cerro Tucusipano constituyen restos de una antigua superficie más extensa del Sistema de Mesas. Y a pesar de esta variedad de relieves anteriormente mencionados, se considera generalmente que, el Guárico es un estado llanero lo cual no es completamente cierto.

En la parte septentrional, desde el Distrito Roscio hasta el Distrito Monagas, se presenta un relieve montañoso que corresponde a parte de la Serranía del Interior en donde nacen los principales ríos que recorren el territorio del estado. Este relieve no alcanza grandes alturas, pero contiene elementos muy característicos, como las formaciones de calizas de origen coralino que se conocen popularmente con el nombre de "morros". Estos morros se alinean desde la ciudad de San Juan, a cuyo nombre compuesto contribuyen, hasta la población de San Francisco de Macaira, pasando por la ciudad de San Sebastián en el estado Aragua, estado cuya porción meridional se mete como una cuña entre los distritos Roscio y Monagas del Guárico, provocando la máxima irregularidad que presenta el contorno geográfico de nuestro estado.

Los morros constituyen el límite de un mar que durante el paleoceno ocupaba la mayor parte de la actual superficie del estado, son de un color gris-azulado y se forman como consecuencia de la acción de los corales que vivían en las aguas someras de este borde marítimo, hace millones de años. Debido a que su material básico son las calizas, de las cuales se produce cemento, algunos morros están condenados a desaparecer, como sucede en las proximidades de San Sebastián en el Estado Aragua, por su utilización en la Fábrica de Cemento allí establecida.

Sin embargo de la alineación señalada, los más espectaculares son los que se encuentran en las proximidades de la capital del estado Guárico, de tal manera que constituyen una atracción para visitantes y turistas, junto con las renombradas aguas termales de conocido uso medicinal.

EI clima presenta menos contrastes que el relieve. En general se trata de un clima tropical con temperatura elevada durante todo el año, pero en el cual las noches son generalmente frescas. Las temperaturas elevadas sólo se ven modificadas por la altitud, particularmente en la parte septentrional del distrito Monagas (Guatopo, Altagracia de Orituco, Macaira) en donde los relieves alcanzan su mayor altura.

En la mayor parte del estado predomina el tipo de clima tropical en el cual la distribución de las lluvias parten el año en dos estaciones, una seca v otra húmeda, conocidas popularmente como verano e invierno.

Las lluviosidades anuales alcanzan entre los 800 y 1.200 mm caídos en su mayor parte en la estación húmeda o "invierno" desde mayo-junio a septiembre-octubre. En el período de sequía la vegetación se angosta, mueren las gramíneas y reina la sequía.

Un paisaje gris sustituye el verdor de la vegetación, y se puede afirmar que es una estación de calamidades y hambre para la población pobre y para los animales. No obstante, esta deficiencia climática puede ser corregida a través del embalse de las aguas caídas durante la estación húmeda, a fin de aprovisionarse para la escasez. A este propósito responden represas y sistemas de riego como el del río Guárico en el distrito Miranda, en donde no solamente se ha corregido esta deficiencia climática sino que ello ha permitido la transformación económica y un cambio notable en el uso de los suelos, convirtiendo una comarca esencialmente ganadera, en una cuya producción fundamental está dominada por la agricultura, con arroz como cultivo especializado.

EI centro de la depresión llanera está ocupado por la ganadería, pero en la depresión de Unare distrito Ribas y Zaraza particularmente, existe una armoniosa combinación de actividades económicas basadas en la ganadería y en la agricultura propiamente dicha. Sin duda alguna estas actividades guardan mucha relación con el suelo y el clima.

Hacia el Norte los contrastes climáticos son mayores, la lluviosidad aumenta y la temperatura disminuye. La selva nublada, como el caso de la de Guatopo, representa un notable contraste con la vegetación de sabana de selva veranera (o tropófila) del pie de monte o con la vegetación de sabana de la franja centro-meridional. De la misma manera estas condiciones climáticas explican el que el distrito Monagas haya sido siempre el más importante productor de café del Estado Guárico, y con una agricultura especializada, además, como el cultivo del tabaco que tiene abolengo colonial.

VEGETACIÓN

Una parecida variación a la que hemos visto en cuanto a la forma de relieve y al clima, se puede encontrar en los paisajes vegetales los cuales corresponden a diversas condiciones ecológicas, de suelo y clima fundamentalmente.

Hacia el Norte, como hemos visto, predomina una densa masa forestal que guarda relación con la conocida selva nublada que se encuentra en los relieves montañosos de la parte septentrional y andina de Venezuela. Es la masa forestal más rica en especie y variedades, la que contiene por lo tanto la mayor riqueza maderera, pero cuya explotación constituiría un peligro casi mortal para la economía del estado y para su propia población, ya que ella contiene las principales reservas de agua que alimentan los ríos. EI río Tamanaco, uno de los principales afluentes del Unare, tiene su nacimiento en esta selva nublada, en las proximidades de San Francisco de Macaira. De igual manera el río Orituco que tanta importancia ha tenido en la vida económica del distrito Monagas, cuya capital, Altagracia de Orituco le debe en gran parte su existencia.

