ANTESALA
Comento aquí nueve poemarios de Máximo Salazar Carchidio, que reflejan un particular estilo, perspicaz y amable, de percibir más de medio siglo de existencia nacional. Muchacho orituqueño que el azar hace abogado, incursiona en política por idealismo y deviene en cultor de esa exquisita sensibilidad y encanto terrenal que es su esposa Mireya, la armoniosa prole, parentescos, infancia, luminosos amigos, grata lectura, deleitosos refugios, indeclinables posturas, sin faltar esa solazante rada de sensorialidad, que todo lo renueva, los señuelos de Eros y el don de sonreír a plenitud, compartir contentos, el milagro de la buena tierra y la parsimonia del buen vivir.
De 1999 es su poema “El hombre antiguo que soy yo”, proclamándose: frugal, nada moderno, cuaderno y cesta, cuentas y archivo, torpe bailarín, máquina de escribir y chinchorro de sestear, sin más mujer que su señora, rezandero y, en su “humana simpleza”, crédulo en Dios.
Alborozo por el Pez Dorado que merodeó en su juventud, una de las partes en que ordena su libro La Flauta Rota (1989) inventario del buen instante escanciado.
Las Pisadas del Tiempo (1990) emprende marcha con soneto que da título al libro, en que, entre veras, rinde cuenta de preciadas reliquias: poesía, buen humor, buen vino, adorable mujer, arte a los cuatro vientos...
Que no hay zozobra que amague a quienes procuran justicia, mesurado existir, nobles empeños. Y un Dios de guía: “un vasto mundo/cuanto más promisorio más profundo”, según proclama del soneto titulado como su selección Morral de Sueños (2006).
Amplio mural de motivaciones, quema inciensos por el candor, la gracia y sensualidad que todo anima, sin olvidar la espada de Damocles de los plazos cumplidos.
Disquisición para ilustrar acerca de temáticas frecuentes en casi todos sus poemarios, a veces aisladamente, pero casi siempre entrelazadas, derivando o implicando, de acuerdo con esa índole libre que asiste al poeta. Hago, pues, repaso arbitrario, cronológico a veces, selectivo otras, procurando estar atento a las intransferibles intenciones del autor.
I-
DEL ALBA Y SUS
ALEROS
De su libro de
1999 es la serie de poemas que agrupa bajo el título de
Palabras de la Patria Chica:
“Mi Altagracia de Ayer” (1990), soneto de afán nostálgico, que sacia a punta de topónimos esparcidos por las cuatro gradas del poema. Casi todas sazonadas con el “dulce sabor del Orituco”. Incluso en “las luces de puñales” alusivas a esos “lances de amor” que dio fama a Barrialito. Y más que oscurecer, “alumbran”. Indicio de un sesgo de candor subversivo que parece animarlo...
“Campanero del alba” (1990), soneto rememorativo del mismo solar, ahora entre sones y claroscuros: “rumor azul de Orituco”, que llega en “el cantar del Pataruco”. Horas de “gris melancolía” arrulladas en el rezongar “del tinajero”, campanas convocando al rezo y trabuco sonoro. Desconsuelo si el astro rey se opaca y el poeta marcha “silencioso remero del cayuco / en el anochecer con aguacero”.
“Estrella en
el tiempo” (1990) reitera tales sensaciones. Lo ofrenda a la poetisa Estrella
Petit Carvallo. Ronda la niñez y
navidades de entonces.
“El entorno geográfico” (1999) se enmarca en el fondo serrano del lar nativo, el cándido cuaderno, amoríos, aula y artes que prodigaba la escuelita “Ángel Moreno”.
“El cuarto de los baúles” (1999) dice del “retiro” en que algún dolor persiste: el rizo de oro del hermano ido y algo más. El flanco pesaroso que sombrea buena porte de sus sembradíos.
“La inmigración fecunda” (1999) remite al ancestro itálico y su aporte en la conformación “de la nueva raza”, nostalgias y apegos.
“Las últimas ciruelas” (1999) reseña el hurto de “los globos de color de las ciruelas” en el cerro de Venancia durante los recreos. El recuerdo abroquela la travesura. La índole de “últimas” remitiendo a cierto “dulzor”, densidad (“carnosos”), revestimiento (“lustrosas telas / con sus pieles verdosas pintoneadas) y las que el sol madura y esmorece (“fulgen como las candelas”) y aromas: “evocación del aire y su fragancia”. No conozco mejor imagen para ciertas “cirguelas”.
“Vuelta a la tierra en sueños” (1999): ocho cuartetas y dos tercetos, a modo de soneto irregular, sobre búsqueda de “recuerdos viejos” en la hora de “la despedida”: el desigual camino, las tareas de estudiante de pocos bienes materiales, el pie sangrante, el ala rota y la canción sin trino. Trayecto al colegio, arpegios, crepúsculo al regreso, la mueca huraña de la orfandad, “la fácil mujer” en la vereda. Ahíto de lumbre. Candil o ancestros. Relación de “lunas” transcurridas. En tanto no alegra primas ni bordones, el tenor mañanero y es “solo llanto el derrotado antruejo”.
Resplandeciente maderamen en “La casa de la madre” (1999), frescor de patio, rosaleda y loro lenguaraz hasta que hay sal en los ojos.
De reciente libro es “Altagracia 1930” (2006), trastrabillando ayeres que regocijan y conforman: sol refulgente, predios fecundos, celaje de viandantes, remedo de faroles, canto de escuela en infantil alarde, sensación de abrigo, fragoso mediodía, la tarde esquiva, aura protectora, “el río de las aguas que bebimos” y “pájaros ciegos aleteando el suelo”, pincelados con trazos oníricos.
MIREYA
Segundo o principal referente de lo más amable de su poesía: Mireya Infante Manuit, su esposa y madre de los hijos de Máximo, autora de las ilustraciones de todos sus poemarios y ensoñadora soprano en un maravilloso CD en el que hay versos dedicados a la fuerza decidora de la poesía de MSC.
Ella es la acreedora de la parte dos de ese poemario de 1989: En la tarde hallé un alero y colgué el nido. Canto consagratorio de esa definitiva estación paradisíaca. “Mireya”, décimas que plena la rima, verso clásico, retozo versificador en anhelo de gentiles formas. Disfrute lírico en que las terminaciones confluyen en tributo a la amada, sin extraviar, en ningún momento, el amoroso cometido:
“Hay
un largo sendero” es soneto:
Toma la mano
que te dé su apoyo
Y utiliza la
tuya al grácil juego
De prender las
antorchas en el fuego
Y apagar el
lucero en el arroyo
Clímax en que
el amor es tránsito sereno, renovado esplendor, a modo de manantial metafórico que suscita el encanto.
“Mireya” (1999) soneto para decir de arribos tras vuelos míticos: “En el desierto me orientó tu estrella / y en la penuria de los días amargos / se hicieron cortos los caminos largos / con la presteza de tu pie sin huella”
“Por los cinco sentidos” (1999), saluda su regreso, ataviada de “galas” como el batir de un ave (“garbo emplumado”). Simetría en la entrega amorosa, ternezas que colman “con luna llena / que al bajar la pleamar del mar que truena / entibia el agua en que se baña el río”.
“Claroscuro de un tiempo largo” 2003), cuatro décimas alusivas al divertimiento para el juntarse cierto, supiritando lógicas, como “luna y sol en el cortijo prensa su lumbre a la vez”.
