Claret Rodríguez, en el Reencuentro Gilfortouliano 2010
Músico y ser humano
esplendente
Claret
Rodríguez
Degnis
Romero
Conversar con José Claret
Rodríguez, un gran hermano desde tiempos inmemoriales, es lo más parecido a
aquello que se llamaba, en el segundo lustro de la década sesentosa: Vivir una Experiencia Psicotomimética;
aludiendo con esto al show alucinante presentado en el Teatro Caracas, el 30 de
abril de 1968, y cuyo testimonio discográfico está plasmado acá: https://www.youtube.com/watch?v=fdFaQBOoH2w.
¡El que no estuvo allí no sabe que La Guaira es lejos!
Comienza contando que nació
en Corocito Peñero, un caserío aledaño a la población de El Socorro, del Estado
Guárico, en fecha 06-01-1952, aunque dice que la secretaria del Registro Civil,
se enredó toda poniendo Klaret, con K, y cambiándolo a 1951 (el mejor año para
nacer).
Narra: “Yo de vaina no arranqué la página
amarillenta de ese Libro de Presentaciones, que tenía un ‘polvillo asesino’
y que quien lo abría cogía una infección
o una peste, por lo menos”. Y continúa así: “Échale bo… (pichón) que a mi
papá se le ocurrió ponerme José Claret Timoteo Rodríguez García, pero un tipo
en Identificación me salvó la vida, porque cuando me le presenté con el Acta de
Nacimiento, se le ocurrió decir: Te voy a borrar el “Timoteo” porque eso no
cabe en la cédula”.
Cuenta que su papá, Manuel
Rodríguez, tuvo tres hermanos: Clara (a lo mejor el Claret viene de ella, madre
del amigo Adolfo Rodríguez, Doctor en Llanología e “Individuo Correspondiente”,
por Guárico, de la Academia Nacional de la Historia. Se puede llegar a sentir
especial orgullo al encontrar su libro “Los llanos: Enigma y explicación de Venezuela”,
al hurgar en la Biblioteca Pública "Trino de Jesús Parra", de El
Hatillo), Guillermo y Francisco.
Claret, es una gloria y
leyenda viviente de la música en Valle de la Pascua, donde llega a temprana
edad acicateado por su tío Francisco, quien lo hace emigrar de El Socorro, para
que evolucionara en los estudios. Ese mismo trámite le tocaba, desde principios
de la década sesentera, a muchos chamos que vivían en pueblos vecinos a La
Pascua, gracias al arranque de la nueva sede del liceo “José Gil Fortoul”.
Cuando se le pide su
resumen biográfico, dice: “Tengo el
currículo publicado en mi perfil de Facebook. ¡Búscalo ahí!”.
Lo primero que se nota es
que los años no le han hecho perder la brújula, ya que en dicho perfil coloca,
en el renglón de INFORMACIÓN BÁSICA: Sexo:
Hombre. Interés: Mujeres.
Está casado con Suleima Gota
(prima de Kaína, ambas cantantes, conocida esta como "La Reina de las
Cuaimas"), y tiene dos hijos: José Gregorio y Zuleycla. Comenta que se ha
casado cinco veces y que su meta es llegar a la decena.
A los 12 años entra en el
liceo y comienza su apoteosis como deidad serenatera en las calles
vallepascuenses, donde se dio a conocer por su maestría en la ejecución del
cuatro, instrumento nacional, y por su afinada garganta con la que entonó
coplas llaneras al pie de centenares de ventanas, a altas horas de la noche.
Era el consentido de los profesores, incluyendo a la Directora Isaura Ledezma,
“La Chata”.
La velocidad de su conversa
se mide en carcajadas por minuto de cualquier interlocutor, que en este caso
particular ronda la cifra de diez.
