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Héctor Ortega - Degnis Romero

                          Héctor Ortega, con ramillete conformado por tres de sus nietas

El maestrico de La Esperanza

Héctor Ortega

Degnis Romero

Siempre ha sido un gustazo conversar con Héctor Rafael Ortega, personaje aguerrido y tenaz forjado en la fragua de la lucha cotidiana, que arrostra con entereza y aplomo. Dichas virtudes le han permitido brillar con luz propia en diferentes facetas existenciales tales como la de educador, ya jubilado, la de comunicador social con énfasis en el servicio público y en las costumbres y las tradiciones, así como la de político enraizado con los valores democráticos y con los problemas de la comunidad vallepascuense donde se ha desenvuelto desde temprana edad. ¡Un hombre con esencia de pueblo!

Aterrizó en este mundo por los lados del caserío “La Esperanza”, ubicado en el otrora Distrito Infante del Estado Guárico, un 11 de julio de 1945, recién finalizada la segunda guerra mundial. Quizás esto le impregnó el temple guerrero.

Lo que no se sabe es de dónde le surgió la característica de mamador de gallo pertinaz que exhibe con maña fecunda haciendo recordar las extraordinarias dotes en esas lides del entrañable amigo Joseff Aguilera, o “Pata ‘e tuqueque” para los allegados, quien le enquistó el mote de “Leche Carabobo”, vaya usted a saber por qué motivo.

No presume de ser 'vallepascuense nato’, ni tampoco utiliza el horrendo barbarismo ‘Vallemetío’, como sí lo hacen algunos nacidos en los montes de Espino, Parmana, Carito Seco, Mata Redonda, Mamonal, Corozal, Jácome y un largo etcétera. Es pertinente recordar que el amigo y ex-compañero de trabajo Doctor José Andrés Octavio, eminente cardiólogo graduado en Italia, suele decir: ¡El que no habla italiano es un bárbaro! Para nosotros lo es quien usa la expresioncita de marras, a excepción de su creador el virtuoso Padre Chacín.

Lo llamamos ‘a la hora señalada’ por él, como cualquier Gary Cooper, y le decimos que para nosotros la puntualidad es una religión, detalle con el que se muestra en absoluto acuerdo. Comenta que trabajó un tiempo bajo la tutela del Padre y que se rige por lo que se conoce como “La hora chacinera”. Dice que cuando al Padre lo convocaban a una reunión, por ejemplo a las siete de la mañana, se aparecía quince minutos antes, y si a las siete y diez no había llegado la gente, preguntaba: Bueno, ¿a qué hora son las siete aquí?

En el ínterin, viene a la memoria nuestra primera charla telefónica el día que, por casualidades del destino, estábamos de visita en Valle de La Pascua, en septiembre de 2010, y  escuchamos, por vez primera, su programa “Curucuteando”, que se transmitía los domingos de 8 a 10 am, por la emisora Popular 106.1 FM. En esa oportunidad comentó un escrito que habíamos hecho días atrás acerca del maestro Rufo Pérez Salomón, quien se mostraba en una foto que nos había enviado su sobrino Luís Guillermo Pérez Jiménez, con su orquesta “Monumental”, en el año 1956. Héctor leía parte de lo escrito: Los muchachos que aparecen en la foto con Don Rufo son: Santoyito, Rafael Rengifo, Jesús M. Bolívar, Ricardo Hurtado, J. Miranda (Castro), Críspulo Monserrat, Alex López, Manuel Martínez (Chivo), Carlos Montilla y Zamuro. Se agradece a los lectores que tengan algún familiar en esa lista, favor indicar las referencias de estos personajes, en especial del primero y del último. Simón Romero, no sale porque estaba jugando una partida de dominó. Al escuchar el asunto llamamos a la radio y nos sacó al aire para conversar acerca del tema y obtener los créditos pertinentes al escrito. Ello sirvió, además, para hacernos invitar a uno de sus programas para promocionar el Reencuentro Gilfortouliano de 2010.