“Bodas de Oro” (2006), nueve cuartetas a modo de vasto despliegue de palmas ante la tierra firme del amor.
LOS HIJOS
Enaltecida la amada, el poeta orienta su numen hacia el estuario de los hijos. No siempre es así, pero cierto orden lo dicta:
“Exhortación al hijo” es soneto de su libro de 1989, albergando ese legado moral que transparenta vida y obra de MSC. Mandato bíblico para que quien nos suceda se haga a sí mismo. Surco trillado hacia la “paz” y convicción en lo bueno de “la vida”.
“Pensando en los hijos” (2006) reflexión acerca de cuánto un padre hace o puede por ellos, cuanto heroísmo cabe si nos los quitan. Insinuantes hipérboles sobre las armas que procede tomar.
LA FAMILIA
EXTENDIDA
Sus poemas al
contexto natal se circunscriben dentro de esa lógica de continuidades que
atesora el poeta: la evocación de los padres y demás familiares, cada cual su
canción:
“El Tiempo Detenido” (1990) agasaja a la prima Dalia y su aroma a jardín. El raudo talle, miradas que encandilan y embrujo azul de colegiala.
“Una flor en el rosal” (2006), décimas para su hermana Flor, entre rosas y azahar, fresca resonancia de una de las siembras del hijo del marinero...
“Lágrimas
tardías” (2006) al hermano Pedro Miguel, a modo de conjuro para una herida que
restaña el bálsamo de la poesía.
II-
DEL AMOR Y SUS MATICES
Una corriente amatoria anega el poemario de 1989:
“El Trofeo”: estrofa libre de versos rimados ilustra el esmero en dar cuenta del instante señero en que los cuerpos amados se muestran como cascada límpida y aflora el “iceberg” de los senos (“sus dobles puñales”), torso, brazos, en el místico instante de la entrega.
“La noche y el recuerdo” romance en endecasílabos, enfatiza ese prodigioso entrevero (“el recuerdo me dice…”) y autentica la metáfora:
“y en el nicho
del vientre aprisionada
Con
estremecimientos de serpiente
Una astilla de
sol como una daga
Roto en
pedazos su metal de nieve.
Flecos verbales rehacen un pretérito que avanza deleitoso: “correré por tu vida y por tu sangre”.
“Ruego a la Diana viajera” son cuartetas en Abba, pródigas en léxico apropiado, en rima exigente y tema específico. A mi entender juguete amatorio, ruego a Diana para que cace estrellas y evada el blanco expuesto “al plomo de sus ojos”. Preciosismo lírico, alegoría, para caza de la cazadora:
“si es brújula
mi suspiro
Hazme blanco
de esos ojos
…
Fijo el rumbo
a flor de mira
…
La luz solar
de tus ojos
“Como tú” es soneto conducente al embeleso:
¡Gota de rocío
/ Suspendida en el borde de la hoja /
Suave como el
milagro de tus manos!
…
“un murmullo de amor entre la brisa”
“Salmo a las manos de Eva Yehrumns” son 28 endecasílabos en siete cuartetas de rima consonante que dicen de tentadoras manos, ajenas quizá por prohibidas: “distancia” derivada de que el placer experimentado es “romántico”, no obstante “el calor de nido que recorre mi piel”. E imágenes que remiten a obvias sensaciones: seda, miel.
“Rosalba” es romance inspirado por mujer enmarcada en un entorno natural y cultural de paradigmático encanto: Zaraza, remansos del Unare. Pero cierta sensualidad es irrebatible: “hazle a tu huella descalza / una sandalia de arena”.
“Inútil condena” (1990), soneto expresivo de la voluntad de amar por encima del fiero desdén. Tres de las cuatro estrofas terminan en “ento”, dos en pensamiento, vocablo persistente en tres de los 13 versos a modo de obsesivo énfasis de amor.
“Llamas en el
tiempo” (1990) son cuartetos endecasílabos, en pastoril exaltación hacia la
amada por la intensidad de hoguera con que se ama y desea.
“Glosa de amor y porfía” (1990) coherente despliegue a partir de una copla referida a los riesgos del deseo, aunque las cuatro décimas en que expresa requiebros fallidos, concluyen en que “solo quien pierde y huye / amalayando se queda”.
“Una glosa de amor en juego” (1990), arranca de ingeniosa copla anónima: la primera décima recuerdo de infancia, renuncia al amor porque apostando de a nada es igual que perder, la mano prisionera, desapego entre amor y fuego. Desprevenido Ulises ante acechadora sirena.
“Fuego aborigen” (1999) es un cromo erótico acerca de la forja silvestre de un nuevo ejemplar de la raza de acuerdo con la concepción del buen salvaje, implícita en adjetivaciones de coraje y rebeldía y ambiente propicio para el retozo y la gestación.
Atmósfera reiterativa en el soneto “Desnudez aborigen en el río” (2006), edénico recodo en el que hasta Dios se solaza.
“Ayes del amor reconciliado” (1999) son cinco cuartetas y dos tercetos. MSC irrumpe las normas métricas cuando se trata de lo inusual o excepcional. Conjuro sadomasoquista de acuerdo con verbos y sustantivos de fuerza inusual e irrecusable: rásgame, descarga, penetra, uñas, tigresa, pulso que late, lacera, hasta encontrar la lisis, muérdeme, párteme, bloquea, tiro de gracia, retuerce y fractura, corta ligamentos. Incitante “ardan de regreso ahogados suspiros / en las ígneas brasas de tus blancos senos”. El clímax en el primero de los tercetos, proclamando “la euforia de aparear los cuerpos / como perros locos que a la luna ladran”.
“El crucifijo de los pies desnudos” (2006) deriva de estrofa mejicana (cita de C Nazoa)- Traviesa y erótica manera de referirse a la posición de los pies de Cristo en la cruz. Referencias a una pareja durante parte del día de la crucifixión en Jericó.
“El cristo de tu pecho” (2006), describe, en décimas, un Cristo de oro reanimado por el sitio donde pende, pero en desventaja ante quien puede ganarle la partida.
Otros son juguetes líricos que rozan la misma temática:
“Décimas relativas” (2003) divertimento literario a partir de un ejercicio versificador apoyado en relativos.
“Las Tetas de María Guevara” (2003), copla de MSC, glosada para decir de las probables en mujer y, de las supuestas, en la afamada serranía margariteña, ante la eventualidad de que se rocen estas por encimita y la remota posibilidad de hacerlo con los humanos senos.
“Aula de clases” (2003), soneto alusivo al salón oscuro, elemental, inerte, perturbado por la exuberante presencia de una maestra procurando que sus alumnos se deleiten con sus enseñanzas y no con ella.
AMISTAD
La obra de MSC trasunta disposición para el reconocimiento del otro. Principios consustanciales a la humildad de su pertinaz arraigo provinciano, que numerosos connacionales, de diversa procedencia y obra, han valorado. Entre otros José Antonio De Armas Chitty, a quien Salazar dedica un soneto y se declara alumno.
De ese poemario de 1989 son:
“Rimas Ásperas”, dedicado a Jesús Bandres, carta en tridecasílabos, advirtiendo, a su amigo, que arriba al final de su trayecto vital conservando su “voz de manantial” y su “mundo de sueños”. Compañero pobre, sin “más industria que su filosofía” y rectitud: “No hay en tu vida la punta de una espina”. Que entre sumas y restas, “hay todo un hombre recostado en su esquina / con sus cuentas limpias y su morral a cuestas”.