EI más importante de los ríos del Estado —el Guárico— nace en estos relieves montañosos cubiertos de vegetación selvática. Como puede comprenderse, una explotación del bosque que protege las aguas y los caudales de esos ríos, sería desastroso para las actividades humanas del estado.

Un paisaje vegetal muy característico del estado Guárico lo constituye la selva veranera del pie monte, en la franja en donde se ponen en contacto los relieves orográficos y las planicies altas que constituyen el escalón superior de las llanuras. Este paisaje se extiende desde los límites con el estado Cojedes, pasando por los distritos Roscio y Mellado hasta la parte septentrional del distrito Infante. Se trata de un paisaje de árboles de tendencia xerofítica adaptados a las condiciones de una prolongada sequía. Durante muchos años han constituido la reserva maderera del estado con sus bosques comunales (ejidos) en los cuales las poblaciones urbanas han extraído grandes cantidades de madera, utilizadas en la construcción de viviendas y en la producción de combustibles para uso doméstico y artesanal.

Más al Sur, en una amplia franja se presenta una vegetación sabanera constituida por gramíneas duras, en un paisaje cuya monotonía se interrumpe por la presencia de palmeras y de otros árboles como el chaparro, retorcidos y de hojas ásperas y duras con lo cual se protegen de la prolongada sequía que en gran parte del estado comienza en septiembre v llega a veces hasta mayo, y aún hasta junio durante algunos años. EI valor agrícola de esta franja está sin determinarse pero como un índice de la estacionalidad de la actividad ganadera, ésta es la franja desde la cual se movían los ganados con rumbo al Sur en busca de "más benigno suelo", de "más fértil región de aguas profundas". Como lo describe Lazo Martí en su gran canto a la llanura guariqueña. Esa trashumancia magistralmente descrita por el gran poeta llanero tiende a desaparecer con la construcción de pequeños y medianos embalses y con la mejora de los pastos que son un procedimiento muy extendido en la actual economía ganadera del Estado Guárico.

La franja meridional es un paisaje más limpio en el cual predominan las gramíneas siempre duras, pero ocupando mayor extensión. Es el paisaje que se denomina "alto llano" pero que en realidad corresponde a los llanos bajos es decir, al escalón inferior de la depresión llanera. Es además un paisaje en donde las Inundaciones son frecuentes particularmente en aquellas comarcas situadas en las proximidades de los ríos Apure y Orinoco. Los bosques galerías y las "cejas de Monte" de nombre tan expresivo, interrumpen aquí la vegetación de gramíneas. En este caso, como en el anterior, la llanura no es uniforme ni la vegetación es la misma y en ello como en otras características los llanos venezolanos, y por lo tanto los del Guárico, son enteramente diferentes a las pampas argentinas, a pesar del nombre que les dan en nuestro himno, y a pesar del llamado de Lazo Martí en su Silva Criolla cuando incita al bardo amigo a que venga de nuevo a sus pampas y a que abandone "el brumoso horizonte que de apiñadas cumbres se corona". Finalmente tenemos el paisaje vegetal de la depresión de Unare. Como hemos visto esta depresión representa una unidad morfológica que al mismo tiempo expresa su originalidad desde el punto de vista de los suelos, de la vegetación, de la hidrografía y en las actividades económicas fundamentales. A esta depresión corresponden los distritos Ribas y Zaraza y una pequeña porción del distrito Infante.

La vegetación está constituida por una selva veranera bastante degradada, debido al uso prolongado de los árboles y arbustos que la constituyen, bien para combustible (leña) o bien para la construcción de viviendas. Gran parte de esta selva es debida a favorables condiciones de humedad que predominan en esta depresión, a las cuales contribuyen los suelos y sin duda alguna, debido a la densa red hidrográfica de ríos y quebradas que aumentan la humedad y son responsables por la existencia de bosques galerías. Sin embargo esta vegetación de selva veranera se halla bastante degradada por las causas anteriormente citadas, y además por la tala de que ha sido objeto para la preparación de campos de cultivo y para los pastos de los potreros en donde se desarrolla la ganadería.

Un estudio más detenido y de mayor extensión, que aún está por hacerse, arrojará mayores luces sobre el estado actual de los diversos paisajes vegetales del Estado Guárico, el uso de sus suelos, y acerca de los cambios que se han ido produciendo en relación con la dinámica del proceso productivo que han sido bastante rápidos en los últimos años.

HIDROGRAFÍA:

Como se sabe, la hidrografía es una consecuencia del clima, de la vegetación y del relieve, factores que determinan en gran parte el escurrimiento de las aguas. No menos importante es el suelo, y en el caso del Estado Guárico, su situación geográfica. Nuestro estado es un territorio encerrado, de "hinterland", sin contacto y sin costas marítimas. Sus contactos son esencialmente terrestres, y su hidrografía continental.