Hace referencia a su
incursión en las Redes Sociales: “Tengo
Internet en mi casa desde hace más de ocho años, pero yo no le paraba a eso; me
la pasaba criticando a mis hijos y a mi mujer diciéndoles que iban a perder la
vista ‘pegaos’ en la computadora. Hasta que un día mi hijo, que estudia
medicina, llegó con una Tablet. Desde ese día me ‘enfiebré’ de manera radical y
entendí la importancia de las redes. Ahora escribo casi a diario y soy un
esclavo de eso. Allí hay personajes que escriben continuamente: los dos
Silveiras, el Dr. Aular, Misael Flores, Arturo Soto, etc. Gente que siente amor
por el pueblo. Con Juan Bolívar, intercambio opiniones desde hace poco, ya que
se la pasa etiquetando fotos viejísimas, que son recuerdos imperecederos que
nos marcaron a todos nosotros, y eso es como una concha ‘e llaga que no se
borra nunca”.
Acto seguido, se
circunscribe al denso anecdotario. Los recuerdos de la época de oro
vallepascuense brotan a borbollones a medida que se adentra en la narrativa de
su periplo existencial en el pueblo.
Hace evocar lo de: “Bueno, pero me dan una ‘mascaíta’ y me
prestan el cuatro”, echando este cuento: “Yo era uno de los mejores cuatristas del pueblo y me convertí en una
necesidad, en especial para los profesores que no le paraban a la edad sino a
las parrandas y a las serenatas. Me buscaban y me sacaban, a escondidas, por la
ventana de mi casa, a media noche. El liceo se convirtió para mí en una especie
de recinto folclórico-musical; acuérdate que ahí pululaba el ‘jardín de
fragancia’ de Valle de la Pascua, y los profesores eran muy abiertos desde ese
punto de vista. Imagínate tú que varios de ellos se casaron con sus alumnas. La
serenata fue la base de muchos matrimonios. Yo arrancaba cantando y tocando el
cuatro, y, al cierto tiempo, me invitaban a las bodas. Eso sí, nosotros como
músicos estábamos a tono con las canciones de moda de la época, sin importar
que no fuera música venezolana; yo, por ejemplo, cantaba unas que estaban bien
pegadas en la radio: JamásTe Olvidaré, de Chucho Avellanet; Magia Blanca, del Trío
Venezuela; Por Qué EresAsí, de Los Indios Tabajaras; boleritos de Billo’s, como: Pobre Del Pobre, con
Felipe Pirela, o NuestroBalance, con José Luis Rodríguez, para alguno que tuviera una ‘maceta ‘e
despecho’; etc. Por supuesto, también estaban de moda el vals-pasaje de Los Torrealberos,
Mario Suárez, Rafael Montaño, etc.: Recuerda mujer querida; Horas de amor,
solito con las estrellas; etc.”.
“No
faltaba quien tuviera un amor platónico y me diera dos bolos para que cantara:
Noche de amor, con Mirta en la llanura…, una canción que Juan Vicente le
compuso a su esposa, y se pusiera a moquear con un pañuelo. Otro caso era el de
Ramón Rodríguez, que excede, con creces, lo narrado por Lito Silveira: Por su
culpa nos metieron presos, porque estaba enamorado de un monumento de mujer.
Resulta que cuando le llevábamos una serenata, el papá nos denunció en la
policía y nos rodearon. Ramón le gritaba a la mujer para que lo dejara entrar a
la casa, pero el papá salió y le dijo a los policías que nos llevaran presos.
Se llevaron al negrito Urbina, a Olivieri, a Aníbal Matute (quien era el
Director de la Banda Municipal). En total eran unos diez profesores, algo así
como medio liceo. Además, me llevaron a mí, a Guelmi Jaramillo, a Ricardo
Alfonso, con su bandolina, y a Alberto Torrealba, un tronco ‘e cantante. Nos ‘enguacalaron’
a todos. Primero nos mandaron a sentar en dos bancos que había en la entrada,
pero Ramón pasó de largo para adentro cantando unos gabanes e hizo molestar al
sargento, quien le ordenó a su ayudante: ¡Mira, a este bichito ‘e gabán me lo
metes pal calabozo más frío! A las seis de la mañana llegó el Prefecto, Orlando
Salazar; vio al Staff de profesores y, sorprendido, les saludó: ¡Caramba,
estamos a la orden! ¿Qué se les ofrece? A lo que contestaron: No, nada, estamos
aquí detenidos. Ramón, seguía cantando gabanes y un policía le dijo al
Prefecto: Ese que canta y que da Moral y Cívica. ¡Imagínese ‘usté’! Por decir
eso casi lo botan. Pero Ramón era un personaje; acuérdate que, por eso, yo le
echaba mucha broma en el Reencuentro Gilfortouliano”.