“Silueta” es soneto endecasílabo a la memoria del fraterno compadre Pablo Arocha, todo un hombre: capacidad sintetizadora, gracejo, pertinencia en los datos que aporta y fecundas ocurrencias.
Otra “Silueta” es para el Dr. Pedro Natalio Arévalo, a quien admira y respeta. También soneto: alterna las palabras viejo y añejo, jilguero y pampero (asociación con el ron de este nombre), se confiesa con Santa Teresa (nombre de otro ron), puntualizando su edad sin desmerecer su lucidez, amén de su jerarquía como cantor de la pampa, identidad con su entorno natal (nororiente del Guárico) cuya toponimia asocia con aficiones y gustos del poeta: “amigo del patio con lo suyo / tiene propia luz como el cocuyo”.
Y “Silueta”, también, la dedicada a Tomás Vicente León, sonetillo (versos heptasílabos), acuñando la palabra “Tomenos” para jugar con Tomás e insinuar que es “agarrado” en asuntos de préstamos, amén de otras expresiones que concurren al retrato hablado del personaje: “que va mi vale, que va”, conducta fiera: uñas de tigre, aunque sea un León (por el significado, no el apellido).
“Calor de mano amiga” (1990) son cuartetas consagradas a Guillermo Bermúdez Carpio, destinatario de parte de ese caudal salazaresco para la amistad: “El corazón sin alcabalas, estuario fraternal, faro baqueano”.
“Reclamo Fraternal” (1990), dirigido a Efraín Subero, décimas, metro estudiado por este escritor. MSC despliega fluidez contrapuntística entre llanero y marinero, jugador a jugador, cantor a otro cantor, bohemio a bohemio, amigos de sus amigos, anfitriones de ejemplar humanidad, rectores de resplandecientes hogares, aspira Máximo que el apellido del famoso académico, le permita subir hasta el alero que el guariqueño pone a su alcance.
“El primo de oro” (1990), soneto para el Dr. Agustín Ascanio en sus 70 años, verso endecasílabo, alude la historia nacional para sugerir la edad del homenajeado, cultura romana que revela su jerarquía profesional, griega para referir sus aficiones, medieval para insinuar su morigeración, León per se y por su signo Leo, lo asocia a personajes emblemáticos de la literatura y a la hormiga por su laboriosidad. En su balanza hay oro y de allí su barriga.
“Ciencia y arte del corazón” (1990) a Simón Muñoz, cardiólogo, poeta y amigo, son décimas. Diestra ramazón verbal para expresar su oficio y aciertos médicos. Amén de la literatura y la docencia. Invoca a Esculapio e Hipócrates ponderando su destreza para suscitar retornos desde el otro mundo.
“Elegía al poeta” (1999) Ernesto Luís Rodríguez, en sus ochenta años: el primer cuarteto con escena campestre: el río, el fogón, el leño. El segundo parábola sobre la humildad. El primer terceto: maestría en la confección del verso que pulsa “la risa que acompasa el canto”. Para concluir que trueca el llanto en risa.
“Las tres virtudes” (1999), al mismo ELR, en su mala hora, juega con las palabras Esperanza, Caridad y Fe, por el nombre de la recién fallecida esposa de ELR: “en la cena frugal sin pan ni vino”. Tras tal ausencia: “el venero de oro fino” seco, amargo el trance, soneto y romance truncos por el “pájaro alegre” y su extinguido trino, solitaria “la viudez del peregrino”, “sin brújula, sin rumbo, sin destino / en las tinieblas donde el sol no alcanza”, “reseca espiga (que) se abate”, sin que nada recupere su Esperanza.
“Semblanza y testamento” (1999) también a ELR, trayecto largo, entereza, encanto de la vieja edad, ni la punta de una espina en las rosas de su canto, como testamento dando “más de lo que tienes”: el sol de sus poemas, el pebetero donde quema “un sándalo de amor a tu Esperanza”.
“Tiempo de luchas” (1999) para la doctora Olga de Ron en sus setenta años: el tiempo, las huellas, el huerto floral, la muchacha, la dicha, el riego mañana y tarde, virtud, bondad, amor, le desea noches de paz y ”horas muy blancas para ver el día”.
”Los 81 de ELR” (1999) en un año bisiesto en que el poeta cumple años, pero se nota menos chocho, porque en lugar de vitaminas, un sancocho, marcha hacia atrás como el cangrejo y el mes chucuto disminuye su edad.
“De buena ley” (1999) para Euclides Moreno Moreán, a quien declara libre de culpas por dictamen de la sabana, el candil, la brisa de caño, el estero y la brega. Solidario en su retorno a casa.
“Vigencia de
Midas y de Creso” (1999) para Agustín Ascanio, cordialmente: dos metas
paralelas, en un proceso sin retorno, pueden proporcionar “las riquezas conocidas” si a la lucha y paciencia une cautela y
prudencia.
“Ocho décadas de sueños y entereza” (2003), al Dr. Emilio Carpio Castillo, en su octogésimo aniversario, pero que, “escaso de bienes”, acumula entereza, aprecio, resistiendo la maldad y el engaño.
“Pinceladas y voces de Fernando Aular” (2003), soneto, de encomio al artista, el sonetista, el educador, el instrumentista, el cantor, valora su fuerza para la empatía y sobria bohemia, en este médico y escritor.
“Amor sin frontera” (2006), para Jacki y Armando…Exaltación de una pareja, tan ejemplar que Dios la habría seleccionado para su paraíso. Relatos y metáforas explicativas.
“Poeta de hecho y de derecho” (2006), a Fernando Aular, a modo de réplica epistolar, quien observa enorgullecido de su pueblo y ancestros, el padre poeta y un hogar “sin grietas”, “ceñido a su blasón”, honra su pueblo, dándole “un sitial a sus poetas”.
“Cacofonías lingüísticas” (2006) es soneto encomiástico de la profesión y vocación de Aular.
EL OTRO
PAISAJISTICO Y GRUPAL
Quien ama a los suyos ama sin lindes ni fronteras. Todo cuanto contribuye a embellecer y prolongar la vida.
Véase esa identidad de MSC con esa patria irrenunciable, irreprimible y perenne que es la infancia y su geografía, el hinterland orinoquense a cuya vera levanto tienda.
“Adiós al rio padre” (2003) es soneto indicativo de su veneración por aquel sol, sus aguas lustrales, el soplo amigable de la sabana, el calor de nido y relucientes signos: “el relámpago de plata de un pavón / salta en el aire su final cabriola”.
El incitante océano que se extiende al norte como un cielo real.
“Fantasías marinas” (1989), mujer, temeridad de buzo, barca, guitarra, ojos negros, en un desparrame vesperal, que expande en forma de soneto.
“Brumas en el
mar Caribe” (2006), niebla, marea, árbol
que se mece, bajel que se hunde, luna breve, cosas que ascienden y caen (¿Acaso
impresionismo?), también en un soneto.
He aquí su salutación al follaje:
“Los hijos del guayacán” (1999), décimas en que este árbol parece surgir del orden métrico, la rima, el ritmo y una serena placidez ante el sonido. “acompañan con su acento /las frondas en el ramaje /cuando el espeso follaje / le silba coplas al viento”. Pondera sobre todo “el paraguas de sus hojas”, “la estirpe de su madera”, cuyo temple aspira para sus hijos, Apropiadas y originales comparaciones que habría celebrado Huidobro: “hacedlo crecer en el poema”.