EI Estado Guárico en la mayor parte de su configuración exterior posee límites fluviales, como es el caso de la mayor longitud de sus límites con el estado Anzoátegui, en donde los ríos Unare y Suata sirven de límite "natural" entre los dos Estados, o como es el caso del río Orinoco y Apure que nos separan de los Estados Bolívar y Apure respectivamente por la parte meridional. Hacia el Oeste y el Sur-Oeste los ríos Portuguesa y Chirgua marcan los límites entre el Estado Guárico y los Estados Barinas y Cojedes respectivamente.

Sólo en la parte septentrional prevalecen como límites los accidentes de los relieves montañosos que separan al Guárico de los estados Carabobo, Aragua y Miranda y parte Nor-Occidental del Estado Anzoátegui.

La hidrografía fluvial del interior de nuestro Estado es bastante compleja aunque aparece con una gran sencillez en cuanto se refiere a la orientación de los cursos de agua. Si se exceptúa la hidrografía peculiar de la Cuenca del Unare los demás ríos guariqueños son fundamentalmente tributarios del Orinoco, directamente o a través del río Apure, pero todos tienen orientación predominantemente Norte-Sur.

En síntesis encontramos que las aguas del territorio guariqueño son tributarias del Caribe, a través de los sistemas del Tuy y del Unare, y tributarios en su mayor parte del Atlántico, propiamente dicho, a través del Orinoco.

 

La orientación Norte-Sur de la mayor parte de sus cursos fluviales ha tenido efectos negativos en el pasado, porque dificultaron las comunicaciones en sentido transversal en las áreas septentrionales y centrales del estado, en sentido Este-Oeste, en donde se ha concentrado la mayor parte de la población urbana y rural.

Hoy, con las modernas técnicas y el progreso de la ingeniería estos obstáculos han sido salvados mediante la construcción de puentes, pero aún permanece la influencia del pasado responsable del aislamiento de los diversos núcleos de población. Ríos como el Guárico, el Orinoco o el Tamanaco han servido en las décadas recientes para la construcción de grandes embalses que permiten irrigación de extensas superficies, con lo cual se ha aumentado el valor del territorio del estado, y otros ríos quedan como un potencial utilizable para la producción de alimentos, tan necesarios en un país y en un mundo en donde las crecientes ciudades constituyen una presión sobre esos recursos.

La orientación de los ríos guariqueños que en el pasado fue negativa para las comunicaciones, en el presente se presenta cada vez más favorable, porque ello indica que se puede hacer una ocupación más efectiva, cada vez mayor, a lo largo de sus tierras ribereñas, con la ventaja de la posición geográfica central del Estado, lo que permitiría una comunicación y un acceso fácil a los grandes centros urbanos del centro y hasta del Sur del país.

Ciertamente, ríos como el Unare y el propio río Guárico han perdido completamente las condiciones de navegabilidad que tuvieron en el pasado, y sólo los ríos meridionales son navegables, como el Portuguesa y otros que son tributarios del Orinoco. Pero lo más importante es que una utilización racional con embalses y represas pueden darle un extraordinario valor económico como ha sucedido con algunos, principalmente con el río Guárico y su sistema de riego.

No sería exagerado afirmar que la superficie del Estado Guárico, apropiadamente cultivada en pastos, y productos agrícolas puede alimentar una población de unos diez a quince millones de habitantes antes del año 2.000. Se trata de una tierra de expansión futura cuyo valor geográfico se mide por la potencialidad de las condiciones físicas favorables que hemos analizado someramente en las páginas anteriores.

LA POBLACION: Con una población de 330.000 habitantes, el Estado Guárico presenta una de las más bajas densidades de toda Venezuela. A pesar de su posición y situación geográfica central en el país, su territorio ha sido escasamente poblado, con una concentración de la población en pocas ciudades y poblados.

Una simple observación a un mapa del Estado nos revela que su población se encuentra distribuida de manera irregular formando el patrón de esa distribución una figura parecida a la letra H. Las dos líneas verticales de esta figura serían, en primer lugar, el eje orientado en sentido Norte—Sur que va desde San Juan de los Morros hasta Calabozo, pasando por Ortiz y el Sombrero. EI otro eje, hacia la parte oriental alienado también en sentido general N—SE, corresponde a los núcleos de población que van desde Altagracia de Orituco, hasta Cabruta, pasando por Chaguaramas y Valle de la Pascua. EI eje transversal de la figura anteriormente mencionada corresponde a los núcleos que se alinean en sentido Oeste-Este desde EI Sombrero hasta Zaraza, pasando por Las Mercedes, Valle de la Pascua y Tucupido.

Dentro de estas líneas que constituyen la figura de la H, se encuentran los principales núcleos de población. La ensenada septentrional, formada por la intersección lineal, que corresponde a la cuña meridional que el territorio del Estado Aragua avanza sobre la parte septentrional del Estado Guárico, mientras que la ensenada meridional de la H corresponde a los grandes espacios vacíos que presenta el territorio del Guárico y en donde sólo aldeas y caseríos aislados denotan la presencia humana.

