Páginas

José Félix Ribas - Tres historias

Tres historias

José Félix Ribas

 

I.- BOLIBAR = PRADERA DE MOLINO  (Jorge Mier Hoffman)


AÑO DE 1814: El sanguinario Boves y sus hordas de bandoleros y asesinos, cautivan a los miserables caseríos, para aglutinar una especie de ejército devastador que todo lo arrasa, todo lo quema y todo lo destruye. José Félix Ribas se llena de gloria al vencerlo en La Victoria; sin embargo, sus aguerridos llaneros se sobreponen a la derrota y se dirigen a Caracas con más sed de venganza. Bolívar quiere evitar más derramamientos de sangre, y ordena la evacuación de la ciudad. Los más afortunados se embarcan por La Guaira, incluyendo a las hermanas del Libertador, que en su destierro irían a Curazao: Su hermana mayor, María Antonia viuda y con cuatro hijos, se casará nuevamente en esa isla y tendrá siete hijos más. Pero su tía Josefa en su terquedad decide quedarse en su casa… No le teme a Boves..! y por más que insistió el Libertador no la pudo convencer de acompañarlo… Los más indefensos no tienen a donde ir y en su desesperación se atropellan unos a otros por refugiarse en las iglesias, cuando aparece el Libertador que no los abandona, sino que organiza en pocas horas una movilización por tierra de más de veinte mil personas en la célebre Migración de Oriente que huyen del asesino Boves. Durante la extenuante y mortal travesía perecen más de diez mil personas en una selva aún más peligrosa y traicionera que el propio Boves y sus asesinos… Luego de la caída de la Segunda República, Bolívar se dirige a Cartagena de Indias, mientras que Boves muere en la sangrienta batalla Urica, que irónicamente ganaron los realistas. José Félix Ribas tiene que ocultarse luego de la destrucción de toda su tropa. Es en ese momento, cuando transita por los parajes orientales, es apresado, torturado y asesinado el 11 de diciembre… Su cabeza frita en aceite es llevada con júbilo realista a la Plaza Mayor de Caracas… Josefa Palacios con el rostro cubierto por un velo negro, se dirige a la multitud que en la plaza reza por el héroe que se exponía como un trofeo de guerra, sin importar los insultos y groserías que les lanzaban los enemigos de la Patria, que celebraban el nuevo gobierno español… Luego de rezar por el alma de su esposo, se encerró en su cuarto como una costumbre de la época de guardar luto; pero no por unos días, sino para siempre; ya que para ella, el luto no sólo era por su esposo, sino por Venezuela… Cortés escribió: “Cuando casi toda Venezuela fue subyugada en 1814, una caraqueña, la señora Doña Josefa Palacios, viuda del benemérito Don José Félix Ribas, prefirió enterrarse viva, antes que soportar la presencia de los devastadores de su país” Siete años después, Bolívar sabía del encierro de su tía, y en la célebre entrevista que tuvo con el realista Pablo Morillo cuando se firmó el Armisticio que hizo un alto a la guerra, le habló de ella, para que la convenciera de salir de su encierro voluntario: Cuando Morillo volvió a Caracas en 1821 le envió una nota a la tía del Libertador, para invitarla a compartir las vivencia que tuvo con su sobrino; a lo que Josefa le respondió por escrito: “Diga Usted a su General, que Josefa Palacios no abandonará este lugar, mientras que su Patria sea esclava; no lo abandonará sino cuando se anuncie que Venezuela es libre y eso sucederá cuando el General se vaya del país”…


II.- EL SEGUNDO BESO DE JUDAS (Luís E. Nobriga)