Coge aire, y sigue: “Fueron cientos de serenatas. Eran otros
tiempos. Uno podía andar en la calle a cualquier hora de la noche y nadie lo
molestaba, excepción hecha de los perros. Estos llegaron a convertirse en una
amenaza peligrosa, hasta que alguien halló la forma de ahuyentarlos tirándoles
fósforos ‘prendíos’. ¡A más de uno le quemaron el pellejo!”.
Cuenta que en una oportunidad
salieron caminando desde la esquina de la calle Retumbo cruce con Las Flores, tomaron
rumbo por todo lo largo de la avenida Táchira, llegando hasta el final a la
casa de las Fonseca, y recuerda: “El más entusiasmado
con la serenata era el papá, quien nos prestó una camioneta con todo y chofer
para el regreso. Adicionalmente, nos
dio dinero diciendo: ¡Tomen unos reales pa’ que se coman un pollo ‘caje’
Cunaguaro! Este era famoso porque asaba carne en unos tambores. Al final, al
chofer lo botaron porque se emparrandó con nosotros y se presentó al día
siguiente borracho y ‘amanecío’”.
No conforme con lo
anterior, se pone filosófico y agrega: “Yo
me pongo a analizar las vivencias que nosotros tuvimos en los años del liceo “José
Gil Fortoul”, y eso es algo inigualable e irrepetible. Sin saberlo, fuimos
dejando un recuerdo indeleble en el pueblo y en su gente. Son cosas
impredecibles de la vida. Por ejemplo: ¿Cuándo ibas a pensar tú que te ibas a
casar con esa ‘muchachota’? ¡Jamás! Una vez le dimos serenata, y ya cuando
habíamos cantado unas canciones se asomó Don Juan Bolívar, diciendo: Las
muchachas se fueron pa’ Caracas, pero esa ‘lavativa’ suena sabroso. ¡Sigan cantando
otro rato más! Ahí nos sacó tres botellas de anís El Mono, con lo que se nos
olvidaron las muchachas y seguimos la parranda”.
Sin mucha pausa, sigue: “Una vez estaba con Guillermo Párraga, y
llegó el profesor Omar Bello, invitándome a darle una serenata a “La Chata”,
quien estaba de cumpleaños y le gustaba “Pasillaneando", (a
Don Rafael Ledezma, le daba un patatús con “Cariño Lindo”),
diciendo: Vamos a correr el riesgo de que nos bote del liceo. Me convenció
ofreciéndome un Toddy y una tostada del budare de Ponce en el “Tamanaco”, de la
calle Real. Nos santiguamos y nos fuimos. La única casa en Guamachal, que
quedaba detrás del terreno del liceo era de ellos. Llegamos a las once de la
noche, y canté las dos canciones. Ella prendió la luz y llamó a Omar Bello,
quien con su labia nos salvó de la expulsión. Años después, me tocó pasar por
este trance: Yo sembraba maíz y sorgo por Santa María de Ipire. Un día tuve que
venir al banco y me junté con Gonzalo Chávez, quien me invitó para otro cumpleaños
de “La Chata”. Ya estaba jubilada y delicada de salud”.
