Tránsito
dimensional de un pana
Simón
Romero
Degnis
Romero
Es difícil ser objetivo, pero Don Simón Romero, el pana Sáimon, fue a toda prueba como se dice en el llano: ¡Un Palo de Hombre!
Nació en mil novecientos gómez (a decir de Nicolás Soto) por
las sabanas de Las Piedritas, un caserío cercano a la población de Pariaguán en
el estado Anzoátegui.
Su mamá Doña Rosa Carmelina
Romero y su papá Don Simón Tiapa, quien vivió casi cien años, sólo que le hizo
honor a su apellido porque terminó sordo como una tapia.
Desde niño le gustaba ir al cine
y a los bailes; una vez lo mandaron a buscar agua en una tapara y ésta se le
rompió. Del susto se fue para El Tigre adonde otra familia, y aprovechaba para
ver, sin pelar una, las mejicanas de moda.
También se la pasaba comiendo en
las matas de merey, de guayabita’e monte y cazando pericos, los cuales aprendió
a capturar en pleno vuelo (mentira). Como broma, le decían que dormía en una
troja donde almacenaban el maíz.
Valdemar Rodríguez, su cuñao, decía que era de Cachipo; que era un sobreviviente de las lombrices y de las niguas, con su barriguita inflada y sus paticas floreadas.
El tío también era
un personaje: se tuvo que esconder en los montes de Tucupido porque fue
perseguido por la Seguridad Nacional en tiempos de Pérez Jiménez; tenía ideas
marxistas, tanto que le puso a uno de sus hijos (mi ahijado) el nombre de Lenin,
lo que le cazó una pelea con el cura de la época.
El popular “Cotúa” era, además, un tipo buenmozo a decir de las chicas de “El Guatacaro”, quienes se peleaban sus favores: algunas le repartían gratiñán y otras le daban su mesada.
De él se escuchó aquel cuento relacionado con Victorio Panzarelli, la vez que llegó y el local estaba cerrado. Se hizo famoso por mencionar un "caramelo" y no era Branger.
Pero ya se perdió el hilo y
entramos a divagar, por lo que se retoma lo del pana Simón: Llegó a Tucupido
con la migración petrolera de los cuarenta y, desde un principio, se ganó la
simpatía de la gente del pueblo comenzando por la familia Ruiz, donde pernoctó
algún tiempo. Los saludos eran: ¡Epa, familia! o ¡Quiubo, primo! El popular “Primo
Simón”.
Era un individuo polifacético: integró la banda de Don Rufo Pérez Salomón, tocando el saxofón en las retretas de la Plaza Bolívar. Fue un galán serenatero que tocaba bien la guitarra y cantaba bonito, de esa forma enamoró a Doña Alida, con quien se casó en diciembre de 1950; después de eso pasó varias navidades en las que desaparecía de la casa por varios días y se enfrascaba en la parranda de aguinaldos con José Ramón Sotillo, Pablito Acero y el Dr. Elías Solórzano (mi padrino, quien cuenta que lo dejaba en la esquina de la casa y cuando lo veía llegar aceleraba el carro y tocaba la corneta en frente para despertar a la doña. ¡Todo un bichito!).
En unos carnavales se ganó el premio al mejor disfraz en la Plaza, vestido de negrita, sin que nadie lo llegara a reconocer. Se vaciló a su ídolo Pedro Infante, en el cine América y cantaba una canción titulada El Corrío de la Independencia, de autor desconocido (¿o anónimo?), cuya letra se extravió en el papel y en el alzheimer, y estamos tratando de recuperar.
Era contratista de la petrolera,
especializado en la tecnología de soldadura (el único por esos lados), con
equipo profesional que cargaba montado en su camioneta Dodge “Power Wagon”, un
vehículo de avanzada que había nacido como “military truck” en 1945 y que fue
predecesor de las famosas pickups 4x4 o “four wheel drive”. En ese tanque de
guerra aprendimos a darle al volante a los seis años de edad.
Contaba el caso del negrazo Florencio Urbano, un ‘familia’ que trabajaba montado en los taladros de los pozos petroleros: en una oportunidad se cayó del aparato y se salvó porque se agarró de una guaya, llegando hasta el suelo con las manos vueltas ‘golilla’.
A él le
tocó vivir la experiencia de ser volado por la explosión de un tanque que
soldaba; cayó al suelo convertido en tea humana, lo apagaron y lo llevaron al
hospital de la compañía ‘vuelto borra’, según su propio decir.
Fue la única vez que pisamos esa
clínica de lujo, encontrándolo con pierna enyesada y alzada en un parapeto,
forrado de gasas y pintado casi completo con una crema amarillenta. ¡Todo
chamuscadito y en un solo ayayay!
