Rufino
Blanco Fombona
Tomás
Fernández y Elena Tamaro
(Caracas,
1874 - Buenos Aires, 1944) Escritor y diplomático venezolano, una de las
figuras más destacadas del modernismo en su país. Formado en Estados Unidos,
marcado por las principales corrientes de pensamiento de su época (naturalismo,
realismo, positivismo), elaboró una obra en la que alternan poemas y prosas,
novelas y ensayos que se caracterizan por una firme voluntad de transformar su
país e Hispanoamérica mediante el cultivo de la inteligencia y el conocimiento.
Su obra entronca en este aspecto con las del argentino Domingo Faustino
Sarmiento, el cubano José Martí, el ecuatoriano Juan Montalvo, el peruano
Manuel González Prada y el puertorriqueño Eugenio María de Hostos.
Miembro
de una familia de rancio linaje, entre sus ancestros se contraban
conquistadores españoles y próceres de la Independencia, juristas, diplomáticos
y escritores notables. Sus padres, Rufino Blanco Toro e Isabel Fombona Palacio,
le transmitieron desde su niñez la conciencia de pertenecer a una clase de
venezolanos que tiene la obligación de intervenir política y culturalmente en
la vida del país.
Después
de cursar estudios elementales y medios en los colegios Santa María y San
Agustín de Caracas, graduándose de bachiller en 1889, y de iniciar estudios de
Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, Blanco Fombona tomó
la decisión de ingresar en la Academia Militar. Con apenas dieciocho años,
intervino en la Revolución Legalista (1892) e inició su andadura al servicio
del Estado: ese mismo año partió a Estados Unidos para asumir su primer cargo
diplomático como cónsul en Filadelfia, y desde Filadelfia envió el poema
"Patria" a un concurso destinado a celebrar el centenario del
nacimiento de Antonio José de Sucre, obteniendo el primer premio. A su regreso
a Caracas, en 1895, se sumó al equipo de colaboradores de la revista El Cojo
Ilustrado.
En
1899 apareció publicado en Caracas su primer libro de creación, Trovadores y
trovas, en el que reunió poemas y prosas, y al año siguiente su primera obra
narrativa, el libro de relatos Cuentos de poeta, al que siguió, en 1904,
Cuentos americanos. En ese mismo año publicó Pequeña ópera lírica, que marcó el
inicio de su madurez poética y que fue saludado por Rubén Darío, quien firmó su
prólogo.
De
estos dos primeros libros de poesía extrajo y publicó en París, en edición
bilingüe, una selección: Au-delà des horizons. Petits poèmes lyriques (1908), y
simultáneamente dio una primera recopilación de sus artículos publicados hasta
la fecha, Letras y letrados de Hispanoamérica. Para escribir su primera novela,
El hombre de hierro (1907), tuvo que vivir la cárcel en Ciudad Bolívar, adonde
le condujo su decidida y temeraria actuación, como gobernador de la región
amazónica, contra el monopolio del caucho.
Cuando
Juan Vicente Gómez dio el golpe de estado que lo llevó al poder, no vaciló en
pedir ayuda al ejército de Estados Unidos, que envió buques de guerra a los
principales puertos del país. Blanco Fombona, quien a la sazón era secretario
de la Cámara de Diputados, consideró que este acto entrañaba una inadmisible
violación de la soberanía del estado venezolano, y así lo argumentó en una
carta de protesta. Ello le valió ser desterrado del país, al que no pudo volver
durante veintiséis años.
Vivió
este largo exilio primero en París (1910-1914), ciudad con la que mantuvo
estrechos lazos durante toda su vida, y posteriormente en Madrid (1914-1936).
De lo mucho realizado por Blanco Fombona durante esta segunda etapa, cabe
destacar no sólo libros suyos fundamentales, como el libelo antigomecista Judas
capitolino (1912); los poemarios Cantos de la prisión y del destierro (1911) y
Cancionero del amor infeliz (1918), escrito con motivo del trágico suicidio de
su joven esposa; los libros de relatos Dramas mínimos (1920) y Tragedias
grotescas (1928), y las novelas El hombre de oro (1915), La mitra en la mano
(1927), La bella y la fiera (1931) y El secreto de la felicidad (1933), sino
también sus actividades como editor al frente de la Editorial América.
También
en estos años cobra cuerpo uno de sus proyectos más caros: reivindicar la
dimensión literaria y política de la obra de Simón Bolívar, de quien editó las
Cartas (1913, 1921, 1922) y los Discursos y proclamas (1913), así como una
recopilación de ensayos sobre el Libertador en la que aparecían reunidos por
primera vez textos de Juan Montalvo, José Martí y José Enrique Rodó, entre
otros (1914).