Una característica general de la distribución de la población del Guárico es su falta de continuidad espacial y quizás en donde mayor continuidad existe es en los pueblos y ciudades situados en los distritos montañosos y dentro de la depresión de Unare; en sus vecindarios y      aldeas agrícolas basadas en la existencia de mejores suelos que en el resto del Estado. Pero de todos modos el aislamiento persiste y las distancias entre uno y otro centro poblado son considerables, de tal manera que aparece como si el poblamiento se hubiera condensado en especie de oasis a la usanza de algunos países y territorios árabes.

Las limitaciones del presente ensayo nos impiden un tratamiento más a fondo de muchos problemas y aspectos relacionados con la población y las producciones características de nuestro estado. Quizás en otra oportunidad podamos ahondar sobre ello. De todas maneras, a manera de conclusión se puede afirmar que el Estado Guárico se encuentra actualmente en un proceso de cambios económicos y culturales que habrán de definir sus perfiles futuros, en todo caso promisorios porque se basan en el esfuerzo de sus gentes, dedicados a la dura brega con la naturaleza sin haber recibido los regalos que en otras regiones del país le dan la característica de vida fácil a la actividad humana.

Un territorio no minero, sino fundamentalmente ganadero y agrícola, base de una producción alimenticia cada vez más importante a través de cambios técnicos, oportunidades del mercado, mejoramientos de procesos de selección etc., pero basados principalmente en la capacidad e inteligencia de sus habitantes para adaptarse a las nuevas exigencias y para comprender el sentido y la vinculación de esos cambios destinados al propio bienestar y al progreso de la nación venezolana.


La dama oculta: Gisela Barrios de Sellier - Adriana Rodríguez

 

Texto y fotos: Adriana Rodríguez

Lograr que Gisela Barrios hable de sí misma es una labor titánica. En Wannadi, su casa en La Mucuy Baja en Mérida, de a ratos lograba sacarle alguna que otra cosa sobre su trayectoria de vida. Nos llamamos en varias oportunidades, y uno que otro detalle iban aflorando a regañadientes. Pues ella, entregada a la conservación del legado, obra y memoria de su esposo, Jean Marc de Civrieux, sólo se interesa por dar razón y debatir en torno a ese universo que él representa, sin percatarse, tal vez, de su propia valía para la preservación de la memoria y la promoción a la investigación profunda de nuestras raíces y nuestra cultura venezolana y universal.

Su esfuerzo poco menos que heroico dentro de la Biblioteca “Los Grandes Espacios de Marc de Civrieux”, consiste en atender y gestionar con una lucidez y visión que conmueven. Ella es, sin lugar a dudas, una dama que se oculta del reconocimiento, a propia voluntad. Una dama en todo el sentido de la palabra.

Nació en Tucupido, Estado Guárico, el 3 de noviembre de 1938. La mayor de 8 hermanos, hija de Alcira Díaz de Barrios, ama de casa y de Henrique Barrios, dueño del conocido abasto “El rápido” en la Plaza Centenario de Ciudad Bolívar. Allí, estudiaría parte de la primaria para luego trasladarse a Caracas y continuar estudios de bachillerato en los liceos Andrés Bello y Santa Rosa de Lima. Posteriormente, en el año 1965, se graduó en Derecho por la Universidad Central de Venezuela, UCV, profesión que hasta nuestros días ejerce.

A mediados de los años 50, amigos de Barrios y militantes, Freddy Muñoz, Juan Vicente Cabeza y Chela Vargas, motivaron su ingreso y el de otros muchos, en la Juventud Comunista Venezolana. Su carácter, marcado por los compromisos políticos, la vincularían también a quien sería su esposo Alexis Adams –reconocido luchador de izquierda en el país- y padre de sus dos hijos, Eugenia y Lorenzo,  Por una temporada, se trasladarían a Maracaibo para “conspirar”, pues como ella misma refirió “estábamos de revoluciones”.

Anecdotario como es su verbo, habría de referirse a un sorprendente episodio. Como representantes del Partido Comunista de Venezuela, PCV, su esposo Adams y algunos compañeros de la Juventud Comunista de Venezuela, JCV, participando en el Festival de la Juventud Comunista, en las ciudades de Sofia, Moscú y Praga, presenciaron la invasión rusa en Checoslovaquia el 20 de agosto de 1968. Tras resguardarse en la embajada suiza, lograron, luego de una semana, salir en tren hasta Frankfurt, Alemania. Este acontecimiento que pudiera parecer poco trascendental para algunos, tuvo impacto en la historia política nacional, como uno de los catalizadores de la posterior división dentro del PCV. Barrios secundó la vertiente que apoyaba la democratización del comunismo y que daría sentido a la creación del Movimiento al Socialismo, MAS. Con el tiempo, se apartaría de la militancia política partidista y se separaría de su primer esposo, Alexis Adams, con quien siempre mantendría una fraternal y sincera amistad.