Luego nos hicimos habitué de ese interesante programa, gracias a que se transmitía vía Internet, de tal forma que lo llegamos a catalogar de adictivo, hasta hace un año cuando lo escuchamos anunciar que salía del aire por un cambio en el bullpen. De inmediato le enviamos este SMS: Ese ‘cambio’ recuerda una enfermedad de las encías: ¡Corrimiento!

Lo primero que nos cuenta es que está recuperándose de una intervención quirúrgica a la que fue sometido hace varios meses para instalarle un marcapasos y corregirle una bradicardia que le tenía las pulsaciones por el piso. Dice: Me la hicieron unos verdugos, el Dr. Mauricio Rondón (líder en ese procedimiento en el Hospital Universitario de Caracas y en la clínica Atías), el Dr. César Ochoa (hermano del compañero gilfortouliano y también cardiólogo reconocido el Dr. Régulo Ochoa), y el Dr. José Antonio Ron Parra (hijo del Dr. José Antonio Ron Troconis). Agrega que se siente bien, que está de vacaciones y que se toma sus cervecitas, pero por los precios ya no al estilo Juanga: ¡Muy de vez en cuando! Dice: ¡Aquí tenemos ‘economía dolarizada’ y ‘venezolanos dolorizados’!

Agradece el apoyo y atenciones de su amigo y mecenas Juan Luís Loreto, y agrega que está guapeando con guáramo que es lo único que le queda: ¡Lo demás se me acabó tó!

Por si pareciera poco sucedido, comenta el fallecimiento de una hermana hace pocos días.

Con la referencia de Joseff, salen a colación sus vecinos de enfrente Adolfredo González “Cara ‘e candao” y Juan José González, alias “J.J.”, a quien define, con la mordacidad que lo caracteriza, como el único pelotero que se le desgastaba el uniforme por las asentaderas, porque siempre jugaba banco; y agrega: ¡Primero fue sastre y después hacía desastre! Hacía cortes para liquilique y flux al maestro Don Carlos Zambrano, quien tenía la sastrería “La Mejor”, en la esquina de las calles Atarraya y Guásco, diagonal a la iglesia. Ese mismo local fue ocupado luego por la zapatería “La Llanera”.

Añade que, antes de eso, La Pascua solo contaba con pantaloneros que hacían garrafis y trabajaban con kaki Palo Grande, pero después llegó el drill, el lino 100 y el lino inglés, entre otros, que cortaban los Araujo y Fernando “El Calvo” Ulloa, padre de Maureen Ulloa, excelsa atleta en la época de oro gilfortouliana, también como sastres de Zambrano.

El tema se extiende hasta Gustavo González “El sastre de oro”, nuestro proveedor de ejemplares del periódico “El Reportero”, a cambio de un pan especial, quien era padrino del cuñado Carlos Humberto “Pata ‘e rocola” Bolívar Leal. Héctor fue cronista colaborador de ese mensuario y hacía interesantes trabajos de investigación, entre ellos uno acerca de la historia de los bodegueros y pulperos del pueblo. Ese escrito fue víctima de los duendes de taller, siendo recortados algunos bodegueros insignes como Carmito Bolívar, ubicado en la esquina de las calles Descanso y Schettino, ganándose un aireado reclamo del otro cuñado Juan Francisco Bolívar, a nombre de la extensa familia Bolívar Leal.

Se expresa con extraordinaria locuacidad y facundia, cualidades reforzadas a través de su periplo por emisoras  como Radio Enlace, donde permaneció a lo largo de diez años como director y donde también tenía un programa de opinión y entrevistas de alta sintonía, así como en Popular 106.1 FM, donde mantiene un programa de corte similar en conjunto con su director y amigo Carlos González, de lunes a jueves.

Comenta que está en planes de retomar su programa “Curucuteando”, en virtud de las innumerables solicitudes de la audiencia hechas a su persona y a la emisora.