“Yo
acepté y me puse de acuerdo con un indiecito que era peluquero maloso, que
vivía en Las Garcitas y que tocaba el requinto, y con Freddy Figueroa, que
tocaba guitarra y era un verdugo con las canciones de Julio Jaramillo. Se
echaba unos palos de ron y lagrimeaba cantando: ♫Solito he de llorar, solito he
de sufrir…♫ Llegamos con ese trío a la casa donde ella vivía en la urbanización
Vipedi y eso estaba full de gente. Empezamos con el repertorio de más de 20
canciones y nos botamos. Los invitados pedían otra y otra. A eso de las cinco
de la mañana, le dije a mis pupilos: Mejor nos vamos porque la profesora ya
está cansada, a lo cual ella replicó: ¡Usted se peló, machete! ¡Yo estoy fina,
y de aquí no se va nadie!”.
“Nos
quedamos hasta las siete y media, fuimos a comer arepas a El Mastranto y llevé
a los músicos a sus casas. Me fui a la mía, me bañé y regresé, cerca del
mediodía, a Santa María. Me reuní con los trabajadores de la finca y, a eso de
las siete de la noche, fui donde un contacto que me recibía los mensajes
telefónicos de La Pascua, ya que aún no había celular, y dijo que me habían
llamado varias veces para informarme el fallecimiento de “La Chata”. Me había
llamado Gonzalo, Ramiro Séijas, Abigail Ledezma, y otros. Yo pensaba para mis
adentros: ¡Se despidió a la llanera! Y recordaba que, a pesar de su recio
carácter, ella era una mujer parrandera y cantaba precioso. De inmediato me fui
para el velorio donde me encontré con los que habían estado en la fiesta. El
Dr. Rafael Ledezma, su hermano, me comentó: “La Chata” murió como ella quería.
Tenía tiempo sin parrandear, pero ayer se dio su gran gusto”.
Son innumerables los
cuentos de una época ya ida, pero que se mantiene latente en el recuerdo. Al
salir del liceo le tocó emigrar, contra su voluntad, hacia la “Escuela Técnica
de Agricultura”, de Jusepín, en el Estado Monagas, donde se graduó de Técnico
Agropecuario, y donde se hizo acreedor de una beca de la Universidad de Oriente,
a cuyo grupo coral perteneció durante cinco años, dejando profunda huella por
sus excepcionales dotes de cantante y cuatrista. Para remate, hacía gala de una
carita ‘cuchi’ que le llamaba la atención tanto a las chicas como a los floripondios,
uno de los cuales hasta ofreció regalarle un Wolkswagen.
Su regreso a Valle de la
Pascua, en 1971, coincidió con la celebración de la Feria de La Candelaria,
circunstancia que cuenta así: “Cuando yo
llego, me mandó a llamar “La Chata” para decirme que Dalila Monserrat, era
candidata a reina por el liceo y me nombró Coordinador de Campaña. Recuerdo
que, estando a cargo de la parte musical, contraté al conjunto de Ramón Loreto,
Los Hermanos Loreto, que eran ‘ambidiestros’ porque tocaban joropo y guaracha, para
que tocaran diez bulevares por 270 bolos. El último de ellos fue en la calle
Real, frente a la CANTV. El presidente de la feria era el Dr. Rafael Séijas
González. Hasta ese año, las reinas de las ferias no se escogían con jurado
sino a través de un ticket o “bono” que la gente compraba, como voto, y que valía
un bolívar. Dalila fue electa reina y tuve el honor de componerle una canción
que le canté en el Hotel San Marco. Eso quedó plasmado en una foto que se
encuentra colgada en una pared del hotel, que funge como galería de momentos vallepascuenses
inolvidables”.