Aunque no era agricultor tenía una mano fértil, ya que todo lo que sembraba se le daba. La casa era su granja particular donde cosechaba frutas de todo tipo, aliños, maíz en invierno, etc., y tenía todo el suelo cundío de batata.
En
una oportunidad se montó en una mata de coco y se cayó de cabeza. Doña Alida
escuchó el golpe y le gritó: Simón, con
eso es suficiente. ¡No
tumbes más! Al rato le
llegó adolorido, con la cara toda entierrada y pidiendo tintura de árnica.
Tiempo después, por mandato de Efrén
Carpio Castillo, construyó la manga de coleo “Ramón Arruebarruena”, y más tarde
estableció un negocio de distribución de gas.
Era quien controlaba el 80% de
ese mercado en el pueblo, por tal motivo llegaba a las cocinas de la gente como
perro por su casa, en muchas oportunidades jurungando las ollas para ver qué
conseguía, saliendo más de una vez con una pata’e pollo o un pedazo de bistec
entre los dientes.
En otras oportunidades
aprovechaba el sonar de alguna guaracha pa’echá una bailaita con las muchachas
de las casas, esas abundantes y agraciadas flores tucupidenses.
Llevaba
las cuentas por cobrar en un cuadernito, pero no se preocupaba mucho por lo que
le debían. Para él siempre fue más importante sentir el aprecio y la confianza
de la gente, valores que retribuía con su espíritu jovial y la bonhomía que lo
caracterizó a lo largo de su existencia.
Comentarios ad hoc
El
pana Sáimon
Floremma
Salazar,
dijo desde La Pascua:
Buen relato, la mitad de esa historia
ya la conocía, de la época de mucha amistad con Hildito, la foto de colección y
yo me quedé con el gusto halando la página para ver qué seguía...Oh!! Lástima!
Se acabó, pero eso no fue todo.
Degnis dijo:
Gracias
niña.
Claro
que hay muchísimo más, pero esa era la idea, no muy extenso para que
quedara el gustico.
Un
besote!
José Gregorio González Rodríguez, dijo desde La
Pascua:
Interesante la historia de tu papá
Degnis dijo:
Gracias
pana, nuestros viejos eran unas estrellas.
Denisse Romero, dijo desde Sana’a, Yemen:
El mejor abuelo y la mejor sonrisa del
mundo sin lugar a duda...
Degnis dijo:
Ouu yeah!!!
Elizabeth Coromoto
Terán Umbría, dijo
desde Caracas:
Hola, buen
día. Tengo que felicitarte, te quedó demasiado bueno el Historial del Sr.
Simón, bueeeeeeeno, ya veo que para algo sirves, no me queda la menor duda, al
fin conseguiste lo que realmente te llena y te entretiene. Sólo era una broma.
Jajajajajajaja. ![]()
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Degnis dijo:
Gracias por los conceptos y hasta por
la mamadera de gallo; pero la más alta gratitud es por haber fungido de médico
de cabecera del pana y por haberlo apoyado con tu experticia de reconocida
médico Internista (aquí y en la Conchinchina). Jajajajajajaja. ![]()
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Carmen Luisa Ruiz de Balza, dijo desde Tucupido:
Simón: No imaginas de qué
manera lograste traer a mi mente el recuerdo de ese negro simpático, familiar y
afectuoso, a quien siempre vi sonriente.
Me llamaba la atención la
destreza al manejar aquellas bombonas grandes, incluso, dándole vueltas desde
que la bajaba del camión como si fuera una pareja de baile al son de alguna
canción que el mismo tarareaba. Yo me reía y él parecía complacido de ser quien
provocaba esa risa, mientras instalaba la bombona.
Ibas describiendo a tu
padre y de esa manera lo estaba viendo entrando a la cocina de mi madre.
Destapaba la olla y
preguntaba si tenía los mangos en almíbar que ella preparaba, siempre salía
chupándose el mango, porque no tenía tiempo de sentarse a comer, otra
instalación lo esperaba.
Por si tú no lo sabías mi
mamá le sirvió de peluquera, ella afeitaba a sus más allegados en el patio de
la casa, él, entrador y conversador como era le decía…. Chicha aféitame tú, que me dejas más buenmozo… después de afeitado
buscaba mi aprobación ¿verdad que soy un
negro buenmozo? Y soltaba una carcajada.
Efectivamente a mí me
parecía buenmozo!!! Sumado al cariño que le tenía.
Una de sus ocurrencias que
siempre recordamos mi mamá y yo, fue una oportunidad que llegó a la improvisada
peluquería diciendo que iba de viaje para México….
Chicha déjame más buenmozo, porque cuando esos mejicanos me
pregunten: ¿Dónde te afeitaste??? Yo les
voy a decir: En casa e la Chicha Ruiz, debajo e la mata e mango, frente a
maestro Custodio Requena.