En los 70, Barrios realizó estudios superiores en el Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV, CENDES, para luego trasladarse a Cumaná y trabajar en la Corporación de Oriente. Allí participó en la fundación y dirección del famoso cineclub y foro de Corporiente. Todo aquello formaba parte de las actividades culturales que desarrollaba cuando trabajaba como investigadora en la corporación. La formación intelectual y humana han sido una constante a lo largo de su vida. Hoy día, a sus 84 años, Gisela Barrios se maneja en el acontecer de toda índole, habla ingeniosa de todos los temas, economía, política, música, arte y cultura en general, pasados y actuales, y conserva una memoria envidiable. Una noche, compartiendo en la Biblioteca, se sentó en su computadora, y haciendo perfecto uso de Youtube, colocó a Stromae.

Los Grandes Espacios

La personalidad de Gisela puede describirse no menos que como carismática, jocosa, vivaz; una mujer de sobresaliente inteligencia. “Gisela tenía una gran capacidad para las relaciones humanas y conocía a muchos artistas, intelectuales, figuras políticas, a gente importante de la época, que llegaron a Cumaná a través del cineclub entre los años 1975 y 1980, y a través de la Oficina de Coordinación Cultural que dirigía Rafael Castro”, relata en una entrevista en La Pastora Viveca Baiz, reconocida directora de cine y guionista venezolana. Sumergida en recuerdos alegres de esta época dorada, describe la existencia en Cumaná de un ambiente propicio que se gestó alrededor del arte, de los pintores irreverentes de la Escuela de Artes Plásticas -Vladimir Puche, Felipe Cabrera-; la Escuela de Danza con Reina Linares y del restaurante de franceses llegados a Cumaná, llamado “La Galería”, ubicado cerca de San Francisco. Allí, un grupo de artistas de toda índole e intelectuales cumaneses, como Pedro Bastardo, Celso Medina, etc., o del interior como la propia Viveca, se reunían y bullían, inmersos en esta vorágine cultural. Entre estos personajes destacaba la presencia del geólogo francés, profesor en la UDO y estudioso de los pueblos indígenas del Oriente venezolano, Jean Marc de Civrieux.

Gisela refiere: “estuve unos cuantos años en Cumaná. Allí conocí a Marcos. Lo conocí por los 70. Nos enamoramos y nos vinimos desde Cumaná para acá (La Mucuy Baja- Mérida) en el año 85. Como Marcos tenía esa biblioteca, nos dedicamos a arreglarla”.

Ya en el apartamento de Civrieux en Cumaná se daba acopio a lo que sería la Biblioteca “Los Grandes Espacios de Marc de Civrieux”, inaugurada en Mérida, en La Mucuy Baja, en un sector de ensueño a las afueras de la Ciudad, en la propiedad de la pareja -Wannadi-. Para quien no ha puesto un pie con anterioridad en este mágico espacio, tal vez le sea difícil imaginar la dimensión de este proyecto y bien social.

La biblioteca se encuentra dividida por continentes porque la intención de Civrieux era hacer un estudio comparado de las culturas. Gisela comenta al respecto: “Aquí no está la última obra de García Márquez (risas), decía Marcos. Porque la Biblioteca tiene un sentido de mitología, geografía e historia; para que a través de eso, se haga una especie de matriz, que nunca se ha hecho. Un estudio comparado de las culturas demostraría que el desarrollo histórico ha sido bastante similar y eso no da para que hayan culturas superiores ni inferiores. Un estudio comparado va a revelar que todos hemos tenido la misma inteligencia, que no hay cultura superior a la otra sino que todo viene dado por el grado de desarrollo histórico y potencialidades que se tengan”.

Cerca de diez mil volúmenes componen el universo material de la biblioteca. En el año 2000 se sumó al espacio un museo musical de inspiración étnica, a cargo del lutier e investigador, Virgilio Fergusson.

Invitamos a todos a revisar el  portal de la biblioteca, donde pueden tener un acceso directo a la trayectoria y trabajo dentro de “Los Grandes Espacios de Marc de Civrieux”.

Virgilio Fergusson en una entrevista en Tabay, Mérida, mencionaba sobre el rol de Barrios respecto a la biblioteca, lo siguiente: “Gisela increíblemente ha logrado, primero, salvar eso. Y ya eso es muchísimo. Pero es una cosa de voluntad propia. Porque la importancia de ese archivo documental es obvio. Está el trabajo de Civrieux, sus libros y la colección de textos bibliográficos para la investigación”. Cabe destacar que el archivo de vida de Civrieux, reposa inmaculado allí, parte de una labor admirable de acopio y catalogación de su esposa. Juntos, Virgilio y Gisela,  con muchas dificultades pero con el amor y alegría que ocupa y motiva a los soñadores, se encargan de mantener vivo este emporio del saber.

Viaje al centro de las culturas originarias

Entre las muchas labores de Gisela que lleva a cabo en silencio, sin promocionarse a sí misma, destaca la transcripción del glosario de Watunna; Los chaimas del Guácharo, Religión y Magia Kunuhana, Ritos funerarios Kariña, Diario de Cumaná, entre otros, de la autoría de Civrieux.

