"JALADORES”
NOTABLES
Manuel Soto
Arbeláez*
A
finales del siglo XIX y en las primeras dos décadas del XX los jóvenes
intelectuales, científicos, artistas y pensadores criollos se van alineando con
la corriente del Positivismo. Es esta línea de pensamiento la aglutinadora de
las elites pensantes del país. La estrategia y táctica de acción de esta praxis
renovadora esta inclinada hacia un solo objetivo: buscar una salida del orden
colonial todavía imperante, sustentándose en un proyecto nacional que guíe los
pasos de la anarquía social, al orden y el progreso.
Definido
el plan rector en esos términos los más connotados prohombres de esa filosofía
estaban listos para cuadrarse con el caudillo militar de chafarote que aportara
el soporte político, para ellos poner en ejecución su teoría. “Se partía del
principio que el hispanoamericano debía ser distinto al español, por supuesto,
los habitantes de estos países mantendrían sus peculiaridades regionales, sus
acentos vocales, sus giros idiomáticos, sus gustos culinarios; en fin, sus
culturas zonales”(.,) como dice Manuel Caballero.
La
Dra. Rodríguez Gallad establece que “En Venezuela la corriente positivista
encuentra el suelo abonado con los sembradores en posesión de la mejor semilla:
la pobreza secular de nuestros ancestros y la fatiga que les embargaba como
consecuencia de las tantas guerras habidas entre 1810 y 1902. En 1908, con la
llegada del general Juan Vicente Gómez Chacón al poder, los más brillantes
miembros de la generación del 98 están ávidos de sembrar su semilla. Todos a
uno se acomodan en los cargos públicos más relevantes, o toman la pluma para
defender al régimen bajo la premisa de basarlo en un principio ideológico
definido y categórico”(..). Serán los plumarios del régimen. Serán los
“jalamecate” de entonces. Empieza el culto a la personalidad del tirano
tachirense. Hasta el mismo Gómez los tituló como sus plumarios.
Dice
Caballero que “Venezuela sería otra al modernizar los medios de producción y al
renovarse su pensamiento y cultura; esta era la máxima de los cuatro epígonos
más visibles y leídos de la dictadura: José Gil Fortoul, Laureano Vallenilla
Lanz, Cesar Zumeta y Pedro Manuel Arcaya. Los cuatro actuando sincronizadamente
se propusieron exponer y divulgar ideas positivistas y aplicarlas a un análisis
de nuestra historia y de sus hombres”(..). Según un estudio del Centro Gumilla
ellos “Fijaron las bases sociológicas de las autocracias e incluso llegan a
defenderlas como necesidades historias. Ponen las bases para la justificación
del Cesarismo Democrático, encarnado en Juan Vicente Gómez y su régimen”(..).
En ellos, sin embargo, hay pequeñas diferencias o matices, pero su sujeción a
la larga dictadura fue abyecta. Aplicaron verdades históricas a premisas
falsas, pues desde ningún punto de vista, la inteligencia puede justificar a la
barbarie, bien sea esta en el siglo XX o XXI.
Este
razonamiento es válido y aplicable al gomecismo, nazismo, perezjimenismo,
franquismo o a cualquier “ismo” que atente contra los derechos humanos. Del
mismo trabajo del Centro Gumilla tomamos las definiciones y matices de estos
cuatro panegiristas (es una designación benigna, ya que el vocablo que más les
cuadra es el de jalamecates). Vallenilla Lanz: “Tuvo precisión en el método y
elegancia literaria en la exposición. Es de los que cree que los derechos se
fabrican como las máquinas. Parte del principio que todo pueblo tiene un
gobierno que él mismo produce de acuerdo con su grado de cultura, demostrando
con esto un gran oportunismo”. El gran polemista colombiano Laureano Gómez lo
llamó “el inescrupuloso apologista y filósofo de la dictadura”.
Arcaya:
“Es el más sociólogo y jurista del grupo. Promueve reformas legislativas y
constitucionales para modernizar el Código Civil y adaptarlo a la evolución del
país. Es el más fundamentalista en la aplicación del positivismo”. Gil Fortoul:
“Es el más flexible en la aplicación del fatalismo racial y los determinismo
geográficos. Para él las ideas preceden a los hechos y los determinan”. Zumeta:
“Reflexiona sobre los problemas de Latinoamérica y comprueba que frente a los
imperialismos que se arman estamos en desventaja. Necesitamos fuerzas porque el
mundo no es moral ni tiene justificación moral”(..) (Gumilla).
En
el estado Guárico uno de los grandes panegiristas del régimen fue el Dr. José
Francisco Torrealba. En el periódico El Sembrador, que él mismo dirigía en
Zaraza, aparece en un número de 1934 una verdadera apología del “gomismo”, como
él lo llamaba. Además de sus alabanzas a Gómez también exalta a los prohombres
del régimen en este estado llanero: David Gimón Pérez y Pedro Itriago Chacín.
Dice Torrealba que “Para gobernar a un país de bárbaros (como el nuestro), es
preferible la mano fuerte del gobernante (como el sanguinario Gómez), con una
espada empuñada, que una nación dirigida por intelectuales”(..).
*Manuel
Soto Arbeláez es ingeniero e investigador venezolano.
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