Un negro, hediondo a estiércol de vaca, llega a este noble pueblo, en donde se respira aires de libertad y de justicia. Tucupido, un caserío soñador, en donde se han librado innumerables batallas contra aquellos realistas, que han venido del otro lado del océano para humillarlos y esclavizarlos, pero gracias a aquellas resistencias patrióticas, no han podido lograr sus bajos apetitos. El negroide se apea del viejo penco y lo amarra en el establo, para luego a pasos rápidos dirigirse a un determinado lugar que conoce a perfección. Sus rasgados ojos los voltea para varios ángulos, pareciere que algún miedo misterioso lo hace actuar así.
Un guardia lo conduce a lo que parece ser una oficina, cruzan el umbral y lo invita a tomar asiento. - Espere aquí. Ya viene "barrajola" - le ordeno el oficial con voz seca. El negro obedece, toma un taburete y se sienta en un rincón. Los ojillos del zambo continúan alumbrando para todos los rincones, mientras el gendarme con la bayoneta terciada, no le quita la vista de encima. Minutos después, un hombre de aspecto regordete y tosco entra al escenario. La mirada la clava en el hombre que está sentado, este al verlo se pone de pies y estira la mano para saludarlo.

- Siéntese. No acostumbro a darle la mano a un negro. -rezongó con ira el hombracho. A pasos lentos se dirige al escritorio y toma asiento detrás.

- ¿Así que, tú sabes dónde está el escondrijo del susodicho?    - dijo el justicia mayor del pueblo de Tucupido.

- Sí, señor. - respondió el negro en forma escurridiza.

- Muy bien. Te daré el dinero ofrecido. Pero si no es cierto, tu cabeza rodará. ¿Cuál es tu nombre?

- Concepción González, para servirle, señor. - dice con voz temblorosa.
- Te escucho. - dice en forma impaciente.

- Está escondido en los alrededores de Valle La Pascua, en una casa que está al final de la calle principal.

- ¿Cuantas personas están con él? ¿Hay soldados por allí?

- Sólo he visto como a tres personas, señor. No he visto soldado por esos lados.

- ¿Desde cuándo están allí?

- No lo sé, señor. Los vi ayer en la tarde, y hoy he venido a comunicárselo. - un rictus maquiavélico se dibuja en los gruesos labios del Justicia Mayor, cuyo nombre es Lorenzo Figueroa, alias "barrajola". Lentamente introduce una mano dentro de una gaveta que está a un lado y extrae una pequeña bolsa y se la entrega al negro, éste sonríe al tener la pesada bolsa entre sus manos.

- Vete a tu casa, y no salga hasta que hallemos capturado a ese hombre. - y sin decir más, el negro se pone de pies y abandona el lugar con una amplia sonrisa en los labios. Llega a donde dejó amarrado al caballo. Se toca el bolsillo donde lleva el dinero, y dando un formidable salto, pone al noble bruto en carrera y desaparece del lugar.

¡¡¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!!! - Los enormes dientes del negro parecen encandilar a la mujer que tiene al lado. Una impresionante carcajada soltó el hombre al ver sobre la rústica mesa, esa cantidad de dinero. Jamás había visto tanto peculio junto, es por eso que ríe con mucha alegría y se abraza a su amante. - Mi amor, con este dinero compraremos muchos caballos, cochinos, gallinas y haremos un buen conuco.

- Si, mi vida. Pero desearía irme de este cochino pueblo.

- Como tú ordene, mi amor. - y un escandaloso beso sella el compromiso de estos dos seres que, pareciere que el dinero fuere el único motor que mueve su existencia.

Las frías balas traspasan las puertas y ventanas de aquella casa. Decenas de soldados disparan sin piedad sobre la morada que, en forma apacible recibe las escalofriantes ráfagas.

- ¡¡¡Se escapan por la parte de atrás!!! - gritó en forma desesperada un soldado. Tres caballos galopan a toda velocidad por las amplias sabanas de Valle La Pascua en el Estado Guárico. Más de ochenta soldados van detrás de los fugitivos. Los fusiles y bayonetas no dejan de tronar, confundiéndose con los ecoicos cascos de los briosos animales. El alcance de los fugitivos parece que será inminente, pues, los cuadrúpedos de los soldados parecieren que estuvieran más alimentados. Dos caballos se precipitan a tierra con sus jinetes, estos se ponen de pies e intentan correr, pero varias docenas de balas se lo impiden. Y vuelven a caer para nunca más levantarse. El tercer jinete se detiene como accionado por mil resortes, siendo su percepción socorrer a los caídos. Los ojos de ese hombre brillan con inimaginable resplandor. Resplandor que le llega a su pecho y le brota a través de la fría mirada. Los soldados lo rodean y lo apuntan con sus infernales armas. Una orden se deja escuchar y varios guardias lo bajan del caballo, y a empellones lo arrojan a la húmeda yerba.