Asimismo, apasionada por hacer libritos animados de cuentos publicó “Ukumarito. El guardián de la montaña“, galardonado con el VII Premio Nacional del Libro, es el primer cuento animado hecho en Mérida y a su vez poema sobre el oso frontino, especie en peligro de extinción de la que ha sido fiel protectora. Asimismo elaboró "El tío elefante", el cual forma parte de una serie de Ganeshas.

Pese a ser una disciplinada y acuciosa investigadora, muchos de sus trabajos aún no han sido publicados. Así, aguardan por su publicación y divulgación Caballario, Del Alazán al Zaino, fantástico glosario que contiene crónicas, mitos y leyendas; A Vuelo de pájaro, breve reunión de  mitos, canciones, artes adivinatorias, refranes, poemas, creencias sobre las aves. Y la Entrevista imaginaria al oso frontino.

Hablar de Gisela Barrios, supone hacer memoria de Jean Marc de Civrieux; de una labor humanista y cultural sin precedentes, que juntos y que ella como su esposa, tras su fallecimiento el 17 de abril de 2003, ha tomado como un tesoro y a la cual se ha dedicado en cuerpo y alma. Es hablar de la vocación abnegada y sin igual por la investigación y promoción del pensamiento de las sociedades humanas y sus prácticas vitales, en un esfuerzo por comprender las raíces profundas que nos hacen ser, difundir el legado de Marc de Civrieux, y promover el arte y cultura en su más alto y exquisito nivel.

El aporte de ambos es incalculable. Y para suerte de todos, esta maravillosa casa, Wannadi, sigue recibiendo y acogiendo con los brazos abiertos a quienes valoren el saber y vibren ante su profundización.


Elegía a Rafael Vidal - Miguel González Contreras et al

 

Foto de Luís Felipe Ramón y Rivera, con el siguiente texto de su esposa, Isabel Aretz:

“(…) Efectivamente, según datos que obtuvimos en 1947 de un arpista de Tucupido (estado Guárico) don José Rafael Vidal, de 78 años, el arpa campesina se afinaba antiguamente sólo con cuerdas de tripa pues las primeras cuerdas de acero llegaron a Tucupido hacia 1900, traídas de Caracas por don Rubén Sisco, un «amo de tienda».

 

Elegía a Rafael Vidal

Escrita en Tucupido, el 7 de julio de 1965

Miguel González Contreras

Poemario “Casimba”

 

Hoy murió Rafael Vidal,

Tucupido está silencia.

 

Tañen las cuerdas del arpa

las miles manos del pueblo,

arrancando notas tristes,

arpegios de llanto eterno,

porque se fue la alegría

por los caminos del cielo.

 

Hoy murió Rafael Vidal,

la brisa lo anda diciendo.

 

El arpa colgada… muda,

su canto en el firmamento.

 

No habrá bailecito de arpa

donde no venga el recuerdo,

de Tamanaco al Unare

hay un profundo lamento.

 

Hoy murió Rafael Vidal,

lo llevan al cementerio.

 

No quiero decirle adiós,

pues si no vive, no ha muerto.

 

Oigo su arpa vibrar,

oigo su voz en el viento,

los hombres como él no mueren,

los llevamos en el pecho.


Foto de Luís Felipe Ramón y Rivera, con el siguiente texto:

“La mayoría de nuestros informantes están de acuerdo en que este era el orden en que se sucedían al comenzar un Joropo, y algunos de ellos, como el arpista José R. Vidal (de Tucupido) cuyos datos son muy valiosos por su avanzada edad –78– años relacionó inclusive la coreografía con la música de esta manera: "Según los tonos del Golpe, cambiaba el baile. La música le va diciendo a Ud. clarito cuando escobillea y cuando zapatea; al calmarse escobilleaba. Antes había mucho orden para el baile. Según las partes de la pieza la gente esperaba el momento del escobilleo, que lo daba la música. Todos escobilleaban al mismo tiempo; al pasar el escobilleo venía el zapateo, y todos zapateaban. Al terminar el zapateo, se terminaba la música"”.

A Rafael Vidal

Salvador Lara

 

Sus manos iban tejiendo

Notas del camino real

donde duermen los suspiros

donde retoza el palmar.

 

Donde enlaza Tucupido

caballo soga y bozal.

Eran los bailes de entonces

Que daban brillo al caudal

de camisones marcando

polvo, agua y arenal.

 

En los aleros que anuncian

¡Vientos que quiebra el pajal!

¡Cimarrón pecho con pecho

Con tu arpa Rafael Vidal!

Volver a las raices para encontrarse con los sentimientos legítimos que determinan la creación de los pueblos, es llenarse con sus creencias que andan en el alma de los que conviven.

Es justo reconocer o al menos acordarse de los hombres y mujeres que dejaron huellas en el hondo camino del andar de lo que fue, en este caso el llanero.