Su palmarés profesional se
mide en términos de vueltas al globo terráqueo: Incursionó como agricultor y
trabajó en el Ministerio de Agricultura y Cría, pero su mayor dedicación y compromiso
ha sido con la cultura, la educación musical, y el folclor, con esfuerzo perseverante
a lo largo de 50 años. Es un hombre con sensibilidad social, empeñado en forjar
un semillero de talento musical. Es desprendido y solidario. Una muestra de
ello es que acompañó, con gran entusiasmo, la celebración del “Primer
Reencuentro Gilfortouliano”, el 18 de diciembre de 2010, de cuya participación
quedó esta nota: “Luego le correspondió
el turno a Claret Rodríguez, legendario vallepascuense, quien nos obsequió con
lo mejor de su arte musical y de sus anécdotas. En un momento interrumpió su
actuación e hizo el comentario: ¡Tengo ganas de llorar! Y se largó en llanto,
haciendo llorar a muchos y recibiendo una ovación por parte de la conmovida
audiencia”.
En ese evento hizo gala,
durante casi dos horas, de su dilatada, adiestrada e hilarante locuacidad,
producto de su extenso background como locutor, conductor y productor, en
estaciones radiales como: Radio La Pascua 1370 AM, Radio Enlace 860 AM, Estirpe
93.1 FM, Ambiente 96.1 FM, Buenísima 101.5 FM, Auténtica 90.5 FM, y,
actualmente, en Talento 102.7 FM; con programas de alto calibre y sintonía
como: "Cancionero Venezolano", los domingos de 3 a 7 de la noche, “Viva
Venezuela”, "Voces de mi tierra", y este último: "Amaneciendo y
Cantando”: Un Programa ‘Entreverao’/El del Rejo y La Totuma/y el Cafecito ‘Colao’,
de 5:30 a 8:00 am. El link en Internet es: http://fmtalento.com.ve/radio/.
Sus programas tienen un
alto contenido pedagógico, un simbolismo musical con énfasis en la función de
la música en nuestra cultura, además de promover la investigación de la música
folclórica y de la hermenéutica del comportamiento musical humano. Confiesa: “¡Esto es para uno enseñar, vale! Esto no es
para bochinche ni para pegar gritos, como alguna gente cree. Nosotros tenemos
una cultura folclórica bastante profunda y desarrollada; una vasta experiencia
como músico, como hombre que ha recorrido los caminos de la Patria, con acento
en trabajos de investigación, y eso te alimenta más un programa”. A todo
ello se agrega su elevado sentido didáctico.
También ha conducido
programas de corte religioso, apoyado en su conversión al cristianismo; y su vena
solidaria lo impulsa a la realización y promoción de Radio Maratones y
Atardeceres Llaneros, en apoyo a gente delicada de salud. La próxima cita es el
31-03-17, en el Club Corpoven.
Es vocero principal,
representando al sector musical del Estado Guárico, en el Ministerio del Poder
Popular para la Cultura. Representa a la Fundación Cultural "Todos Somos
Venezuela", a la cual promociona así: “Le
enseñamos a tocar el cuatro de una manera integral desde el charrasqueo hasta
el punteo, así como también clases de canto, declamación, valores y que sepan y
conozcan la historia de la música venezolana, costumbres y tradiciones”.
Dirige la Escuela de cuatro y canto “Salvador González”, llamada así en honor a
su maestro y amigo. Fue cofundador del Festival Nacional Folklórico Infantil “Cantaclaro”,
que inició el año 1974, y del Festival “Panoja de Oro”, en 1980, el cual presidió
en dos oportunidades. Es ilustre promotor de la cultura nacional y participa,
activamente, en encuentros culturales, en calidad de artista invitado o como
jurado calificador.
Fue Orador de Orden, en la
Sesión Solemne del Concejo Municipal, en junio de 2016, con discurso sobre la
Identidad Nacional, en la celebración del Día del Artista Nacional, y en
ocasión de la entrega de la “Orden Salvador González”.
Es Coordinador del Consejo
Asesor Consultivo, de la “Fundación Cultural Cantaclaro”. Además, ha
participado en diferentes actividades musicales con el “Grupo Arcoíris”, con un
amplio repertorio en el género contrapunto.
Por si fuera poco, también
es compositor. Dice que eso lo heredó de un hermano de su progenitora Angelina
García, originario de Zuata, en el Estado Anzoátegui. Ostenta más de 200
composiciones, una de las cuales dedica a su admirado Juan Vicente Torrealba:
La Grandeza Del Maestro.