-¡¡¡Cobardes!!! ¡¡¡Cobardes!!! - grita en forma valiente ese hombre que tiene puesto un gorro frigio y un Dormán militar. Muchos culatazos en forma salvajes le son dados al infeliz en el rostro y cuerpo, que este resiste con impresionante tranquilidad. Luego lo amarran de pies y mano, lo atraviesan en su caballo y todos parten de regreso al cuartel. Los grandes ojos de aquel negro contemplan a través de una rendija de la casa, a una escuadra militar que pasa al frente, trayendo un inerte cuerpo de un hombre con rostro muy sangrante. Una sonrisa infernal emboza los gruesos labios. Una mujer está a su lado y también sonríe.

- Misión cumplida.   ¡¡¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja..!!! Ahora a disfrutar de todo este dinero. - dijo el segundo judas que, como aquel primero, vendió a Jesús por varias monedas de plata, que sin saber, vendió al hacedor de este mundo, llevando así sobre su conciencia, la implacable ignominia de tan cruel contravención. Luego toma a la amante por un brazo y la lleva a la cama, y con salvaje apetito libidinoso empieza a poseerla.

Un reo es conducido a la plaza mayor de Tucupido. Las manos están amarradas detrás de la espalda. Una cuerda sujeta la cintura, cuyo otro extremo va anudada a la silla del caballo. A su mente le llegan hermosos recuerdos que, el parece disfrutar aunque lo conduzcan a la muerte. Camina lentamente al paso del caballo, su torso luce desnudo y el rostro esta hinchado. Lleva puesto un gorro frigio, que pareciera que fuera el estandarte de su majestad

- "Allá vienen las tropas de Campo Elías en nuestra ayuda. Bienvenido amigos".

- "Eres el vencedor de los tiranos en La Victoria, lo felicito por esta gran victoria"

- "Gracias, mi general Bolívar"

- "La municipalidad de Caracas le acuerda una estatua por el servicio a la Patria"

- "La sangre de los caraqueños estudiantes y la protección de la María Santísima de la Concepción, fueron los que salvaron a la Patria, y por lo tanto, no me lo merezco."

- "NO PODEMOS OPTAR ENTRE VENCER O MORIR, IMPORTANTE ES VENCER"

31 de Enero de 1815, las grotescas balas relinchan sobre el cuerpo de aquel valiente hombre que ha parido Venezuela, y que hoy, cae a los pies de aquel frondoso árbol que está muy cerca de la plaza mayor. Su cuerpo es desmembrado con salvajismo, la cabeza es apartada del tronco y proceden a freírla en aceite. Muchas personas contemplan esa grotesca criminalidad con lágrimas en los ojos. En las alturas se escucha el rugir del viento, mientras que el Sol se oculta dentro de una negra nube, para así, no observar a tan dantesca violación a los derechos humanos. Rato después, los criminales toman la cabeza y le colocan el gorro, para después introducir el miembro dentro de una jaula y se lo entrega al justicia mayor: Lorenzo Figueroa  (barrajola).

Los miembros superiores (brazos) y los inferiores (piernas) también fueron apartadas del tronco y exhibidas en los cuatro puntos cardinales del pueblo de Tucupido.

Días después, la cabeza fue enviada a la Puerta de Caracas y colocada al escarnio público como un trofeo de guerra.
Tiempo después, la guerra federal da inicio.

Un negro avanza a caballo por la asoleada sabana en busca de un futuro promisorio. Sus negros ojos divisan a lo lejos a varias docenas de hombres que vienen hacia él, éste se detiene y los espera. "Tal vez son amigos" - se dice en sus adentros.   La columna guerrillera se detiene frente al hombre. El jefe de la armada baja del caballo, y mirando al negro, agrega: - Carajo, mira quien está aquí. CONCEPCION GONZALEZ en carne y hueso. ¡¡¡JA, JA, JA, JA, JA.!!! Vamos arreglar la cuestión de mi General Ribas...