Como logra plasmar alas y gorjeos:
“Kid Pirulero” (1990), dedicado a sus nietos, décimas identificando al pájaro que trina en su ventana, en conversación de igual a igual. Máximo, atento a la pervivencia de tan fecundas señales, teme la china del hijo del portero.
“Flecos de amor” (1990) soneto expresivo de la disponibilidad lúdica del poeta ante la que le propone el papagayo, ya que a la pregunta de un niño por el cometa, astro masculino de cola de fuego, dice de la del faisán o tijereta: “mi visión sideral es más discreta” y se expande en consideraciones descriptivas de “un vuelo tricolor de papagayo”.
“La Paraulata” (2003), contento por este bullicio “metálico” que acorta el día, trino embriagador, etc., También soneto.
“La golondrina” (2003): derroche de imágenes para expresar vuelo, figuras, donaire, gracia, garbo, alegre, fuego, consustancial a ella.
“El cucarachero” (2003) ilustrativo de esa comunión del poeta con sus hermanos en las artes de la vida. Ave que motiva su pasión para la comprensión, definición, distinción de cuanto habita alrededor, con ingeniosidad metafórica que logra manejar... Otro soneto.
“El tucusito” (2003), cuatro décimas, para decir de los nombres con que suele denominarse esta ave, rasgos, color, forma, elegancia, posturas, equivalente a flor o joya.
“El turpial”, soneto para exaltación de este cantor, apela a cuantas voces lo representan, emisiones sonoras así como escenarios que habita: jardín, campo, camino.
“Torditos en la charca” (2003) acerca de estos traviesos alados, desparpajados y callejeros, su investidura, gracia, individualidad.
Del año seis es su soneto “Si yo fuera un pájaro”, a guisa de pretexto para describir aves que lo inspiran.
Otras veces
son rancias devociones:
“La casa de los recuerdos” (1990), mas décimas, rememoran, describen, aluden presunta escasez en la mesa, no obstante lo abundoso del entorno natural, desaparecido a veces, apenas subsistente en la cuenta que el tiempo nos asigna.
El soneto “El cuatro” (1990), que dedica al Dr. Miguel Dorante, es una alegoría para decir de este instrumento musical valiéndose de términos que lo retratan: madera musical, rumor de abeja, murmullo conventual, risa de niño, tronar en la hondonada, tañido de campana, cofre…con arpegios de canario, dentro de ese potencial que asiste a MSC para servirse de su caudal de vivencias y gestar nuevas impresiones o figuraciones.
“La madrina Socorro” (1990), soneto dedicado “A mi hermana-Acacia”, estampa del quehacer misionero de quien luce “candor de misa”, aunque como energía de la tierra: aroma, destreza de araña, frescura de sol o lluvia, sonrojo de fuego y arrebol, miel de su colmena, pero también tejo moreno y levadura de su trajín de panadera. No siendo para menos que no se lamente de una “pobreza”, que es como la de Dios”, santa su mano nazarena.
“Bajo la sombra del guayacán” (1999), dentro de los rasgos mencionados, comenta, en el marco narrativo del romance de corte ernestoluisrodriguero, su particular gracejo maximosalazareno y léxico atinente, una partida de bolas criollas.
“Muera el trabajo” (2003), soneto, sobre rutina, fogón de leña y ceniza para un sorbo de café distractor.
Se observa, asimismo, predisposición solidaria que, a veces, linda en conmiseración:
De 1989 es “mi perro ciego”, a quien declara hermano, amigo, sin escatimar la oportunidad de la metáfora alusiva: la tarde que pierde “sus matices rojos”.
Y del mismo
año “El Ángel Rebelde”, también soneto, a modo de digresión teológica, para
explicarse el Diablo, a quien adversa, pero admira y le conduele, por cuanto
experimenta para ser lo que es. La ausencia de rima pasa desapercibida ante el
torrencial mensaje.
“Cuarto de bohemio” (1999) enumera detalles del modus operandi bohemio de intelectual pobre. Tipología que menciona en soneto del 2006 “La noche y el bohemio”, conmovido por sus tormentos.
“Pesadilla de la mente oscura” (2006) soneto acerca de las sensaciones que sufre el drogadicto.
“La Loca de la Calle 5 de Julio” (2003), soneto que cuanta compasión le inspira este personaje.
Sentimientos semejantes a los que le sugiere su país:
En “Venezuela 97” (1999) le inquieta la depredación que acometen en la frontera “pérfidos vecinos”.
“Una mano por Cariaco” (1999), por su terremoto, le augura con oración del tabaco, bailes o baños de cariaquito, superar su dolor, tragedia, ruina, fracturas “sin bálsamo piadoso” ni “toque de humanas ortopedias”.
“Parmana en Semana Santa” (2003) es soneto para decir de la ruindad con que la política carga la mano en la zona más desprotegida por su lejanía de los centros urbanos. Y en tal desmedro, proliferan los abusos .A un tiempo que duele la disipación con el agreste escenario atormentado por mangas y templetes, “la feria silbante de los mitos”.
“Gentes y yermos” (2003), otro soneto que emplaza la euforia humana que no se cuida en desolar el medio natural.
“Cuando bajen los cerros” (2003) soneto que pronostica indigencia, soledad, humo, ceniza, barbarie, etc.
“Pacem in terram” (2006) invita a la paz, la prudencia y conciencia ante la guerra. Es soneto.
Y el que titula “Psicopatía” (2003) exorcizando “la locura y el suicidio” que promueven los aficionados a la guerra.
Ética humanística
que lo constituye y por la cual
Su poema
“Condenatoria para el juez corrupto” (1999) denuncia piratas que “orillando lo
recto del camino” ensucian Derecho y Justicia. La señala con términos como lambucio,
sucias botas, rapiña, pillajes, argucias, sin prosodia ni sintaxis, vendedores
de honores y decoro, venas inmorales, rábulas venales.
III – GRACEJO Y TRADICIÓN
HISPANISMO
MSC expresa felicidad en sentirse inmerso en la fértil tradición lírica española y algunos de sus temas:
“La tía beata” (1989) luce como surgiendo del mismo manantial donde abreva El Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita. Es soneto, pero verso alejandrino, con amena estampa acerca de una antigua dama que no sólo reza, si no que no da reposo a las manos para cuanto es útil: embozala el perro, despioja los gatos, poda el rosal, descarga el cerezo, “alternando con gracia la sátira y el rezo”.
“La dama de los once hijos” (1990), también en verso alejandrino, con cierta influencia rubendariana, atmósfera medieval, caballeresca, de miseria aldeana hermoseada por imágenes y metáforas del poeta: voz de guarura, nácar centelleante de azules caracolas, enigmas, libro de inexistentes páginas, nueve murmullos al clarear el alba y una muerte que resecó el verano.