Declara que su vena
compositora viene tanto de la rama maternal como de la ‘padristal’; y agrega: “Cuando me baja la musa compongo canciones
llorando… Salvador González, fue una
inspiración y un reto para mí, ya que siempre decía que tenía que superarlo,
que ser mejor que él”. Al final, logró que el propio Salvador lo
reconociera, porque hubo una época en que no cantaba si no lo acompañaba Claret
con el cuatro.
Luego, saca a relucir otro
episodio: “Corría el año 1973, y el amigo Pedro Ortega, hermano de
Juan “Culeco”, me invitó para una fiesta que había organizado el Sr. Negrón,
dueño de Radio La Pascua, para la crema y nata del pueblo, en lo que hoy es el
club “La Antena”, de los Montilla. En aquella época estaban de moda Los Ángeles
Negros. Pedro y yo teníamos el repertorio completo montado, él con la guitarra
y yo cantando las canciones que hicieron famoso a Germaín La Fuente. En la
fiesta estaba Salvador con Octavio Séijas, un arpista de Las Mercedes del
Llano. Al verme me invitó a que lo acompañara a cantar, pero yo le dije que solo
cantaba música de Los Ángeles Negros, recibiendo un “¡Tú estás loco!”, como
respuesta. Al comenzar a cantar, los locos eran todos los invitados; sobre todo
las chicas que gritaban desaforadas cuando escuchaban:
♫Mañana me iré, amor mío…♫
Esas mujeres brincaban. Pero Salvador se molestó porque le robamos el show y
fue a hablar con Gonzalo Chávez, quien le dijo que lo dejara tranquilo y que se
callara porque estaba extasiado escuchándome, mientras yo seguía inspirado: ♫ Mi
ventana está mojada por la lluvia ♫
Al oír que la gente pedía
otra y otra, se fue echando chispas y diciendo que yo había botado mi
sentimiento popular”.
Un detalle curioso, es que
la mayoría de la gente de esos tiempos nunca se enteró que algunos ‘hits’ eran,
en realidad, versiones de canciones francesas. Por ejemplo: “Y Volveré”, es
original de Alan Barrierre, con título “Emporte Moi”, y otra,
más famosa aún, “Detén La Noche”, es “Retiens La Nuit”, con
letra de Charles Aznavour y música de Georges Garvarentz.
Luego pasa a rememorar a
sus mentores, renglón donde además de a Salvador, incluye a Pastor Hernández: “Pastor fue un maestro, un romántico, bohemio
enamorado y trovador sentimental. Excelente guitarrista; cantaba boleros de Los
Panchos, Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Roberto Ledezma, Lucho Gatica;
rancheras de Javier Solís, etc. Serenatero con “Pataruco”, Luís Albornoz y sus
hermanos, que tenían un trío, tocaba un requinto que no se le veían los ‘deos’.
Julio Jaramillo, le ofreció llevarlo a Ecuador y no quiso. Armando Prado, unos
virtuosos del requinto y la guitarra. Pastor era un pavo de esa época, usaba un
copete como el de Elvis Presley, que estaba de moda. Era un gran catador, sobre
todo de ron puro, para mantener la voz clarita, y un gran fumador; tuvo muchos
hijos, uno de ellos cantante y músico de teclado llamado Pastorcito, muy bueno.
Se mudó a zaraza hace mucho tiempo donde consolidó una familia. Tuve la
oportunidad de tocar con él, de parrandear, de aprender a querer la música romántica,
cantarla y ejecutarla con mi cuatro. Pastor
fue un maestro de maestros. Me fue asesorando porque yo quería estar en todo,
ser un músico completo para hacer que la gente gozara una y parte de la otra;
por eso aprendí a tocar música bailable de Billo’s, como El Karakatiski”.
