BANDA
MUNICIPAL INFANTE
EL
AYER DE LA PRINCESA
Luis Pérez
Guevara
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Mucha
bruma se esparce sobre la historia de la vida musical de Valle dela Pascua,
empecinada en borrar los vestigios de ese pasado apacible que, en muchas
oportunidades, era guiado por los arpegios de cualquier instrumento musical y
acompañado por los cantores populares de aquel momento, así como por la Banda Municipal
que, domingo tras domingo, atrapaba, en la plaza Bolívar, a los habitantes del
pueblo y los dejaba pasearse por sus acompasadas notas.
Durante
la segunda mitad del siglo XIX, el padre Juan Santiago Guásco fundó y sostuvo,
en Valle de la Pascua, una escuela de música en la cual se formaron destacados
ejecutantes y compositores, tales como: Emilio López, Enrique Laya, Pablo Ruiz
y otros que, a su vez, continuaron la obra iniciada por el esclarecido
sacerdote y, en conjunto, fueron importantes referencias para que, en mayo de
1904, los señores Jesús M. Gutiérrez, el licenciado Valeriano López Belisario y
Gregorio Méndez Matos sugirieran al Concejo Municipal la organización de una
Banda Musical que tocase las retretas los domingos y convirtiera a la plaza en
un oasis donde verter el cansancio del trabajo semanal. Para tal fin, pusieron
a disposición de la corporación nueve instrumentos musicales con los cuales
podía iniciarse la preparación de los futuros músicos. La idea fue recibida con
beneplácito y, en respuesta, se aprobó la contratación del Sr. Pablo Ruiz para
que se encargara de adiestrar a los noveles integrantes de la banda, la cual
hizo su debut el 02 de febrero de 1905, con el nombre de BANDA MUNICIPAL
INFANTE.
Esta
agrupación musical se afianzó rápidamente en el pueblo e incluso fue un medio
para hacer relaciones sociales, tal como sucedió en noviembre de 1905 cuando se
acordó, en sesión del Concejo Municipal, dedicar la banda a los Generales Pérez
Bustamante y Manuel Sarmiento, además de los señores C. Arias Sandoval,
Gumersindo Rivas y Pablo Ruiz, como muestra de aprecio y reconocimiento.
A
la Banda Infante pertenecieron, entre otros, José Manuel Acevedo, Jesús María
Orihuela, José Dolores Ramírez, Esteban Ruiz, Hilario Rodríguez y Ernesto Valiente, de quien se conserva una
anécdota que aún los nuevos tiempos no han podido borrar. Se cuenta que
Valiente se separó de la Banda sin permiso del director, falta grave que fue
notificada, por oficio, al Concejo Municipal. Discutida la novedad, en sesión ordinaria,
se aprobó oficiar al Jefe Civil del Distrito para que citara al representante
conjuntamente con el alumno, a fin de que este último hiciera entrega del
instrumento y del uniforme asignado, como paso previo a su expulsión del seno
de la organización. Así de inquebrantable era la disciplina y el orden que
imperaba por aquellos días en cualquier institución de carácter público o
privado.
La
Banda Infante, con sus dulces notas, se dejó escuchar por varios años y se
convirtió en la protagonista principal de aquellas citas dominicales pero, al
paso de los días, un gélido viento desafinó los instrumentos de tal manera que
estos dejaron de sonar y la Banda, en un mutis insospechado, guardó las
partituras y bajó el telón. Salió de escena y dejó en la plaza un impresionante
silencio envuelto en las más disímiles preguntas.
Pero,
en 1938 resurge la banda con sus alegres y armónicos compases. Se adquieren
nuevos instrumentos y partituras y se nombra como director al Sr. Emilio López,
quien legó la batuta a un alumno suyo, Rufo Pérez Salomón, que fue seguido,
sucesivamente, por: José Oscar Guerra, Napoleón Bartolano, Aníbal Matute,
Freddy Mota, y más reciente, José Flores.
La
Banda, ahora conocida por el pueblo como BANDA LOPEZ, contó, además de los ya
mencionados, con los músicos: Miguel y Críspulo Monserratt, Manuel Martínez, Luís Alfredo Contreras,
Manuel González y Carlos Montilla, a los que, con el tiempo, se fueron sumando
otros ejecutantes, tales como: Ricardo Hurtado, Jesús María Bolívar, Víctor
Castro, Manuel Maluenga, Bernabé Gómez, Ángel Laya, José Lima y Juvenal Cordero
quienes, con el romanticismo de sus aires y la frescura de sus almas,
impregnaban las tardes y noches dominicales de serena alegría.
Igualmente,
sus melancólicos valses y los tradicionales merengues se dejaron escuchar
también en las fiestas patronales del pueblo, así como en las comunidades
vecinas, al tiempo que, con sus marchas, daban dignidad a los actos oficiales,
y majestad a las procesiones realizadas durante la Semana Santa.
La
Banda Municipal, síntesis de la vida común del pueblo, compartía la escena con
las orquestas de Rufo Pérez y de José Oscar Guerra, enredando en sus arpegios
los espacios de aquel sencillo pueblo. Pero, sin un razonamiento justo por
parte dela Municipalidad, se les retiró el exiguo presupuesto, un mal día de
1983. La Banda dejó de filtrar sus melodías, quitándole alegría, movimiento y
vivacidad al cierre de la semana. También habían dejaron de sonar las notas
bailables de las orquestas de Rufo Pérez y de José Oscar Guerra y dieron paso a
grupos más resonantes como: Los Nikel, de Antonio Pérez Rengifo; los Billys`
Boy o Séptima Combinación, de Evencio Loreto; Juventud Square, de Carlos
Montilla Rivero; Impacto Juvenil, de Juvenal Cordero y el Nuevo Grupo de Tomás
Navarro.
No
obstante, las notas de la banda no se habían borrado y permanecían gravitando
en el ambiente por lo que en 1991, nuevamente, en un esfuerzo por darle brillo
al esplendido tesoro de la tradición musical enmohecida en los redoblantes,
clarinetes, trompetas, baterías, trombones y saxofones, se buscó reorganizarla.
Se logró el objetivo pero, al poco tiempo, el mutismo volvió a cubrirla. Como
todo cambia, también lo hizo el romanticismo de aquellos días. Una nueva vida
venía requiriendo de otro ritmo y abriéndose paso en el gusto de la gente; sin
embargo el reconocimiento hacia aquellos que plantaron la simiente se mantiene
invariable; y la esperanza de un renacer, también.
El 17 de diciembre de 1930 conmemorando en Altagracia el centenario de la muerte del Libertador y padre de la patria Simón bolívar, se crea la Banda Marcial “Padre Sojo”, bajo la dirección de José Calixto Morín, la cual la integraban Francisco Ramírez, Agustín Isturiz, Gonzalo Corniel, Daniel Reyes, Pedro Natalio Arévalo, Teódulo Jaspe, Pedro Ledezma y Ernesto Valladares. El nombre que se le asigna rinde homenaje al músico y sacerdote hermano de Vicente Emilio Sojo, compositor, investigador musical y arreglista quien ese mismo año ha creado la Orquesta Sinfónica Venezuela en la capital de la república.


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