¡Contesta Cumaná! (1999), a los cien años de AEB, demanda, a su ciudad natal, que defina cuál es su mayor lauro: Sucre o Andrés Eloy. Ambos trascendentes y aquerenciados en su tierra, pues “brilla del militar las charreteras / y se nombra cien veces al poeta”
GRACEJO
El más significativo don de la condición humana y creadora de Salazar es su competencia para descifrar los flancos gratos de la vida, su invitación a la sonrisa, al bienestar, la alegría. Un venero que bulle en lo mejor de su producción literaria. Como quien predica que amor y buen humor son los dos polos de una verdadera conciencia ciudadana. Esos recursos renovables que pueden servimos para conjurar la más dura adversidad. No en balde Aquiles Nazoa titula, con ambos vocablos, uno de sus libros.
La última sección de su poemario de 1989 es Sátiras de Buen Humor y pone de manifiesto la identidad de MSC con la inclinación llanera hacia el corrido jocoso:
“Diario de mi bufete” en coplas Abba dice del hacendado casi centenario que desea hacer “una donación” a su prometida “menor de edad” y busca legalizar la unión a la velocidad de tales circunstancias. El poeta-abogado anota: Día 23 de febrero de 1966:
Consultante
Antero Guía
Un auténtico
llanero
Que maneja el
refranero
Con soltura y
maestría.
Episodio que tiene su segunda y definitiva instancia el 8 de abril del mismo año, en que el consultante deviene en “lastimado llanero”, apertrechado de refranes atinentes a su drama, con la expectativa de cobrar venganza de la traidora con la que se casó y el amigo que se burló de él.
“El que tiene tienda la atiende”, prosigue en la misma tónica picaresca, esta vez porque la dama burlada, para no mancillarse opta por dormir en cuarto no contaminado por el pecado cometido, mientras espeta el adúltero: “es que no hay cuarto en la casa / donde no cogí a esa vieja” (la amante del caso: una sirvienta), puntualizando así lo improcedente de la amenaza.
“Anécdota de un velorio pueblerino” relata cómo acomodando al difunto, las cinco hijas no ubican la plancha dental, optando la más burlona por sugerir que lo entierren así, ya que “no va para una ternera”.
En “El cazabe de Juan Vila”, tres amigos empeñados en hacer sancocho, comisionan a Rafaelito López Castro por el casabe. Y éste va al negocio de Juan Vila. Y como consta al poeta muy bien el modo de ser y expresarse ambos personajes, desenrolla tal nudo en el marco de la más relancina picardía por parte del vendedor y la fallida venta de la torta que tiene y en la que duerme el gato.
“Las fiestas de Zaraza” reseñan las socarronerías de auspiciadores que no cumplen, mientras que quien lo hace es con monedas de poco numerario. Sátira de tan habituales contribuyentes.
“El pecado no es deshonra o a eso no le pare bola” sobre el modo en que mutuamente se rascan los padres de hijas deshonradas. Ya que cierta madre porta una mancha por lo que hizo su criatura, el padre de cinco confiesa que “Si eso manchara señora / yo sería un cunaguaro”.
“Temas de
velorio” son comentarios de mujeres acerca del romanticismo de radionovelas y
telenovelas que las inspiran, hasta que la realidad les recuerda que son
esposas de llaneros.
“El secreto del guerrero o el talón de doña Juana” sobre el “orgullo del gentilicio” del que comparte su joven esposa, recomendando a un fiel amigo que la coja también para que sepa por qué no la deja.
“Operación sintética” último poema de esta sección, incorporado quizá a última hora y fuera de este conjunto de humorísticas llaneradas, va dedicado a Guillermo Bermúdez Carpio, convaleciente. Sin que evite travesuras, haciendo gala de un dispendio de esdrújulas atinentes a la tratamiento que recibe el amigo.
“Arroz amargo” (1990), son décimas referidas al festival del pato guirirí en Calabozo. Exterminio auspiciado porque dicho ánade es plaga en los arrozales. Con la ironía de que cazado se consume relleno, precisamente con ese cereal. Paradojal festín.
“El Solitario de Turmerino” (1990) décimas relativas a un solitario que llega a T., amaestra un guacharaco, lo lleva a Caracas, pero que seducido por las bocinas de los automóviles, vuela tras la presunta hembra, y nostálgico el dueño, es convidado a olvidar con macarrónico consuelo por un italiano.
“La muela campeona” (1990), cuartetos endecasílabos de rima consonante, para compensar quizá la ficción en tono radiofónico o deportivo acerca de la lucha “cabeza a cabeza”, entre odontólogo, paciente y muela afectada. Caricatura de percances al respecto.
“Las apariencias engañan” (1990), más cuartetos endecasílabos acerca de otra caricaturesca situación, más bien comedia de engaños, por el hábito de un novio a consumir papelón de noche, por lo que lleva al casorio, el bastimento de esa noche, y al mostrarle a la novia el bulto que hace el bolsillo del pantalón, alarmada huye por tan increíble prominencia.
“Las paellas del Aga Khan” (1990), hiperbatónica desde el título, son décimas referidas a un caso real alusivo a las paellas de Emilio Carpio Castillo y su costo, por lo que come, más que por lo que bebe.
“Que vida tan difícil” (1990), soneto a modo de cuadro de costumbres sobre el bachiller que se resigna a ejercer a medias o a bandazos, al fracasar en la Universidad, juega loterías (pedazos) y su hermana lo auxilia en el sustento diario.
“Ausencia justificada” (1990), décimas sobre hermana del poeta que desiste a invitación “a comer completo”, por culpa de puente o plancha, que lastima su encía. Pretexto del autor para desempolvar desusados términos (templón, bambolea, chisporrotea).
“Falacias sobre el cochino” (1990) también décimas referidas a cultura gastronómica con respecto al cochino y presuntos efectos según médicos de Tucupido, para concluir parodiando famoso soneto de Potentini y celebrar más bien paródica o metafóricamente el manazo anunciador de la inminente degustación de tan preciada carne.
Murió la reina Victoria, viva la reina” (1990) soneto del viudo que la noche del velorio se engancha una muchacha”, sin importarle posibles cachos, ya que prefiere compartirla antes que tener, para él solito, a la vieja (“caricatura del viejo verde y cachón”).
“Adiós Betulio” (1990), diversión, en soneto, con la palabra “culio” para expresar desencanto con las aspiraciones varoniles del citado boxeador, cuyo contendor:
“Con guantes y
rectos de su mano
Los guantes le metió hasta en el culio.
“El Cojitranco A Mellado” (1990), décimas que, desde el mismo título, hacen juego con la condición desproporcionada del burro, incluso en birriondez (aludida en el apelativo) y asociada a la extensión y vitalidad del arma de combate (amellado) y lugar del suceso (municipio Mellado). El suceso, verosímilmente ambientado, lo cuenta el cronista del lugar y, la topografía y circunstancia histórica, reales. De manera que la increíble fabula: el aspecto contrahecho del animal, la circunstancia de que le modificaran sus correderos cuando el Puente de El Sombrero es trasladado a Guayana. Fantasiosa, desde luego, la trampa tendida por una burra cana, que hace caer a su impetuoso acosador entre los escombros de cabillas. Y un epílogo factible sobre la juez que “corta el cuerpo del delito y archiva el expediente”. Sátira tanto de las menudencias que ocupan a los tribunales como el pundonor de una dama enfrentada a situación tan pimientosa.
“Poker de Ases” (1990) son cuartetas en verso alejandrino acerca del fracaso de la ciencia ante las ratas, los ratones, el sida y la calvicie, e implicaciones léxicas con que juega, anfibologías, refranes, engaños, a que exponen dichos malestares.
“Desintegración líquida” (1990), soneto para decir de la diarrea.