Producto de esa experiencia, guarda en su casa rumas de carpetas con guiones manuscritos que contienen buena parte de la historia local recogida vía tradición oral, donde incluye costumbres, tradiciones, familias, personajes, lugares y caseríos, refranes y expresiones, gastronomía, etc. Todo ello enmarcado en lo que define como ‘el picante de pueblo’.

Dice que José Tomás Montilla, hermano de su esposa Edilia, en reincidentes nupcias, le ha propuesto ayudarlo a transcribir todo ese material para que sirva de referencia a quien quiera empaparse de la médula pascuense.

Su otro cuñado Carlos, es propietario del afamado club “La Antena”, ubicado en la vía hacia “El Corozo”, por lo que se presume que también tiene acciones en ese negocio.

No forma parte de la peña intelectual, especie de “República del Este” vallepascuense, que, según expresa, se dedica al estudio de las literaturas griega y romana. Dice que él se especializa en lo folclórico y pueblerino, en personajes como Unsio, Galavís, etc. Añade: ¡Lo mío es el perraje, pues!

Su formación profesional se inicia en la Escuela Técnica Industrial de San Juan de los Morros, donde fue Presidente del Centro de Estudiantes; luego pasa a la ETA de Valencia, siendo Secretario de Organización del Centro de Estudiantes y de donde egresó como Perito Mecánico. Más tarde egresa del Instituto Pedagógico de Barquisimeto, como Profesor de Educación Técnica, mención Artes Industriales, cumpliendo labores en la friolera de 27 instituciones, entre las que se cuentan los liceos José Gil Fortoul y Víctor Manuel Ovalles.

Ha sido también exitoso en su carrera como político, llegando a ser Concejal y Presidente del Concejo Municipal de Valle de la Pascua, arrasando en votación popular en 1986-87. También ocuparon dicho cargo nuestros compañeros gilfortoulianos Luís “Tita” López Toro, en 1983-84 y Haydée ”Pastelito” Ruíz, por partida doble en 1985-86 y en 1989.

El calificativo de “Maestrico de La Esperanza” se lo puso un contendor político que intentó desprestigiarlo utilizando el término con sentido peyorativo y le salió el tiro por la culata porque le sirvió para ganar más confianza en los electores.

No podía faltar en la conversa las alusiones a su amigo, colega y compadre el profesor Ángel Agustín Sarmiento Bueno, nativo de El Tocuyo de la Costa, y coterráneo de nuestro compadre el profesor Juan Urquía, “El Tortugo” en los corrillos botiquineros y “El Quelonio” en los ambientes sofisticados. Manifiesta, en términos jocosos: ¡Mi compadre lo único bueno que tiene es el apellido!

En razón del tejido espacio-tiempo einsteniano, cuenta solo algunas pocas de las mil y una anécdotas que tiene:

Nos la pasábamos bebiendo cervezas y jugando bolas criollas en “La vuelta ‘el cacho” de Juan Ramón Hernández. Eran muchas las veces que nos veníamos sin pagar porque le tirábamos un fiao a Ismael Hernández. En una oportunidad estaba ya incómodo porque cada vez que dejaba la botella de cerveza para tirar la bola regresaba y no la encontraba. Dije: Ya voy a averiguar quién me está tomando la cerveza, me fui a una mata de ají putico que quedaba cerca y le estrujé varios al pico de la botella, la puse en la silleta y me fui a jugar.

Cuando estaba tirando la bola escuché a alguien que se quejaba y escupía con la boca encendida por el chirel. Ahí fue que descubrí que era mi compadre quien se tomaba cualquier fría que encontraba realenga.

Mi compai tiene una particularidad: cuando se rasca comienza a estirá el pescuezo y a pelá los ojos como gallo aireao, así como esos gallos que empiezan a buscar aire cuando les dan un espuelazo en el pescuezo.

Una noche lo traía rascao en una camioneta de cinco días de nueva y venía dando tumbos como un porfiao en el asiento. Le daba cabezazos al parabrisas y al vidrio de la puerta. Le dije: compai, enderécese porque me va a acabar la camioneta.