Cuando
regresó a Venezuela, a pesar de la buena acogida que recibió en círculos
oficiales, de su ingreso en la Academia Nacional de la Historia (1939) y de un
nuevo cargo diplomático en Uruguay, Blanco Fombona se recluyó cada vez más en
sus investigaciones históricas; en su Diario, del que publicó una tercera
entrega, y en la poesía: su canto de cisne, aparecido meses antes de que un infarto
lo sorprendiera en la capital argentina, es Mazorcas de oro, recopilación de
viejos y nuevos poemas. Su candidatura en 1925 al Premio Nobel de Literatura,
propuesta por notables escritores españoles e hispanoamericanos,
desgraciadamente no prosperó.
Su
obra
Rufino
Blanco Fombona se sorprendería seguramente si pudiera ver sobre qué parte de su
vasta obra se asienta hoy su reputación literaria. Para nuestros
contemporáneos, lo mejor del autor de los poemas de Pequeña ópera lírica y de
las novelas El hombre de hierro y El hombre de oro no está contenido en las
páginas de estos libros, sino en sus Diarios. Cerca de un millar de páginas
componen esta singular obra, que él mismo se encargó de ir dando a la imprenta
en tres entregas: Diario de mi vida. La novela de dos años (1904-1905) (1929),
Camino de imperfección (1933) y Dos años y medio de inquietud (1942).
Blanco
Fombona fue un modernista cabal, y como tal consideraba que el arte era
importante en la medida en que lograba dar un reflejo de la personalidad de su
autor en lo que de original y único pueda tener. De ahí que cultivara el diario
y las memorias, de ahí también que trufara todas sus novelas de intempestivas
irrupciones del autor en forma de alegatos contra este o aquel vicio de la
sociedad o la época. Pero también, como fiel seguidor de esa concepción del
arte y la literatura que había forjado Rubén Darío, consideraba que la
originalidad y fuerza de un escritor se sostenía en la calidad de su obra
poética. Hoy, salvo los estudiosos, pocos lectores frecuentan esa parte de sus
escritos, en la que este sagaz diplomático e inmenso escritor, que dejó cerca
de 35 libros y que cultivó con talento y erudición, además de los géneros
memorialistas, la novela, el cuento, la poesía y el ensayo literario e histórico,
basaba sus esperanzas de pasar a la posteridad.
Como
poeta, es uno de los paladines americanos del modernismo. Destacan sus primeros
libros de poesía, Trovadores y trovas (1899) y Pequeña ópera lírica (1904) con
prólogo de Rubén Darío, y posteriormente los Cantos de la prisión y del
destierro (1911) y el Cancionero del amor infeliz (1918) escrito con motivo del
suicidio de su esposa. Como novelista, su personalidad literaria está
seriamente afectada por la pasión política (El hombre de hierro y El hombre de
oro); otros títulos de su prosa narrativa, inseparables de su pensamiento
político, son: Cuentos Americanos (1904), Judas Capitolino (1912), Dramas
mínimos (1920) La mitra en la mano (1931) y El secreto de la felicidad (1935).
En sus cuentos y novelas se advierte la influencia de Maupassant y de Balzac
principalmente; en ellas vemos expuesto el credo naturalista y pesimista de que
el triunfo es la recompensa que cosechan los elementos más corruptos y viles de
la sociedad.
En
su valoración de la historia y destino de las naciones hispanoamericanas,
exaltó en el ideario de Simón Bolívar, de cuya obra fue uno de los primeros
editores sistemáticos. Oponía el "proyecto panhispanista" al
"panamericanismo" de raigambre estadounidense, y exaltó asimismo la labor
de los conquistadores españoles, fundadores de una comunidad de la que
emergieron las nuevas repúblicas.
Estas
ideas irrigan toda su producción, y sobresalen con particular vigor en la que
es su obra maestra: el Diario de mi vida (1929, 1933, 1991), que escribió a lo
largo de una agitada biografía de exilios y luchas políticas, que lo llevó a
residir, desempeñando cargos diplomáticos, en Holanda, Estados Unidos,
República Dominicana, Francia, España, Uruguay y Argentina, además de ocupar
cargos públicos en su país, en los breves lapsos en que le fue posible
desempeñarlos a salvo de persecuciones políticas.
Cómo citar este artículo:
Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografia de
Rufino Blanco Fombona» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y
Vidas, 2004. Disponible en
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/blanco_fombona.htm [página
consultada el 26 de abril de 2026].
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