“Ojos que no
ven” (1990) soneto relativo a dos situaciones de amor que se entrecruzan:
1. Cuando la
mujer es muy fea y se cubre su rostro para el encuentro erótico.
2. Cuando los amantes requieren claves en caso que uno de los dos desee folgar.
“Lágrimas de cocodrilo” (1990), décimas de fluidez epistolar, ilustrativa de la cotidianidad de una pareja en un ámbito pueblerino.
“El trasplante rechazado” (1990), serventesios, con tema de velorio, porque el difunto es infartado, trasplantes y la posibilidad de que sea de cochino el corazón que se implanta, si es durable o no, de acuerdo a las circunstancias en que dichos animales mueren. Hasta que un negro relancino dice de aquellas marcas comerciales que lo procesan y venden, derivando en moraleja:
De que hay
seres que son tan semejantes
Que sin
operaciones ni trasplantes
Producen
pensamientos de cochino.
“¿De dónde viene el sida?” (1990), soneto que dedica al Dr. Franklin Santaella Isaac, para relacionar topónimos norteamericanos, mejicanos y venezolanos que dejan chusca la respuesta.
“Los portadores del sida” (1990), décimas, dedicado al mismo FSI, a modo de derroche de situaciones léxicas abundosas en sugerencias idiomáticas que propicia dicha enfermedad, esta vez remitiéndose a animales y hasta un compuesto químico, que debe escribirse erráticamente, para la humorada: Nitrato de metelo.
“Parkinson” (1999), descrito según hechos semejantes comportamiento eléctrico, aleteos, relámpago, zigzag de papagayo, lambada, baile del perrito, vaivén de lagarto, detestables, prefiriendo malestares “más expedito”. A saber: infartos, etc.
“Asesino del silencio” (1999), requisitoria contra el pésimo cantante que le resulta un grillo. Por lo cual, pudiera entenderse que las cinco estrofas de este poema no posean la misma cantidad de versos y la rima sea como arbitraria, aunque no el ritmo ni el sentido ni tampoco la imaginativa trama acerca de la cuestionada vocalización del presunto tenor y su serenata (encadenada y encadenante), sólo controlable con el terrible insecticida. Solución que expresa en la única estrofa (décima) ajustada a las normas de la rima convencional.
Su poemario de 2003 viene con el único texto en prosa suyo que conocemos, informativo a un tiempo que humorístico. Se trata de un Prefacio Para un Epílogo firmado por Maximiliano Salazar Carchidio y de cómo el hijo social (Máximo) es también el legítimo (Maximiliano).
Libro éste que trae sección prometedora y elocuente: Risas Son Risas, contentiva de los siguientes poemas:
“La mano incomprensible” (2003), cinco cuartetas acerca de presuntas torpezas y yerros que juzga derivados de su condición de zurdo.
“Cacerolas en ruido activo” (2003) con la gracia de quien es apto para sinonimias pertinentes hasta significar resonancias en función de la cuestión que lo motiva. Y de imponente actualidad.
Soneto “El loro” (2003) con descripción pausada, cierta y léxico para decir de aprendizaje con el “parco lenguaje de las aves”, mejor que mucha gente.
Soneto “El gallo” (2003) que describe con su enjundiosa expresividad, la cualidad de “macho” de tal ave.
Soneto “Galanterías de los años veinte” (2003) sobre el italiano desairado, por elegante dama, a quien regala tarjeta con morocota, le devuelve aquella, pero no ésta.
“Firma y fístula” (2003), sonetillo a modo de divertimiento con las palabras “audiencia y habilitar” para connotar a un notario arpista.
“Negro en traje de gala” (2003) es soneto sobre hábitat del zamuro, cuanto se dice de él y su fisonomía suscita.
“Telaraña” (2003) es soneto semblanza de quien no pega una ni en el matrimonio.
“La mujer es como la mula” (glosa) (2003) guiada por copla de Alberto Arvelo Torrealba: refiriendo forcejeo de hombre que llama mula a su mujer, hasta que ella se encona y temiendo él represalias, insiste, pero poniendo el nombre de ella a su mula. Ocurrencia que deviene en terapia provocando en ella la risa.
“Visita de las altas horas” (2003), cuartetos refiriendo jocosa solicitud de aplazamiento a la muerte, por no estar permisado para salir de noche, prometiéndole ser su alta pana, parrandear juntos, pero viniendo de día.
“Requien para María Quintina” (2003), soneto a quien superó eximias reinas en eso de “prodigar amores” al madurar estudiantes pintones.
“Esperando agosto” (2003) ilustrativo de su animadversión contra cierta persona.
Soneto “Anófeles civiles” (2003): de cómo taxis devienen en inmisericorde plaga. Expresado desde luego, con gracia habitual y despliegue léxico.
“El grillo que pagó el pato” (2003), décima normal o plana diciendo de cómo un paciente modelo es obligado a ir de carreras para encontrarse a un fascinado grillo en la poceta y debe ahogar sin remedio. Narración caricaturesca.
“Asueto para la rima y el verso” (2003) apenas comprende “Reminiscencia del 2 de enero”, producto quizá de la resaca y el vacío que dejan fiestas y reencuentros, por lo cual parece prescindir de rima, metáforas y versos.
“Retorno de la patrona a sus quehaceres” (2006) es fluido soneto para referir que, concluida la feria, lejos del canto y las discotecas, vuelta al hogar, mas picante que un puré de ají, retornará la risa cuando de nuevo deba grabar otro Ci-Di.
“Parlamentarias 2005” (2006) décimas, el árabe y su mal hablado castellano ante eventual caos electoral.
“Adiós y bienvenida en el año nuevo” (2006), décimas al árbol, el sancocho, el enamoramiento y los repeles.
“Percances hogareños” (2006), fluida historia en décimas dentro de la tradición de la comedia de engaños actualizada con las circunstancias históricas y un personaje muy real, quien equivoca lo que el plomero, por teléfono, de emergencia, sugirió: tapón de media.
“Ilusión
óptica” (2006) son nueve cuartetas, de las cuales seis para honrar la eficacia
de los oftalmólogos que le operaron de cataratas, el encanto de apreciar
colores, distancias, cielos, luna, jazmines. Aunque un “pero”, en las tres
últimas estrofas, sobre crueldades humanas que
lo exponen a rogar a los cirujanos devolverle sus cataratas.
“Crónica del loro Pancho” (2006), cuartetas descriptivas de la rutina de un loro, fisonomía y hábitos, índole evasiva y atrevimiento ante quien lo saca de su sombrero de mago.
“Tragicomedia del toro y la vaca” (2006), décimas sobre la coartada que sirve a doña Isabel para deshacerse de una melindrosa mucama.
Y para no olvidar que el autor también puede ser objeto de humoradas, unas décimas relativas al modo en que intentando recuperar una moneda se enreda en la cama y termina hospitalizado y arruinado (“La avaricia rompe el saco” (2006).
ARS POÉTICA
Para quien el principal ejercicio de su vida ha sido el verso, cabe suponer la posibilidad, soterrada o explícita, de un ars poética que orienta tan persistente creatividad.