Otra vez nos fuimos con Ramón Rodríguez y Víctor Díaz, esposo de Ana Julia de Díaz, a pescar de noche en la laguna “La Emilia” que ahora es del Dr. Manuel Fernández “Miningo”. Llevábamos una especie de balsa de aluminio, mi compai era el encargado de los remos que reclamaba por sus orígenes marineros y Pájaro Loco iba parado chuceando con una linterna. De repente ven un candil y cuando el gago alumbra era una tremenda culebra de agua y dijo: ¡Da-da-da-le pa’ tras que ella está en su ambiente! Mi compai soltó los canaletes, se volteó la balsa y quedaron enredados con la culebra. De ahí salieron despavoridos abandonando la balsa y la cava con las botellas de ron que llevábamos.

Cuando salíamos rascaos nos parecíamos a Tarzán con un cuchillo entre los dientes y gritando en plena selva, pero en esa oportunidad volvimos jadeando como perro con moquillo y con el rabo entre las piernas.

Fueron incontables los viajes a Parmana, a La Peña y a ríos y pozos donde íbamos a pescar a medianoche. Una vez nos metimos en La Puerta ‘e La Peña. Ahí había una señora que vendía sus cervecitas a real. Mi compadre se sentó en un chinchorro, se puso a hacer maromas y comenzó a dar vueltas como un gurrufío. Tuvimos un buen rato desenredándolo de las cabuyeras. No se tomó ninguna, pero por las volteretas le dio una pea que le duró tres días.

Una vez nos abandonó porque se encompinchó con Manuel Álvarez “Mano ‘e leña”, quien era muy solicitado para matar reses y asar la carne en vara. Sarmiento tenía una camioneta Wagoneer donde transportaba al hombre y a sus ayudantes. Siempre regresaba con alguna vara ‘e carne o con medio costillar, además de tomarse sus cervezas gratiñán. Con razón no aceptaba ningún reclamo por el abandono.

Cierra ese apartado y abre otro relacionado con su incursión en la música y el canto: Desde chamo me gustó cantar; tenía buena voz y me iban a buscar a la casa para dar serenatas. A mi mamá, María Clemencia Ortega “La India”, criada entre las faenas del hato “Mira bien”, nunca le gustaba porque sabía que detrás de eso estaba la caña. Cantaba canciones de Mario Suárez, Héctor Cabrera y Rafael Montaño. Después me aprendí las canciones de Antonio Heredia y de Eleazar Agudo, a quien conocí en Valencia, el año 1964, y ensayaba con su conjunto en su casa. Era un gordo muy simpático que tenía un carro modelo Studebaker como de quince metros de largo, con los amortiguadores caídos del lado del chofer porque no aguantaban el peso del gordo. 

Tengo voz de tenor. Cantaba Conticinio, en re mayor, Soberbiamente, Indecisión, Besos en mis sueños, entre otras. También coincidí con Salvador González, en Las Mercedes del Llano. Trabajamos juntos en una escuela técnica industrial que luego se convirtió en el liceo Pedro Itriago Chacín. Nos la pasábamos de fiesta en fiesta, una vez me presentó en la feria de La Pascua y canté Conticinio acompañado por el conjunto de Guillermo Hernández. Después me acompañaba el compai Enrique Ramírez, con el arpa. Gané varios festivales, entre ellos uno de la voz profesional, que organizó León Párraga y participaban colegios profesionales: Licenciados en Educación, Ingenieros, Abogados, Economistas, Profesores, etc. Conmigo participó Alfredo Martínez, el hermano de Armando. Los dos trabajábamos en el Concejo Municipal, él como administrador y yo como presidente. Alberto Torrealba “Bombillo Flojo”, era uno de los favoritos. Esa noche me eché unos tartagazos y les gané en el renglón Estilizado, cantando Indecisión. Alfredo ganó en el renglón Recio por el colegio de Economistas.