Agrega que: “Fui cacique en Espino, dirigente que ganaba
con el 99.5 % de los votos; tuve 62 ahijados. Y aquí fui Director del Complejo
Cultural “Víctor Vera Morales”. Mi oficina era en la Panadería “Trigo Dorado”,
especie de República del Este”.
Luego hace referencia a la
nueva generación musical en Valle de la Pascua. Se desvive elogiando a Yergin
Loreto, hijo de Don Ramón: “Ese es un monstruo.
Está considerado como el mejor arpista que tiene Venezuela, un fenómeno con el
cuatro y canta mejor que ‘tuel’ mundo en este país. Graba con líderes de la
música criolla como Reynaldo Armas y Francisco Montoya”. Otro de relevancia
nacional es Armando Martínez, “El Cantaclaro de Venezuela”, pupilo del profesor
José Oscar Guerra (Director del Quinteto Magistral), y de Claret desde su
segundo lugar en la Panoja de Oro, de 1980. Además de otras figuras como:
Carmelo González “El Cristofué de La Pascua”, Carlos Rondón, Sandra Martínez,
José Álvarez Rondón “El Pollo de San Ramón”, Nohelia Álvarez “La Catira
Parrandera”, Orlando Medina “El Picaflor”, Gladis Ortega, Alejandro Séijas “El
Mono Burlón”, Niorka Vásquez, Facundo Perdomo, Justo Figueroa, Fermina Martínez,
Ángel Bigott, Ángel Betancourt “El Llanero Mix”, Tomás Loreto, Palminio
Hernández, Teresita Vargas, Adilia Herrera, Cristian Castillo “El Centinela”, y
Don Abrahan Nieves, autor de “Juanita”, entre una
lista larga.
Indica que escribió un
resumen biográfico de Salvador, el cual será integrado a la “Galería
vallepascuense”, del Blog: http://gilfortoul/,
en conjunto con esta cháchara sustanciosa, y dice: “Paraíso Del Amor, de Salvador González, debería ser declarada Himno de
Valle de la Pascua”.
Le dedica un apartado a su carnal
Guelmi Jaramillo, “Pata ‘e grillo”, de turno al bate para ser publicado en el
susodicho Blog: “Yo le conseguí a él una
condecoración, la “Orden Salvador González”, donde yo fui Orador de Orden, y no vino a recibirla. Vive ‘enclaustrao’
en La Pereña. No quiere ver a la gente. Se la pasa cuidando iguanas, morrocoyes
y cachicamos. Cuando tú vengas vamos a intentar sacarlo con un brujo y unos
rezanderos, para que conozcas su “Salón Sagrado”, donde tiene a los inmortales
de la música llanera. Figúrate que fue un milagro que viniera a recibir un
homenaje que le preparé en un festival infantil de mi escuela de cuatro. Se apareció,
a última hora, con toda la familia. Al finalizar, me dio las gracias con
lágrimas en los ojos. El compadre Héctor Ortega, me decía: ¡Eres un fenómeno! ¡Lograste
sacarlo!”.
Al cierre, dice: “Tú y yo somos unos locos fanáticos que
profundizamos en la crónica de personajes relevantes del acontecer local,
nacional e internacional. En una oportunidad me fui a Puerto Miranda, a orillas
del río Apure, siguiéndole la pista a Custodio Kirpa. Allá cogí un ‘gripón’
revisando unos libros en la iglesia. Ese personaje fue el verdadero Florentino,
el que realmente peleó con el diablo, en San José de Guaribe. Hoy, lo real es
que le agradezco mucho a Dios porque estoy activo. Aún muevo los ‘deos’
bastante rápido y tengo un nieto de tres meses que me tiene ‘esclavizao’. No se
duerme si no le toco un Pajarillo o un Zumba que Zumba. Aquí tengo el cuatro en
la mano”. Lo charrasquea a manera de prueba y termina diciendo: “Mira,
vale, aquí me llegaron unos niños que tengo que ensayarlos. Avísame cuando
vayas a venir. Un abrazo”.

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