Procurando identificar ese daimon que asiste a MSC, me remito a una tradición regional que abreva en la cultura hispánica como se advierte del examen de su obra. Véase el cultivo del soneto que prende en la literatura guariqueña de los siglos XIX y XX y manifiesta especial fecundidad en Orituco. Y de cómo en Salazar Carchidio, dicho metro, de redonda y cerrada estructura, luce renovado, gracias, a nuestro entender, al fuego de vivencias muy personales con que suele tallarlo. Apreciación que, estimo, permite comprender la especificidad de la producción de MSC, dentro de otros ropajes literarias, entre los cuales, el relativo a tradición llanera.
MSC resulta uno de los últimos artífices llaneros en rescatar, con personal lucimiento, expresiones literarias de exigente confección, tanto en su armazón como en la pertinencia de su contenido.
Su poema “Cátedra del soneto” (1999), dedicado al profesor José Sánchez Torrealba, es demostrativo de su destreza en ensamblar tan arquitectónico trazado. En su acostumbrada fluidez expositiva, discurre Salazar dando cuenta de rima, ritmos, metros, estrofas, hasta referir cómo deviene en calificado coctel por su música, pasión y mensaje.
“Inspiración y yerro” (2006) es soneto en que reflexiona acerca de ese preparado, esta vez por mano ágrafa, zagal enamorado o de lento divagar, que da tumbos incurriendo en un verso demás.
MSC acude a infinidad de referencias para sus caracterizaciones, signos que atesora como hombre de letras, profesional, caballero de infinitas gestas, acondicionándolo para estampas o semblanzas celebratorias casi siempre del lado fresco de la vida, fraternas, cordiales, animadas por su voluntad de convivir y limpidez del alma.
Su disponibilidad armoniosa no discrimina ángulos en el vasto radio de acción en que se desplaza. Ninguna coordenada, temática, plano ni perspectiva, hasta el punto en que disímiles percances correteen juntos donde el poeta los convoca.
En “Revelaciones del primer día de clases” (1999) hace acto de presencia esa constelación de asuntos: nada superior al “burbujear de emociones” que desatan “las piernas de marfil de la maestra” cada vez que entrecruzan los salones: el amanecer frío, el sol de plata, el juguete casero, el uniforme, la sorpresa en la vianda, el lápiz o el cuaderno, sin que se quiebre el equilibrio métrico ni el semántico.
Atento al saber pertinente se ubica en ese camino concreto de adquirir las destrezas indispensables para administrar su fuente de agua clara y abrigar palabras precisas, tono, ritmo, metaforización oportuna, canon métrico, hasta dar con la original criatura.
Confiesa su incertidumbre acerca de la procedencia de esa lucidez que lo asiste y pregunta en décimas que titula “Sendas que la mente alumbra” (2006) de un poder iluminador que deriva de la mente o de los paisajes que extasían.
“Un día y todos los días en el bufete” (2006) ofrece en soneto detalles que originan el poema. Ese sitio donde quiere morir sin concluir lo que escribe. Tierra fértil para sus metáforas.
En tanto que “Las 24 horas” (2006) es como un grito de clamor por su derecho a cantar y ser poeta. Ese transparente oficio que tanto deleite depara y trasmite a quienes lo leemos. Arte de prolongar la vida. Cualquier vida.
IV- SERENA ATARDECIDA
Por lo menos desde su libro de 1989 MSC muestra el sello de la moneda que somos. De allí la sección que titula Poemas de Penumbra y Sombra que inicia con “La vigilia del anciano”, romance octosílabo y versificación libre, de rima aa desde el cuarto verso. Temática que a todos nos asalta, una que otra vez: el vencimiento, la obsolescencia, la inexorable entropía. Peso que suele compensar con su prodigalidad metafórica, que apoya en vasta cultura y acervo vivencial producto de su sensibilidad abierta y crítica. De manera que no hay nada que lo circunda que no le inspire imágenes con qué expresarlo. Que a la certidumbre de un tránsito final, iza banderas de amor, solidaridad y alegría.
“Los asientos
viejos”, también octosílabo, con su terminación, a veces, en ia-ia, este-este,
oche-oche, se resiente de esa temática ante los hechos ruinosos:
Y los ojos de
la noche
Son cuentas de
parapara
Gemelos con su
destino.
Coordenada de fatalismo en que sobresale “Solo penumbras”, dedicado a su hermano Pedro Miguel en su soledad: ilustra esa franqueza de MSC para enfrentar y nombrar la dureza, sin que se le quiebre el pulso original con que la acomete: “como quien a través de un vidrio ahumado”. Pulsión creativa que, a su vez, opera restañando heridas: “el hombre y su voluntad son el destino”. Reliquias de combate con que se propone armar caballero a sus hijos y ofrece a familiares y amigos.
“La negación de Dios”, en forma de silva y bajo el signo del fatum (estaba en el destino) se opone al ecocidio y la contumaz “blanca actividad de los gusanos”, rezuma más protesta que resignación.
“Apocalipsis” (1990), dedicado a Saúl Ron Troconis, es soneto conjurador ante la conciencia de saberse transitorio (endeble armazón de piel y hueso).
“La última partida” (1990), también soneto, reiterativo de igual sentimiento, pero siempre lanzando requiebros metafóricos a modo de exorcismos: “inventario de quiebras”, “Ciénagas de negrura en los despojos”, “ceniciento rastrojal de abrojos”, etc.
“Las fronteras del tiempo” (1990) es soneto para dar fe de sus preparativos para “la obscura certidad del viaje”, constando que por equipaje lleva versos de baquiano de la noche. Lucidez de quien se sabe trascendiendo con estos linternazos que amortiguan cualquier fugacidad.
“El baile de los espectros” (1990), glosa con cuatro décimas transidas de ambiente lóbrego a partir de copla de Héctor Guillermo Villalobos acerca de cierto manantial de aguas negras.
La sección “Soles crepusculares” de su poemario de 1999 comprende los sonetos:
“Lo que resta del tiempo” dedicado al Dr. Arturo Uslar Pietri, por sus confesiones. Y la dirige a la Hermana Soledad, a quien poco nombra, no obstante oírla “desde las ruinas de mi gris escombro”.
“Fatalismo de los días lluviosos” pregona la ingenuidad de festejar el cumpleaños, flecha lanzada con giros extraños, oveja sin querencia, puerta sin goznes ni aldaba, muerte diaria, la indiferencia ante el brillo perdido, hermano de ave viuda que rumbea a la nada.
“Incertidumbre” sobre lo perecedero y lo perenne. Cree cierto que somos árbol que se tala y “su rota ramazón como una mano / sangra con el dolor de la partida”.
“Ecos” (1999) o “los tatuajes de marcar la huella” quien va de frente “hacia la estrella” o “hacia la nada”. Imágenes para expresarlo: resacas de las olas batiéndose, soles risueños, “llantos que en el alma pesan”, “gotas ígneas que abrasan y regresan a su origen de llamas fantasmales”, lunas, labios besándose, “vientos de desandar largos caminos / arañazo en la piel de los destinos / tanteando a ciegas...”
“Horas sombrías” (1999) título que no deja dudas de contenido en el que la felicidad es fugaz, eternas las horas, aciagas, que rima con dagas. Sucediendo términos como: torvas, oscuras, insanas plagas, viscosas llagas, cicatrices, angustia, sufrimiento, laceran, tormentos, llora, herida, muerte. Con la salvedad de que el poeta no pierde su destreza metrificadora ni consistencia semántica.
¡Absurda geometría de la muerte! (1999) es ingeniosa confrontación entre la exactitud y el quiebre que conduce a la muerte.