- No entiendo de qué usted me habla. - dice el judas, a la vez que intenta escapar, pero varios hombres lo rodean y lo bajan del caballo.

- Mírenlo pues, el negro no sabe de quién le estoy hablando, pen**jo. Te vamos a refrescar la memoria cuando estés con esa lengua traidora colgando. Ahórquenlo. - y la orden no se hace esperar.

Sin ningún miramiento lo conducen a un árbol, le atan una soga al cuello, anudan la otra punta a la silla del animal, y el noble alazán cumple la orden. Y allí queda, el cuerpo colgado de ese segundo judas que vendió al prócer José Félix Ribas por un puñado de monedas.

Y en el recuerdo quedará ese hombre que dio su vida por la libertad de la Patria, aquel grande hombre que, con voz de trueno dijo: Importante es Vencer.


III.- RIBAS... VENCEDOR DE LOS TIRANOS (Néstor Seijas)


Escena II. La Ejecución.


Barrajola: (A los soldados) ¡Vamos carajo! Pongámosle fin a este asunto de una vez. Ajusticiemos a este dizque patriota que nos ha matado más de un compañero en batalla. (A Ribas) Vamos a ver que tan vencedor de los tiranos resultas cuando te llenemos de plomo y bayoneta el pecho.

Ribas: Me matarás, pero el sueño de libertad de esta república no fallecerá conmigo… ello se lleva en el alma, el pecho y el corazón.

Barrajola: Allí mismo te vamos a meter la espada y el plomo. Además ¿qué patria si entre ustedes mismos no pueden ponerse de acuerdo a ver quién manda su república… bonito sueño de libertad cuando pusiste preso a Bolívar y a Mariño.

Ribas: El ímpetu es una virtud que algunas veces puede cegarte… pero el error se comete y el hombre sabio rectifica… y de eso está llena esta campaña por la libertad: de hombres que saben rectificar asumiendo sus errores para darle vigor. Ese altercado nos ha hecho mucho más duros y precavidos… más unidos entre republicanos.

Barrajola: Tan unidos que aquí estás hoy

Ribas: Estoy seguro que mi delator obtendrá la muerte como recompensa y mi vida será nada más que un pequeño aporte para la patria. Lo que lamento es no morir en el campo de batalla sino a manos de ustedes… sanguinarios.

Barrajola: ¡Soldado, patéele el hígado al perro este! (titubea) ¡Vamos! ¿O quiere que lo degüelle a usted acá mismo? (el soldado lo hace)

Ribas: (adolorido pero con temple) ¿Qué, es que acaso saquear, asesinar y violar no es lo que ustedes y tu jefe Boves saben hacer?

Barrajola: ¿y es que tu perdida causa no ha saqueado…?

Ribas: ¡No hemos matado y violado como ustedes! horda de bárbaros… que con el pillaje y terror tratan de seguir con esa insensata monarquía española.

Barrajola: No me vengas con pendejadas a las del 19 de abril. Con discursos pendejos y con un gorro frigio te hiciste pasar por representante de los pardos. Tu camaradería y tu gran jefe Bolívar han llevado a la muerte a más de doscientas mil personas… nada tiene que decir un caudillo venezolano… naciste bajo el mando de la corona y a ella te debes…

Ribas: Me debo a mi patria, a la libertad y la igualdad de los hombres no al yugo que las oprime… moriré hoy pero ustedes también perdieron a su sedicioso general Boves en la batalla de Úrica; ese día la república tuvo un revés, a la corona se le cayó una de sus pérfidas y crueles joyas… así, una a una lo harán hasta quedar sólo un harapo de ella. Las miles de personas que han muerto debido a la tiranía española las han asesinado ustedes con sus hierros, sus fusiles y la terquedad monárquica… más temprano que tarde tendrán que pasarle cuentas a Dios que observa con vergüenza su crueldad…

Barrajola: (Al soldado) ¡tóquele nuevamente el hígado, soldado! (A Ribas) Esa va por mi general Boves… a tu sobrino y tu criado, perros fugitivos como tú, ya se pasaron por las armas… nada más espera a que decidamos que hacer contigo.

Ribas: Quiero ver a tu general antes de tener algún juicio…

Capitán: ¿Qué pasó Barrajola… ha dicho algo… con quién más andaba?