Se estima que el Maestro José Rafael Vidal. O simplemente Rafael Vidal, nació en Tucupido aproximadamente en la segunda década del siglo pasado. Fue músico, cantador y artesano.

Era frecuente ver cómo con destreza tocaba el arpa e interpretaba pasajes y contrapunteos.

En esta gráfica (1947) de Luis Ramón Rivera, aparece con un tipo de arpa que bien puede observarse las características de esos tiempos comparada con una actual.

Narración de Garibaldi Soto:

Ernesto Luís Rodríguez, solía visitar a su amigo tucupidense (el afamado poeta, arpista y cantante) Rafael Vidal, en la casa ubicada frente al Samán de San Pablo, por donde pasaban personajes de alto coturnio, como: Ubencelao Gutiérrez, Carlos Manuel Santos (ganaderos de Zaraza), y el temible Nicolás Felizola, en su Cadillac negro de media cuadra.

Don Rafael Vidal, los recibía con una copla a flor de labios, como esta: Ay, mi vida/Ay, mi amor/No puede vivir en el mundo/quien sufra del corazón. Por ahí se tendía, y todos le retribuían con fajitas de billetes que deslizaban al bolsillo de su camisa.

Siempre se lucía, sobre todo en las trascendentales visitas que le hizo al pueblo el Presidente de Venezuela (1941-1945), general lsaías Medina Angarita. Lo mandaban a llamar y él acudía presto a brindar su talento al ilustre visitante.


El Curandero - Manuel Soto Arbeláez

 

Juan Evangelista Arbeláiz Arbeláiz.

Foto de Ricardo Alfonzo Rojas, en 1913.


El Curandero

                                                 Manuel Soto Arbeláez

 

Aquel anciano de aspecto distinguido, luenga y bien cuidada barba blanca, vestía siempre de las misma manera: Liquilique de lino blanco bien planchado, sombrero pelo e’ guama medio terciado y finas alpargatas de capelladas negras. Todo el diario atuendo acompañado por inmancable mandador de verga y cuero de toro negro. Su tez blanca, ojos azules y profundos le comunicaban uno como aspecto de profeta creíble. Esa credibilidad iba acompañada por un lenguaje corto, preciso y conciso. Usaba las palabras exactas y estrictamente necesarias para definir una situación; todo acompañado por un dejo indefinible, entre llanero y oriental. Nunca dijo a nadie dónde y cuándo había nacido. No se le conocía mujer fija, pero en su juventud nunca perdió “un chance”; por el contrario lo buscaba, lo apetecía, lo disfrutaba, después se hastiaba y “hacia otro amor seguía”.

Fue en sus andanzas por el llano cuando aprendió el arte de la curación, tal vez de los indios lugareños, mediante el uso de yerbas, guarapos, calentaos, huesos, sangre y mantecas vegetales o animales. Eso sí, nunca tocaba al paciente. Se sentaba de frente a él con las piernas abiertas y la barbilla sobre el travesaño superior del espaldar de una silla, a oír la explicación de la dolencia que aquejaba al interlocutor. Como anotó Alfredo Armas Alfonzo: “El médico infalible debió conocer todos esos secretos de que estaba lleno de contacto de una realidad social que carecía del recurso de la medicina patentada, así como no disponía del servicio de la farmacia y aún del médico” (…); pero el anciano distinguido no cejaba en su empeño curativo.

Puede decirse que practicaba en el siglo XIX la moderna deontología médica de no ocultarles nada al enfermo y a sus familiares. Ante el paciente Catamo de quien le dijeron que orinaba la sangre, recomendó a los parientes: “Miren hijos, es mejor que le vayan cosiendo la mortaja”. Un familiar ripostó: “Pero si mamá dice que es cosa de Dios hacerle algo”. Dice el mismo Alfredo Armas Alfonzo que la respuesta lacónica fue: “Bueno, sí como no. Convoyá a la gente al velorio”. Dice Armas Alfonzo que “Ni el mar de llanto de la sobrina Catamo parecía conmover a aquel hombre para quien la muerte no se le ocultaba en los ojos tensos de la culebra macagua, en las heridas del tétano, en las fiebres intermitentes del paludismo, en los males crónicos del riñón debidos según a la sal de las ciénagas y pudrideros de pescado del verano de Unare; a las diarreas y enteritis; al cólico miserere o a la tisis”(...).

El Curandero sabía por larga práctica que no había nada mejor para calmar los espasmos menstruales que un buen cocido de escorzonera aliñado con canela, dosificado al levantarse y al acostarse. Con este brebaje también curaba a las mujeres con las reglas locas, o “desarregladas”, como él las llamaba. A la mujer estéril debía dársele de desayuno alas de zamuro asadas, por un período mínimo de seis meses; el empeño adicional corría por cuenta del “hombre de la casa”. De un alemán, que vivió en Zaraza y Tucupido, aprendió una receta, a base de drogas, para hacer que la mujer árida concibiera fruto en su útero. Para ello preparaba en un pocillo de peltre una solución a partes iguales de elixir ponte, elixir steire y citroferrol, el cual debía tomar la mujer durante y cinco días después de la menstruación.