“El adiós del camino” (1999): alejamiento, sin deudas que saldar, rumbo al olvido y la nada.
“Agonía entre las hojas” (1999) dice de ala mustia, rama desgajada, “ojo turbio de mirar la angustia / a través de las sombras de la nada”. La segunda estrofa remite a la sangre que “revienta en indómita cascada / y violenta el final de su agonía”. Expresiones de muerte, que en el primer terceto se manifiesta en nido sin amor, “los te quiero”, “terneza” Comparable al mar “cuando llorando espumas / mueve sus olas con temblor de plumas / y resaca sus aguas al olvido”.
“Sincronía anticipada de la muerte” (1999): anuncia extinción: manchas lívidas, encierro claustral, temblor de adioses, jugada final, silencio gutural de un manso perro que acalla su voz ante la inminencia de la fachada de un cementerio (muro de piedra y caliente, portón de hierro), el pie que vacilante tropieza agrietada tierra, llevando hacia el ocaso la osamenta que cruje como “golpe de urna que se cierra”.
“Venezuela 2003” (2003), soneto con imágenes de desolación y desesperanza.
“Huellas de arena” (2003), 15 cuartetos, autobiográfico, confesional, desgarrante, convicto, confiado, seguro, rumbo a la partida: escotero, como vino, apenas un poema, una flor, abierto el libro de la conciencia.
“La Piel Vacía” (2003), son cuartetas, para manifestar su resignación, a pesar del anuncio de que se agota el término de su trayecto y palabras dejando esa impresión, como hojas que veremos a lo largo de un camino: “una mancha que su sombra extiende / transformado en crujiente pergamino /por estéril y torpe desatino”. Modo en que más bien asoma un resto de rebeldía. MSC es de los que se indignan por este mendrugo existencial, que por bien administrado, merece todas las prórrogas posibles. Por lo cual: “úngete triunfador una y mil veces / y recoge tus pasos del camino”.
“Los hijos del milenio” (2003) soneto en torno a la misma idea: extinción, silencio, adiós, tarde, ocaso, pérdida, anochecer, muerte, apagamiento, corte sagrado, envejecimiento, desaparición, sombra, cenizas, gris y verde, penumbra, etc. Inventario de atardecer que satura los 14 versos. Aunque es noche nueva de fin del milenio.
“Sombras internas” (2003), soneto reincidente en dicha temática, aunque con renovadas reflexiones a través de imágenes acerca del recurrente abismo, matizado de pirotecnias oníricas. El modo de evadir esa mole rocosa que bloquea la luz, el claustro en el que ya no hay voz ni pensamiento, “a la deriva sobre un mar violento / que resaca babosos caracoles”. Etc., etc.
“Duda que aviva el suspenso” (2003), glosa basada en copla de Antonio Machado, sugerente de quien canta a dónde va el camino que marcha al atardecer. Permite al poeta concebir décimas que reflejan angustia de saber a donde el extraviado y la respuesta del “suspenso”. Y ante la duda el sendero que indica que va cantando, ámbito de canción y luna al anochecer, el sol como pedazo arrancado al más allá porque el mundo cansado despereza su brazo y baja la tarde enceguecida.
“Pasos finales” (2003), cuartetos con requiebros similares, sin que cese el florilegio de imágenes y metáforas frescas contraponiéndose al fatum.
“Un día para morir con aguacero” (2003), soneto, en memoria de César Vallejo, ve llegar el aguacero en la noche, en la sabana, experimentando esa posibilidad de morir mientras llueve.
“Reflexiones en la tercera edad de una amiga” (2003), cuartetas con ingeniosas imágenes, alentadoras ante la vejez.
“Balance” (2003), soneto de cómo el autor hizo “feraz el derruido escombro” y procura “paz interior” ante eventual corte.
“Partida” (2006) soneto, anticipada anunciación del viaje (fui, pisó), se autocalifica de ruinoso, mustio, reseco, tiñoso, sin cadencia, áspero, porque “el tren de la oscilante vida” se apresta para “la sombra y la nada” expuesto con recursos estilísticos, indicativos de que quien habla luce entero.
Como si el siguiente soneto “Dime Job” (2006), interrogativo por su proverbial resignación de “piedra”, expresara que el poeta escancia, hasta la última gota, el grato tránsito vital.
“Luces de la mente” (2006), dedicado a Jorge Luís Borges, celebra la valentía de quien se orienta, “sin error”, en la tiniebla, el paso firme hacia la luz postrera”. Una “pureza ejemplar que “calla y no llora”, el espejo que invoca…
“Respuesta al reto” (2006), también soneto, desafiando a quien lo reta (¿la muerte?), a que ejecute su amenaza, que no lo arredra, pues, ha vivido otras situaciones límites: pobreza, etc.
“Sueños del amor posible” (2006), soneto, ¿se dirige a la mujer o a la muerte? ¿Acaso son de la misma hechura?: “No reneguemos del sombrío invierno (enfilemos el paso a lo eterno…).
“Aquella madre, el niño aquel y este río”, cuartetas en el tono de “A un año de tu luz” de AEB, aunque fuertemente estremecido por el recuerdo, la atmósfera intransferible, vivencias eclosionando.
“Indiferencia” (2006), soneto, acerca de la soledad con que se enfrenta al destino.
“El medallón de tierra” (2006), soneto referido a esa sustitución de galanterías y fascinaciones por la inmisericordia del galardón de pesada tierra que nos cierra los ojos.
“Testamento abierto” (2006), cuartetas, balance al fin del viaje: orígenes, pureza, caídas y reacción callada ante el invasor, aunque cumplido el destino con dignidad y libertad.
“Nada” (2006): soneto sobre la `pérdida de todo ante la carta bajo la manga por parte de un macabro tahúr que dicta su “hasta luego”.
“De frente al siglo” (2006): la alegría del pájaro que sacude “antiguas galas” y amago de fallido vuelo.
“Reflexiones en la vida larga” (2006), soneto (83 años) de conformidad ante “la prole alegre”, pulso que late a su costa, “en el diario fragor”, mientras el tinajero filtra el agua gota a gota...
LOS LIBROS
SALAZAR C, Máximo La Flauta Rota, subtitulada “Poemas y publicada en Edit Cultura de San Juan en 1989 con dibujo en la portada de Mireya Infante, antecedido “Dos palabras ante el poeta MS” por JADCH y “Regalo de mano amiga” de GBC y “motivación” (¿Del autor?) y un soneto agradecido a JADCH bajo el título “De la mano del Maestro”, está organizado en cuatro partes:
SALAZAR C, Máximo. La Piel Vacía (poemas) MAG, 2003, con solapa, notas de contraportada de GBC y J. Sánchez T., carátula con dibujo de MI y Prefacio Para un Epílogo por Maximiliano SC acerca de cómo el hijo social es el mismo legal…
SALAZAR C, Máximo. Las Pisadas del Tiempo (Editorial Cultura, 1990), prólogo de Darío Laguna, portada de Mireya Infante y lista de la Tutoría Honorífica de dicha obra.
SALAZAR C, Máximo. Las últimas ciruelas (poemas). M. A García, 1999.
SALAZAR C, Máximo. Morral de Sueños (MAG, 2006), solapa, prólogo de Frankin Santaella Isaac, con Liminar para comentar el sonetillo de Anselmo Loaiza.

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