Barrajola: No mi Capitán, yo creo que es cierto lo que nos dijo el Concepción González que andaban éstos cuatro nada más.

Capitán: Ya que nos lo hemos traído a Tucupido ¿Qué vamos a hacer con este (despectivo) vencedor?

Barrajola: Valle de la Pascua está en peligro bajo la influencia de este hombre Capitán, fue lo mejor que pudimos haber hecho… acá mismo estamos perdiendo tiempo… pasémoslo por las armas de una vez.

Capitán: Yo opino lo mismo. ¡Soldados, tráiganlo a fuera! (lo sacan de la celda y lo colocan contra una pared) Pagarás caro tu insulto a España. Colóquense en frente y carguen… calen bayonetas…por si acaso queda vivo. Tiene algo que decir antes de abandonar… (Con ironía) la causa (Ríen)

Ribas: No temo morir por mi justa causa… Dios es testigo de la infamia de los enemigos de la libertad… de la tiranía española. Acá dejo mis últimos suspiros de guerra, mis últimos esfuerzos de batalla. En manos de criminales pongo mi vida que está llena de triunfos y fracasos pero colmada de gloria, y mi cuerpo ahora está enfermo pero mi alma, vívida de libertad y de república, está más fuerte que nunca. Sé que la República está cerca de consagrarse, de germinar en la semilla vencedora sedienta de justicia ante la tiranía española y la opresión inhumana, y sé que mi muerte de alguna forma contribuye a la causa… ¡Que viva la república! (Los soldados disparan, cae mortalmente herido y es rematado con las bayonetas).

  

Cuento recreativo de Tucupido - Emily Zerpa Azuaje

 

                                           Emily Zerpa Azuaje y Alfonso Rojas “Rojita”

La cronista incipiente

Cuento recreativo de Tucupido

Por: Emily Zerpa Azuaje (9), 4to "C", E. P. B. "Félix Antonio Saá"

Sentada bajo la mata de limón en la casa de mi abuela paterna, entablo una conversa con mi bisabuelo que tiene 91 años “y la mente lúcida” como dice mi abuela, quien sostiene que su papá tiene mejor memoria que muchos que son más jóvenes, y hasta mejor que la de ella misma.

Le pregunto: abuelo, ¿cuéntame cómo era Tucupido en tu niñez y adolescencia? Él, a quien le encanta hablar, empieza su relato:

NIÑEZ

Mira ‘mija’, Tucupido era un pueblo chiquitico que era Municipio Ribas y dependía de Zaraza hasta 1945, cuando por decreto pasó a ser Distrito Ribas, mientras estaba en la presidencia Isaías Medina Angarita; pero, volviendo al ambiente de su niñez, me dice que se acuerda de la conseja: “Viene la vaca por el callejón / No le tengas miedo que es cacho tocón”.

Cuenta que no había energía eléctrica, ni agua por acueducto. Buscaban el agua en la laguna de Rivero y la transportaban en barriles que montaban en burros; años después construyeron la represa de Coco’e Mono. En las esquinas usaban faroles (lámparas de kerosén o carburo), los prendían a las seis de la tarde hasta las once de la noche. Un señor de nombre Rafael Acero, trajo una planta que ubicaron donde está la bodega de José Martínez; luego trajeron otra planta a la que dieron el nombre de Belén, por lo vieja. A esta la ubicaron en la esquina de la casa que hoy es de los Nacciff.

La mayor parte del día transcurría en ir a la escuela, que funcionaba en una casa que quedaba frente a donde hoy día funciona el “Félix Antonio Saá”. Recuerda que el maestro que le enseñó a leer y escribir fue Luis Guglietta Ramos, el primero en llegar al pueblo. Alcira Díaz de Barrios, quien vive actualmente en Ciudad Bolívar, también dio clases. La escuela no era por grados, pero nos enseñaban a leer, escribir, sumar, restar y multiplicar.