A los hombres viudos que en las noches llenos de deseo carnal recordaban a la difunta, les recomendaba comer carne de zorro bien salada, pues “esta carne enfría el cuerpo al estar necesitado de mujer”. Aseguraba que en ciertos casos de locura erótica “esta carne también cura a los desvariados”. A los dolores de rodilla los aliviaba con hojas molidas de pazote y hierbabuena, apelmazadas con sangre de gavilán y para asegurar una buena cura recomendaba, tanto a hombres como a mujeres, “Refocilarse solamente acostados, para no debilitar las coyunturas de las rodillas”.

La rinitis se curaba asoleándose el galillo con la boca abierta hacia el sol del mediodía. Diez cabezas de ajos machacados en un pocillo de ron, tomados durante una semana, eliminaban los helmintos. La sábila aflojaba el pecho apretado. El guarapo de guásimo laxaba y mejoraba las hemorroides. La inflamación de éstas también cedía tragándose la pulpa de por lo menos una media “gruesa” de mamones en una sola sentada. El agua de fregosa era buena para las diarreas. Hojas de guanábano sobre las sienes cortaban el dolor de cabeza. La ronquera se eliminaba tomándose un buen “calentao” de jengibre y acostándose con una franela amarrada a las fauces, el pescuezo y la jeta para mantener el calor corporal.

Las luxaciones mejoraban instantáneamente con masajes y fricciones de manteca de culebra o de venado. Los orzuelos decrecían al tocarlos con una parapara calentada por fricción con una tela seca. Después de un golpiza, bueno era un purgante. Las terciarias malignas se aliviaban mascando corteza de quina. A las recién paridas había que alimentarlas con sopa de pichón durante 40 días, sin levantarlas de la cama. Las gonorreas no resistían tres instilaciones con nitrato de plata. Con esta sal también se curaba la “sortija” en los cascos de los équidos. Los baños de asiento en solución de cayena aliviaban el escozor que produce el herpes genital, que también curaba mediante una untura preparada con malojo molido en salmuera batida en el sereno de la noche con huesos de ratón casiragua.

El sabañón lo acababa con baños de pie en los orines del mismo paciente, mientras más rancios mejor agregando a los mismos una cucharillita de creolina. A los afectados de caspa -¿seborrea?- les prescribía lavarse la cabeza con agua de merecure y después untarse una crema, que él mismo preparaba, a base de hiel de perro. Los piojos se acababan con el mismo lavado y con una loción a base de grasa de pato güire. Los cálculos del riñón los trataba con bebedizos de lechosa verde inmersa en agua por espacio de 7 serenos. El asma infantil mediante un jarabe de azúcar moscabada extraída de un coco tierno enterrado por cinco días.

En materia odontológica escarbaba, con un buril de puy, los dientes enfermos y cariados rellenándolos con una pasta caliente de cachos de venado amalgamada con la pulpa del tarare. El paciente debía morder un lienzo por lo menos tres horas, mientras el empaste o calza secaba. Un dolor de muelas se eliminaba matando el nervio con creolina. A los desdentados recomendaba comer solamente papilla y ablandar las conchas endurecidas de las arepas con guarapo. Los dientes manchados los limpiaban con arenisca extrafina sacada y cernida del lecho del río Unare y luego los fregaba con hojas de cedazo impregnadas con sangre de drago.

Los pacientes venían de todo el Orituco, Unare, Tamanaco y Uchire sin cita previa. Los únicos rechazados eran los que sufrían melancolía y tristeza, a menos que les detectara que ese estado de ánimo era producido por falta de roce sexual, en cuyo caso recetaba cualquier guarapo como placebo y hacía una recomendación concluyente: “Búsquenle pareja para que se alivie”. Demostrando con esto que el personaje fue precursor de Freud y su teoría de la “Libido Reprimida”.

Este viejecillo distinguido, elegante, indispensable en su tiempo, se llamó Juan Evangelista Arbeláiz Arbeláiz, nacido en Sabana de Uchire (1822-1915) y se le conoció con el apodo cariñoso de “El Curandero de Orituco, Unare, Tamanaco y Uchire”. Fue hijo de Juan Simón Arbeláiz Álvarez-Arzola y Rita Simona Arbeláiz Chacín y Escala-Gimón, n. 1807, de los fundadores de Sabana de Uchire. Los conocimientos curativos los puso al servicio de la causa liberal en la Guerra de la Federación en la cual, según le declaró Rafael Alfonso Rojas a José Antonio de Armas Chitty, en artículo aparecido en el diario El Nacional en septiembre de 1958, Juan Evangelista Arbeláiz Arbeláiz –El Curandero- alcanzó el grado de coronel (¿?).

E-Mail: manuelsotoarbelaez@yahoo.com Los libros El Guárico Oriental 1, 2 y 3 en Librería La Llanera, calle Guásco, frente a la plaza Bolívar, Valle de la Pascua.