Miguel Otero Silva Ernesto Luis Rodríguez Alberto Arvelo Torrealba Germán Fleitas Beroes
Miguel
Otero Silva
GALERÓN
DEL GALLO ZAMBO
A
pelear mi zambo salta
al
centro de la gallera,
firme
la cola altanera
y
la cabeza bien alta.
Un
jirón de sol esmalta
el
plumaje del costado
y
al mirarlo allí plantado
mi
grito fanfarronea:
¡Sin
comenzar la pelea
mi
gallo zambo ha ganado!
Le
sueltan un marañón
que
según dice su dueño
es
por el pico un Cedeño
y
por la espuela un Rondón.
El
dueño es Tirso Chacón,
un
coronel muy mentado
que
cien pesos ha casado
aunque
ya sabe de oídas
que
siete peleas seguidas
mi
gallo zambo ha ganado.
Con
la mirada encendida
se
buscan los dos rivales,
acechando
sus puñales
la
brecha para la herida.
Tigre
real en la embestida,
mi
gallo zambo ha saltado
cual
relámpago emplumado
al
pecho del marañón,
y
yo le grito a Chacón:
¡Mi
gallo zambo ha ganado!
La
gallera es un clamor
cuando
el gallo zambo pica
y
el marañón le replica
alevoso
y peleador.
Mi
gallo zambo heridor
un
tiro al cuello ha clavado
y
el contrario ensangrentado
sigue
peleando de frente
pero
ya como un valiente
mi
gallo zambo ha ganado.
Ernesto
Luis Rodríguez
EL
BOCHE
Hoy
es domingo, amor mío;
los
campos están de fiesta.
Un
árbol vuelca su cesta
de
pájaros sobre el río.
Oro
espigado al rocío
sueño
en tu pelo catire.
Para
que el alma suspire
ando
en pos de tu mirada;
pero
tú, por ser casada,
no
quieres que yo te mire.
.
Son
azulitos los cielos
que
en tus pupilas he visto;
me
quemas y me resisto,
llama
de puros anhelos.
Que
tu esposo tenga celos
no
me hace vivir de prisa.
Sólo
busco una sonrisa,
tu
presencia sólo aspiro;
cuando
en el patio te miro
quedas
oliendo en la brisa.
.
La
pena que me revives
con
la mañana se tiende,
y
un ramo de sol enciende
la
calle por donde vives.
Aunque
orgullosa me esquives,
no
puedo echarte al olvido.
Nunca
me doy por perdido,
pero
en tu casa jugando,
cada
vez que voy ganando
pega
un boche tu marido.
.
Mi
soledad hoy presencio
como
guitarra sin cuerda.
Has
querido que yo pierda
para
que sufra en silencio.
Todita
en mí te aquerencio,
pagas
con raros enojos...
Por
jugarte mis antojos
al
claro sol del domingo,
mi
corazón es un mingo
que
me bocharon tus ojos.
Alberto
Arvelo Torrealba
POR
AQUÍ PASÓ COMPADRE
Por
aquí pasó, compadre,
hacia
aquellos montes lejos.
Por
aquí vestida de humo
la
brisa que cruzó ardiendo
fue
silbo de tierra libre
entre
su manta y sus sueños.
Mírele
el rastro en la paja,
míreselo,
compañero,
como
las claras garúas
en
el terronal reseco,
como
en las mesas el pozo,
como
en el caño el lucero,
como
la garza en el junco,
como
la tarde en los vuelos,
como
el verde en el quemado,
como
en el banco el incendio,
como
el rejón en la carga,
como
la gaza en el rejo,
como
el cocuyo en el aire,
como
la luna en el médano,
como
el potro en el Escudo
y
el tricolor en el cielo.
Por
aquí pasó, compadre,
hacia
aquellos montes lejos.
Aquí
va su estampa sola;
grave
perfil aguileño,
arzón
de cuero tostado,
tordillo
de bravo pecho
De
bandera va su capa,
su
caballo de puntero,
baquiano,
volando rumbos,
artista,
labrando pueblos,
hombre,
retoñando patrias,
picando
glorias, tropero.
Óigale
la voz perdida;
sobre
el resol de los médanos,
la
voz del grito más hondo
óigasela,
compañero,
como
el son de las guaruras
cuando
pasan los arrieros,
como
la brisa en la palma,
como
el águila en el ceibo,
como
el trueno en las lejuras,
como
el cuatro en el alero,
como
el eco en las tonadas,
como
el compás en el remo,
como
el tiro en el asalto,
como
el toro en el rodeo,
como
el relincho en el alba,
como
el casco en el estero,
como
la pena en la canta,
como
el gallo en el silencio,
como
el grito del Catire
en
las Queseras del Medio,
como
la Patria en el Himno,
como
el clarín en el Viento.
Por
aquí pasó, compadre,
dolido,
gallardo, eterno.
El
sol de la tarde estira
su
perfil sobre el desierto.
Germán
Fleitas Beroes
FIESTA DE TOROS COLEADOS
Fiesta
de toros coleados
cohetes
y cohetones
corrillos
en los portones
y
alborozo en los tablados.
jinetes
empolainados
pican
un toro barroso
suenan
las trancas del coso,
surge
el primer coleador
y
al golpe del mandador
salta el caballo fogoso
El
astado, paso a paso
viene
llegando al tranquero,
en
la puerta del chiquero
le
suenan el "trabucazo";
rápido
como un lanzazo
el
caballo se le "empecha"
el
toro como una flecha
cruza
en violenta carrera,
y
el coleador vocifera
cuando
lo alcanza y lo estrecha.
Se
escucha un ¡jiiillo! sonoro
que
retumba en el ambiente,
el
caballo inteligente
se
abre a dos metros del toro;
los
cascos del rucio moro
vienen
pidiendo pelea;
el
barroso tambalea,
al
suelo se precipita;
el
caballo se encabrita
y
el hombre se bambolea.
El
toro se para al fin
y
el tierrero que levanta,
se
introduce en la garganta
rumbosa
del cornetín;
Cuatro,
maraca y violín
alegran
otros templetes
suenan
pitos y cohetes
huele
a "caña" el vocerío
y
la calle es como un río
de
cintas y ramilletes.
La
zamba del sabanero
cuando
regresa el caballo,
le
prende una flor de mayo
a
su zambo en el sombrero;
contra
el viento dominguero
marca
el compás la charnela;
silba
el clavel de la espuela;
mientras
comenta un borracho
¡Así
es como tumban cacho
los
hombres de Venezuela!
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