Era un Tucupido que al caer la noche se convertía en pueblo de muertos, aparecidos, sayonas, etc., y de zorros que entraban a la población a meterse en los patios de las casas, directo al gallinero para comerse las gallinas. Los perros se alborotaban a ladrar; había que pararse a ‘espantá’ los zorros a piedra y palo, evitando su mordida porque transmitían el ‘mal de rabia’. Más de un perro andaba con un collar de limón para curarle o evitarle esa peste.

Ah, las vacas eran otras que llegaban al caer la noche y arrasaban con cuanta mata había en los solares que colindaban con la calle o cuando por olvido dejaban la puerta de zinc abierta; cuando esto sucedía, en la mañanita se oía el escándalo: “la vaca de fulano me comió las matas de cayena, ya le voy a ir a ‘reclamá’  pa’ que tenga ‘cuidao’ con sus animales”; y por ahí se armaba el zaperoco: “yo me la paso cuidando mis matas pa’ que vengan tus vacas a comérselas. ¡Mete tus bichas a un corral!”.

Yo crecí en la calle San Pablo, cruce con Roscio, cerca del samán que está al lado de tu escuela “Félix Antonio Saá”, ‘mija’. Allí, bajo su sombra, había un arenal donde los niños jugábamos metras, trompo y perinola. Se formaba una que otra pelea que no pasaba a mayores, porque siempre venia un adulto y los ‘desapartaba’; seguidamente llegaba el papá, o la mamá, de los contrincantes y, a correazos o ‘a chaparro limpio’, se los llevaban para sus casas sin opción a pataleo; pero era peor -que los regaños, el chaparro o la correa- la burla de los demás; y ese ‘chalequeo’, como decimos ahora, podía durar días y hasta semanas hasta que los mocosos se agarraban a puñetazos otra vez. 

ADOLESCENCIA

Mi abuelito me cuenta que, de muchachos, formaron un grupo de varones y hembras. Se divertían yendo a la plaza Bolívar y a ‘quizandeá’ a Tamanaco. Los domingos esperaban a que las muchachas salieran de misa y se iban a la laguna de Rivero donde hacían sancochos. En una oportunidad llevaron una bebida, a base de ron, llamada ‘guarapita’. Una de las muchachas se emborrachó porque se tomó dos o tres traguitos sin haber comido, y como no estaba ‘acostumbrá a tomá’ se volvió ‘ñoña’. ¡Jajaja!

¡Válgame Dios! ¿Qué hacemos con Aurora?, que así era el nombre de la susodicha; no la podemos llevar así a su casa, la doña mínimo aparte de un insulto nos da unos escobazos. ¡Jajaja! (soltamos la risa al mismo tiempo), y sigue mi abuelito el cuento: las demás muchachas la llevaron atrás de unas matas cerca de la laguna donde le quitaron la ropa (que era la ‘Dominguera’) porque se había ‘vomitao’ y la dejaron en fondo (prenda íntima que antes usaban las mujeres para contrarrestar la transparencia de las telas con la luz del sol y para que no se vieran sus partes. Por cierto que cuando uno le veía un ‘picón’ a una muchacha era un ‘chepazo’, no como ahora que andan casi ‘esnúas’). Después, a Aurora, la sentaron en la orilla ‘y agua con ella’, además de ponerla a oler limón pa’ que se le pasara la pea. A mi me tocó la tarea de intentar sacarle el vómito al vestido ‘Dominguero’ dentro de la laguna, hasta que por fin lo logré. ¡Casi vomita el hígado! ¡Jajaja! -las ocurrencias de mi abuelito-.

El vestido, luego de oreárselo un poco, las muchachas la ayudaron a ponérselo y los muchachos se encargaron de terminar el sancocho. Comimos y luego, al atardecer, emprendimos camino rumbo al pueblo; a la pobre Aurora la traíamos ‘en parihuela’ y le echábamos broma preguntándole que si quería un palito de ‘guarapita’. Cuando llegamos, a mí me tocó entregarla porque fui yo quien le consiguió el permiso con su mamá.

La doña cuando la vio dijo en tono nada agradable: muchacha ¿por qué vienes así tan ‘revolcá’ y con ese ‘vestío to’ curtío’ y medio ‘mojao’? Yo le dije: no doña, no piense mal, lo que pasó fue que ella se montó en una piedra, se resbaló y se cayó al agua, y acuérdese que agua de laguna en la orilla si se revuelve es barro. Aurora luego nos contó que se dio un buen baño y durmió hasta el siguiente día.