Nunca supe, hasta ahora,
que fue en casa de mi familia donde Don Simón pernoctó sus primeras noches en
Tucupido, y que luego de haber sido un forastero, ese pueblo le perteneció
tanto por haberse ganado el cariño de su gente.
Honestamente te digo, me
dejaste con ganas de seguir leyendo. Insistentemente le di varias veces al mouse
queriendo que fueran más de 4 páginas las de Tránsito dimensional de un pana.
Con todo respeto, siento
que Sáimon también fue mi pana!! Siempre le recordaré con inmenso cariño.
Recibe un abrazo.
Carmen Luisa
Degnis dijo:
Apreciada Carmen Luisa:
De nuevo te sales con la tuya
escribiendo esa especial semblanza del pana Sáimon.
La primera vez fue con lo del
Tucupido cincuentero. Recién me entero de que lo colocaste en el Facebook “Tucupidenses”.
¡Gracias totales!
Nadas hacia lo más hondo del
corazón y del sentimiento con tus cariñosos comentarios,
donde se desprende el privilegio de haber estado en contacto con ese
personaje alegre y dicharachero. ¡Pura risa! Aunque tenía su carácter.
No se puede asegurar cuál era su signo del zodiaco ya que últimamente cumplía dos veces al año, porque en la cédula tenía una fecha de nacimiento distinta al 22 de noviembre. Yo le decía que era de los signos Roncha y Cantárida. El primero porque vivía con un porrazo o una herida permanente y el segundo porque era un meón de marca mayor; p.ej. en un viaje de Tucupido a Caracas se paraba como siete veces.
Para él era mejor por la doble
celebración, pero no necesitaba mucho argumento pa'montá un templete.
Le fascinaba ver a la familia
reunida y echando varilla, mientras le temblaban las manos por entrar en la
partida de dominó y se atragantaba de güisqui (jamás padeció del hígado).
Recuerdo que una vez le comenté: -Maestro
(así lo llamaba) aumentaron el precio de
la botella, y me dijo: -¡Que la
pongan a como les dé la gana, yo sigo comprando mi vaina!
La otra es que era un sayón por
el pico, comía sin límites. De las terneras donde lo invitaban siempre
salía con varas'e carne o con un costillar montado en el lomo. Los gringos
de la compañía le decían: ¡Tú ser amenaza!
También le encantaba jugar billar
y era bastante bueno haciendo carambolas. Estando en Caracas, mi padrino lo
buscó en la casa para llevarlo a la suya donde tenía instalada una mesa (otro
vicioso). A medianoche llamó y dijo: Comadre
venga a buscá'l compadre. ¡Yo no lo llevo porque me ganó!
El pana consentía a su compai
porque le traía sacos de mamones de la mata de Doña Patricia
Rodríguez (creo que eran los mejores del pueblo).
Te comento que tuviste la
misma impresión de Floremma con eso de darle al mouse para seguir la lectura.
Las anécdotas son
interminables por lo que ya habrá oportunidad de hacer otras alusiones al pana.
Mientras tanto, ¡Recibe un
abrazo de hermano con sabor venezolano!
PS
Los zaraceños dicen que viven
en La Atenas del Guárico.
Para mí Tucupido es como París
y Cerro Grande como Ámsterdam. ¡Na’menoj!
SPS (Super Post Scriptum)
Mató la fiebre yendo a
México en 1972 y se dio su gustazo cantando a dúo con los mariachis de la Plaza
Garibaldi (no el Soto). Nunca lo mencionó, pero ahora que lo dices me imagino
que cumplió su promesa y le habló a más de uno, desde el DF (pasando por
Xochimilco y las Pirámides), Taxco, Cuernavaca y hasta Acapulco, de las
facultades peluqueras de Doña Chicha. Nota: Me acordé del padre Chacín, porque
tenía un cuento de alguien que presumía de haber estado en Texas, México, etc.
Él y que le decía: ¡A caraxo!
Otra nota: Espero que no
haya sido ella quien le hizo el corte que tiene en la foto porque ese es un
‘totuma’ tradicional; a lo mejor se lo hizo Maestro Custodio.
Otra más: Hay varios
chamos ahí, y más de la mitad son Marrero, Armas y Romero.
UPS (Ultra Post Scriptum)
También era un deportista
nato: trotaba (en 2006 corrió su última prueba "Caracas Rock" de
Una experiencia
extraordinaria fue cuando compró el fundo Botijón. Era como estar en el
paraíso, agregando el privilegio de poder ir a las rumbas de los Charaima, en Ámsterdam.
Con todo el mundo era una eterna mamadera de gallo, hasta con una doña árabe de la esquina de la plaza (no recuerdo su nombre). Le decía: ¡Tú estás preñá!, ¡Dime de quién! Y ella le respondía, a todo gañote: ¡Del c.’e tu mái!

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