Otro que me acompañaba algunas veces era Juan “Culeco” Ortega, un tremendo cantante de la época del combo “El Roble”, junto con su hermano Pedro, quien tocaba el teclado, la guitarra y el cuatro como le daba la gana. El complemento era Juan Ramón Piñero, el profesor.

Juan “Culeco”, otro compañero gilfortouliano que estuvo desde los inicios de ese combo, contaba que ensayaban en la casa de la profesora Mercedes Rengifo, usando charrascas y pitos. El cuento está en la entrevista al profe Aníbal Matute.

Una de las recientes actuaciones de Héctor fue en el homenaje a Juan Vicente Torrealba, en la Cámara Municipal, con motivo de sus 100 años, donde cantó varias canciones del maestro incluyendo una de sus favoritas: Rosario. Fue un acto simbólico porque el homenajeado no estuvo presente

Luego comenta, de manera rasante, su paso por el Country Club, donde trabajaba de ‘toero’ en 1961, siendo su presidente el Dr. Rafael Ledezma, acompañado, entre otros, por los doctores Carlos Clavo, Emilio Carpio Castillo y Simón Armas. Como curiosidad, dice que ganaba 60 bolos, el valor de una botella de Old Parr. Evoca las parrillas de Cunaguaro, a 7 bolos, porque hoy un pollo frito vale más de un millón, y no puede comprar ni una botella de ron porque cuesta un ojo ‘e la cara. Por eso, quiere montar un alambique en el techo de su casa para sacar un lavagallo usando bagazos de caña.

Otra actividad que rememora es la de colearse en las fiestas del hotel San Marco. En una oportunidad iba con una patota donde estaban Edilberto Rivero “Cachirulo”, de la esquina de Amaral, e Isidro Oropeza “El Gallo”, este último se quedó guindando del alambre de púas por el saco de un flux prestado que cargaba y pensaba que era un policía que lo estaba atajando. Se le escuchaba gritar: ¡Suéltame policía!

Su inquietud artística y cultural lo llevó a ser artífice principal de diversos festivales de música llanera, en Valle de la pascua, entre los que destacan “La Panoja de Oro”, que se realiza una semana antes de la Feria de La Candelaria y que también presidió, la “Fundación Panoja de Oro” y el “Festival Infantil Cantaclaro”.

Ha sido objeto de diferentes homenajes, entre ellos el de diciembre de 2016, cuando el alcalde Pedro Elías Loreto, el presidente de la Cámara Municipal Carlos Torres, y demás concejales, lo agasajaron en Sesión Solemne durante el acto de conmemoración del día del locutor.

En 2013, le fue conferida la “Orden Luís Adolfo Melo” en la Cámara de Comercio de Valle de la Pascua.

Héctor Ortega, es, en resumen, una persona de gran calidad humana, un ejemplo palpable de evolución personal, profesional y espiritual, que sirve de estímulo y acicate a las generaciones de gentes con orígenes humildes para encarar sus proyectos de vida con tesón y sacrificio. Una tarea nada fácil, en especial si se tiene un carácter atravesado como él: Algunas veces me toca consultar al Dr. Rubén Pandávila, y le digo: Chico, ando riéndome solo por ahí, ¿Será que ‘toy loco?

Cierra el cuento contestando a la pregunta de quién es su papá: José Mercedes Belisario. Es medio hermano de José Manuel “Mununo”, compañero gilfortouliano, de Rafael y de Teresa Amelia de Moreno, esposa de Humbertico Moreno.

Mi papá se la pasaba en una tertulia en la esquina de Don Adolfo López. El sitio se conocía como Punta del Este. Allí se reunían unos viejos gomeros a recordar el pasado, algunos eran coroneles porque en esa época cualquiera que agarraba un máuser y se alzaba un tiempo en esos montes, si no lo dejaban ‘sembrao’, regresaba convertido en coronel o general.

Estuve atacando a una muchacha y alguien, con aviesa intención, le dijo que yo era bastardo. Un día ella me preguntó: Héctor, ¿tú eres Bastardo?, y le dije: ¡No chica, yo soy Ortega!

Popular 106.1 FM

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