Mi abuelito me cuenta que todo era diversiones sanas, que había mucha solidaridad entre los amigos y que muy por encima de todo estaba el respeto.

Con el pasar del tiempo cada quien tomó su rumbo, se casaron y formaron sus familias.

Hoy día, de los protagonistas de este relato, sólo quedan vivos su amiga Alcira Díaz de Barrios y él.


“El Vate” Aular - Degnis Romero

 

Los 97 palos de Don Fernando

“El Vate” Aular

Degnis Romero

        Nos acercamos a Tucupido para la periódica dosis de necesaria catarsis que produce percibir el agradable calor pueblerino y que, adicionalmente, ayuda a contrarrestar la nostalgia y la depre producida por varios meses de lejanía.

        Sin embargo, existe el claro objetivo de conversar con Fernando “El Vate” Aular, aprovechando la circunstancia de su cumpleaños número 97. 

        El contacto se logra gracias a la gentil intervención de Alexis Gerdel y su esposa Nubia Zamora (nieta del músico-poeta), vecinos (por la calle Libertad) de la casa San Celestino, que perteneció a la familia Romero Rodríguez, ubicada en la calle Guaicaipuro Nº 40.

         El amable Alexis hace un alto en sus actividades y nos acompaña al bullicioso sector El Tranquero, en una de cuyas seis esquinas reside Don Fernando.

        Vamos armados con las notas acerca de músicos de la época, garrapateadas con la ayuda de Doña Alida de Romero y con el artículo “Recuerdos musicales de Tucupido, Parte Nº 1” (foto) de Gladys Vásquez de Aular, esposa del Dr. Fernando Aular Durant (médico radiólogo e hijo de El Vate).

        Con gesto amable nos invita a sentarnos e increpa: –¿Para qué soy bueno? Le explicamos las intenciones de conversar acerca de su experiencia con la música y la poesía a lo largo de su fructífera existencia.

        Pide que se le hable alto ya que sus oídos sufren la merma de los años; lo hace con un hablar pausado y fino que recuerda a Alberto Arvelo con aquello de: En un verso largo y hondo/se le estira el tono fiel, y comienza diciendo:

        –Un treinta de mayo de 1912 salí a este mundo. A los ocho años de edad (1920) me metí a monaguillo con el cura párroco Brígido González, porque era la manera de acercarme al armonio que había en la iglesia y que tocaba Ángel Rangel; al poco tiempo heredaría esas funciones.

–Estudié música con el maestro Teófilo Ruiz y el violín con Antonio Miguel Martínez, después me uní al conjunto de Moisés Morean (clarinetista excepcional) que pasó a llamarse Conjunto Morean-Aular y tocábamos en pueblos y caseríos circunvecinos. Muchos tocaban ad orecchio (por oído).

        Hace una pausa y se queja de que ya no puede digitar su violín. Le recordamos que en su caso no había razones para sentirse mal ya que aprovechó a lo largo de su vida productiva, exprimiendo al máximo sus facultades y que el transcurrir del tiempo nos va limitando funciones, pero que esas son cosas naturales de Dios. De inmediato preguntó con énfasis: ¿Ud. mencionó a Dios? Me alegra mucho que lo haya hecho. Tuve el privilegio de ser invitado a la masonería por Moisés Morean y, aunque mucha gente piense lo contrario, somos fieles creyentes de Dios y de Jesús El Cristo.

        No perdemos la oportunidad para preguntar si recuerda a Simón Romero, quien tocaba el saxofón en la agrupación dirigida por el maestro vallepascuense Rufo Pérez Salomón y dice: –A Simón lo recuerdo vagamente, pero a Rufo lo veo aquí: y hace un gesto alargando sus brazos y formando con sus manos una especie de pantalla donde se refleja la imagen del personaje en cuestión. Se extiende en elogios para la calidad musical de Don Rufo y parece deleitarse con la memoria de aquellos tiempos. Por otra parte, se queja de la disminución de su capacidad visual para la lectura (aunque no usa lentes) y de que la memoria lo traiciona en algunas oportunidades (no consiguió recordar el nombre de otro admirado músico de Valle de La Pascua). Le decimos, como consuelo, que nos ocurre igual teniendo 40 años menos.

        Por esa razón narró esto: –El policía Vergara (José Isabel), “El Coriano”, era un viejo analfabeta a quien le habían enseñado a firmar con su nombre los recibos de pago de su sueldo; en una oportunidad al ir a firmar se quedó mirando al techo para después preguntar: ¿Cómo es que me llamo yo?

        Le preguntamos por la música que tocaba y refiere: –Los ritmos más populares eran Vals, Pasodoble y Pasillo. Me gustaba mucho el Tango; una vez en una fiesta alguien, con la intención de apabullar, solicitó un tango y quedó boquiabierto.

        En cuanto a la música de su preferencia respondió: –Casi toda la de antes, con su variedad de ritmos, tonalidades, compases, cadencias y matices; porque mucha de la de ahora tiene un retumbar con claras características de ruido.

       Recordó con especial cariño el bambuco larense "Endrina" de Napoleón Lucena, lo que nos hizo relacionar al sonido de la Orquesta Mavare. También hizo referencia a las marchas fúnebres, trayendo a la memoria la música de algún video alusivo a la muerte del general Gómez en 1935.

               Se regocijaba cuando le mencionaba los nombres de Ramón Díaz, acotó que: -Tocaba el cuatro y la guitarra grande, Rafael Vidal (arpa), Juan Charaima (arpa y otros), José Ramón Sotillo (aguinaldos), Napoleón Baltodano (y Lalo), El “Negro Vito” (violinista que no se sabía los nombres de las canciones que tocaba, p.ej. “Ausencia”), entre otros, donde se incluía a Santiago “El Taro” (arpa). Citó, además, al maestro de escuela Luís Giuglieta. Un capítulo de grata recordación fue cuando le aludimos al tío Fortunato Lima (violín), de quien se expresó en términos elogiosos, comentando que en una oportunidad lo invitó a tocar en ceremonia de la Logia.

        Relató, con mucho sentimiento, dos episodios que no termina de lamentar: El primero con respecto a un baúl de madera donde guardaba las partituras de sus composiciones y que en una oportunidad al abrirlo, con suma dificultad, se percató de que habían sido destruidas por el comejen; y el segundo relacionado con la abundante fe de erratas, de las cuales no era responsable, que apareció en su libro de versos de reciente publicación. –¿Por qué eso?, se quejó.

        Aprovechando una recomendación que le hicimos a Misael Flores (abrir un foro virtual poético), le consultamos a El Vate acerca de cómo resolvía exitosamente sus incursiones en la enigmática ciencia del verso, explicándolo de esta forma: –Hay que contar con un amplio diccionario de palabras bonitas, debe existir un motivo de inspiración, y el desarrollo del poema debe seguir una estructura apropiada. Se alegró muchísimo cuando le hicimos el símil correspondiente al proceso de un pintor para desarrollar su obra y plasmarla en un lienzo: Hay que comenzar con una idea, a partir de la cual se construye un boceto que sirve de base para la pintura final. –Eso lo escribí en algún lado, comentó riéndose.

        Finalmente, al despedirnos y agradecer la atención nos manifiesta su alegría por compartir recuerdos en grata tertulia, lo cual le sirve de distracción. Agrega, con cierta zalamería, que éramos unos de los pocos a quien podía entender sin mucho esfuerzo; a lo cual le respondemos, saliéndonos de la suerte, que la facilidad la acomoda él con su inteligencia y su capacidad para leer los labios: –¡Risas!

        Le deseamos un feliz cumplesiglo en unión de su agradable y numerosa familia y de sus amistades. Además, le dijimos que ya quisiera mucha gente echar el cuento que él está echando, de llegar a los 97 palos con esa salud y lucidez.

        Hacemos votos porque a este valioso personaje de Tucupido le sean reconocidos sus logros y se le otorguen los merecidos homenajes; en especial, la difusión de su biografía y de sus obras, para que le sirvan de guía e inspiración a las nuevas generaciones de nuestro querido pueblo.